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¿Por qué no lo quieren?

Juicio a Eugenio Tironi, gurú de las comunicaciones

Por: CARAS

Por Pamela Aravena

Hace poco lanzó un libro donde analiza la relación poco empática entre el Presidente y la ciudadanía. Pero Tironi sufre del mismo mal que Piñera: asegura que no lo quisieron en la UP, en la resistencia, en los distintos gobiernos concertacionistas ni tampoco en el mundo empresarial. Aquí las razones.

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Uno de los gurús comunicacionales de los últimos 20 años, quizá de los más consultados por los gobiernos concertacionistas, asesor de empresas y columnista de El Mercurio, el PPD Eugenio Tironi (60 años, casado con Andrea Rodó, 5 hijos), lanzó ¿Por qué no me quieren? un par de semanas atrás. “Cuando supe, me sorprendió —afirma a CARAS el DC Tomás Jocelyn-Holt—. Pensé que era el título de una obra autobiográfica. Por eso lo encontré interesante”. Pero no, se trataba de un análisis sobre el Presidente Sebastián Piñera.

El punto es que Tironi, quien maneja fórmulas para mejorar la imagen de una empresa y sortear crisis, sufre el mismo mal del mandatario: muchos no lo pasan. Y cuando se habla de él emergen acusaciones: que años atrás presionó para que un subsecretario de Salud comiera una hamburguesa en apoyo a McDonalds; que no transparenta sus intereses; que se empeñó en tener redes en todos los gobiernos para mantener su influencia, entre otras. Motivos no faltan.

“TIRONI REPRESENTÓ UN MUY EFICAZ PUENTE DE PLATA CON LOS EMPRESARIOS en los mandatos concertacionistas. Por eso nadie ahí lo estima— dice el ex senador Nelson Avila—. La imagen que dejó es de una persona que usó sus contactos políticos en La Moneda para hacer toda clase de negocios”.

Dueño de la empresa de comunicación estratégica Tironi Asociados, consolidó su fama de comunicador en la era de Patricio Aylwin, cuando asumió como director de la entonces poderosa Secretaría de Comunicación. Desde allí, en conjunto con los hombres fuertes —especialmente Edgardo Boeninger y Enrique Correa— enfrentó las crisis más duras de la nueva democracia, que incluyeron boinazos y ejercicios de enlaces. Manejó los escenarios para el Informe Rettig, transformó en autónoma a TVN y terminó para siempre con radio Nacional. Fue parte del poderoso equipo político que marcaría el ideario concertacionista de esos años con el concepto del “crecimiento con equidad”. Y dejó a Aylwin con una aprobación superior al 50 por ciento, gran éxito para los primeros años de la transición y para Tironi, un ex MAPU Obrero Campesino que se quedó en Chile cuando los demás se exiliaron.

tironi-textoBajo la chapa de Martín vivió clandestino hasta que en 1975, con apenas 24 años, dos de matrimonio y un hijo, aceptó irse a Europa a ordenar las huestes fraccionadas entre los pro castristas, pro troskistas y pro régimen comunista chino. Su papel, admite, fue de ‘interventor’, hasta que dos años después logró consensos. Organizó una conferencia en Holanda para nombrar a la nueva dirección del movimiento y sembrar la semilla de la convergencia socialista. Cumplida su tarea, vuela a México, donde termina Sociología antes de volver a Chile. Poco después, en 1983, va a Francia, esta vez en un proyecto personal: estudiar con el famoso sociólogo Alain Turaine. Se doctoró en la Escuela de Altos Estudios Sociales de París y mantuvo estrecho contacto con Carlos Ominami, Manuela Gumucio y Marco Enríquez. Una amistad con fecha de vencimiento.

Acá fue uno de los artífices del triunfo del No. A mediados de los ’80, en su segundo regreso, funda la ONG Sur, que se une a otros dos centros de pensamiento, dirigidos por Mariano Fernández y Juan Gabriel Valdés. Con asesoría de un grupo de estadounidenses, por primera vez hacen encuestas y focus group en el país para saber bajo qué condiciones se puede ganar el plebiscito del ’88. El DC Gabriel Valdés resulta fundamental para convencer a los políticos más escépticos que es posible.

Tomás Jocelyn-Holt, ex diputado, desmitifica: “Yo trabajaba en la oficina de Genaro (Arriagada) y sé que quienes pusieron la música en ese cambio de mentalidad para la campaña del No en verdad fueron los gringos… pero Tironi tiene el vicio de tomar ideas ajenas y hacerlas propias”.

En todo caso, la mayoría reconoce que el contenido de la franja destinado a reducir el temor, con mensajes optimistas y positivos, funcionó. Casi tanto como su primer súper ventas de ese mismo año Los silencios de la revolución escrito en contrapartida al acierto de un joven Joaquín Lavín con La revolución silenciosa. Tras el plebiscito, Tironi parte a Estados Unidos para terminar su tesis de grado. Al año siguiente, lo llaman para trabajar con Aylwin. Allí recibiría sus primeros dardos.

En su libro Nueva crónica de la transición, el periodista y ex editor de Apsi Rafael Otano advierte que la izquierda fustigó al sociólogo por no promover desde La Moneda la permanencia de los medios de comunicación progresistas, y la derecha, por imponer la cultura de la izquierda: “Mientras los opositores lo acusaban de utilizar malévolas estrategias para copar el flanco cultural, desde la otra parte se le reprochaba su falta de compromiso y su laissez-faire en las políticas comunicacionales”.

LA FLUIDA RELACIÓN CON JUAN PABLO ILLANES —ex compañero del Saint George y entonces director de El Mercurio—, permitió al gobierno un buen diálogo con el decano, lo que habría consolidado en democracia la influencia del diario más vilipendiado por los progresistas, según Otano.

Y no sólo por eso, sino por apoyar las negociaciones con Pinochet, se le acusa de “transar para avanzar”. Explicaría el sociólogo en 2006: “Esa es la esencia de la transición. Es lo que le ha valido a gente como yo, la cantidad de improperios que hemos recibido de cierta cultura de izquierda, que ha visto en esto una permanente transaca”.

Terminado el mandato Aylwin en 1994, el director de Comunicaciones gira hacia el mundo empresarial al fundar Tironi Asociados, un poderoso asesor público-privado. Entre sus clientes: Endesa-España, Santander, Anglo-American, Telefónica, McDonalds, Celco, HidroAysén… Y varios otros.

“Le fue bien, porque los empresarios sintieron que para tener mejor entrada al gobierno y lubricar las instancias de decisión necesitaban una persona con llegada que les ayudara a producir atractivos envoltorios a sus propuestas”, agrega Avila.

Muchos recuerdan que apoyó a Eugenio Lahera y a Ernesto Ottone en algunos discursos presidenciales de Lagos. Pero otros afirman que el interés por visitar La Moneda se debía, más bien, a su necesidad de mantener influencia. Los críticos dicen que intervino para que el subsecretario de Salud, el DC Ernesto Benkhe, apareciera comiendo una hamburguesa tras un escándalo que involucró a McDonald’s y que consiguió que Anacleto Angelini visitara a Lagos, en medio del escándalo de los cisnes muertos. Celco era otro de sus clientes.

“Cargo con el tema de dedicarme al lobby, de ocupar el mundo político para ayudar a clientes y pactar reuniones con ministros. Eso se me achaca hace ya 15 años”, respondió el 2010 a The Clinic.

El cientista político Patricio Navia, quien varias veces se le ha enfrentado en el ring de Twitter, cree que el comunicador “falla al no explicitar sus conflictos de interés”. Da ejemplos: “Siendo estratega de Frei, usó su columna en El Mercurio para hacer campaña por él. Recuerdo una donde alababa la incorporación de Sebastián Bowen al comando, cuando todos sabían que era su propia idea. Después, mientras su candidato criticaba la colusión de farmacias, seguía asesorando a una (Salcobrand). Recientemente, twiteó que no trabajaba para HidroAysén. Pero dado que es miembro del directorio de una de sus compañías matrices (Enersis) y, además, su propia empresa de RSE (Gestión Social) tiene a HidroAysén como cliente…”.

DESDE EL MUNDO POLÍTICO SE HABLA DE OTRO GRAN ERROR. El ex vocero Francisco Vidal asegura que “a Tironi no lo quieren porque es el monumento a los autocomplacientes. En 1992 dio por terminada la transición, como si todo estuviera perfecto. Yo no puedo querer a los autocomplacientes, a los que dicen que no cometimos ningún fallo, a los que piensan que Chile debe avanzar con un gradualismo conservador al extremo”.

Tironi terminó por ofuscar los ánimos el año pasado al publicar ‘Radiografía de una derrota’, donde desnudó los secretos de la última campaña de Frei sin asumir sus propios errores. El candidato no dijo nada, pero Marta Larraechea reaccionó indignada: “Es como cuando el mayordomo se va de la casa y escribe en contra de los patrones”.

El detonante fue una columna donde ensalzó las virtudes de Piñera antes de la segunda vuelta con Frei en 2009-2010: “Su éxito va aún más allá: fundó una nueva derecha, el piñerismo (…) transpira éxito y optimismo, a diferencia de los políticos tradicionales (…) él está más allá de los roles tradicionales: es único; es una celebridad”.

En el mandato Bachelet, las puertas estuvieron casi cerradas para él. Tironi había apoyado a Soledad Alvear y se granjeó las antipatías del grupo bacheletista. Dijo de ella que “los candidatos no se forjan en años, y menos en meses, sino que más bien en décadas”. Después del triunfo, la celebró: “Bachelet representa un nuevo liderazgo”.

Según Jocelyn-Holt, al comunicador “siempre hay que leerlo un año después”, para saber qué hechos explican sus volteretas. “Sus cambios no sorprenden, producen desprecio”.

Por eso, en 2006 no asombró que, en un lapso de dos meses, matara y resucitara al Mapu. Y que haya alabado al piñerismo tras el éxito de la mina San José (“Piñera es el Presidente más poderoso que ha tenido Chile desde Pinochet”), para decir ahora que al mandatario nadie lo quiere.

A Tironi no le molesta que lo definan como voluble. “De cualquier forma, explica, en el caso de Piñera, lo que hizo interesante el punto fue el cambio: cómo una persona que acumuló tanto poder en sus primeros meses, se desplomó tan rápido”.

Con humor y ese realismo bruto del que hablan algunos, hoy el sociólogo reflexiona: “A mí nadie me quiere. Nunca me han querido… ni en la UP ni en la resistencia ni cuando estuve en el gobierno ni cuando me fui al mundo privado. Pero les guste o no, voy a vivir y morir como parte de la cultura concertacionista que ayudé a fundar”.

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