Su nombre fue uno de los que más sonó (o ha sonado) para el cargo de la Secretaría General de la Presidencia, que después de veinte días vacante tras la salida de Jorge Insunza, finalmente  fue entregado al ex ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre

Cercano a Michelle Bachelet, con quien forjó una estrecha relación desde que él era alcalde de Valparaíso y ella estaba en su primer período de gobierno, el parlamentario por el puerto, Juan Fernández e Isla de Pascua, ex presidente de la Cámara de Diputados hasta marzo pasado, reconoce que entre ellos hay cariño y confianza, aunque no esconde sus críticas en cuanto al complejo momento político y las opciones que ha tomadola Presidenta, partiendo por la designación de Eyzaguirre:  “Es un cargo donde sin duda la capacidad de dialogar y entender al otro es una condición sine qua non para cumplir con esa gestión, y eso no es algo que haya caracterizado precisamente al ministro… Sin duda él deberá trabajar mucho en su forma de relacionarse con el mundo parlamentario”.

Y sobre la Presidenta, señala: “Ella ha dejado a los partidos fuera de las decisiones importantes. Para su último gabinete los dirigentes no fueron consultados. Es un profundo error”, asume, aunque no desconoce que los partidos se encuentran debilitados y muy cuestionados por la opinión pública.

—Lo cierto es que se ve a los dirigentes de la Nueva Mayoría cada vez más alejados de la figura presidencial. Y se ha echado a correr el rumor de que ella no terminaría su mandato. 

—Lo mismo se dijo de Ricardo Lagos con el caso MOP-Gate. Aunque no he escuchado a ningún dirigente o a algún parlamentario decir que el gobierno tiene comprometido el término de su gestión. El único fue José Joaquín Brunner, en una entrevista. Me parece irresponsable; contribuye a generar un clima mucho más complejo. Además, se trata de una opción que no resolvería nada, al contrario, agravaría aún más la crisis política.

—Se cree que estos rumores provendrían de los miembros de la vieja guardia que se sienten marginados del gobierno.

—No estoy de acuerdo con eso que llaman ‘vieja guardia’, se trata de una distinción absolutamente inútil. Si es por eso, entonces yo también pertenezco a ese grupo: entré a la política activa después del término de la dictadura y fui parte de todos los gobiernos de la Concertación, de lo cual me siento orgulloso. Además que la designación de Jorge Burgos en Interior es un reconocimiento hacia esa generación que hizo un aporte muy importante y no por su edad o por tener arrugas en el rostro se encuentra impedida de participar en el gobierno. En momentos de crisis hay que recurrir a personas con experiencia, que han vivido situaciones complejas.

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Aldo Cornejo coincide en que la Presidenta se ha ido quedando cada vez más sola, que se le ve ensimismada y que evidentemente se ha aislado a la hora de tomar decisiones fundamentales, como la designación de su gabinete o la decena de cargos pendientes, entre ellos la Secretaría de Comunicaciones y el nuevo director del SII. Cuando se le preguntó por qué tardaba tanto en nombrar a un nuevo jefe de la Segpres, molesta, la mandataria señaló: “¡Terminemos con la lesera!”, lo que dio pie a una serie de columnas editoriales, criticándola por haber perdido la compostura.

“No formo parte del círculo íntimo de la Presidenta; la conozco y no tengo ninguna duda de que el episodio en el cual se vio envuelto su hijo y su nuera (dice por el Caso Caval) la afectó no sólo políticamente sino que también en lo humano. Sería absurdo negar que la Presidenta fue golpeada en su línea de flotación. Probablemente ella sentía que su gran capital para pasar a la historia era precisamente su honestidad y austeridad a toda prueba. Y de repente ocurre un hecho que pone en entredicho esos valores; naturalmente tiene que haberla afectado. Y después viene otro tema que creo ha sido humanamente muy complejo y que tiene efectos políticos: la caída de Rodrigo Peñailillo. Trabajaron juntos por una década. Ella depositó en él su confianza para que encabezara este gobierno. 

—Según Pepe Auth, él la traicionó…

Responde muy serio:

—Creo que han sido injustos con Peñailillo. Más allá de los hechos, donde será la Justicia la que deberá determinar su grado de responsabilidad, no me gusta que a quien hasta hace poco fue ministro del Interior y un referente de poder —al punto que muchos hasta hacían cola para ser recibidos en su oficina—, ahora lo hayan dejado solo. Cuando se supo que viajó a Nueva York —no una sino que varias veces— todos se hicieron los sorprendidos y elevaron la mirada al cielo… ¡Por favor! No tengo ninguna duda de que muchos de ellos le rogaron para que fuera a convencer a Bachelet, sobre todo porque se sabía que ella era la única capaz de asegurar la recuperación del gobierno. Para mí el trato a Peñailillo ha sido poco humano.

—Algunos postulan que la idea es que se convierta en una suerte de chivo expiatorio. Algo similar a lo que pasó en el gobierno de Ricardo Lagos con el ex ministro Carlos Cruz, quien debió enfrentar la justicia por el Caso Mop-Gate.

—No sé si eso corresponde a un diseño o no. Se ha especulado mucho sobre la intención de concentrar toda la responsabilidad en Peñailillo, pero no tengo ningún antecedente que me haga suponerlo.

—El fuego ha venido incluso desde el propio PPD. En una reciente entrevista con CARAS, Pepe Auth dijo que la peor decepción en cuanto al ex ministro estaba por venir, refiriéndose a la investigación que lleva adelante la Fiscalía. Y mostró sus dudas respecto de la verdadera necesidad de buscar financiamiento para una pre-campaña. 

—Pepe tiene más experiencia que yo en temas electorales; no voy a pronunciarme si se requería una pre-campaña. Lo que sí es un dato de la realidad es que la Presidenta tomó a última hora la decisión de embarcarse en un segundo gobierno. 

—¿Le consta?

—Ella misma me lo contó. A fines de 2012 (dos meses antes de que volviera a Chile) estuve con ella en Nueva York. No voy a revelar nuestra conversación, pero sí puedo decir fehacientemente que hablamos del tema, y su deseo más profundo era que ojalá hubiese otro candidato. Genuinamente ella sabía que las segundas partes son complejas, que nunca son buenas, que el país había cambiado radicalmente y que el conjunto de demandas que venían eran muy exigentes. Y por eso, créame, siento una gran admiración por Michelle Bachelet.

—¿Cree que ella sea capaz de recuperar su capacidad de liderazgo?

—No la he visto hace mucho tiempo, pero la conozco y sé que ha forjado su liderazgo político y su vida entera en la adversidad, por lo tanto está en condiciones de conducir este proceso. Además, si no es ella, ¿entonces quién? 

“Nunca he conocido, ni supe, ni me contaron, ni discutí, ni participé de ninguna reunión donde un documento de esa naturaleza se haya socializado”, dice sobre el —a estas alturas— enigmático proyecto de amnistía impropia anunciado por el ex ministro Insunza el mismo día de su renuncia. “Eso no se hace, actuó mal. No tenía ningún fundamento. Además, si hay un lugar donde no existen los secretos es en la actividad política; aquí todo se filtra; las reuniones privadas se saben todas. No existe nada reservado, por lo que algo así ya se habría conocido mucho antes. No es bueno para un país ni para el funcionamiento de sus instituciones que todo el mundo esté bajo permanente sospecha. Me recuerda el episodio de las drogas en el Congreso. Yo estuve en el Parlamento por esa época y el ambiente era invivible. La gente no se atrevía a hablar por teléfono, pensaba que los tenían intervenidos; hubo algunos que corrieron a hacerse exámenes de pelo, de orina. Fue un período muy complejo”.

En cuanto al programa comprometido por Michelle Bachelet, el parlamentario está preocupado y considera que se ha generado una suerte de ‘parálisis político-legislativa’. “El primer año fue muy productivo desde el punto de vista de los cumplimientos de las promesas de campaña. Pero en éste lo único que se puede exhibir es el reciente despacho por parte de la Cámara de la reforma laboral, nada más. El segundo proyecto importante es la carrera docente, pero estamos en julio y todavía no inicia su tramitación. Y además nos encontramos en una situación política y económica muy compleja. Por un sentido de responsabilidad y de eficacia gubernamental debemos plantearnos la opción de reprogramar las tareas del gobierno de aquí a los próximos dos años”.

De hecho, según Cornejo, ésa será el gran desafío del actual titular del Segpres, Nicolás Eyzaguirre:  “El país requiere saber, por un tema de certezas y confianza, qué es lo que el gobierno va a concretar al término de su mandato y para eso se requiere, precisamente, priorizar”.

—Sin embargo, figuras como Francisco Vidal han señalado que sólo cumpliendo con el programa se recuperará la mayoría ciudadana.

—Me preocupa. Algunos incluso insisten en que es deber realizarlo a rajatabla. Pero entremedio surgió la agenda de probidad, que es compleja… Y la Presidenta anunció que en septiembre comenzará el proceso constituyente pero no sabemos a través de qué mecanismo, y una nueva Constitución no es de fácil despacho. Se suma la agenda de regionalización, con elección de intendentes incluidos; la reforma laboral que se va a comenzar a tramitar en el Senado los próximos días. Todo, en medio de una situación económica compleja, un país que crece muy lentamente y que, por lo tanto, cuenta con menos recursos. Entonces hay que ser responsables, sincerarnos y reconocer que hay temas que no podremos abordar. Nos quedan dos años, con dos elecciones de por medio (municipales y parlamentarias), con primarias presidenciales. Por realismo y de eficacia política, llamo a sincerar la agenda. Eso no significa abdicar de aquello en lo que creemos, sino fijar prioridades y tiempos. Lo peor en política es pensar desde las ganas.