Constanza González y Daniel Campusano no podían creer la escena que se desarrollaba ante sus ojos: en su celda de Punta Peuco, uno de los hombres más siniestros de la Central Nacional de Inteligencia (CNI), agarró su guitarra y entonó su canción favorita: My way, de Frank Sinatra. “Arrepentimientos he tenido unos pocos, pero igualmente muy pocos como para mencionarlos. Hice lo que debía hacer y lo hice sin excepciones. Planeé cada programa de acción, cada paso cuidadoso a lo largo del camino. Y más, mucho más que eso, lo hice a mi manera”, cantó en inglés. La voz ronca surgiendo detrás del espeso bigote negro, melodiosa y cruel, bastó para que este par de jóvenes periodistas entendieran el mensaje: Corbalán no tenía la menor intención de hablar de sus crímenes ni del brutal rol que jugó en dictadura. Tampoco se arrepentía. Para el ex jefe operativo de la CNI sólo había un tema importante: hablar de él y su rol como músico y alma de las oscuras fiestas que se llevaron a cabo durante las interminables noches de la dictadura.

De ahí que encontrarse con él cara a cara les resultó una experiencia chocante “porque era muy carismático, nos ofrecía té y galletas; a Constanza le cantaba mirándola a los ojos, muy galán, pero me acordaba de lo que había leído, de los crímenes que había cometido y me parecía bizarro. Además, que su personalidad escapa a la de alguien que trabajó en inteligencia, cuya esencia es pasar inadvertido. El, en cambio, no pretendía ser invisible. Eso es lo que más impacta”, sostiene Felipe Robledo, uno de los cuatro autores junto a Daniel Campusano, del libro Alvaro Corbalán, el señor de la noche.

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Hace ya trece años que Corbalán se encuentra en Punta Peuco, condenado a presidio perpetuo por múltiples delitos de lesa humanidad, entre ellos como coautor de la Operación Albania, en venganza por el atentado a Pinochet en el Cajón del Maipo en septiembre de 1986 y que buscaba el exterminio de la cúpula del FPMR; la muerte del periodista y dirigente del MIR, José Carrasco; y el crimen del carpintero Juan Alegría Mundaca, asesinado para encubrir la muerte, a manos de la CNI, del dirigente sindical Tucapel Jiménez. Sin embargo, nada de eso parece importarle.

“En su pieza Corbalán es divertido. A sus visitantes les muestra un par de videos en los que se le ve feliz, cantando”, cuentan los autores quienes partieron primero investigando sobre el penal de Punta Peuco y al ex jefe operativo de la CNI como uno de sus reos más temidos. Sin embargo, fue tal su historia, el despliegue con que se enfrentó ante los periodistas, su fulgurante rol como dueño de la noche santiaguina, que el foco de la investigación cambió y terminó centrándose en él.

En Punta Peuco es uno de los internos de mayor rango. Pasa los días en una celda del exclusivo sector de los llamados ‘faraones’, donde conviven los internos de rangos más altos de las Fuerzas Armadas. Cuenta con un cama de una plaza, un gran televisor plasma y una mesita cubierta de remedios para la diabetes y el cáncer de tiroides. 

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“Una guitarra y un órgano apoyado en la pared detrás del microondas reflejan su pasión por la música. En su repisa destaca un libro con el título Pinochet junto a cassettes editados por el director de orquesta Horacio Saavedra y una gaviota del Festival de Viña del Mar. Hoy sólo quedan recuerdos”, apuntaron los autores. Con ellos Corbalán se quejó de las mezquindades que debe vivir encarcelado, como contar con sólo tres minutos para llamar a sus diez hijos y seis nietos cada vez que alguno está de cumpleaños. De lo triste que es dar un abrazo de Año Nuevo a las cuatro de la tarde o celebrar Navidad a las cinco y después quedarse solo. Hoy la Presidenta Bachelet, a través de la ministra de Justicia, Javiera Blanco, evalúa terminar con las condiciones de exclusividad del penal e integrar a reos por delitos comunes, considerando el alto nivel de saturación de las cárceles chilenas.

Siempre le gustaron las mujeres. De eso dan cuenta sus diez hijos, varios de ellos nacidos en los 12 años que lleva cumpliendo condena, esto gracias al régimen de visitas conyugales con su actual pareja, la argentina Silvia López, a quien conoció estando encarcelado. Un seductor que, mientras de día asesinaba a los opositores a Pinochet, por las noches se paseaba por los bares como el Conffetti, en avenida Apoquindo —uno de los favoritos del pinochetismo duro, cuyo dueño era el marido de Patricia Maldonado— de la mano de su pareja, la vedette Maripepa Nieto. “Ella constituía uno de sus grandes trofeos; la presentaba como su mujer, ya sea en reuniones con militares o en distintos bares. La protegía con guardaespaldas, para que nadie se le acercara… y por lo tanto ella era inalcanzable incluso para la gente de la televisión; nadie se atrevía a seducirla. El utilizaba todo su poder para que la imagen de Maripepa se fortaleciera en la pantalla, sólo bastaba una llamada”, cuenta Daniel Campusano. De eso puede dar fe el director de TV y quien estuvo a cargo del Festival de Viña, Sergio Riesenberg, quien en una entrevista con los periodistas relató que en los ’80 recibió un llamado de Corbalán para que subiera a su pareja al escenario de la Quinta Vergara. Cuando éste se negó, el ex CNI le contestó: “Qué pena, porque a la salida del colegio tu hija se ve muy linda” y la describió en detalle.

Era la CNI la que cada febrero tenía a su cargo la seguridad del Festival de Viña del Mar. Tarea que recaía en Corbalán como uno de sus más eficientes miembros. El se encargaba de evitar cualquier tropiezo, que nada rompiera el protocolo establecido por la dictadura.

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“La bohemia que se generaba al término del Festival era hasta altas horas de la madrugada, entre militares y varios artistas como Pedro Messone, Buddy Richard e incluso el animador del certamen, Antonio Vodanovic”, describe el libro. Epicentro del carrete era la discotheque Tatoo, el bar del hotel; aquí se encontraban figuras como Checho Hirane, Miguelo o Susana Palomino. Y Corbalán iba como jefe de seguridad del Festival. Tenía fama de mujeriego. Así lo refleja en su entrevista el cantante Pollo Fuentes quien lo vio en el casino de Viña besándose con una de las hijas de Pinochet: “Encontré muy penca que la hija del Presidente estuviera besuqueándose a vista y paciencia de todo el mundo”.

Para Daniel Campusano y Felipe Robledo el mundo del espectáculo jugó un rol fundamental para la dictadura. Y en el máximo escalafón estaba el Festival de Viña, “que exhibía ante el mundo la imagen de un país ideal, muy estable económicamente, con el dólar fijo a 39 pesos, lo que nos permitía traer artistas de renombre. Y para el público interno era pan y circo”. Al igual que algunos programas de televisión famosos por aquella época, como Sabor latino, Exito o Sábado gigante. Aunque en este último, su animador, Mario Kreutzberger, solía ejercer su poder para contrarrestar las intromisiones de los agentes. 

Muchos artistas sacaron partido del régimen. “Los que estaban a favor tenían más pega y se promocionaban. Aunque no todos lo reconocen —cuentan dos de sus autores—. Gloria Simonetti, por ejemplo, nos dijo que le cantó a Pinochet y también a Bachelet porque ese es su trabajo —dice Felipe Robledo—. Luis Dimas tenía mucha onda con Corbalán porque eran vecinos de niños, aunque cuando lo entrevistamos el cantante nos aseguró que se relacionó con él únicamente por miedo… Otros nos dijeron que aceptaban ir a determinados shows por temor a que, si se negaban, los golpearían o secuestrarían a alguien de su familia. Y algunos dejaron en claro que, cuando accedían, no necesariamente significaba que estuvieran a favor. Como lo aseguró la directora de televisión, Oro Colodro: “Es bien distinto comer mierda que saborearla”.

Otras figuras llegaron a trabajar estrechamente con Corbalán en su faceta musical, como el director de orquesta Horacio Saavedra, quien estuvo al frente del Festival de Viña durante 38 años. Al ex agente le gustaba componer canciones, tocaba el piano y la guitarra, y junto a Saavedra llegó incluso a realizar un disco. “Le preguntamos a Saavedra sobre un video tocando el piano con Corbalán, pero lo negó, dijo que nunca se habían juntado… Luego le pasamos un cassette con su música y le dijimos: él nos lo entregó, fue editado por ti, producido por ti, sale hasta tu nombre… Saavedra se puso nervioso y contestó: ‘no me acuerdo, aunque pudo haber sido, al final es trabajo, creo que sí, pero fue sólo una vez…’”. 

El cruce entre el mundo del espectáculo y la CNI era total, al punto de llegar a crear la llamada Brigada Rosa. “Se llamaba así porque estaba integrada sólo por mujeres; funcionan como informantes y ofrecían favores sexuales. Muchas eran de la televisión y a otras simples desconocidas. Nunca se ha detallado quiénes estaban, pero en nuestras entrevistas varios mencionaron a Raquel Argandoña y a Patricia Maldonado, aunque no está acreditado que hayan pertenecido”. Los periodistas intentaron contactarlas. “No hubo caso: Maldonado nunca tenía tiempo y Argandoña jamás contestó el teléfono”, señalan.

Los periodistas también sospecharon de nexos con el narcotráfico e intentaron corroborarlo a través de sus entrevistas con las figuras de aquel entonces. Sin embargo, se encontraron con un muro impenetrable. “Existían las fiestas de toque a toque y los militares al otro día llegaban a trabajar como si nada, sin embargo, la gran mayoría no quiso hablar. A lo más el cantante Cristóbal nos dijo que se fumaba marihuana, uno que otro reconoció que había cocaína, pero un poquito nomás… Obviamente que es muy difícil: muchos de estos artistas siguen vigentes y hablar de este ambiente de excesos entre figuras del espectáculo, la CNI y el mundo castrense no es nada de beneficioso”.

Pese a que está encarcelado de por vida, Corbalán aún intenta demostrar que no ha perdido vigencia. Así quedó en evidencia tras un allanamiento a Punta Peuco efectuado hace un par de meses. Ahí, entre documentos con estrategias para neutralizar a Bachelet cuando era candidata; planes para desbaratar los ataques mapuches en La Araucanía, se descubrieron listas con información sobre todos los gendarmes de Punta Peuco, que el ex agente probablemente pretendía utilizar a su favor.

El abogado de Derechos Humanos Nelson Caucoto, quien presentó el libro sobre Corbalán está convencido de que quienes pertenecieron a este aparato represivo continúan haciendo inteligencia, incluso desde la cárcel. Y en el caso de Corbalán —creen sus autores— todavía busca dejar claro que mantiene el poder “y que su entorno lo siga viendo como en su época de oro; ese es su principal objetivo. Un hombre que hasta hoy se esmera en ser el centro de la atención, el gran jefe”.