En su oficina en plena avenida El Golf con Apoquindo, a un par de cuadras de su ex jefe, Sebastián Piñera, el ex ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Moreno, parece estar a años luz de sus tiempos en
el gobierno.
Dedicado a sus negocios en Editorial Santiago, miembro de varios directorios y desde este año el hombre fuerte del Grupo Penta cuando sus dueños —Juan Carlos Délano y Carlos Eugenio Lavín— se encuentran en detención preventiva. Aunque ese no es un tema que tenga intención de tocar en esta entrevista.

De lo que sí habla es de la política internacional de Michelle Bachelet ahora que en septiembre la Corte Internacional de La Haya debiera pronunciarse sobre su competencia respecto de la demanda boliviana. Y sería lo único que destaca como positivo dentro del gobierno. En todo lo demás considera que ha primado una seguidilla de errores y desaciertos que, desde su perspectiva como ex canciller, ya estarían afectando la imagen internacional del país. 

“El trabajo que se ha hecho es positivo. Chile ha ejercido su derecho al alegar la incompetencia de la Corte”, asegura Moreno instalado en la mesa del directorio, en el piso 17 del emblemático edificio diseñado por el arquitecto Borja Huidobro. Su centro de operaciones desde que dejara el Ministerio de Relaciones Exteriores.

“Es un caso curioso —dice ahora sobre la demanda boliviana—; ellos están pidiendo algo inédito: que se fuerce al país a negociar y, además, que esta obligación sea con un resultado cierto. Qué quiere que le diga, es un contenido bastante único”, agrega.

Para Moreno, ya desde el gobierno de Piñera que Evo Morales venía mostrando un giro importante. “En su primer mandato —que coincidió con el primer gobierno de Michelle Bachelet—, la mediterraneidad de Bolivia no era un tema central para él. Jamás habló de soberanía porque Chile nunca se la iba a entregar. Pero el 2009 el presidente modificó la Constitución y agregó dos artículos: uno en el cual se proclama el derecho irrenunciable a tener acceso a través de un corredor que uniera Bolivia hasta el Océano Pacífico; y, otro, en que decretaba la obligación del Poder Ejecutivo, para, en un plazo de cuatro años (que vencía a fines del año 2013) desahuciar o renegociar todos los tratados que estuvieran en contra de la Constitución. Así echaron a andar un reloj que iba presionándolos según se acercaba el tiempo”.

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Según Moreno, a lo largo de toda su historia los gobiernos de Bolivia han utilizado la estrategia nacionalista para subir en las encuestas: “Se envuelven en la bandera y en la causa contra un supuesto enemigo externo. Un ejemplo fue cuando el Presidente Morales obligó a todos los medios de comunicación (televisión y radio) para que, al abrir y cerrar sus transmisiones, pusieran la famosa canción del mar y que dice: Antofagasta fue nuestra, volverá; Calama volverá; Mejillones volverá…”.

—Entonces transformaron a Chile  en un enemigo como parte de una estrategia política.

Sin duda y lo ha convertido en un asunto  central. Ahora, es de doble filo porque si Bolivia tiene un mal resultado en La Haya, obviamente que los ciudadanos se lo van a cobrar.

—Algunos piensan que Morales se anotó un antes y un después con el pronunciamiento del Papa Francisco en La Paz. ¿Está de acuerdo?

Se magnifica el interés de Bolivia al buscar interpretaciones en las palabras del Sumo Pontífice. El no está involucrado en este asunto ni le corresponde. No nos olvidemos que Bolivia tiene una situación muy beneficiosa, con un tratado que le permite un acceso irrestricto al mar con el más amplio libre tránsito a través del mejor puerto al que pudiera acceder y sin pagar ningún tipo de impuesto.

—Hernán Felipe Errázuriz dijo que Heraldo Muñoz y la Cancillería hacían mal en ponerse a la altura de Evo Morales y responderle cada vez que sale con una insolencia. Que es buen negocio para Bolivia y no para Chile.

El ministro sabe lo que tiene que hacer. Lo que sí puedo decir es que conozco bien al Presidente Morales y él lo que busca son los exabruptos, ese es su terreno y nosotros no somos buenos para eso, ni nos corresponde. Somos un país serio.

“¿Qué les pasó a los chilenos?”. Esa es la pregunta con que este hombre de negocios suele toparse cada vez que va fuera del país. “Viajo bastante y suelo encontrarme con presidentes y ministros con quienes hice amistad tras haber sido canciller. Nadie entiende lo que nos sucede”, sostiene a raíz de las reformas que lidera el gobierno y que, asegura, estarían atentando contra nuestra imagen y, muy especialmente, a la economía. “En Chile, por alguna razón nos hemos olvidado de lo que hicimos en los últimos treinta o cuarenta años. Uno podrá criticar y decir que faltó esto o aquello, pero en la línea de desarrollo, comparada con cualquier país del continente, no hay parangón. Los resultados fueron extraordinarios”.

—Y cuando afuera le preguntan, ¿qué contesta?

—Que se ha hecho una pésima lectura de lo que la gente quiere. El origen viene desde las marchas estudiantiles del 2011 que entonces tenían un 85 por ciento de apoyo, tanto que al Presidente Piñera le significaron una enorme caída en las encuestas. Luego estas demandas se interpretaron en el actual programa de gobierno creyendo que había que cambiarlo todo, buscar otro modelo, una nueva forma de vivir. Pero lo que sucedía era muy distinto: la educación está metida en el corazón de los chilenos como un factor que permite movilidad social. Para la gente de clase media es la única manera de entregar un mejor futuro a sus hijos y se sienten orgullosos de poder pagarlo con su esfuerzo. Sin embargo, se hizo un pésimo diagnóstico y eso es lo que hoy está chocando con la realidad.

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A eso, según Moreno, se suma el factor ideológico, “pese a que se ha demostrado una y mil veces que esa ideología no funciona. Así lo deja claro la historia de Chile y también la de países como Rusia, Cuba y Venezuela”.

Muy serio agrega: “Espero que la clase política —gobierno, partidos de la coalición de gobierno y también opositores— entienda que se necesita liderazgo positivo o no habrá manera de conducir el país. El rol de los políticos hoy día es más necesario que nunca. A pesar del desprestigio que viven las instituciones hoy, con mayor razón, es fundamental”.

—¿Pero no es algo que debiera partir desde la propia institución presidencial?

—La Presidenta ha estado extremadamente ausente, de eso no hay duda —reflexiona—. En su anterior gobierno pasó algo similar y entraron ministros muy poderosos que lograron conducir la última parte del gobierno. Pero no 

es eso a lo que me refiero sino a la sensación de que hay poca claridad de hacia dónde podemos transitar, que es mucho más profundo, y donde se requieren líderes en todos los ámbitos. En el fondo, armar algo similar a lo que ha sido la política exterior de Chile en el tema boliviano: los ex cancilleres nos juntamos, hablamos, planteamos nuestras diferencias pero mostramos siempre el mismo discurso hacia afuera. Esa misma solidez es lo que nos falta en otros ámbitos. 

—¿Han sido las discusiones en materia económica y de reformas lo que ha debilitado nuestra imagen afuera?

—Indudablemente. Chile es lo que va construyendo. Y lo que estamos haciendo hoy no colabora con la imagen de país; nos lleva a perder posición en el largo plazo y a tener menos influencia en el continente.

—Tampoco hay que desconocer los escándalos que cruzan desde la clase política a la empresarial y que afuera no han pasado inadvertidos.

—Estudié en el Colegio San Ignacio y los curas nos explicaban que la línea entre el bien y el mal pasa por el medio del corazón de los hombres. No hay empresarios totalmente buenos o totalmente malos. Existe de todo en todas partes; gente que comete errores, delitos, que es acusada y después se comprueba que no era culpable. Es parte del funcionamiento del sistema. Lo peor es cuando esas cosas no se detectan o no se castigan. 

—Le ha tocado vivirlo de cerca con el caso de Délano y Lavín.

—Pero no voy a hablar de eso.

—Concordará en que las situaciones que se desencadenaron a partir del Caso Penta es lo que le ha impedido a la oposición capitalizar la compleja situación que hoy vive el gobierno.

—La respuesta no es fácil, aunque sin duda el tema del negocio y la política, sumado a las boletas, ha influido.

—Usted trabajó en el gobierno de Sebastián Piñera, ¿cómo ve su retorno?

—El es uno de los líderes más claros que tiene la centro-derecha. Animo y energía no le faltan. Me parece una buena carta. Tiene la experiencia de haber hecho un muy buen gobierno. Pero no es momento de decisiones sino de hacer un análisis razonable y acertado de lo que es la realidad del país y de lo  que la gente quiere. Resolver de una vez por todas esta equivocación gigante.

—Aunque Piñera también está siendo investigado por triangular platas de campaña para pagar bonos a algunos de sus ejecutivos. 

—Al Presidente no se le está imputando nada por el momento, pero es un chileno común y corriente y tendrá que seguir el procedimiento. La gente quiere que sus líderes respondan igual que cualquiera. Ya sea la Presidenta, un ex presidente o un alto empresario, hoy exigen el mismo tratamiento. Algunos dicen que hay que tratarlos peor. Yo creo que la Constitución señala que todos somos iguales ante la ley. Y eso es en Impuestos Internos, en la Fiscalía y en los Tribunales, y en los medios, porque también tiene que ver con este tema de las filtraciones. Estoy seguro que el Presidente lo ve de esa manera.