El cazador cazado
La venganza de Hugh Grant y las nuevas aristas del escándalo News of the World
Por Miryam Audiffred, desde Londres
Pagar a la policía por información, intervenir teléfonos y chantaje son algunas de las prácticas ilícitas que el actor Hugh Grant denunció con su grabación clandestina. Hastiado por el acoso del diario inglés News of the World, la estrella de Hollywood le dio de su propia medicina, obligándolo a cerrar después de 168 años de circulación. Historias de transexuales, difamación, pedófilos y engaños arrasaron con políticos y también con vidas.

“Nick Davis, el veterano redactor de The Guardian, entra a mi despacho, cierra la puerta y con una mirada de complicidad me cuenta que ha descubierto que James Murdoch, el hijo y heredero del dueño de la empresa privada de medios de comunicación más poderosa del mundo, llegó a un acuerdo secreto para pagar más de un millón de dólares a cambio de que se ocultaran pruebas de una conducta delictiva dentro de la compañía. ¿Me interesa la historia?, pregunta. ¡Por supuesto!”. Así cuenta Alan Rusbridger, director del diario The Guardian, el destape del escándalo Murdoch en una columna publicada hace unos días en la revista Newsweek. ¿El desenlace? Aún nadie se atreve a dimensionarlo.
Lo único claro es que el imperio de Rupert Murdoch está a punto de derrumbarse. El tabloide dominical News of the World, propiedad del magnate y uno de los más populares del país —con 7 millones de lectores—, dejó de publicarse el domingo 10 de julio y varios miembros del equipo están detenidos o han sido interrogados, acusados de intervenir teléfonos privados y corromper a la policía.
La historia es compleja, por eso la columna escrita por Alan Rusbridger ha causado revuelo, porque ordena escalofriantemente las piezas del puzzle, revelando detalles inéditos sobre cómo The Guardian destapó “las cloacas del imperio de Murdoch”: “Toca tan a fondo varios aspectos de la vida del Reino Unido y Estados Unidos —la policía, la política, los medios de comunicación, las leyes— que seguirá teniendo consecuencias durante meses e incluso años. Todo el mundo espera más detenciones. Hay numerosas demandas en tramitación en los tribunales británicos”. Y agrega: “(…) David Cameron —contra todos los consejos— había designado a Coulson como jefe de prensa. Justo antes de las elecciones, yo le advertí que teníamos pruebas que no podíamos publicar por motivos legales, pero de las que me parecía debía estar al tanto”.
El biógrafo de Rupert Murdoch, Michael Wolff, también considera que lo sucedido en las últimas semanas ha tenido un gran impacto en el imperio de Murdoch. “Empiezo a pensar que es posible que Rupert Murdoch renuncie como director ejecutivo de News Corporation”, escribió en Twitter. “Y aunque eso sucediera, las aguas seguirían revueltas preparando el regreso de la siguiente generación”.
“Aún hay que esperar más revelaciones”, asegura el experto en medios de comunicación y gobierno de la London School of Economics, Charlie Beckett, quien afirma en CARAS que “los efectos del escándalo son realmente dramáticos. En el corto plazo vimos un gran impacto en el imperio de Murdoch: se suspendió su intento por dominar BSkyB y perdió un periódico. Quizás el mayor impacto va a ser que la gente se va a cuestionar ahora si él realmente está en control de su imperio, si su hijo James es la persona correcta para manejarlo y si la estructura accionaria y de gobierno de News Corporation necesita cambios”.
Pero fue el actor de Hollywood Hugh Grant quien, haciendo uso de las mismas prácticas clandestinas del tabloide, se encontró con un ex periodista del News of the World y grabó en secreto la conversación en la que de forma descarada el periodista Paul McMullan reconoce que hackear los teléfonos es una “práctica cotidiana” y, por supuesto, en los medios de comunicación propiedad del magnate Rupert Murdoch, quien también es dueño del periódico The Sun.
La conversación en la que el reportero narra la constante interferencia de celulares y teléfonos privados, fue publicada en la revista New Statesman en abril pasado. Fue el comienzo de la tormenta.
Hugh, quien hacía tiempo no figuraba en los medios de comunicación, se ha dedicado de tiempo completo a emprender una campaña en contra de lo que llama “prácticas amorales del periodismo sensacionalista de Inglaterra”. Y no se encuentra solo en la contienda. A su lado están la actriz Sienna Miller, el comediante Steeve Coogan y el abogado Max Mosley, ex presidente de la Federación Internacional del Automóvil, instancia que organiza las carreras de Fórmula Uno y otros eventos deportivos. Y debiera sumarse en estos días el actor Jude Law.
Todo sucedió días antes de la Navidad del 2010, cuando el automóvil en el que viajaba se accidentó en Kent, al sureste de Inglaterra. El periodista Paul McMullan pasaba casualmente por ahí y al ver al actor no dudó en orillar su camioneta blanca para registrar con su cámara la situación. Quizá le pareció divertido que un actor, cuyas películas han generado más de 2.4 billones de dólares en cartelera, estuviera varado en medio de la nada y sin saber qué hacer.
Después de varios minutos de flashes y ofensas (pues Grant odia a los paparazzi), McMullan se ofreció a llevarlo a su destino y Grant aceptó. “Era muy tarde y no había posibilidades de encontrar un taxi en la carretera. Así que acepté su oferta”, contó el actor. En el camino el ex periodista le aseguró que su teléfono —como el de muchos otros famosos— había sido hackeado por el diario. “Ni hablar. Ese es el precio que paga gente como tú en una sociedad libre”, le dijo.
Meses después de aquel encuentro, Hugh decidió provocar una segunda reunión. Sólo que esta vez todo estaba perfectamente planeado. Decidió ir al bar del periodista, en Devon, y grabar la conversación. Para ello utilizó un bolígrafo que —muy a lo James Bond— tenía una grabadora escondida. Hugh cuenta que conversaron por horas mientras tomaban cerveza. Y cada palabra se registró. El cazador fue cazado.
La cinta de Grant provocó olas gigantescas. Sobre todo en la esfera política cercana al primer ministro David Cameron. Y es que en la grabación se escucha a McMullan mencionar que la interferencia de teléfonos fue extremadamente popular durante la dirección de Andy Coulson, quien dirigió el tabloide entre 2003 y 2007. Después se incorporó al equipo de comunicación de Cameron.
Coulson, quien encabezó el área de prensa del primer ministro y renunció a su cargo en el gobierno en enero pasado, fue detenido bajo los cargos de corrupción y hacking telefónico. Y no ha estado solo en su descenso. Ya han renunciado altos funcionarios, como el jefe de Scotland Yard y un subcomisario de la policía, entre otros; y empieza a plantearse la posibilidad de que Cameron deje su cargo.
TAMBIÉN ESTÁN LAS HISTORIAS DE DIFAMACIÓN que este tabloide publicó a lo largo de su historia, como la revelación en 1981 de la supuesta transexualidad de la actriz Caroline Cossey, quien confesó que llegó a pensar en el suicidio tras la divulgación de la noticia. O las acusaciones de pedofilia que, en el 2000, hicieron que el nombre y rostro de varios hombres inocentes se quedaran plasmados para siempre en el periódico, destrozándoles la vida. O la serie de artículos que en el 2006 acusaron al diputado británico Mark Oaten de tener relaciones con dos jóvenes de 20 años que se prostituían y que, finalmente, lo llevó a retirar su candidatura como líder del partido Liberal Demócrata.
Aunque la lista de casos polémicos es interminable, las escuchas telefónicas se remontan a diciembre de 2005, cuando el diario difundió que el príncipe William tenía un problema a uno de sus tendones. La difusión de esta noticia —apenas conocida por la familia real y el médico de cabecera— despertó las sospechas al interior del Palacio de Buckingham. Scotland Yard abrió una investigación para determinar si el teléfono del príncipe había sido intervenido. En mayo del 2006 la policía aseguró públicamente que sí. Un año más tarde, el detective privado Glenn Mulcaire —quien trabajaba para News of the World— fue detenido y condenado a prisión por interceptar el teléfono del hijo de Carlos.
El hacking telefónico era un secreto a voces tolerado por la sociedad inglesa, que se divertía leyendo los pormenores más íntimos de los famosos. Pero todo cambió el 4 de julio, cuando una nota del periódico The Guardian reveló que el tabloide cuestionado también se atrevió a intervenir el teléfono de ciudadanos comunes y corrientes.
De acuerdo con la investigación de The Guardian, en el 2002, News of the World decidió intervenir el celular de la adolescente desaparecida Milly Dowler (13), quien —se supo tiempo después— fue asesinada. Para poder conseguir más información intervino ese número y borró varios mensajes con el afán de hacer más espacio en la memoria.
Los padres de Milly pensaron que la joven eliminó los mensajes y se consolaron pensando que quizá había escapado de casa y estaba viva.
Hoy The Sun también está bajo la lupa y en Estados Unidos el FBI ya anunció que puso en marcha una serie de investigaciones encaminadas a determinar si periodistas del The New York Post —del grupo de Murdoch— intervinieron el teléfono de víctimas de los atentados del 11 de septiembre.
Las acciones de News Corporation en la bolsa de valores se desplomaron 17 por ciento. Se calcula que el impacto económico supera los 6 mil millones de dólares. Rupert Murdoch ya acudió al Parlamento para tratar de limpiar su nombre. Habló de sus entradas clandestinas —por la puerta trasera— a la residencia del primer ministro, asegurando que no tenía conocimiento de las acciones ilegales de News of the World: “Esta es la mayor lección de humildad de mi vida”. Obvio, pocos le creen.
Mientras, la justicia acaba de conceder a Hugh Grant el derecho a ver evidencia, es decir, la policía debiera mostrarle la información que se habría reunido de él con las escuchas ilegales.
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