Han sido meses más que movidos para el ministro del Interior. Andrés Chadwick (57), debió primero poner el pecho a las balas tras la crisis de la Alianza desatada por la bajada de Pablo Longueira, para seguir con la intensa y mediática conmemoración de los 40 años del Golpe que abrió cicatrices, sensibilidades, acusaciones cruzadas y que —quiérase o no—, empañó el cierre del último año de gobierno.

Esto, sin contar huelgas y encapuchados, el vandalismo desatado por la conmemoración del 11 y el plan de contingencia por la salida masiva del 18 que también recayó en Interior… “Ha sido un año súper agitado, intenso. Gobernar hoy es más difícil, con un país tremendamente activo, participativo, demandante, que exige un ritmo fuerte y reaccionar a tiempo”, dice Chadwick, quien de paso, mantiene firme su decisión de retirarse de la política terminado el mandato de Piñera. Quiere volver al mundo privado como abogado. “Comparto una oficina de la que no he podido participar, y donde me espera mi amigo Luis Hermosilla. Pretendo ejercer mi profesión y, además, retomar las clases en la universidad”.

Comparto una oficina de la que no he podido participar, y donde me espera mi amigo Luis Hermosilla. Pretendo ejercer mi profesión y, además, retomar las clases en la universidad.

—¿Olvidarse para siempre o por un rato de la política?
—Sería absurdo olvidarme, pero quiero un rol distinto. Por edad entré en la etapa de traspasar experiencias, formar gallos jóvenes, y la Fundación Guzmán es un buen espacio. Estos últimos años mi vida ha estado vinculada a la política en un ciento por ciento, y pensar en regresar al trabajo legislativo, por ejemplo, no me genera novedad, a diferencia de otras actividades, como desarrollarme profesionalmente.

—Fuerte pérdida para la UDI que lo tenía entre sus presidenciables…
—No, no, ¡ridículo! Ese es un pariente mío, no yo (ríe).

—Lo mismo decía Evelyn Matthei…
—No tengo las condiciones ni las características para ser candidato a La Moneda, en eso ¡soy un cero a la izquierda!

—¿Tan curado de espanto quedó que no quiere saber nada más de política?
—No, este no es un portazo ni mucho menos, aunque sin duda ha sido un año movido, desde la primaria con resultados insospechados, el imprevisto de Pablo Longueira, donde enfrentamos una situación de emergencia sin parangón, y luego los 40 años del 11, de una intensidad social y comunicacional muy, muy fuerte.

—¿Por qué fue tanto o más que a los 20 ó 30 años del Golpe?
—Es un año electoral y está en el gobierno la Alianza. Además, existe una necesidad generacional de saber qué y cómo ocurrió; conocer más detalles, imágenes, testimonios, y la reconstrucción que se hizo fue mucho más visual, fidedigna y emocional. Dentro de esa intensidad, el Presidente puso la nota equilibrada y justa de los hechos, al decir que como país nunca más debemos aceptar la violación de los derechos humanos, como tampoco permitir que por la vía de la violencia se destruya la democracia. La imagen más fuerte que quedó fue que nadie quiere volver atrás.

—Varios de su sector no estuvieron muy de acuerdo con ese discurso, ni con que el mandatario hablara de “cómplices pasivos”.
—Algunos se molestaron y pensaron que había que pasar piola, pero el Presidente tenía la convicción profunda: por su cargo debía hacer una reflexión y transmitir un testimonio de lo que fueron estos 40 años. Se preparó, sabía exactamente lo que tenía que decir. Aquellos que creyeron que se debía callar, me imagino que se habrán dado cuenta de su error.

—Muchos de ellos son gremialistas.
—Esa postura es de gente de RN y UDI. No tengo problemas en referirme al gobierno militar y DD.HH., no sólo porque lo enfrenté públicamente con mis sentimientos, visión y sensibilidad al decir que pude haber hecho mucho más o haber levantado la voz para que se evitaran, sino porque hace diez años con Pablo Longueira y varios del partido trabajamos el tema con familiares de detenidos desaparecidos de Pisagua que originó el documento La paz ahora. Allí la UDI planteó el rechazo a la violación de los derechos humanos, el reconocimiento de que pudimos evitarlo y la necesidad de avanzar en verdad, justicia y reparación, que me identifica plenamente.

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—A pesar del valor del discurso presidencial, la sensación que dejó esta revisión de 40 años, no favorecería al gobierno ni a Evelyn Matthei, por aparecer asociados a golpistas y abusadores…
—Llevamos 24 años en democracia, en cada elección enfrentamos el escrutinio sobre los hechos del pasado, y en nuestro sector hay concejales, alcaldes, cores, diputados, senadores, presidente, partidos mayoritarios… Si bien existe una ciudadanía que se conmociona con lo ocurrido, también observa actitudes y determina su voto no mirando hacia atrás, sino a problemas actuales: educación, trabajo, delincuencia… A quienes han buscado aprovechamiento político, les digo que los estudios de opinión indican que la gente se da cuenta al tiro.

—¿Vio aprovechamiento?
—Hay sectores de izquierda que quisieron sacar provecho, y donde más lo noté fue con su actitud hacia la Democracia Cristiana, y en la posición que tuvo ésta el ’73. Michelle Bachelet en su discurso en el Museo de la Memoria construyó su tesis sobre el 11 de septiembre. Y señaló que el Golpe era evitable, pero faltó diálogo, manejo, y actores capaces de resolver políticamente el tema. Les dijo a los democratacristianos: “Ustedes fallaron en evitar el Golpe, porque eran el partido que jugaba un rol en el diálogo”. El papel de la DC es un debate que no se había dado antes, en eso se han enfocado Osvaldo Andrade, Guillermo Teillier…

—¿Qué pretenden?
—La izquierda siempre tiene un objetivo: tener el control político del lugar donde se encuentra, y para conseguirlo debe desplazar o disminuir al máximo a la DC. En eso están, es cosa de ver sus estrategias.

“A Bachelet le faltó lo que le sobró al Presidente: la capacidad de reconocer que en su sector también hubo errores, como lo hizo Isabel Allende y Camilo Escalona. No lo siente y es preocupante, ya que comete un error histórico al no contribuir a que los hechos se entiendan de manera más justa e integral. Bachelet no reconoce, acepta ni asume los errores de la izquierda de los años ’60 hasta 1973, que llevó a un grado de odiosidad y conflicto social tal que terminó destruyendo la democracia. Algo tan cierto y veraz, como lo fueron las violaciones a los DD.HH.”.

—¿Bachelet no lo siente así o en un año electoral no conviene decirlo?
—No le quiero suponer que actuó por conveniencia en temas tan trascendentes, sería hacerle una acusación fuerte. Ella parece no verlo o, al menos, no decirlo.

—¿Y se equivocó Evelyn Matthei diciendo que ella no tenía por qué pedir perdón ya que tenía 20 años para el Golpe?
—El perdón es algo tan personal…

—Pero dado el minuto que se vivía, concordará que estratégicamente fue un tremendo error de campaña.
—Si fue percibido como error, al decir después que el discurso del Presidente Piñera la representaba en un ciento por ciento, lo corrigió.

—¿Qué pasó con la campaña de Matthei? Partió como caballo de carrera, pero hoy varios aliancistas consideran que está plana, estancada.
—Tuvo una etapa de acomodamiento pos emergencia, de armar equipos y superar los problemas RN-UDI. Ahora que pasó el 18, se viene una campaña moderna, comunicacional a concho.

—¿Y en 50 días se puede revertir?
—Lo único que hemos demostrado es que en política hay tiempo para revertir o modificar escenarios. Nadie discute que Bachelet tiene la primera opción, pero quienes creían que ganaba en primera vuelta, ya no lo ven así. Tendremos segunda vuelta a todo evento; ese hecho genera un escenario nuevo. En los días que quedan, Matthei consolidará el voto histórico de nuestro sector, sumado a la adhesión del gobierno. Por muy bien posicionada que esté la ex mandataria, no veo ninguna razón política fuerte ni de fondo como para que la Alianza no termine siendo tan competitiva como en estos últimos 15 años.

—Con un 12 por ciento en la CEP, ¿cree que Matthei está para dar sorpresas?
—Nunca se debe renunciar a las sorpresas de la vida… La CEP cometió un error garrafal, que se demostrará el 17 de noviembre, y que le costará mucho en su prestigio. Se aventuró en hacer la pregunta presidencial sabiendo que tenía un grado de distorsión tremendo, no predictiva electoralmente. ¿Quién en Chile podría creer que Evelyn representa a un 12 por ciento del país?

—¿Manejan encuestas internas que dicen lo contrario?
—El gobierno no tiene encuestas presidenciales, La Segunda publicó una (Bachelet superaría en 11 por ciento a Matthei), pero he escuchado que existiría una diferencia en torno a los 10 puntos. Oye, si converso con la gente, salgo a la calle, viajo por el país, sé la adhesión que existe con el gobierno sobre el 40 por ciento…
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—Hay quienes estiman que la serie de declaraciones de Piñera en estos días han opacado a la candidata; que él estaría más preocupado de su regreso el 2017.
—Es una mirada errónea de ver los fenómenos políticos. Evelyn tiene el respaldo absoluto de La Moneda. Hay un trabajo en equipo; cualquier acción para realzar el gobierno, hace más potente su candidatura.

—¿No la perjudicó el Presidente al afirmar que ella se equivocó al votar SÍ?
—El comportamiento político de una persona está sujeto a la evaluación y escrutinio público, y ella lo entiende así. Opinar de que todos podríamos haber actuado distinto, no es torpedear la candidatura de Evelyn Matthei. Al contrario, el Presidente aclaró el compromiso de ella con los DD.HH., la democracia, y reafirmó que era la mejor opción.

—¿Apoya un eventual regreso de Piñera en las próximas presidenciales?
—Más allá de que tenga ganas y esté en su derecho, los ex presidentes Frei y Bachelet fueron a la reelección, y Ricardo Lagos ¡por Dios que tenía ganas! Con un mandato de cuatro cuatro años y una gestión considerada buena, respetada, los ex mandatarios quedan con una vigencia política importante. Ahora, que eso signifique que será candidato en 2017 o no… pueden pasar tantas cosas.

—Laurence Golborne figuró en la CEP como el más popular de la Alianza (45 por ciento). ¿Fue un error político de la UDI apresurarse en bajarlo?
—No hay que ser general después de la batalla. ¿Qué sentido tiene mirar para atrás? Estábamos en medio de una primaria muy competitiva, y los temas que surgieron y afectaron a Laurence ponían en riesgo el triunfo. La idea de ir con Pablo (Longueira) fue razonable; lo más adecuado en ese momento.

—Dicen que su recuperación ha sido más lenta de lo esperado.
—He estado bastante con Pablo. Sigue en Melipilla, acompañado de su familia. Su diagnóstico de depresión fuerte requiere tiempo y paciencia para volver en plenitud. Hay avances, que lo expreso en una frase: hay una etapa inicial en que acompañas al amigo, ahora entré en la de conversar con él.

—¿Lo ve de vuelta asumiendo el protagonismo político de antes?
—Sólo Dios lo sabe. Yo tuve una depresión muy fuerte en 2008, permanecí tres meses fuera del Senado y, por fortuna, no me ha vuelto ni he tenido síntomas. Lo que quiera hacer Pablo en su futuro dependerá de las circunstancias y de lo que él tenga ganas.

“Lo más doloroso es sentir que hay algo en tu organismo que te impide ser lo que eras, porque dejas de sentir esa capacidad, motivación, decisión y voluntad que te movía —dice recordando su depresión—. Entonces, además de la angustia propia de la enfermedad, está el dolor de sentirte imposibilitado física, mental, anímica y voluntariamente de hacer tus acciones diarias. No hay nada más natural e inconsciente que levantarte cada mañana… hasta que no me pude levantar. Eso se traduce en ‘no puedo enfrentar la vida’, y eso duele mucho”.

Lo más doloroso es sentir que hay algo en tu organismo que te impide ser lo que eras, porque dejas de sentir esa capacidad, motivación, decisión y voluntad que te movía.

—Además está el cuestionamiento social, a un depresivo lo asocian a debilidad.
—¡Esa es la tontera más grande! Nunca temí hacerlo público para que se entienda que es una enfermedad, que ocurre porque se te produce un desequilibrio químico y se supera con medicamentos. Pero como dices, hay una cosa oculta, de creer que implica una debilidad de la voluntad, ¡no! Es como una enfermedad al pulmón, al hígado, que la tratas y recuperas. Mírame, volví, soy ministro del Interior, estoy fuerte, aunque necesito adelgazar —es por las tensiones del cargo (aclara entre risas)— pero de la depresión te sanas en un ciento por ciento