Agustín Huneeus aparece en la entrada de su casa en pleno corazón de Napa, el valle vitivinícola más importante de Estados Unidos. Aquí, en el área de Quintessa se encuentra la empresa que fundó a comienzos de los ’90, Quintessa Winery, una de las más famosas de California. Primera vez que recibe a un medio en su casa ubicada entremedio de colinas surcadas de arriba a abajo por parras. Si estuviéramos en Burdeos, su hogar sería un imponente chateaux, como acostumbraban los viñateros franceses. Pero su ‘castillo’ es una casa de marcada influencia latina, con grandes ventanales y muros color tierra, obra de un afamado arquitecto mexicano. Aquí Huneeus es dueño y señor. Con sombrero de paja se mueve a sus anchas a bordo de una cuadrimoto y con el pedal a fondo nos lleva hasta la planta, de ahí a las bodegas y vuelta a recorrer las colinas plantadas de parras. “Recién finalizamos la cosecha, si no, no estaría tan relajado”, dice con su característico sentido del humor, el que le ha granjeado grandes amistades, como el cineasta Francis Ford Coppola —vecino suyo en Napa—, la escritora Isabel Allende y su ex marido Willie Gordon, con quienes mantiene férreos lazos a pesar de su reciente divorcio. “Isabel renació. ¿Te has dado cuenta de que las mujeres cuando se separan, florecen? Y Willie también está contento”, dice sin ánimo de entrar en los detalles de la ruptura.

De vez en cuando Huneeus suele almorzar con Fernando Flores, otro chileno radicado en California, claro que en el célebre Silicon Valley. “No entiendo ni la mitad de las cosas que dice, pero siempre tiene alguna idea que me deja pensando…”, comenta medio en broma. Radicado en la costa suroeste desde los ’80, es considerado uno de los viñateros más reconocidos de la región, uno de los ‘próceres’ de la industria norteamericana, responsable de haber puesto a este valle entre las diez zonas productoras de vinos más célebres del mundo. Similar currículum ostenta en Chile, como pionero del valle de Casablanca con su firma Veramonte. Así mantiene un pie en Estados Unidos y otro en Chile, en su casa de Zapallar: “Ahí me desconecto por completo y vuelvo a ser ciento por ciento chileno: me meto en la pelea política, en la noticia, y vibro con ello”, comenta ahora desde el mirador con vista a su propiedad de Quintessa, desde donde analiza a nuestro país.

“Me parece lamentable el caso de Penta”, dice sobre uno de los escándalos político-económicos más potentes del último tiempo. “Pero no nos hagamos los tontos: en Chile por décadas las empresas han destinado fondos para financiar campañas. Tengo recibos de hace más de 50 años, firmados por presidentes y candidatos, como Eduardo Frei Montalva, agradeciendo donaciones que yo realicé cuando era dirigente de Concha y Toro. Ese era el modus operandi y lo sigue siendo hasta hoy. Pero más que apuntar y escandalizarse con ese caso (dice por Penta), lo que debe cambiar es la moral pública. Es ahí donde tiene que enfocarse el debate”.

—El país no ha tenido respiro: los máximos grupos económicos están todos en el ojo del huracán: Luksic con Caval; Angelini y Corpesca; Vial y la colusión de los pollos; y ahora Matte con el llamado cartel del confort…

—Estamos empezando a vivir un momento tremendamente difícil; la crisis política, los escándalos económicos, los problemas con la Iglesia, todo ha sido negativo. ¡Si hemos estado demasiado machacados! Hace unos años éramos los jaguares y ahora todo está cuesta arriba. Pero aunque los escándalos hayan sido antipáticos, traerán cambios. ¿O tú crees que la gente no lo está pensando dos veces antes de entregar una boleta falsa? Soy optimista y creo que estos altibajos nos llevarán a ser cada vez más libres y sanos, hacia una sociedad más integrada y mejor.

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—Este año Juan Bilbao fue formalizado por la SEC americana por uso de información privilegiada. Y hasta un ex presidente, Sebastián Piñera, está siendo investigado por el Ministerio Público por la triangulación de platas de campaña. ¿Cómo afecta esto la imagen internacional de Chile?

—No he visto cuestionamientos en la prensa americana. Nuestro estatus como país transparente y serio no ha cambiado. Incluso estamos situados mejor que EE.UU. según el ránking que elabora The Economist en cuanto a corrupción. Que estos casos estén saliendo a la luz es positivo. No sólo permitirán limpiar el ambiente sino que aparejará un fuerte cambio en la forma en que el país define su sistema ético.

—Pero estamos hablando de defraudación al fisco, boletas por servicios no prestados, carteles para fijar precios…

—Es indefendible. Habla mal del capitalismo. Pero no somos los únicos: mira tú el caso de la Volkswagen

—¿Entonces lo que está en crisis es el capitalismo?

—Ya no tiene ningún contrapeso; en mi época estaba el marxismo, pero ya no hay otra opción. La libre economía es fundamental pero requiere de un rayado de cancha muy firme.

—¿Y eso en Chile no se ha dado?

—Sí, pero nuestra democracia es joven: tiene sólo 30 años… Estos mecanismos se demoran. (Reflexiona). Mientras más viejo soy, más tiendo a analizar estos fenómenos como una larga trayectoria. Y situaciones como la de Penta o SQM, nos llevarán a ser más observantes y cuidadosos con respecto del financiamiento político a futuro. Es bueno que las cosas salgan a la luz.

Agustín Huneeus conoce a Michelle Bachelet desde que por primera vez se presentó a candidata. Le tiene simpatía e incluso la defiende cuando dice que se enteró por la prensa de Caval. “Por personalidad, no lo habría permitido. Es una buena mujer, franca, honesta… Pero la gente nice y honrada no hace buenos presidentes; los que triunfan son aquellos que saben manejarse en la máquina política y cuentan con un cierto grado de maquiavelismo, de maldad… ¡Si es muy difícil ser presidente!”, declara.

Sin embargo, si de errores se trata, para este empresario el mayor pecado de Bachelet ha sido la calidad de las reformas que ha impulsado su gobierno: “Todas mal hechas, pobres. Y más encima su equipo político se ha mostrado intransigente a la hora de dialogar, como si negociar o buscar consensos fuera una claudicación, una forma de ceder ante los poderosos. Esto no es un tira y afloja, aquí estamos todos remando para el mismo lado”.

—Sin embargo, la Presidenta ha dado algunas señales al empresariado: cambió a los ministerios de Interior y Hacienda, fue a hablar al CEP e invitó a desayunar a su casa a los dirigentes de la Sofofa…

—Pero la mentalidad sigue siendo la misma y tal parece que los resultados también. En la última encuesta CEP, Michelle obtuvo una de las más bajas calificaciones: sólo un 22 por ciento de aprobación.

—¿Cuál es ahí su diagnóstico?

—Cuando Michelle Bachelet asumió en su segundo período se propuso combatir la desigualdad y se embarcó en todas estas reformas. Pero nuestro país no contaba con experiencia en un proceso tan complejo… Y sacar adelante cinco transformaciones tan potentes y en tan poco tiempo ¡es absurdo! Chile no se está inventando, es un país que existe, que tiene su tradición, su inercia, y es especialmente lento para dar curso a nuevos procesos. Tengo muchos amigos empresarios y no he escuchado a ninguno oponerse a pagar más impuestos. Al contrario, están muy conscientes. Lo que quieren es que se plantee de manera inteligente, porque está todo muy mal pensado…

Lo mismo opina de la reforma educacional y, sobre todo, de la laboral: “¡Un desastre! —declara—. Va absolutamente en contra de lo que sucede en el mundo, donde se ha buscado agilizar a las empresas para así potenciar el emprendimiento, sobre todo en el área tecnológica, donde se requiere de estructuras más livianas. Pero aquí vamos por el camino contrario, mucho más tradicional y enfocado en lo que sucede dentro de la gran empresa, no del tipo que quiere crear una startup. La agilidad es lo que mueve al mundo y es a lo que el país debiera orientarse”.

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—¿Las reformas de Bachelet estarían afectando la imagen de Chile afuera? El empresario y ex canciller Alfredo Moreno dice que cada vez que viaja le preguntan qué le pasa a nuestro país…

—Hay que poner los temas en perspectiva: Chile ocupa un espacio muy pequeño en el contexto de la noticia o de la conversación internacional. Y Michelle Bachelet destaca como una presidenta de lujo en comparación con las otras dos mandatarias de Latinoamérica… Nunca he oído decir que nuestro país esté en riesgo de tomar la misma ruta de Venezuela o Ecuador. De Michelle se habla poco, pero siempre con respeto y seriedad. Hay expectación por las reformas, especialmente en el ambiente empresarial o de negocios relacionados con nuestro país, pero no con la intensidad y pesimismo que veo en Chile.

—De hecho, algunos economistas y empresarios atribuyen a la cantidad y la calidad de las reformas al enfriamiento de la economía. ¿Ve alguna relación?

—Lo que hay es un reajuste normal luego de los enormes crecimientos que hemos vivido, a lo que se suman los efectos de la economía mundial. Es de esperar que el cuadro político no interrumpa la trayectoria de la libre empresa y la propiedad privada y que ha sido el motor de nuestro desarrollo reciente. Pero hay confianza en el proceso.

—Hoy se debate la reforma constitucional. ¿La considera necesaria? Líderes empresariales como José Antonio Guzmán creen que sólo traerá más incertidumbre…

—La Constitución no me molesta para nada, salvo que considera sólo cuatro años de presidencia, un período muy breve… Todavía no me queda claro qué es lo que quiere cambiarse y para qué. Y me parece bastante peligroso, porque las constituciones más importantes del mundo han sido redactadas por genios, no por la masa o por voto popular, ¿quién la va a escribir, cuáles serán los intelectuales a cargo? Se requiere de hombres muy capaces, algo que el sistema demócrata contemporáneo —al menos el norteamericano— no promueve; al contrario, este sistema impulsa a figuras pragmáticas como Donald Trump, que son más imagen que intelecto. Entonces una constitución hecha en estos tiempos, como yo veo a la televisión, la cultura y la prensa chilena, ¡Dios me libre! En serio, ¿cómo lo van a hacer?

Sobre Agustín Huneeus en www.quintessa.com.