Alvaro Elizalde se mueve con soltura en el estiloso comando de Avenida Italia 850, un lugar que con tan sólo cruzar el umbral da la impresión de estar en un loft en el Village de Nueva York. Son las once de la mañana y la ebullición es total; los miembros del comando (en su mayoría mujeres) van de un lado a otro, de buen ánimo, probablemente confiados en ganar este 17 de noviembre. Pero Elizalde es cauto, prefiere no hacer anticipos, aunque internamente tenga la convicción de que Michelle Bachelet está muy cerca de triunfar en primera vuelta, pese al temido voto de rechazo que anticipan los analistas y que podría repartirse entre los siete candidatos ‘alternativos’ de la papeleta. “Puede que eso (el voto de rechazo) ocurra en el ABC1; pero en los barrios populares Bachelet arrasa, sobre todo entre mujeres”, asegura el hombre que junto a la ex subsecretaria de Carabineros, Javiera Blanco, se encargan de las vocerías de la candidata de la Nueva Mayoría.




Alto, buenmozo, de ojos profundamente azules, su figura cada vez más delgada (ha bajado varios kilos en esta campaña) no pasa inadvertido en los pasillos del comando. Con humor, Estela Ortiz, gran amiga de Bachelet y quien está a cargo del área de Derechos Sociales, se le acerca mientras él posa para las fotos: “Desabróchate más botones, ¡tenemos que conseguir votos!”. Nervioso, Elizalde sólo atina a esbozar una tímida sonrisa. A sus 44 años este abogado, padre de dos hijos, ex presidente de la Fech, ex superintendente de Seguridad Social y actual secretario general del Partido Socialista, tal vez cuente como única experiencia comunicacional su rol de panelista en El primer café de Radio Cooperativa. Sin embargo, como vocero ha sabido desplegar un perfil a ratos duro, que no teme a dejar bien claros sus puntos de vista y, en especial, los de Bachelet, a quien llama “la Presidenta”.




“La vocería no es fácil; hay que ser cuidadoso con las formas. Pero estoy honrado de poder contribuir a una campaña tan importante para nuestro país, donde daremos inicio a un nuevo ciclo histórico para enfrentar la desigualdad”.




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—El anterior gobierno de Bachelet también fue histórico, ¿cuál sería la diferencia?
—Fue simbólico tener a una mujer en La Moneda. Recuerdo que ese día compré una banda presidencial y se la regalé a mi madre: sentí que ella también estaba entrando al Palacio, una cuestión bien emocionante. Luego, con las políticas públicas que se implementaron, la Presidenta dio un giro con un sistema de protección social que casi no existía. Con Lagos se habían desarrollado iniciativas, particularmente el Auge, pero ella profundizó a través de la reforma previsional, el plan de protección a la infancia, entre otros. La protección también se manifestó durante la crisis económica 2008-2009 con políticas de ayuda a los chilenos.




—¿Entonces el futuro mandato sería una administración 2.0?
—Diría que 3.0. Representa una nueva fase. Porque seguimos siendo una sociedad profundamente desigual; existe una sensación generalizada de que el país progresa gracias al esfuerzo de todos los chilenos pero este avance no golpea las puertas de todas las casas. La desigualdad además es multifacética y se expresa no sólo en una mala repartición de la riqueza sino también en relaciones humanas asimétricas y en prácticas de discriminación inaceptables. Aquí tuvo que producirse un asesinato atroz como el del joven Zamudio para que quienes apoyan a la candidata de la UDI aceptaran legislar en materia de discriminación.




—¿Se plantean como un gobierno de continuidad a Piñera o este ha sido un paréntesis entre dos mandatos de Bachelet?
—Es que el próximo tendría un sello ideológico distinto, es diferente.




—Aunque, según dicen en la derecha, el de Piñera habría sido más concertacionista que la misma Concertación…
—No lo comparto, en absoluto. Y el futuro mandato de Bachelet no debe concebirse bajo la lógica de la transición. La democracia se consolidó desde el punto de vista cultural, pero sigue siendo profundamente imperfecta desde lo institucional. Estamos frente a una generación que creció libre, que está consciente de sus derechos y demanda mucho más. Por tanto, el nuevo gobierno debe asumir que las características y forma en que se implementan las políticas públicas deben ser distintas.




“Seamos claros: aquí ha habido prejuicios —dice entrando en las críticas a Bachelet por no participar del debate de la ANP—. Ella fue la primera en confirmar su asistencia al de Anatel y de la Archi. También, la única que no hizo exigencias sobre el formato. Sólo no fue a este último”.




—¿Un error político tomando en cuenta que los cuestionamientos?
—Lo que haga será atacado por sus contendores… Ella tenía compromisos en esa gira.




—¿Una actividad con el alcalde Jorge Soria?
—No, fue una gira al norte mucho más importante. Pero se ha construido un mito.




—Sin embargo, hace tiempo existe la sensación de que la cuidan demasiado dentro del comando: a qué debates va, qué entrevistas da, a qué medios… ¿No temen que los cuidados del sacristán terminen matando al señor cura?
—¡También es un prejuicio! Bachelet ha dado entrevistas prácticamente a todos los medios de comunicación escrita; ha estado en las radios y en la TV; contesta las preguntas de la prensa. Muy distinto es que no se haya involucrado en la lógica de descalificaciones que ha caracterizado a las otras campañas. Ella volvió a Chile a poner su liderazgo a disposición de las grandes transformaciones que Chile necesita y en representación de la buena política, no de la mala.




—Dicen que el comando estudia cada comunicación para no exponerla.
—En materia de campaña todo es opinable, lo importante es el resultado de las urnas.




—También se ha dicho que el programa de gobierno demoró por la dificultad de consensuar entre los polos DC y PC.
—Se construyen todo tipo de teorías. Lo cierto es que ésta es la campaña con más propuestas programáticas. Ya en el transcurso de la primaria Bachelet planteó tres reformas estructurales: nueva Constitución, reforma educacional y reforma tributaria, estas dos últimas expresadas a nivel de detalle. Luego anunció otras seis, como el fortalecimiento de la salud pública, seguridad ciudadana y una agenda de género. Un solo capítulo nuestro es más que todo el programa de la candidata UDI, quien no pretende ni reforma educacional, ni tributaria y mucho menos una nueva Constitución. Ella no hará de lo que quieren los chilenos.




—En cuanto a conciliar las distintas posturas dentro de la coalición, ¿qué responde?
—Efectivamente la Nueva Mayoría es diversa, pero quien finalmente decidirá será la Presidenta. Para la presentación del programa (en los próximos días) los partidos hicieron llegar sus propuestas. A su vez, dentro del comando trabajaron más de 30 comisiones técnicas programáticas y, por último, se está escuchando a la ciudadanía a través de encuentros de la candidata con organizaciones sociales y ciudadanos de a pie. El temor de un conflicto resulta absolutamente infundado.




—Pablo Simonetti criticó duramente a Piñera por no sacar adelante el AVP pese a ser un compromiso adquirido. Y dijo tener la esperanza de que éste se encontrara en las 50 medidas para los primeros 100 días de gobierno bacheletista. Pero no figuró…
—El programa es mucho más que el compromiso de los primeros 100 días. Hay reformas relevantes que no se alcanzan a implementar en ese plazo… Que no se evalúe lo que será nuestro gobierno tan sólo a través de los 50 compromisos.




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—Bachelet ha logrado un importante apoyo a nivel empresarial. Jorge Awad, presidente de la banca, dijo que ella podrá llevar adelante las medidas que esperaron de Piñera.
—Este fue un mal gobierno para los empresarios. A pesar de que existía una institucionalidad ambiental, Piñera se la saltó varias veces, generando incertidumbre. Aquí la Presidenta está por perfeccionar la legislación pero respetando los marcos vigentes, lo que da garantías a los inversionistas.




—¿Qué tan simple resulta eso? La misma Bachelet señaló que será difícil gobernar con tal nivel de exigencias, demandas y expectativas de empresarios y trabajadores.
—Chile cambió y creer que éste va a ser un quinto gobierno de la Concertación o un sexto post transición, da cuenta de una ceguera; sería no reconocer que estamos frente a una sociedad mucho más demandante y empoderada. Sin duda no será fácil, sobre todo porque generó mucha frustración en estos cuatro años.




—¿Por ejemplo?
—Ha habido un debilitamiento de la salud pública, con una privatización encubierta. Este gobierno generó expectativas muy altas que terminaron en rotundo fracaso. Primero, prometió terminar con la “fiesta” de la delincuencia; sin embargo, en materia de seguridad pública fue desastroso. También planteó que iba a ser un mandato de excelencia, de los “mejores”, donde la gestión pública cambiaría significativamente, y ha sido un desastre; ahí tienes el Censo, que del “mejor de la historia” pasó a ser el peor…




—Y cuando ustedes hablan de abrir un nuevo ciclo histórico, ¿no caen en la soberbia?
—Sí, pero con la diferencia de que la propia Michelle Bachelet ha dicho que esto no se resolverá de la noche a la mañana. No es posible implementar todas las medidas estructurales en un período tan corto de gobierno (4 años).




—¿Iniciar un nuevo ciclo también se refiere a un nuevo modelo económico?
—No cometeremos el mismo error de Piñera: creer que hay que botar todo al tacho para partir de cero sería una irresponsabilidad.




“Bachelet y la candidata UDI no son lo mismo. Ni siquiera comparten la biografía —dice apuntando sus dardos a la otra vereda—, como han intentado hacer creer desde el otro lado; basta con conocer someramente la historia de Chile. Tampoco tienen la misma visión de país o el mismo estilo de liderazgo: el de Bachelet une y el de Matthei divide. Y cuando se señala que ambas son rubias, lo encuentro una frivolidad. Pero obviamente que desde el comando aliancista quisieron colgarse de Michelle. La gente lo sabe y así lo único que han conseguido es que la candidatura de Matthei se desvanezca cada día. Ni siquiera puede concitar el respaldo de los partidos que formalmente la apoyan; muy probablemente ya esté bajo los niveles históricos de votación de la derecha”.




—¿Cuáles han sido sus errores?
—Se trata de un liderazgo agresivo que divide, que no cuenta con apoyo y ella carga con una larga biografía de conflictos dentro de su coalición. Más encima, el Presidente un día la respalda y otro no porque está más preocupado de su campaña 2017.




—¿Qué le provocó la declaración del mandatario sobre los “cómplices pasivos”?
— Obviamente sus palabras fueron la expresión de lo que piensa la gran mayoría. Ahora, es muy pronto para evaluar si actuó producto de una convicción o de un cálculo político. Démosle tiempo al tiempo.