“A veces me preguntaba: ¿por qué yo? Cuando conocí a JFK  tenía 28 años. ¿Por qué me pidió que me quedara con ellos y los fotografiara? En John Kennedy tenía algo en qué creer, algo a lo que aspirar, algo mayor que yo mismo. Cuando John se marchó, perdimos todo aquello”, escribió Jacques Lowe, el retratista oficial del último Presidente leyenda que tuvo Estados Unidos.

Celosamente guardó todo su trabajo por años —incluso compraba un asiento de avión para no despegarse de sus invaluables negativos— hasta que decidió guardarlos en una caja fuerte en el World Trade Center. El resto se sabe. 40 mil negativos de las imágenes que captó desde 1958 hasta 1963 se pulverizaron. Pero de todo el desastre se salvaron, gracias a la hija de Lowe, Thomasina,  250 imágenes que ilustran la vida y el carisma de John Fitzgerald Kennedy, una figura casi mitológica: en casa con Jackie y su hija Caroline; en campaña, negociando durante la Convención Demócrata; trabajando en la Casa Blanca y como líder en el escenario internacional.

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Asesinado hace 50 años, un 22 de noviembre de 1963, Kennedy, el álbum de una época vuelve a recordarnos cómo cambió la historia el presidente más joven, carismático y patriarca. Lo más parecido a una familia real que ha tenido  EE.UU.

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