Es sin duda su momento. En el Senado, Andrés Zaldívar fue uno de los articuladores del protocolo de acuerdo que permitió destrabar la reforma tributaria, y ahora los ojos están puestos en él, expectantes por su rol de negociador en la reforma educacional, que hoy mantiene tensionada a la Nueva Mayoría. El senador PS Fulvio Rossi arremetió diciendo que se opone tajantemente a una nueva ‘cocina’ y se resiste a los argumentos del presidente de la DC, Ignacio Walker, para fusionar las comisiones de Hacienda y Educación y sacar adelante cuanto antes el proyecto. Eso, mientras que figuras como el PS Carlos Montes —uno de los más críticos de la conducción política que ha tenido el proyecto— ha dicho que se terminó el año y no se ha logrado nada, inquieto al ver cómo paulatinamente la reforma más emblemática de este gobierno ha ido perdiendo adhesión ciudadana. Y el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, está cada vez más cuestionado, al punto de que ex líderes estudiantiles como Gabriel Boric piden su renuncia acusándolo de dilapidar el respaldo obtenido en las calles.


En medio de toda esta vorágine la figura de Andrés Zaldívar emerge como el gran negociador. Respalda la gestión de Eyzaguirre y blinda a la Presidenta Michelle Bachelet, aunque reconoce que ha habido debilidad en la conducción política de la reforma. Con todo, Zaldívar es tajante y sostiene que hay que apurar el tranco porque el tiempo se acaba y, si en 2015 no ven la luz las reformas prometidas por este gobierno, se corre el riesgo de perder las siguientes presidenciales en manos de la oposición.


“La reforma educacional está más limitada a un acuerdo amplio que la reforma tributaria”, reconoce el senador por el Maule norte. “Y llegar a un acuerdo no transgrede en absoluto el espíritu de la Nueva Mayoría como coalición. Si se logra una buena reforma educacional significará que éste ha sido un gobierno exitoso que incorporó a otros que no estaban de acuerdo. No me parece mal. Aunque tampoco se trata de transar o no sino de cómo hacemos una legislación que logre los objetivos que se están persiguiendo: una buena educación desde la etapa pre-escolar hasta la formación superior, con una oferta pública y también mixta donde las familias puedan escoger; sin selección y sin lucro. Si todo eso se logra y hay más personas que quieren sumarse, bienvenidos. Pero estamos lejos de que la UDI se incorpore, incluso Renovación Nacional. Perfectamente podríamos aprobar la legislación con los votos que tenemos, pero un elemento esencial de una democracia es el diálogo”.


-Aunque algunos dentro de la Nueva Mayoría creen que eso va en contra de la política refundacional


-Esas son palabras más que contenido. No se trata de arrasar con el que piense distinto. No porque tengamos mayoría vamos a aprobar lo que se nos dé la gana. Esa es nuestra tarea, y ojalá que al término del año, o al comienzo del próximo, ese proyecto esté despachado por el Senado de la mejor forma posible. Es un error gravísimo creer que por dialogar entonces se es débil.


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—¿Fue un error la tesis refundacional?


—Eso de la retroexcavadora, de que vamos a cambiar y hacer todo de nuevo, claro que fue un error la estrategia refundacional. No es lo que el país ha elegido ni lo que quiere. Basta ver las encuestas.


Zaldívar está claro de que existe un choque entre la vieja Concertación y su sucesora, la Nueva Mayoría. Él, como pocos, rescata cosas de ambos, y los critica por igual. “La Concertación efectuó un gran aporte durante veinte años y eso hay que recogerlo como un pilar positivo, en el que nos afirmamos para que la Nueva Mayoría diera un nuevo paso en las reformas que ahora estamos emprendiendo. Pero esta nueva coalición no es un regimiento, ¡por supuesto que vamos a tener opiniones divergentes!, pero tenemos que reconocerle su diversidad y, pese a ello, el mérito de llevar adelante el programa de gobierno”.


—Según Gutenberg Martínez, se trata de un pacto electoral con fecha de vencimiento…


—No estoy de acuerdo. La Nueva Mayoría tendrá más o menos proyección de acuerdo con el éxito que tenga en su gestión.


—Otro que se sumó a las críticas es Edmundo Pérez Yoma. Dijo que el origen de los problemas del gobierno está en Eyzaguirre.


—La responsabilidad la tenemos todos. Al ministro lo he visto abierto a escuchar y así lo hemos comprobado también cuando ha asistido a las sesiones del Senado.


—¿Y cuando un ex dirigente estudiantil, el hoy diputado Gabriel Boric, llama a Eyzaguirre a dar un paso al costado porque se habría convertido en un obstáculo para la reforma?


—Su juicio es muy negativo, sin fundamentos. Si realmente queremos cooperar, hay que hacer aportes. Por lo demás, Boric no es parte de la Nueva Mayoría.


“Lo que sí es cierto es que ha habido un déficit en la conducción política de esta reforma. Ya lo dijo la Democracia Cristiana en su último consejo nacional. Hay que mejorar
la forma de coordinarse”, argumenta sobre sus críticas a la gestión del proyecto educativo.


—¿A quién responsabiliza: a Eyzaguirre, a Peñailillo o a la propia Presidenta?


—Es una responsabilidad compartida, de los partidos de la Nueva Mayoría, de sus parlamentarios y de los ministros. A la Presidenta no, ella no está en el día a día.


—Usted fue ministro del Interior del primer gobierno de Bachelet y lo sacaron a los seis meses… ¿Es necesario un cambio de gabinete?


—La Presidenta decidió hacer un ajuste político y lo hizo con quien en ese momento era el ministro del Interior, que era yo. Lo estimó necesario porque creía que era una manera de dar un golpe de timón.


—¿No guarda rencores?


—No, en la política hay que tomar decisiones y a veces uno puede ser la víctima. Lo que importa es que a su gobierno le fue bien. Yo no iba a darme la satisfacción personal de salir a rechazar lo que había pasado, sino que apoyar que la Concertación tuviera un buen resultado.


—¿Ha vuelto a conversar con la Presidenta desde entonces?


—Nos hemos encontrado muchas veces, pero no hemos tenido una conversación privada.


—Y entonces, si la Presidenta corrió el riesgo de hacer un ajuste inédito en ese minuto, ¿hoy también es momento de dar un golpe de timón?


—Son decisiones que ella debe tomar. En lo personal, soy partidario de respaldar a los ministros para que realmente las cosas salgan bien, no tirarles piedras, y a Eyzaguirre hay que reafirmarlo, apoyarlo. En cuanto al tema de la conducción política, el gobierno escuchó el mensaje y lo que tiene que hacer es tratar de mejorar si quiere evitar que vengan más críticas.


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“No creo que la Presidenta mire con desafecto a su anterior gobierno ”, apunta ahora Zaldívar sobre la tesis instalada hace algún tiempo por el periodista Tomás Mosciatti, quien señaló que Michelle Bachelet pretende realizar un cambio cultural e, incluso, y que tal vez pretende continuar con la obra de Salvador Allende. “No creo que ella esté por algo así… Habría que preguntárselo derechamente. Michelle Bachelet fue parte de un gobierno de la Concertación. Por supuesto que esta Nueva Mayoría es más amplia, pero eso no conlleva a que debamos renunciar a lo que hemos planteado ni lo que hicimos desde hace veinte años. Aunque hay gente que lo quisiera, es cierto…”.


—¿Borrar ese gobierno?


—Borrar a toda la Concertación.


—¿Cómo ve a Bachelet en comparación con su anterior período?


—Está en la misma línea de lo que era la antigua Concertación, dando otro paso a reformas que estaban pendientes, ¡si no se puede hacer todo en veinte años! Por supuesto que en democracia los cambios demoran, pero no creo que la Presidenta esté por hacer borrón y cuenta nueva, francamente no lo creo.


—Algunos creen que la Presidenta no es la misma, que incluso se rodea de figuras con otro perfil, más de su confianza, como Rodrigo Peñailillo, Alvaro Elizalde, Alberto Arenas, Nicolás Eyzaguirre, muy diferentes a los viejos próceres de la Concertación que la acompañaron en su primer mandato.


—Primero, Rodrigo Peñailillo era su hombre de confianza en el primer gobierno, su jefe de gabinete, un hombre que tenía mucha influencia… No es nuevo. Alberto Arenas fue director de Presupuesto, tampoco es un advenedizo. Y Eyzaguirre no estuvo en su gobierno anterior, pero fue ministro de Hacienda de Lagos. Hay mucha elucubración. Lo del cambio cultural se lo escuché también a Carlos Peña. Pero no creo que la Presidenta esté tratando de hacer una cosa refundacional, olvidar el pasado… —Aunque figuras como usted, Pérez Yoma, Belisario velasco, se han quedado absolutamente fuera…


—Aunque figuras como usted, Pérez Yoma, Belisario velasco, se han quedado absolutamente fuera…


—Yo estoy en el Senado, y desde ese lugar puedo prestar mi colaboración en el ámbito legislativo y, por supuesto, en la opinión política. Pero, efectivamente, Edmundo Pérez no está, aunque es un dirigente político que tiene importancia y es necesario escucharlo. Belisario tampoco está en ningún ámbito. Sin embargo, eso no quiere decir que exista un recambio y que todos los que hoy rodean a la Presidenta son gente que no tiene nada que ver con la Concertación.


—¿Estamos hablando de la misma Bachelet o ella cambió?


—Ese es su estilo y hay que respetárselo; ella tendrá que evaluarlo en la medida que le resulte o no eficiente. Pero siento que está haciendo reformas muy profundas, en materia de salud y su infraestructura; en la descentralización y la regionalización; en lo laboral; reformando el sistema político mediante el cambio del sistema binominal; y la reforma constitucional. En el fondo, está haciendo un cambio muy profundo y estoy seguro de que ella misma sabe que no se podrá hacer todo durante este gobierno. Se re- quiere un tiempo largo para la ejecución de las reformas. Es una Presidenta a quien veo muy preocupada. Ella no está en el limbo.


—¿Y por qué entonces está perdiendo adhesión en las encuestas? Por primera vez en este gobierno la tasa de rechazo supera a la de aprobación.


—Todos estos procesos conllevan este tipo de deterioro, incluso al interior del gobierno. Me tocó verla en su anterior mandato, para la revuelta de los pingüinos; la adhesión bajó, pero ella insistió en su proyecto con mucha seriedad y terminó con un alto respaldo popular. Si ahora mantiene su posición, si somos capaces de recuperar el crecimiento y la economía funciona bien, Michelle Bachelet finalizará su mandato con un gran respaldo.


—¿Y si no?


—No quiero ni pensarlo… Si lo hacemos mal y este país no crece y económicamente tenemos problemas, si además hacemos mal la reforma educacional, si además no interpretamos lo que la gente nos está demandando, por supuesto que en un momento se puede producir un recambio hacia la centroderecha. Pero creo que tenemos capacidad de hacerlo bien y podemos corregir los errores que podamos estar cometiendo o que ya hemos cometido. Dediquémonos a que nos vaya bien, si nos va bien en la Nueva Mayoría, el hecho de que vamos a tener un nuevo gobierno se da por sí solo; si lo hacemos mal, por supuesto, es la democracia, y nos van a cobrar la cuenta.