La trayectoria presidencial de Alejandro Guillier parece estar marcada por las contradicciones. Ese personaje que es pero no es, que quiere, pero en realidad no. El clásico “sí pero no” que tanto caracteriza nuestra idiosincrasia, qué decir de nuestra clase política.

“No soy político, por eso los políticos me miran con desconfianza”. “No soy parte de la elite: yo represento al ciudadano común”... Han sido algunas de sus frases. ¿Acaso no es decididamente un político quien recorre el país apoyando candidatos, que coquetea y se reúne con presidentes de otros partidos para negociar primarias abiertas, que llama al ministro del Interior para negociar cargos, como lo aseguró en una entrevista el ex jefe de la cartera, Jorge Burgos?

¿No es de la elite alguien que durante años fue el rostro del noticiero más visto, el jefe de prensa de ese mismo canal, panelista del entonces único programa político, líder de opinión y la figura más creíble de la TV según las encuestas, y que más tarde devino en senador bajo el alero de un partido?

Pero él insiste en no ser como esos “señores políticos”, tal como en su tiempo pronunció con una mueca de desprecio Augusto Pinochet y que este año volvió a pronunciar Ricardo Lagos en un criticado déjà vu y quien, no obstante, ha sido quien más esfuerzo ha puesto en desenmascarar al senador de esa imagen inocente, casi angelical.

La oveja blanca y pura que pastorea en una pradera plagada de lobos… ¿Quién es Guillier realmente? Con cada paso, no hace más que mostrar su pelaje. Más que el de un lobo viejo, el de un cachorro que todavía se mueve con torpeza en el mundo de los zarpazos, pero que igualmente da manotazos para esconder luego las garras. Que se burla de Lagos y lo califica de “libertador de la Patria” y luego se desmiente a sí mismo y acusa fue una mala interpretación… Que se mofa del ministro del Interior, Mario Fernández —a quien ya antes motejó de Tata Colores— preguntándose si acaso tendrá Alzheimer, pero que ante el escándalo llama a “desdramatizar” sus dichos (que más encima cayeron el mismo día del cumpleaños 69 del jefe de gabinete…).

En fin, que insiste en que no es candidato para luego llamar a “primarias aquí y ahora”. Guillier deberá aprender a convivir entre lobos viejos y también feroces. Quizá busque demostrar que su pelaje es distinto, que sus bríos son otros, que no tiene las mismas mañas ni cicatrices. Pero qué duda cabe: un lobo al fin.