1.- Competitividad: Sebastián Piñera nació y morirá competitivo. Es un rasgo que configura su carácter, pero con el paso de los años algo de esta actitud se ha morigerado. Quienes están cerca de él aseguran que hoy está menos ansioso, que ya no va a todas las peleas y que por lo mismo, ya no pretende ganarlas todas. Que esta vez, su carrera hacia La Moneda tiene menos que ver con su ambición de ser el primero en todo. Mal que mal, ya fue Presidente de la República y competir para repetirse el plato no fue una decisión sencilla. En especial porque debía convencer a su familia y a su señora, Cecilia Morel. La duda fue real, al punto que algunos de sus colaboradores y amigos, temieron por un par de días que finalmente en marzo de este año dijera que no iba a correr. Más que medirse contra otros, en esta pasada la competencia será con él mismo, porque siente que no pudo hacer todo lo que hubiese querido en su primer mandato. El terremoto de 2010 le significó asumir la reconstrucción de buena parte del país, amén de intentar llevar adelante su programa de gobierno. De darse el panorama más probable según lo que revelan las encuestas, Piñera se transformaría en el presidente número 40 de la historia republicana, pero dada la complejidad del escenario que se avizora hacia adelante, puede resultar más fácil ganar la elección, que gobernar los cuatro años que siguen. Aunque eso también puede ser un aliciente para la personalidad del mandatario a quien le gustan mucho los desafíos.

2.- Humor e impulsividad: Su sentido del humor no siempre es comprendido por la gente que se relaciona con él y eso deja más de un herido en el camino. No todos tienen el cuero duro como él y sus bromas resultan hirientes y a veces fuera de lugar. Pese a que trata de controlar su impulsividad, vuelve a tropezar con la misma piedra. Como fue el caso del chiste machista en Linares durante la campaña por las primarias. Con sus amigos suelen hacerse bromas pesadas. Y también en familia. Tiene algo infantil en este estilo de relacionarse con los otros. Es como cuando le dicen que no se meta en un lugar y basta eso para que quiera hacerlo. En la entrevista que le hicimos para reactualizar el libro, confesó que había pensado bajar en la cápsula de los mineros, pero que no lo dejaron hacerlo. O basta recordar la monumental caída que tuvo cuando se metió entremedio de unos escombros cuando recorría las demoliciones de uno de los bloques de Bajos de Mena en Puente Alto. Y cuando los periodistas presentes le preguntaron si le dolía, su respuesta fue que le dolía el cuerpo pero también el alma. Cuando éstos le consultaron a qué se refería con eso del alma, contestó: “por el gusto que les di a todos ustedes el ver al presidente caerse”. Y así como da, también sabe reírse de sí mismo. En esta nueva etapa, sus cercanos aseguran que le cuesta menos reconocer sus errores, tal como sucedió con su mal chiste de Linares. Pidió rápidamente excusas y logró que el tema desapareciera de la agenda.

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3.- El estilo Piñera: Todos los que trabajan con él aseguran que es muy difícil seguirle el ritmo, pero él mismo hoy confiesa que se cansa más. Aun así, asegura que necesita menos horas de sueño que otras personas y tiene una energía y capacidad de trabajo incombustible. Pero más allá de las energías físicas, afirma que La Moneda es una gran escuela de aprendizaje. “Uno en La Moneda gana no solo experiencia, gana comprensión, madurez, capacidad de escuchar, sabiduría”, asegura el ex presidente: “Ojalá yo la hubiera tenido (experiencia) al momento de entrar a La Moneda, me habría permitido hacer muchas cosas muy distintas. Por eso siento que hoy día estoy mucho mejor preparado para ser presidente de como lo estuve el año 2010”. Al menos, pareciera haber cambiado bastante su manera de relacionarse con los partidos. En esta pasada ha intentado tomarlos en cuenta, incluirlos, cuestión que no le preocupó demasiado en su anterior administración. En el primer gabinete, el de “los mejores”, pidió más bien credenciales profesionales y académicas, que políticas. Uno de sus ministros más cercanos, dice tras la experiencia 2010-1014, el ex presidente aprendió que no puede hacer todo solo, que necesita a los otros. El ex ministro de Interior Andrés Chadwick, tanto desde que llegó a La Moneda, como desde la Fundación Avanza Chile y ahora en el comando, es pieza esencial de este acercamiento al mundo partidario. Desde esta perspectiva le concede mayor valor al ejercicio de hacer política y es capaz de tolerar mejor a los dirigentes. Pese a eso, hubo ciertos desencuentros el mismo día de las primarias con las figuras de los partidos de la coalición porque no se les dejó entrar de inmediato a la oficina donde estaba el ex presidente y su equipo más cercano para la celebración de los resultados Quizás una de las mayores lecciones que aprendió en La Moneda fue reconocer las habilidades de su mujer Cecilia Morel fuera del ámbito más bien doméstico. Su cercanía con la gente, su manera de relacionarse, su capacidad de empatizar, le otorgaron un valor inmenso a su figura. La estatura de Cecilia Morel creció como actor político, tanto así que se convirtió en la telonera del mandatario en el lanzamiento de su campaña y según dicen sus cercanos, hoy “él depende mucho más de ella. Está pendiente de si está o no y quiere que lo acompañe a todas partes”.

4.- ¿Austero o apretado? En el actual escenario de estrechez económica, de resultar elegido, no cabe duda que su preocupación por los pesos probablemente se va a acentuar. Su molestia por los gastos excesivos era preocupación constante de su primer mandato, incluso al nivel de preguntar por qué en una cena de gala debían servirse tres platos o hacer bajar de un viaje a las señoras de los invitados del ministro de Defensa, Jaime Ravinet. Pese a su fortuna que según Forbes, se empina cerca de los 2.700 millones de dólares, tiene el mismo helicóptero desde hace más de 15 años, el que comparte con su amigo, el empresario Andrés Navarro. Un verdadero ‘tarro’, al que más de alguno de sus ministros se negaba a subir. Dicen que no lo cambia por una razón muy práctica: el aparato funciona con bencina, entonces lo puede cargar en cualquier parte. Es que en materia de recursos se le sale su espíritu de empresario: sacar la máxima rentabilidad a todo. Algo que tendrá que manejar con mucho tino para no comprarse conflictos como la subida del gas en Magallanes, que por unos pocos más de dólares para el fisco, precipitó una crisis política de proporciones durante su primera administración.

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5.- Flanco vulnerable: Para su personalidad, hacer las cosas según lo que él considera bien es un imperativo, aunque todo dependa del punto de vista del espectador. Es lo que le sucedió con el cierre del proyecto Barrancones, cuando saltándose la institucionalidad medioambiental que había aprobado la inversión, en lugar de seguir por los cauces establecidos, optó por llamar al gerente de la empresa para que lo trasladara donde no perjudicara la fauna y flora del lugar. El sigue estando convencido de que mover el proyecto era lo que había que hacer. Es también lo que ocurre con las críticas a la relación de la política con los negocios. Le ha costado convencerse de que el estándar de lo legal no es un argumento siempre válido en relación a lo que se espera de un presidente de la República. La vara es más alta. Ahora dice que se la puso más allá de lo que exige la normativa con la creación del fideicomiso ciego que no sólo lo involucra a él sino también a su mujer y sus hijos. Claro que además está consciente de que habrá un sector que nunca estará satisfecho con lo que haga, que lo van a criticar igual, por angas o por mangas.