La acusación de algunos DC en contra de Michelle Bachelet por favorecer —supuestamente— a Carlos Montes, y que terminó con Soledad Alvear perdiendo la senaturía por Santiago Oriente, encendió las alarmas en la Democracia Cristiana sobre cuál será el lugar e influencia del partido en caso de un nuevo gobierno de la ex mandataria. Esto, considerando además las declaraciones de algunos miembros de la Nueva Mayoría como Guido Girardi, Alejandro Navarro y el propio Carlos Montes de terminar con la política de los acuerdos y con el “conservadurismo” que —según ellos—, predominó en los 20 años que gobernó la Concertación y causó la crisis de la coalición. Juicios que apuntan directo al corazón de los falangistas.

Andrés Zaldívar (77), quien fue ministro del Interior de Bachelet en 2006 y luego removido de su cargo a los cuatro meses por la ex mandataria —según él, “para dar un golpe de timón en plena revolución pingüina”– está preocupado por el estilo de “aplanadora” que exhiben algunos integrantes de la Nueva Mayoría. El senador DC por el Maule Norte les baja el humo a los más entusiastas, y les advierte que quieran o no tendrán que debatir. “La política de los acuerdos le ha dado estabilidad y gobernabilidad a Chile. El que se apresura y anda a tropezones termina sin hacer los cambios”.

De paso, el parlamentario aclara que su partido no será un dique de contención de las expectativas de la gente, aun cuando muchos DC no están de acuerdo con la gratuitad universal en la educación superior —gran promesa de campaña de Michelle Bachelet—. “En su momento lo veremos, pero si no se puede, ¡diremos no!”.
También le da un portazo a una asamblea constituyente fuera de la institucionalidad. “Nadie por entusiasmo nos llevará a romper las normas constitucionales; en eso hay unanimidad”.

—Dicen que el apoyo de Bachelet a Montes sería la muestra de cómo se viene la mano con la DC en su posible gobierno.

—Ambos son socialistas; hay una afinidad innegable. No hubo intención de la Presidenta Bachelet; fue imparcial, no así su entorno.

—¿No es reflejo entonces del lugar secundario que cumpliría la DC en una futura administración de Bachelet?
—No… Ejercimos un importante rol para terminar con la dictadura y armar una gran alianza de centroizquierda como fue la Concertación, con la cual trabajamos 20 años y tuvimos dos presidentes DC. Ahora nuestro papel será ser partícipes leales con el programa pactado, donde tenemos diferencias, por cierto…

—¿Con qué cargos o gestos de la ex mandataria quedarían conformes?

—No pedimos ni esperamos nada; respetamos su autonomía. Insisto, debemos estar disponibles para una nueva constitución
—dentro de la institucionalidad—, y llevar a cabo las reformas tributarias, de Salud y Educación, modificar el sistema previsional y dar fuerza a los gobiernos regionales.

—No está por la educación superior gratuita para todos, ¿qué criterio primará finalmente tratándose de la gran promesa de campaña de Bachelet?
—No hay unanimidad en la DC. La Presidenta propone un sistema gradual para llegar a la gratuidad total. Durante su período se dará al 70 por ciento, y en eso concordamos. Después veremos qué pasa… El país tiene otras prioridades sociales antes de llegar a financiar a los estudiantes de mayores ingresos.

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—Muchos se quedan con el anuncio y esperan gratuidad inmediata y universal. ¿No cree que desde el comando están generando demasiadas expectativas?

—Hay muchas, y es porque hay una fuerte demanda por avances sociales que tal vez no tengan respuesta inmediata. Ahí está la sabiduría y capacidad de una estadista de conducir esas aspiraciones, y la nuestra de ser responsable con los gastos fiscales, de no gastar más de lo que tenemos. Lo peor es ponerse como un dique —porque las expectativas te pasan por encima, y se vienen los quiebres sociales— o prometer hacerlo todo en cinco minutos.

—Guido Girardi cree que no hay tiempo que perder para hacer las transformaciones, y dijo que los díscolos y cuestionadores a los cambios serán otros, en clara alusión a los decé.
—No somos díscolos, siempre hemos sido responsables. No estamos por ser cuestionadores o no, cumpliremos con el programa que acordamos. En ninguna parte se habló de establecer Asamblea Constituyente fuera de la ley, por tanto, los díscolos serán los que quieran hacerlo así. Y lo de la educación gratuita total se discutirá en su momento, y si no se puede, ¡diremos no!

—En lo valórico también hay grandes diferencias, ¿cómo harán valer su postura?
—Como en cualquier democracia: conversando, discutiendo. En el partido también hay un debate interno. Algunos estamos por el Acuerdo de Vida en Pareja, pero no matrimonio igualitario. Y somos partidarios del aborto terapéutico, cuando está en riesgo la madre o cuando el feto es inviable. Pero la mujer no tiene derecho a matar a un hijo, debe ser responsable de sus actos…

—¿Incluso una menor abusada?
—Diferente es una niñita violada; ahí el Estado debe apoyarla, permitir que decida y no penalizarla… ¿Quién soy yo para juzgarla? Ahí me quedo con lo que dijo Jesús en la parábola de la adúltera: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”…

—Girardi afirmó que es tiempo de ideas progresistas por sobre las conservadoras, por eso la derrota de Soledad Alvear y Alberto Undurraga.
—Le digo a cualquiera de estos progresistas ¿quién se la jugó por una reforma agraria en los ’60, rompiendo, incluso, con nuestro entorno?, ¿por fortalecer la sindicalización?, ¿por organizar la base social en base a juntas de vecinos? ¿Quién recuperó las riquezas básicas de este país? Uno es progresista por sus actos, que es muy distinto a realizar cambios a tropezones porque te terminas cayendo. En la Nueva Mayoría hay responsabilidad política, Chile no está para aventuras. La Presidenta Bachelet ya dijo que los cambios serán graduales; sólo así serán eficientes, así es que los más impacientes que aplaquen su nerviosismo.

—¿Cree que la crisis de la Iglesia Católica ha influido en el bajo apoyo al discurso conservador DC?
—No creo que nos puedan denominar conservadores, yo soy más bien progresista…

—Su presidenciable Claudio Orrego tenía como eslogan “Creo en Dios y qué”…
—No estuve de acuerdo y se lo dije. Fue un error mezclar lo religioso con lo político, aunque creer en Dios no es sinónimo de conservador, ni agnóstico de progresista. La DC no es un partido confesional, nos inspiran los valores cristianos, pero separamos agua, como cuando trabajamos la ley de divorcio. La Iglesia ha tenido una crisis de credibilidad por los actos de algunos de sus miembros. En lo personal, me golpeó muy fuerte, pero no cuestionó mi fe. Como partido hemos tenido un desgaste que no tiene que ver con la religión. Debemos aggiornarnos de manera permanente.

“La DC está orgullosa de lo que hicimos en estos 20 años, de recuperar la democracia, de una transición ejemplar, de hacer transformaciones económicas y darles contenido social, ¡no hemos fracasado ni perdimos el gobierno por hacer acuerdos! Hay alternancias del poder en las democracias. No acepto la tesis de algunos autoflagelantes de que lo hicimos todo mal, quizá nos faltaron cosas por hacer como el alargue del posnatal”.

—Varios de la Nueva Mayoría no están hoy por una política de consensos.
—Tendrán que estar dispuestos al debate y a buscar acuerdos cuando sea necesario. Sus ideas serán tomadas en cuenta si tienen fundamento. No soy partidario de la aplanadora, aunque muchos entusiastas lo quieren. La política de los acuerdos le ha dado estabilidad y gobernabilidad a Chile; da sensación de respeto. Las minorías deben ser escuchadas. Y lo aclaro, la DC no será dique de contención de las expectativas ciudadanas, sino que les dará conducción, eficiencia y capacidad de ejecución.

—Algunos analistas creen que la Nueva Mayoría, al no contar con una oposición fuerte en el Congreso, los conflictos los experimentará dentro de la propia coalición.
—A lo mejor el rol de la DC será entonces escuchar, discutir y resolver los temas. Y será la presidenta quien abrirá esos espacios. No veo crisis, durante 20 años decían ¡¿cómo se pondrán de acuerdo?!, y lo más bien que pudimos.

—Hoy el escenario es otro, por primera vez gobernarán con el Partido Comunista.
—No es el PC de hace diez o quince años, pre Muro de Berlín. ¿Cuál es el proyecto del Partido Comunista chileno? ¿Está propiciando la lucha de clases, la dictadura del proletariado, la economía centralizada? Eso quedó atrás. Hoy no tiene un referente pasado, se están adecuando al futuro y son parte de la mayoría de los gobiernos europeos. La exigencia de todos será garantizar la gobernabilidad al que asume; no de salir a la calle a provocarle una crisis al mandatario entrante. Por eso están tomando su decisión de si participan y en qué términos.

—¿Qué le pasa cuando escucha a Camila Vallejo o Karol Cariola hablar de Venezuela o Cuba como ejemplos de democracia?
—Están profundamente erradas. Y si el PC pretende imponer en Chile un régimen similar al de Norcorea, ¡se encontrará con nosotros!

 

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—Lucía Santa Cruz dijo que el programa de Bachelet es el primer escalón del establecimiento del socialismo.
—Ella está a la derecha, ¡derecha! El extremismo ideológico lleva a esas afirmaciones.

—No es la única que plantea que el programa de Bachelet pone en peligro el modelo económico…

—El modelo hay que humanizarlo; tiene mucho de mercado, le falta lo social. Me interesa una sociedad fundada en la igualdad de oportunidades, respeto a los derechos humanos, en la dignidad y democracia política. No será un programa ni marxista ni socialista. Mirar a Venezuela, ¡por ningún motivo!; es una aventura sin retorno, un populismo.

—El ministro Felipe Larraín ha dicho que la maxirreforma tributaria y eliminación del FUT estancará el crecimiento y la inversión.
—El no está en la verdad, y se lo he demostrado. El estancamiento y decrecimiento económico vienen desde el primer trimestre de este año, estando él en el gobierno. Hay una utilización política dentro de una campaña del terror para buscar votos, en la que se ha metido el propio Presidente.

—La Democracia Cristiana está mucho más cerca de la centroderecha liberal que del PC. ¿Podría darse una coalición con Felipe Kast, Hernán Larraín Matte, Luciano Cruz-Coke?
—Están empezando, hay que ver por dónde van a marchar, pero que la DC se incorpore a una coalición de derecha, ¡jamás! Estamos cómodos en una posición de centroizquierda.

—Todo indica que Sebastián Piñera liderará una nueva derecha; él mismo hizo la distinción entre los que votaron SI y NO.
—Es la misma derecha con diferente vestido. Le reconozco a Sebastián Piñera esa distinción y desmarcarse, pero son los mismos.

—¿O sea que Sebastián Piñera representa lo mismo que Jovino Novoa?
—Uno es de color rosado más intenso. En el fondo piensan en un mismo proyecto, más marcado en el mercado que en lo social, sin perjuicio de que a Sebastián se le sale un poco lo DC. Se metió en un corral ajeno donde llegó a la posición que hoy tiene. Las peores cosas que he escuchado sobre Piñera (en los años 90) la han dicho gente que hoy está en su gobierno. Un senador en su tiempo me dijo: “Tendrá que pasar sobre mi cadáver antes de llegar a ser presidente”. Sin embargo, hoy está muy vivo, y con un cargo importante.

—De arrasar frente a Matthei, ¿influirá en la línea de gobierno que impondrá Michelle?
—Por supuesto, puede darse un mayor entusiasmo. Muchos dirán: “Tenemos tanta mayoría, ¡podemos hacer lo que queramos!”. Les repito, por mucha mayoría, en democracia hay que ser cuidadoso, no se puede aplastar a las minorías. El éxito de los países se da cuando se les respeta y escucha; la democracia se robustece con la diversidad. Pero más allá , un verdadero estadista es el que hace las cosas porque cree que corresponde, por convencimiento.

—¿Ve distinta a Bachelet en comparación al 2006?

—Es la misma: cariñosa, agradable, de gran carisma. Compone sus equipos, pero es más receptiva de lo que se cree. Escucha, puedes conversar de todo con ella. Su mérito es la experiencia, ya fue presidenta. Tiene su estilo; estoy convencido de que ejercerá su liderazgo.

—¿Está más girada a la izquierda?

—Ella viene de la izquierda, ahora será igual. Vino a completar lo que no pudimos terminar, porque la gente nos quitó el respaldo.

—Usted la responsabilizó a ella del quiebre de la Concertación por alejarse de los partidos políticos y no preocuparse de los díscolos.

—Sí. He aprendido que la capacidad de abrirse, escuchar y conversar te da soluciones. En el gobierno de Frei padre cuando teníamos dificultades para conseguir votos, convidábamos a senadores de derecha a tomar té para llegar a acuerdos. Creo que ahora Bachelet tendrá un gobierno más cercano a los partidos.

—¿Superadas las diferencias tras su salida forzada del gabinete?
—No estuve de acuerdo, y se lo expresé en una carta. Aun así, no antepuse lo personal al proyecto común, y seguí colaborando. Nos hemos encontrado, hablado, tenemos una relación perfecta. El ministro del Interior debe ser muy cercano al presidente, con mucha química y complicidad. Ya veo a alguien en ese cargo, pero no lo diré porque lo quemo.