Hace tiempo que no hacía fotos; lo echaba de menos’, dice sonriente Andrea Molina, perfectamente maquillada, estupenda con 42 años que está lejos de representar.

Después de tres años en el Congreso, de dejar atrás al mundo de la TV donde estuvo por más de una década, la mujer que domó leones, que condujo durante ocho años Hola Andrea, y se hizo cargo del noticiario de Mega, se reconoce nostálgica. Frente a la cámara suelta el pelo, mira fijo y coquetea como en sus mejores tiempos.
Su elección como diputada por la V Región en diciembre de 2009 —donde ganó con amplia mayoría—, marcó un antes y un después. La Andrea Molina exuberante, sexy, histriónica, dio paso a una mujer menos atrevida. “Me estaba cuidando, no quería que me criticaran —admite—. Ahora me da lo mismo. Si quieren hablar, lo van a hacer igual. Ya me acostumbré a que digan cosas a mis espaldas”, admite.
Esta es su primera entrevista después de un año potente. A fines de 2011 se separó del ingeniero Gonzalo Rojas, alto ejecutivo del grupo Bethia —holding dueño de Falabella y Mega— con quien estuvo seis años casada y tuvo una hija, Laura, de 6.

Fue su segundo matrimonio. Antes estuvo por 16 años con el empresario Gerald Kleinfercher, padre de Noelia, hoy de 13 años.
Prefiere no profundizar en las razones que llevaron a la ruptura. Sólo dice: “Es súper triste, difícil, y las segundas separaciones lo son aún más…; le pones tanto empeño, tantas ganas, quieres que sea para siempre, intentas no cometer los mismos errores, hay más esperanzas… Pero es lo que nos toca, parte del crecimiento, siempre hay algo que aprender”.
Enfrentó la pena y los trámites del divorcio en medio de un intenso año legislativo, participando en casi media decena de comisiones, a lo que se sumó la campaña en terreno para las municipales, donde apoyó a los candidatos de RN y de la UDI, partido por el cual tiene un cupo como independiente.
Cuenta que se lleva bien con sus dos ex maridos, aunque prefiere no profundizar demasiado en el tema. Se cuida, pero al rato la intensidad la sobrepasa y confiesa que tampoco está sola, que está en una relación, aunque prefiere no dar nombres…
Andrea sabe que fue objeto de muchos rumores este 2012. Y los enfrenta: “No me quedo con alguien por plata o poder sino con lo que siento. Hay mucha gente que opta por la comodidad, pero a mí no me gustan las cosas fáciles”, enfatiza.

“AL PRINCIPIO ME SENTÍA COMO POLLO EN CORRAL AJENO”, asegura ahora sobre su primer año en el Parlamento. “No soy política, no estaba en un partido, siempre fui independiente, de pensamiento propio. Y cuando llegas al Congreso, sientes que te miran, te observan… y te discriminan: vamos a ver qué va a hacer esta niñita, a ver si es capaz… Pero aprendí rápido a leer los códigos, que son bastante masculinos; si no te paras en tu lugar y no te haces respetar es muy difícil que los otros lo hagan. No es mala leche, es prejuicio. ¡Y yo no me iba a quedar quieta, de ninguna manera! Si me buscan, me van a encontrar…”.
Lo logró levantando la voz y tomando las cosas muy en serio. “Me obligaron a meterme más en los temas, a rodearme de especialistas, tratando de hacer mi trabajo lo mejor posible… Y si en el camino pisé algunos callos, qué se le va a hacer. La gente aprendió a conocerme, a valorar lo que hago”.
—¿A qué se refiere con que ‘pisó algunos callos’?
—Tanto en la política como en la televisión, en la medida que empiezas a brillar, generas miradas suspicaces: ¿A ver?, ¿para dónde va? No me vaya a hacer sombra… Lo sientes. Gente que quiere aportillarte, que no le gusta que avances porque en la medida que lo haces te conviertes en una sombra para ellos y ojalá desaparezcas porque te ven como un peligro. Tienes que hacer frente a muchas cosas. Hay temas de poder, gente que tiene vocación, que aman el trabajo público, pero también están los que buscan servirse del poder, que ven en su cargo la suma para llegar donde ambicionan. Y eso es en todos lados, en todas las tiendas políticas. Pero hay que seguir adelante y trabajar, pelear por tu distrito, por tu gente, hacer valer los acuerdos con ministros, intendentes, gobernadores a pesar de las instrucciones del partido.
—Por lo que cuenta, da la impresión de que se parecen bastante el mundo de la televisión con la política.
—¡Mucho! En ambos, si no tienes personalidad y no te manejas bien con los temas, te comen viva. Además, es impresionante la cantidad de gente en el Parlamento que podría estar en la televisión, ¡increíble! Pepe Auth, Accorsi, tipos histriónicos, ingeniosos, rápidos. Hay otros que son bien teatrales. Vieras cuando exponen en la Cámara, cómo se empoderan. Es toda una puesta en escena.
—¿Le aburre este trabajo en comparación con la tele?
—No, me encanta, lo paso bien, me entretengo, es interesante.
—Pero tanta formalidad.
—Hay momentos; a veces me toca ser tan formal que ni yo misma me lo creo. Pero también tienes que actuar, ser, parecer… Es parte del trabajo.
—¿Echa de menos la TV?
—Sí y no. Me encanta. Podría volver a hacer algo de todas maneras, una vez a la semana. Si los doctores que están en la Cámara todavía ejercen, ¿por qué yo no?
—A sus compañeros del Parlamento podría no gustarle…
—¿Qué van a decir? Podría invitarlos y preguntarles varias cosas que sé (ríe a carcajadas). Un programa político con un corte humano. Es importante que la gente conozca cómo son, si venden la pomada o no.
—Aunque mucho tiempo no tiene…
—Lo grabamos pues, ¿cuál es el problema?
—Se ve mucho más jugada que cuando asumió. ¿Ya no le importa sentirse bajo la lupa?
—¡Es que haga lo que haga me van a juzgar igual!
—¿Le pesó?
—¡Por supuesto! Te sientes expuesta, pero después te das cuenta de que te van a juzgar por muchas cosas, lo importante es que lo hagan por mi trabajo y no por el vestido rojo que destacó LUN.
—¿Ha intentado ser más recatada?
—Al principio. Estaba viendo qué terreno pisaba. También era lo más cómodo. Pero me encanta ser mujer; a mis hijas las enseño a vestirse, a arreglarse y a ser bien mujeres; es nuestra esencia y no lo podemos perder. Me niego a masculinizarme por trabajar en un mundo dominado por hombres. Al contrario, hay que ser más mujer que nunca. Si eso soy, ¿por qué me voy a sentir mal? ¡Al contrario! Y si tengo que defender mis ideas lo voy a hacer igual.
—Defender el famoso capital erótico del que ahora se habla.
—Tienes que usar todo lo que tengas a tu alcance. Ser tú. No rebelarte contra ti misma, ¿por qué afearte? Aunque hay que saber ubicarse.
—Saber administrar ese capital.
—Por supuesto, es parte de la inteligencia.

QUE LOS PARLAMENTARIOS SE SUBEN LOS PRESUPUESTOS, QUE COMPRAN IPADS A CUENTA DEL ESTADO Y QUE CASI NO SE LES VE EN LA SALA… Como nunca este año llovieron las críticas sobre el Poder Legislativo, una de las instituciones más desprestigiadas según las encuestas. A Andrea Molina el tema le indigna y no duda en ponerse la camiseta parlamentaria. “¿Han hecho seguimientos al trabajo de cada uno de nosotros? ¿Tienen idea de a qué hora llegamos a nuestras casas? Yo me he visto entrando a la 1.30 de la mañana, mi chofer llega a la suya a la 2, y a las 7  AM estamos de nuevo saliendo para dejar a las niñas en el colegio y partir otra vez al Congreso. Me molesta cuando dicen que no trabajamos. A veces nos toca sábado y domingo, ¡ahí sí que es bien visto!, pero yo también tengo derecho a tener fines de semana, a estar con mis hijas. El 24-7 no me acomoda”.
—A principios de octubre la ministra Evelyn Matthei se enfureció porque fue citada a la Cámara y no había más de seis u ocho diputados en la sala, quienes más encima no la escuchaban, sino que se dedicaban a pasearse, a conversar entre ellos y a mirar internet…
—Eso no es verdad —responde indignada—, ella estuvo muchos años en el Congreso y sabe perfectamente cómo funciona la sala, sobre todo en la tarde, cuando estamos en comisión. Si te das una vuelta por los pasillos vas a ver que está la de Medio Ambiente, la de Relaciones Exteriores, de Pobreza, etc. Cuando volvemos a la sala es porque nos toca votar o porque tenemos que defender el tema por el cual vino la ministra o ministro. Uno está en lo que tiene que estar porque la pega es mucha y la presión es muy grande.
—¿Cómo la apoyó la UDI durante su separación? Es un partido conservador.
—Nunca sentí que me juzgaran o que me pusieran contra un muro. Si alguien me hubiese exigido explicaciones, hasta ahí habríamos llegado. Perdón, pero hay límites. Yo soy una mujer de fe pero no voy todos los domingos a misa; soy separada, emprendedora, trabajadora, pero que me gusta verme bien y no andar tapada de la cabeza a los pies.
—¿Quiénes son sus protectores ahí?
—Me llevo muy bien con todos, pero los más cercanos son Pato Melero, Juan Antonio Coloma, Pepa Hoffmann, Mónica Zalaquett, etc… Tengo círculos más grandes y también más pequeños y cerrados donde hablo de asuntos más personales, en los que confío cuando estoy mal.
—¿Gente dentro de la política?
—No, aunque con muchos de los que he nombrado comparto ciertas cosas.
—Se acusó a la UDI de soberbia, al dar por seguro que ganarían varios de sus candidatos en las municipales, como Zalaquett y Labbé, ¿fue un error?
—Seguimos siendo el partido más grande; perdimos plazas importantes pero ganamos otras y sacamos muchos más votos en concejales que antes.
—¿Entonces qué falló?
—La gente se confió. Algunos candidatos no hicieron campaña porque se creían ganadores y  otros que se quedaron en el pasado…
—¿Como Cristián Labbé?
—Se manejó mal. Josefa Errázuriz supo dar en el tono, la forma, en la mirada de la comuna; es una persona muy ciudadana, de calle, de conversación y eso hizo click en la gente, frente a este caballero que ya pasó, ya hizo. No es lo que nos representa.

“SE VEÍA VENIR EL CAMBIO DE GABINETE, NO HABÍA CÓMO DETENERLO. A GOLBORNE Y ALLAMAND no los dejaban vivir dentro de los ministerios. Está bien que empiecen a armar sus equipos, a hacer sus campañas, sus estrategias”, dice la diputada por la V Región entrando de lleno a la presidencial.
—¿Le pareció bien el cambio de Hinzpeter de Defensa? Hay quienes piensan que lo bajaron de rango.
—Como en el teatro, no hay roles pequeños.
—Después de las municipales los analistas dijeron que Golborne se debilitó, que le jugó en contra su inexperiencia política al apoyar el mismo día a figuras que resultaron perdedoras, como Sol Letelier y Pablo Zalaquett.
—Con esos dos candidatos era amigo de antes. Su único error fue actuar con el corazón.
—En cambio Allamand demostró su experticia al restarse de la campaña.
—Yo creo que no quiso quemarse nomás y por eso se guardó. Es parte del juego de la política.
—¿Qué atributos le ve a cada uno?
—Allamand tiene sin duda una trayectoria que lo hace interesante. Pero Golborne representa al tipo de hoy, alguien que necesita ser escuchado, que viene de una familia normal, sacrificada, no de alcurnia, ni de apellidos vinosos, ni del Grange, ni del Saint George; un hombre que no esquiaba todas las temporadas ni que se iba a Aspen; representa al tipo al que educaron para salir adelante con esfuerzo, que vivía en una comuna normal, populosa, un tipo que sabe conversar con el Presidente de la República pero también con la persona que está en la calle. Ese es el Chile de hoy, al menos para mí.