Altísima en sus tacos, acelerada y con 30 minutos de atraso, Andrea Molina llega al antiguo edificio del Congreso de Santiago. Está en pleno levantamiento de recursos para su campaña senatorial por la V Región, cupo al que postula después de dos períodos como diputada de la UDI, los que obtuvo siempre con la primera mayoría.

Pero, como confiesa, estuvo al borde de darle punto final a su carrera parlamentaria y olvidarse de la política; la sobrecarga de trabajo, el machismo, el ninguneo, la severa crisis de confianza que ha afectado al Poder Legislativo y particularmente a la UDI (donde tiene un cupo) tras los escándalos de corrupción que arrastra desde 2013, la llevaron a revisar su permanencia. “Estaba en mi segundo período y dije no, esto no me gusta, no me siento cómoda”.

Al hastío se sumó el hecho —no menor— de que es madre (separada) de dos hijas, una de ellas adolescente, lo que le complicó aún más el escenario. “Y para mí lo primero es mi familia”, explica.

—Entonces se sentía agobiada…

—La labor era cada día más ninguneada, todos estábamos en el mismo saco, sólo se mostraba lo negativo. Más encima el costo personal es gigante; muchas veces no estaba en mi casa y mi hija empezó a decirme “¿en qué estás mamá? Nunca te encuentro cuando te necesito…”. Ahora recién estamos reconectándonos.

—¿Cómo se entiende entonces que ahora esté en carrera para ser senadora? Suena contradictorio…

—Empecé a tonar decisiones, a discernir entre lo que me sirve, lo que me hace sentir cómoda y lo que no. Hice una autocrítica profunda. Antes, cuando estaba molesta, callaba y trataba de que todos estuviéramos lo mejor posible cuando en realidad teníamos que meternos a fondo en esta crisis.Traté de hacer todo lo posible hasta que de repente me di cuenta de que en el camino estaba perdiendo todo lo mío. Mi capital, mi vida y mi familia. Y si se tenía que caer la torre, ¡que se cayera nomás!

—¿Cómo concretó este cambio de perspectiva?

—Empecé a mostrar mis puntos de vista: conmigo cuentas para esto y en aquello no; aquí voto, en esto no me incluyan. Puse límites. Antes llegaba después de las diez de la noche a mi casa. Ya no más.

—¿Vio
 mucho
 lobby
 en
 las
 decisiones
 que 
tomaba 
su
 partido?

—No necesariamente. Pero se puso a la UDI como el niño símbolo del descrédito, cuando estaban todos metidos hasta más arriba del cuello; y hay muchos más que todavía siguen involucrados y capaz que nunca sepamos quiénes son. Tampoco cuántos millones porque fueron excluidos en la intervención que hizo Impuestos Internos, o porque se cortó el hilo en lo más delgado y no se llegó a los peces gordos…

Y volviendo al tema de su cambio personal, apunta:

—Tomé la decisión en conjunto con el partido porque consideré que ya había cumplido un ciclo tras ocho años en la Cámara y quería crecer en el ámbito político. Además que ahora estoy en otra condición, en otro momento; mi vida es más armónica. Logré ordenarme de una manera que me ha permitido recuperar lo que más me importa.

—Puede sonar machista, pero la política parece ser muy complicada para las mujeres…

—La política y el Parlamento en particular no está hecha para los que son jefe de familia, sobre todo si eres separada; si estás en el trabajo y tu hijo se enferma, tienes que decidir. Yo aprendí a decir: “sabes qué, disculpa pero tengo que ir a ver a mi hija”.

—Y ahora en qué está, ¿se emparejó?

—Estoy feliz, muy contenta. Tengo un buen partner y me apoya. Eso es lo más importante para mí.

—¿Es de la política?

—No, nada que tenga que ver con este mundo; ¡lo más lejos posible, por favor! El se dedica a temas de publicidad, marketing. Pero no quiero contar más. Es importante cuidar mi entorno. No quiero sufrir más. Necesito estar en paz y que me validen por el trabajo que hago.

QUEBRANDO ESQUEMAS

El reto de Andrea Molina no es menor. Entró directo en las patas de los caballos a competir por una zona que no en vano se ha apodado ‘la segunda presidencial’, porque por los cinco cupos disponibles compiten dos hijos de presidentes: Ricardo Lagos Weber (PPD) e Isabel Allende (PS). A este elenco se suman otras figuras potentes:  Ignacio Walker (DC), Aldo Cornejo (DC), Francisco Chahuán (RN) y Lily Pérez (Amplitud). Y según indican las encuestas de los distintos comandos, Molina tiene fuertes probabilidades de ganar. “Imagínate, nombres tan rimbombantes, y yo soy la Andrea Molina nomás (ríe). Es chistoso”.

—¿Chistoso o  irónico?

—Claro, irónico. Se quebraron los esquemas… Porque hay ciertos grupos, lugares donde están ciertos apellidos, familias, estructuras que tienen que ver con nuestra historia, con nuestro patrimonio —dice en referencia a la elite—. Y nosotros irrumpimos ahí… Es bonito.

—En diversas notas de prensa se la da como posible ganadora.

—Sí, tiene que ver con la meritocracia, porque me lo he tomado en serio, construyendo como una hormiguita y poniéndole todas mis fuerzas. La gente me siente cercana. No vengo bajando del Olimpo. Además porque en mis últimos ocho años en TV recorrí Chile más que cualquier candidato presidencial (dice por Hola Andrea, que desbancó a Aló Eli en su momento).

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—¿Qué responde ante la investigación de Ciper Chile donde un grupo de parlamentarios, entre ellos usted, pagaron por informes que  habían sido plagiados de internet?

—En lo único que cometimos un error es que no pusimos el nombre del autor en las líneas que involucramos dentro del informe. Mi asesor está absolutamente claro en que se equivocó, pero no cometió un delito ni hizo copy-paste. Aquí hay un trabajo serio, que tiene que ver con ocho años de carrera, donde hay un montón de proyectos e informes que van en referencia a lo que yo he ido haciendo y construyendo legislativamente.

—La vicepresidenta de Amplitud dijo que después de esto usted está inhabilitada moralmente pare ser candidata.

—Bueno, yo le preguntaría a ella: qué está haciendo su partido con la cantidad de millones que se han gastado en el Senado. Es uno de los que más plata destina en asesores. Mira —dice molesta porque los golpes vienen desde el partido de Lily Pérez con quien se dice, peleará palmo a palmo por un cupo en el Senado—, en televisión podía haber mucha competencia, y era feroz, y nosotros lo sabíamos. Pero no veíamos este tipo de garrotazos.

—Lily Zúñiga contó en su libro que dentro de la UDI la ninguneaban y describe una fiesta en las Termas de Cauquenes donde usted perreaba con Jovino Novoa…

—En un contexto de compartir con seres humanos, donde se dan instancias dependiendo de la música de moda, del momento, y donde uno hace una humorada, como cantarle el cumpleaños feliz a lo Marilyn Monroe, como alguna vez lo hice con Jovino. No por eso dejo de ser seria o capaz. La misma Lily habla muy bien de mí en su libro como una persona de fiar.

—Usted entró en la política a través de Pablo Longueira, ¿qué siente al verlo en  una situación judicial tan complicada?

—Me da lástima, pena, porque es un hombre que ha dedicado la vida entera a la política, no solamente a un partido, sino a la construcción de un país. El es mucho más que la UDI. Fue un hombre que logró generar consensos cuando nadie podía. Espero que salga airoso y que logre demostrar su inocencia.

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EL FACTOR PIÑERA

Andrea Molina cuenta que cuando finalmente optó competir como senadora por la V Región le preguntó a Sebastián Piñera si respaldaba su decisión. Su respuesta fue afirmativa. A partir de ahí, se le ha visto acompañándolo en diversas actividades públicas, tal como antes lo hizo con la candidatura presidencial de Longueira y Golborne.

—¿Está ganada la presidencial?

—Sí, está ganada. Chile necesita un hombre como él hoy. Pero todos tienen que ir a votar. Si la gente piensa ‘para qué ir a votar’, están súper equivocados. En esta primera vuelta él no sólo debe demostrar su liderazgo sino que construir sus dos Cámaras, de lo contrario no podrá con los cambios que necesitamos para retomar el rumbo de la economía, el crecimiento  y terminar con la cesantía.

—En su anterior gobierno él echó mano de figuras del Senado para configurar su gabinete, como Evelyn Matthei o Andrés Allamand. Si resultara electo y le pide sumarse a su gobierno, ¿aceptaría?

—Bueno, estaríamos vendiendo la leche antes de tener la vaca… Pero él tiene suficientes profesionales con la experiencia política como para enfrentar el desafío.

—¿No se siente preparada?

—No, no es eso. A mí lo que me gustaría es ejercer el cargo por el cual la gente me eligió, pero lógicamente que si él me llamara me sentiría honrada y tomaría el desafío. No le tengo miedo. Pero me encantaría ejercer mi rol como senadora.