Cuando se fue de La Moneda en marzo del 2014, su idea era desempeñarse como abogado, dedicarse a la academia y alejarse de la política. Logró su cometido en parte: se instaló en una oficina con su amigo jurista Luis Hermosilla, creó un centro de estudios de asuntos públicos en la Universidad San Sebastián, de paso bajó 20 kilos, pero olvidarse de la política, ni pensarlo; ¡todo lo contrario!

En estos dos años y medio, Andrés Chadwick no sólo asumió un rol clave en la UDI cuando estalló el Caso Penta; es, además, parte del comité ejecutivo de la coalición de centroderecha Chile Vamos, fue uno de los primeros en sacar un video en YouTube en contra de las reformas, aunque gran parte de su tiempo lo destina a su cargo de presidente de la fundación Avanza Chile que formó el ex mandatario Sebastián Piñera, una vez que terminó su período presidencial. El objetivo era a través de ésta defender su legado, realizar estudios de políticas públicas —que entregan a dirigentes— y tener un lugar de encuentro con gente del sector… Aunque para muchos, es allí donde se estaría cocinando el programa de gobierno de Piñera 2018.

Una aspiración que la centroderecha no tiene fácil, y no sólo por sus continuas disputas públicas, ahora último en torno a los candidatos a las municipales; en la encuesta Adimark de junio, Chile Vamos tuvo un 70% de desaprobación.

—¿Cuál es la realidad actual de la centroderecha?

—Logramos constituir Chile Vamos con dificultades y diferencias, la cual se ha ido consolidando y ya es un actor político relevante. Ahora, el desafío es la capacidad de desarrollar un proyecto, asumiendo y entendiendo los cambios que ha tenido la sociedad chilena, y de aquí a fin de año hacer una propuesta país, con una visión política, cultural, económica acorde a éstos.

—Una consolidación a medias, porque siguen con las acusaciones públicas entre RN y la UDI, ahora por las municipales, ¿cómo no han aprendido de sus errores?

—Como sector, tendemos a hacer problemas de nuestras diferencias y discutirlas de manera pública; es parte de nuestra estructura. Lo importante es que se resuelven; estamos conscientes de que la unidad es indispensable para obtener un muy buen resultado municipal y prepararnos para ganar la elección presidencial.

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—¿Ve reales posibilidades para ello?

—Estamos con la voluntad y disposición de hacer bien las cosas, eso significa conseguir una unidad política lo más amplia y diversa, con propuestas que miren al futuro y con un líder importante, que traduzca lo anterior en una acción política y electoral con motivación y mística.

—¿Y sólo Sebastián Piñera reuniría para usted esas condiciones?

—El tiene un liderazgo significativo no solo porque es nuestro único ex presidente; también ha mantenido una presencia en los temas de interés y en las evaluaciones públicas que lo ubican en una posición expectante, sin perjuicio de que haya otros posibles candidatos que también están haciendo su trabajo y bienvenido sea.

—¿Por qué no hubo más tiraje en la chimenea y los candidatos fuertes son hoy Piñera y Lagos?

—Parece contradictorio, porque si bien existe un clima de desconfianza y se reclaman nuevas formas de acción política, hay una sensación de que el país ha cambiado erróneamente de rumbo, con mucha incertidumbre. Estábamos acostumbrados a proyectos económicos exitosos, a un desarrollo más consensuado, no a crisis económicas ni a propuestas ideológicas que distancian. Entonces, en momentos así, las personas buscan seguridad, liderazgos con autoridad pero conocidos, que en comparación a hoy, llevaron a Chile por un mejor rumbo. Más del 70% de los chilenos señala que vamos por mal camino.

—Ese mismo porcentaje desaprueba a su sector, ¿por qué no han podido capitalizar ese rechazo al gobierno?

—Lo central es que los chilenos se defraudaron muy rápido de la propuesta refundacional de la Presidenta Bachelet, por lo retrógrada, improvisada y sobreideologizada. Ahora nuestro deber es ser capaces de hacerse cargo de ese rechazo y de tener propuestas que representen esa sensibilidad, que estén en sintonía, con una oferta de gobierno capaz de generar desarrollo integral, una sociedad inclusiva y mayor igualdad de oportunidades.

—¿No es contradictorio pretender estar en sintonía con la gente mientras la UDI no condene a sus miembros procesados y otros incluso condenados por financiamiento irregular de campañas?

—La UDI se formó y desarrolló en una acción colectiva profunda, de mucho vínculo, que la diferencia de otras colectividades. Entonces, ha debido buscar el equilibrio entre el rechazo absoluto a estas malas prácticas —porque hizo un reconocimiento público y pidió disculpas— con no patear en el suelo a los involucrados ni desconocer lo que fueron sus aportes al partido. La vida no es una foto ni un momento, es una historia; por eso a personas como Jovino Novoa —que asumió su responsabilidad y tiene una condena judicial—, no se le puede desconocer su entrega y relevancia en la construcción de este proyecto colectivo.

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—¿No les jugará en contra mantener a Novoa y permitir la salida de José Antonio Kast que pedía su expulsión?

—Esperemos la elección municipal para evaluar cómo la UDI ha ido asumiendo los problemas, haciendo un reconocimiento y respetando a las personas. Con respecto a José Antonio, nadie quería que se fuera; ahora, tengo mis dudas si su motivación para irse fue Jovino o tenía aspiraciones que el partido no pudo cumplir.

—¿De tipo presidencial?

—O de otro tipo, quizá. Hizo énfasis en que no había espacios, cuando él estuvo en todos los cargos, tuvo todas las oportunidades… El tiempo dirá las verdaderas razones. Sebastián Piñera estaría dispuesto a ir a primarias, aun cuando sea el mejor posicionado en las encuestas, asegura Chadwick. “Aunque el ex Presidente ha sido muy claro en señalar que su decisión la tomará en marzo tras analizar su situación personal, familiar y compromisos, y así ver si está en condiciones o si es necesario asumir una candidatura. Si su determinación es positiva, como miembro de Chile Vamos participará al igual que el resto, en las instancias que la coalición defina”.

—¿Y usted lo acompañaría en este regreso?

—Sí así fuese y puedo ser útil, ayudaría en todo lo que pudiera.

—¿Y cómo evitar esta vez ser una coalición solo con fines electorales, en que no pudieron trabajar en torno a un proyecto común?

—Aprendiendo la lección. No me resigno que después de haber hecho un muy buen gobierno, de diseñar un camino para el desarrollo integral y de elevar la calidad de vida, personas con capacidad y sensibilidad, que les importa el bien superior del país, no se den cuenta de que la forma de retomar esos caminos en la política moderna es con una coalición unida, amplia, aceptando las diversidades, donde lo importante no es el fin electoral, sino el proyecto político, social y cultural a desarrollarse en el tiempo. Eso en nuestro sector ha costado, y si no lo aprendemos ahora, nuestro destino será apagar incendios y no construir una obra.

—¿No supieron ponerse a la altura?

—No asumimos la responsabilidad de ser gobierno y mantuvimos conductas —entre los partidos y en relación con La Moneda— más vinculadas a la oposición. También en una primera etapa le dimos demasiada importancia a la gestión, al aporte técnico, a la eficiencia, que son importantes, pero el rigor profesional debe ir acompañado de una sensibilidad política-social, del porqué se hacen las cosas, para quiénes. Y estamos tomando conciencia de eso.

—¿Incluido Manuel José Ossandón?

—Espero que todos, incluido él —que tiene mucho que aportar—, estemos comprometidos con este proyecto. Ojalá reevalúe su situación, porque creo que le perjudica y daña aparecer públicamente en contra de alguien o de algo más que proyectar una acción positiva colectiva. Y está en su legítimo derecho de levantar una opción presidencial dentro de las instancias que defina la coalición para tener un solo candidato.

—¿Qué errores no debiera cometer Sebastián Piñera para evitar ser un nuevo paréntesis?

—El tiene conciencia de lo que se hizo mal, lo que se pudo mejorar y también potenciar. Un error que cometimos fue generar altas expectativas en temas complejos como la delincuencia. El combate de ésta no cabe en un eslogan de campaña. Ahí aprendes que si pones demasiadas expectativas en un tema tan sensible, te pasa la cuenta, aun cuando redujimos la victimización de 30 a 22%.

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—¿Cree que a la Presidenta le está pasando la cuenta las expectativas que generó el tema de la gratuidad?

—Esa situación es más profunda y grave. Bachelet centró su campaña en la gran promesa de gratuidad universitaria, y no dudo de que ellos sabían que era imposible cumplirla. Cometer un error de cálculo en una política pública de esa magnitud, que para llevarla a cabo necesitaríamos dos reformas tributarias más y 60 años de mejor situación económica… No fue error de cálculo la verdad, sino cerrar los ojos frente a las convicciones ideológicas. Es el error de los populismos latinoamericanos que por seguir sus ideas, se cierran a la realidad, llevando a los países a situaciones dramáticas —como Venezuela, Brasil y Argentina—, generando la mayor de las frustraciones. Es la primera vez que —de vuelta a la democracia— un gobierno pretende generar un gasto público a futuro sin indicar cómo se financiará. Es la irresponsabilidad fiscal máxima, una conducta antidemocrática, inconstitucional, ¡demagogia pura!

—El ministro de Hacienda se ve un hombre mesurado, ¿se prestaría para eso?

—Me gustaría que Rodrigo Valdés responda por esto. Es una persona seria, lo respetan en el mundo económico. Ha sido académico, ¿qué le va a contestar a sus alumnos frente a esta pregunta?, ¿está de acuerdo? Cómo es posible que la prioridad de Chile y su mayor gasto social futuro sea financiar la educación superior de personas con recursos para pagarla y no, por ejemplo, reformar a fondo el Sename donde los niños se están muriendo.

—De llegar Chile Vamos a La Moneda, ¿cuáles serían las prioridades?

—Si logramos ser gobierno, sabemos que recibiremos el país en una muy mala situación económica; el daño quizá sea mayor que el terremoto del 2010. Pero tenemos la convicción, ideas y actitudes para avanzar en superarlo. Eso implica la rectificación de reformas, como la tributaria. Se necesita simplificar los procesos y buscar formas de incentivar el ahorro de las pymes que son la fuente fundamental para el crecimiento y empleo. En Educación, hay que enfocarse en que la pública sea de calidad y priorizar la preescolar; clave para la igualdad de oportunidades. Ojalá que la reforma a la educación superior no esté tramitada porque está muy mal diseñada, es engorrosa, con una maraña burocrática gigantesca. Pretenden fijar tres mil aranceles distintos, con tres modalidades de pago según el ingreso familiar de cada alumno. Pero ¡¿qué se fumaron?! ¡Tráiganme al genio que implementará ese sistema! Por algo están todos en contra.

—Mal eslogan de campaña retirar la gratuidad universitaria cuando ya fue prometido como un derecho.

—El país espera otra cosa, que alguien le hable en serio y le diga: esto sí podemos, esto no podemos o estos son nuestros plazos. Hay que discutir si la gratuidad será para el segmento más vulnerable —como ocurre hoy—, cómo se puede ir avanzando y si es justo o no que sea para todos. La gente le pasó la cuenta a la presidenta por ilusionar a los ciudadanos con políticas públicas que sabían no se podían lograr, las cuales les está generando a muchos el riesgo de volver a la pobreza, con el fantasma del desempleo y de menores ingresos. La reacción social de rechazo que ha producido el populismo de Bachelet, nos abre la posibilidad real de volver y les da una oportunidad a nuestros proyectos e ideas. Es un proceso, hay que pasar etapas, por lo que debemos trabajar fuerte para conquistar esas voluntades que en dos años y medio han visto que todas las ilusiones y promesas no eran más que un acto de demagogia de un grupo de burócratas.

—Ha señalado que también sospecha del proceso constituyente.

—Es evidente que se trata de una estrategia para que el gobierno aparezca activo, aunque a la izquierda más radical lo que le interesa es generar el ambiente y que la conclusión final indique que se requiere una nueva constitución a través de una asamblea constituyente. Nunca imaginaron eso sí la escasa participación ciudadana, menos del 0.5% del electorado, por lo que tuvieron que alargar los plazos.

—¿Por qué cree que la gente no se entusiasmó en participar?

—Por falta de credibilidad, confianza y porque hay mayor sentido común. Los chilenos saben que un proceso constituyente no se hace con cinco personas encerradas en una casa, sin controles, garantías, base jurídica ni representatividad. Lo más sospechoso es que tampoco se debaten contenidos, sólo la manera de modificarla. Aquí hay una burla y un daño a la participación ciudadana. Por algo la Presidenta ha caído en su mayor atributo que era la credibilidad.