Periódicamente, la figura del alcalde de Isla de Pascua Petero Edmunds Paoa se toma los noticieros. La falta de médicos especialistas del hospital de Hanga Roa, el colapso del cementerio local que exige urgente un nuevo terreno, el plan para enfrentar el problema de la basura o los cuestionamientos de la ley que busca frenar el fenómeno migratorio que tiene a la isla al borde del colapso. La lista de los temas que denuncia es infinita.

“A veces pienso que es una maldición de mis ancestros tener que enfrentar la constante negativa del gobierno a escucharnos”, admite, mientras se acomoda en el sillón de su oficina. Hace pocos días concluyó el festival ancestral más importante de la Polinesia con un récord de asistencia y los habitantes recién regresan a la normalidad.

Así lo comprobó tras su paseo matutino cuando recorrió la feria, la estación de servicio, la costanera y la caleta. “Fue una tremenda fiesta que batió todos los récords de asistencia”, cuenta.

Nativo del Partido Socialista (nieto de Carlos Charlin Ojeda, uno de los fundadores del partido), también coqueteó con la Unión de Centro Centro y el Partido Demócrata Cristiano para luego desembarcar en el Partido Progresista de Marco Enríquez Ominami; tiene una cosa clara: “no existe empatía hacia nuestra causa en ninguna tienda política”. Por eso, si hay algo que lo motiva es avanzar hacia una nueva forma de administración. “La razón de mi existencia es lograr el autogobierno rapa nui y la unidad de nuestro pueblo que por Dios que necesitamos. ¡No buscamos la independencia!”, advierte Edmunds, quien el 2017 organizó talleres para potenciar el liderazgo local, junto a un grupo de profesionales de la Universidad de Harvard. “En un momento me di cuenta de que la sociedad me estaba mirando como alguien capaz de calmar las demandas y yo no soy el apaciguador del pueblo rapa nui. Eso me preocupó. Hay que hacerle entender a la gente cómo es el liderazgo porque peligra no sólo mi propìa identidad sino que la de todo el pueblo. Tenemos que preservar nuestra cultura”.

ACCIÓN INTERNACIONAL

Desde la demanda por la restitución de las tierras hasta las causas por violaciones a los derechos humanos perpetradas por agentes del Estado por 84 años, los juicios que los descendientes del rey Hotu Matu’a mantienen en tribunales nacionales y extranjeros contra Chile, se convirtieron en una piedra en el zapato para La Moneda. “Los pascuenses nos dejamos de disparar en el pie y optamos por el camino jurídico de avergonzar al país en el exterior. ¡A eso nos llevaron por la falta de voluntad política! El Ejecutivo nos obligó a seguir el camino de las cortes extranjeras para presionarlo a dialogar y no vamos a descansar hasta lograrlo”, arremete el polémico edil.

Advierte que sus reiterados agradecimientos al ministro de Cultura Ernesto Ottone por el apoyo desplegado durante la Tapati no deben ser interpretados como el cese de hostilidad con La Moneda, detonada por la concesión del parque local a la comunidad Ma’u Henua. “La Presidenta no nos puede dar algo que es de nosotros y lo sabe. En la campaña del 2013 lo prometieron todo. Hubo un compromiso de solucionar nuestras demandas si era electa. Aquí sacó una de las mayorías más altas del país y ni siquiera nos ha escuchado”, cuestiona.

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A su juicio, lo peor es que se dio a entender en la Corte Interamericana de Derechos Humanos “que el gobierno estaba haciendo lo posible para solucionar el conflicto cuando en la práctica no hizo nada. No quiso entregarnos la propiedad de nuestras tierras existiendo las herramientas jurídicas para hacerlo. No necesitaba de una nueva ley, sólo tenía que citar los artículos 19 y 28 de la normativa indígena, tal como lo hizo el Presidente Frei Ruiz Tagle cuando desafectó 1.500 hectáreas del parque y entregó títulos de dominio individuales. Lo que queríamos eran 4.800 hectáreas del parque para entregarlas en títulos de dominio colectivos. La legislación ofrece esa posibilidad. Si así hubiese sido, hoy el mundo la estaría aplaudiendo como ocurrió cuando Nueva Zelanda saldó su deuda histórica con el pueblo maori”.

—Usted fue gobernador en el primer mandato de Sebastián Piñera y renunció cuándo comenzaron las protestas por la restitución de tierras, ¿qué expectativas tiene para su segundo gobierno?

—Este es un nuevo mandato; por tanto, resurge la confianza. Lo que esperamos de este gobierno, como de los que ya pasaron, es la apertura al diálogo, que se analice nuestra realidad a razón de lo que acá sucede. A 3.700 kilómetros del continente, y no como Chile continental considera.

—¿Ha tenido algún acercamiento más directo?

—Sí, estamos en contacto con su equipo de trabajo. Inmediatamente elegido presidente, le envié una carta de felicitación en representación del pueblo rapa nui y de la comunidad residente. La respuesta fue muy rápida y diligente. Nuestro encuentro se concretará una vez que asuma.

—Según sus palabras usted es amado y odiado…

—Soy un gallo más que pasó. Ni más ni menos. El legado está en la alcaldía, en los proyectos y en las obras que perduren como convertir la isla en un lugar ciento por ciento sustentable.