No ha sido fácil su aterrizaje en el ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Le tocó liderar el proceso de implementación de esta nueva cartera que, en la práctica, ha significado partir de cero y normar una serie de materias para armar la nueva institucionalidad cultural. “No conozco otra experiencia como la nuestra, en que el plazo de instalación de un ministerio nuevo sea de 24 horas. Y ocurrió, porque el decreto que estableció la forma en que debía armarse, señalaba que éste debía comenzar a operar el día 1 del mes siguiente tras su publicación. Y como eso fue el 28 de febrero, el 1 de marzo debía empezar a funcionar, ¡sin tener presupuesto, funcionarios ni orgánica!”, explica la ministra.

En el camino, Alejandra Pérez (55, periodista) ha debido lidiar, además, con cuestionamientos por su nombramiento, cambios en su gabinete, además de las polémicas públicas con el ex director del Museo Histórico Nacional (MHN) Pablo Andrade —a quien le solicitó la renuncia a raíz de la muestra Hijos de la Libertad del museo— y luego con el senador Francisco Chahuán, quien pidió sacarla “a patadas” del gobierno por su gestión. Las palabras, por cierto, molestaron a la ministra, quien vía Twitter le pidió que las críticas se las dijera de frente, advirtiéndole más tarde que no se dejaría “intimidar por un senador que quiere poner a su gente”.

Aunque es de aspecto frágil y sonrisa fácil, Alejandra Pérez es una mujer con carácter, determinada y con enorme capacidad para manejar personalidades y situaciones difíciles, lo que ha demostrado en su trayectoria como presidenta del directorio de Canal 13, donde antes ocupó los cargos de directora y subdirectora ejecutiva, además de gerenta de comunicaciones y marketing. Trabajó también como asesora de ministros y asumió la dirección de Asuntos Públicos y Comunicaciones de Telefónica Chile, donde creó la revista Fibra.

A Sebastián Piñera lo conoció en los ’90, cuando trabajó como editora de la revista Mastercard que él controlaba, y con los años volvieron a encontrarse en momentos en que ella estaba en el 13 y el mandatario era dueño de Chilevisión. A pesar de la cercanía, confiesa que le sorprendió la invitación a liderar el ministerio de las Culturas; aún así, aceptó de inmediato, a sabiendas de que se trataba de un buque gigante. “Si el Presidente me eligió fue porque vio en mí algo que creyó podía ser útil para este proyecto. ‘Por algo tomó esa decisión’ —pensé—; entonces me confié y me fui en los hombros de los gigantes”, señala riendo.

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INTENSO DEBUT

Tercera de seis hermanos, su acercamiento con la cultura viene desde su casa, fomentada por padres muy exigentes que no le permitían a sus hijos ver televisión; a cambio, les regalaban libros para entretenerse. “Eramos muy estudiosos, me gustaba mucho leer, escribir, por eso entré a periodismo. En estos años me ha tocado trabajar con gente talentosa, a veces indomable e inesperada. En los ministerios vi muchos temas de gestión; en Fundación Telefónica hicimos proyectos culturales y creamos una revista. Después en el 13 estuve muy relacionada con distintos artistas: músicos, guionistas… Por cierto que en un ministerio como éste, las personas vinculadas a lo artístico dan una mirada fundamental, pero venir de la gestión y de las comunicaciones también aporta; hay que sumar”.

En estos cuatro años quiere dejar un ministerio sólido, con reglas claras y opción de futuro. “Mi objetivo es hacer del arte y la cultura un bien que mejore la vida diaria de los chilenos. Crear las condiciones para que las nuevas generaciones puedan disfrutar y ejercitar la lectura, el arte y el pensamiento crítico. Para ello debemos democratizar el acceso a la oferta cultural, ampliando su presencia en las regiones e incentivando la creación local”, asegura Alejandra quien en estos poco más de cien días a cargo reconoce que apenas le queda espacio para sus dos hijos menores: Ignacio (26, licenciado en humanidades) y Matías (23, economista) que viven con ella. Los mayores, Rodrigo (29, abogado) y Alejandra (27, socióloga) están cursando un posgrado en Europa. “Los echo de menos, aunque ellos a esta edad hacen sus vidas y cada vez necesitan menos a la mamá. Yo, en cambio, ¡quiero estar encima!; mi vida han sido ellos”.

Ni hablar de tiempo para su pareja, el periodista y ex director de prensa de Canal 13 Cristián Bofill —hoy gerente de Estrategia y Desarrollo en la compañía dueña del canal de Luksic, Inversiones TV y medios— ni menos para su grupo de amigas que se hace llamar CyC, porque cada tanto se juntan a comer y a conversar. Lo integran las hermanas Serrano Pérez, Lucía Santa Cruz, Mariana Aylwin, Mercedes Ducci y Mane Wood. “Son amigas incondicionales, celebradoras, ¡aunque críticas terribles también! Tenemos distintas formas de mirar el mundo”.

—Intenso ha resultado su debut ministerial.

—La tarea es desafiante y el Presidente exige. Difícil que otro ministerio se haya creado en 24 horas, con el desafío de unir la ex Dibam; un servicio que tiene bibliotecas, museos, archivos, todo lo que es el consejo de monumentos con el Fondo de la Cultura, que son las artes. Son mundos distintos, dos almas que funcionan con códigos diferentes y que no siempre han conversado entre ellas. Con los funcionarios y agrupaciones hemos podido establecer lo que queremos, trabajamos para convertirlo en un ministerio sólido con la flexibilidad suficiente para no ahogar el arte ni la creatividad; que tenga una institucionalidad, dé respuestas al Chile de hoy y pueda mirar al futuro. Y yo como ministra, también debo dar certezas y la confianza suficiente.

—Además del tema administrativo ha tenido que enfrentar críticas, ¿cómo le llegan?

—Son parte del cargo público. A nadie le gustan, pero cuando es de buena fe, con respeto, ayudan a corregir errores. Un ministro que no resiste las críticas es como un chef que no le gusta la comida. Ahora, tampoco me gusta cualquier comida, ni cualquier crítica. Trato de evitar las polémicas, sin embargo, no le hago el quite a defender mis puntos de vista. Siento que por más dura que sea una crítica, esta debe ser con respeto. No pido más, pero tampoco exijo menos.

—¿Estaba preparada para el fuego amigo, como el que provino del senador Chahuán?

—Ese tema lo conversamos, él me pidió disculpas, se las acepté y lo di por superado. Lo importante es darse cuenta qué está motivando la crítica del otro.

—Usted lo atribuyó a presiones tanto de él como de los partidos. ¿Qué tan fuerte ha sido la presión?

—Saber administrar las presiones es parte de mi trabajo y no hay que espantarse. La mejor forma de enfrentarlas es haciendo prevalecer el interés público por sobre los particulares. Ahora, tampoco he tenido tantas al respecto. Al final, todos caímos en una polémica que no ayuda. Quiero cortar el tema, porque necesito trabajar con los partidos, con los distintos actores, con Chile Vamos, en quienes quiero apoyarme para sacar adelante nuestros proyectos, donde lo central es lograr que la cultura deje de ser privilegio de unos pocos. En Santiago tenemos exceso de oferta cultural para jóvenes de entre 15 y 30 años, sin embargo, casi no existe para la tercera edad y qué decir del norte del país en comparación con el sur, donde el acceso es muy bajo.

—Además de mayor oferta cultural, ¿de qué otra manera se pretende aumentar el acceso en regiones?

—Mejorando y simplificando los fondos concursables para que no sólo los expertos sean capaces de llenar unos formularios engorrosos y se los lleven los mismos de siempre. Creamos, además, un área de programación y públicos a nivel nacional para dotar de contenido a todos los centros culturales de regiones con más de 50 mil habitantes. Javier Ibacache, que es experto en audiencias, dirige esta área, y pronto tendremos interesantes novedades. Iniciaremos una campaña de fomento lector utilizando las plataformas digitales y la creación de centros de lectura a lo largo del país. Para el segundo semestre enviaremos un proyecto que modifica la ley de Monumentos Nacionales que data de 1970. La idea es compensar e incentivar a los dueños de bienes declarados (beneficios tributarios, por ejemplo) e incorporar a la Ley el patrimonio inmaterial, como fiestas y tradiciones.

—La cultura va más allá de un tema de recursos para financiar proyectos. ¿Se ha pensado en un trabajo unificado con la cartera de Educación, por ejemplo?

—Tenemos un proyecto en conjunto con el ministerio de Educación para dar una subvención especial a quienes deseen dedicarse al área artística, lo que hoy no existe. Además, estamos focalizando el tema del Vale Cultura, que consiste en que los jóvenes al cumplir 18, el Estado les da un carné con subvención para actividades culturales. Estamos haciendo un piloto para evaluar si ese público juvenil lo va a valorar, si será mejor otorgarlo en la infancia o si tiene mayor proyección social entregarlo a los adultos. Todas las políticas que haremos en adelante se evaluarán por un departamento de estudios. Me llama la atención que muchas iniciativas que se han tomado en el ministerio no están con las evaluaciones requeridas tanto de los fondos como del aporte social.

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—Viene del mundo privado, ¿no la desespera la burocracia estatal y los tiempos de espera para obtener resultados?

—Debo reconocer que este mundo y estructura ya lo conocía, tiene sus reglas y si quieres avanzar, debes hacerlo acompañada de sus funcionarios que en este caso han sido de gran ayuda. No puedes ni tampoco quieres funcionar sola, porque uno pasa pero el trabajo queda y tenemos que dejar esta cartera muy bien instalada, con proyección de futuro y que pueda funcionar más allá del organigrama y de las estructuras, para cumplir su objetivo de promover el arte y la cultura.

—Su nombre es visto por muchos como un puente de unión entre la centroderecha y el mundo cercano a la DC y centroizquierda, ¿ha sido así en la práctica?

—Me he sentido acogida por la gente de la Comisión de Cultura, en el Congreso. De alguna forma he podido trabajar con ellos, y en momentos difíciles seguir adelante. Cultura es un lugar donde podemos encontrar muchas hebras en común, que le hacen bien al país. Por ejemplo, acabamos de aprobar por unanimidad en el Senado el Día Nacional del Cuequero y la Cuequera.

—¿Y en el Congreso ve a una oposición abierta a apoyar sus proyectos? El Presidente acusa que le han negado la sal y el agua.

—Me he sentido escuchada, valorada y también muy apoyada por el gobierno. Hoy nuestro deber es hacer un salto al desarrollo y eso solo se logrará en la medida de que haya acuerdos básicos; es el llamado del Presidente Piñera. Conseguir progresos importantes para el país debe ser lo primordial para encontrar campos comunes. A eso debemos apuntar, esa es la política que me gusta. No se puede llegar al desarrollo integral que buscamos sin una buena clase política. Estamos ad portas de una ley sobre artes escénicas que estoy segura sacaremos adelante; lo mismo con la ley de monumentos.

—Tendrá que aplicar ahí su muñeca política.

—La muñeca política tiene que ver con entender las necesidades del otro, tener claro que la mejor forma de obtener lo que uno quiere es ser flexible sin renegar de tus principios. No aprendí ayer a trabajar con personas ni intereses contrapuestos y difíciles. Tengo la impresión de que es la razón por la que estoy donde estoy, espero no decepcionar.

—Así como sabe moverse a través de derecha e izquierda, también hay una línea frágil entre su cargo y el ser pareja de un importante ex director de prensa como Cristián Bofill. ¿Comparte con él sus inquietudes laborales o separa aguas?

—Tenemos vidas distintas, gustos diferentes en muchas cosas…

—¿Qué significa eso?

—Que lo veo muy poco y la vida circula muy rápido. Es un personaje entretenido, divertido… Cada uno tiene su trayectoria y somos respetuosos del campo de acción del otro. Creo que yo lo quiero mucho más a él que él a mí (dice riendo). Es muy independiente. Casi nunca estamos de acuerdo, pero esa es la gracia. Lo más importante es que lo pasamos muy bien juntos.