El truculento hombre que ‘asesinó’ a sus dos madres
El caso que remece a las mujeres de la Plaza de Mayo
Por Roberto Cox, desde Buenos Aires
Tras matar a sus padres y pasar 14 años en la cárcel, Sergio Schoklender se convirtió en el asesor plenipotenciario de las Madres de Plaza de Mayo. Vía fraudes y engaños construyó una fortuna con todo tipo de lujos y excentricidades. Los escabrosos detalles de un escándalo que llegó hasta la Casa Rosada.

Un delgado hilo de sangre bastó para dejar en evidencia uno de los crímenes que más repercusión causó en Argentina. Esa sangre provenía de la maleta de un Dodge Polara y llamó la atención de un grupo de niños que jugaba en el exclusivo barrio de Palermo, en Buenos Aires. Espantados, dieron aviso a la policía, quedando al descubierto un macabro asesinato. Al interior del auto, envueltos en sábanas y bolsas, los cuerpos de Mauricio Schoklender y su mujer Cristina Silva daban cuenta de haber sido brutalmente golpeados y estrangulados.
Apenas se enteraron del hallazgo, Sergio y Pablo, hijos de las víctimas, supieron que debían huir. La policía no tardaría en ir por ellos. Rápidamente consiguieron importantes sumas de dinero mediante estafas a gente cercana a la familia y se fugaron.
Pablo viajó a Rosario y luego a Tucumán, con la intención de cruzar a Bolivia. Sin embargo, fue detenido a los pocos días. Sergio eligió Mar del Plata, lo capturaron haciendo dedo en la ruta.
Sergio confesó su participación y fue condenado a prisión perpetua. A Pablo, curiosamente, lo absolvieron, pero un año más tarde la Justicia se retractó y le aplicó la misma sentencia que a su hermano. Sin embargo, a esas alturas, Pablo ya había escapado a Santa Cruz de la Sierra, donde vivió oculto durante casi 10 años. En 1994 fue descubierto por Interpol al emitir cheques de forma irregular. Sigue detenido, aunque goza de amplios beneficios carcelarios.
En cambio, apenas 14 años después del crimen (1995), Sergio logró la libertad y salió de la cárcel titulado de sicólogo y abogado. Hoy es acusado de lavado de dinero, apropiación indebida de fondos públicos, violentos hechos de matonaje y de llevar una vida de lujos inexplicables para un empleado que declara ganar poco más de mil dólares al mes.
¿Cómo sucedió? Cuando faltaban dos años para salir de prisión, Sergio Schoklender conoció a Hebe de Bonafini, titular de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo. Forjaron una buena relación y al conseguir la libertad y no tener dónde vivir, ella lo adoptó casi como un hijo.
Intentó poner un negocio de radiotaxis en Ezeiza, pero quebró. Fue entonces que De Bonafini le dio trabajo. Comenzó a codearse con abogados, ingenieros y hombres de negocios. Escaló posiciones dentro de la organización de Derechos Humanos hasta convertirse en su apoderado, siempre de la mano de Hebe. Una férrea unión que terminó con la expulsión de Sergio tras las acusaciones que ponían en duda el origen de su vida llena de lujos.
Schoklender afirmó haber tenido “un sueldo de 5 mil pesos” (unos 570 mil pesos chilenos). Acto seguido disparó una insólita frase: “Yo nunca anduve en un Ferrari, ni invitado… Me gustaría más andar en un Porsche. Creo que podría comprarme un Ferrari o un avión. Tengo patrimonio y ganancias suficientes como para poder acceder a eso si quisiera, pero no lo he hecho”.
En diciembre de 2006 Sergio y su mujer se instalaron en el exclusivo country Highlands en la zona de Pilar. Arrendó una casa de 400 mil dólares y accedió a todos los beneficios de vivir en el elegante barrio privado. Los vecinos, al enterarse de la presencia del otrora asesino de sus padres, quisieron echarlo. Pero él, ajeno a las miradas inquisidoras, se reía. Incluso habría pensado en comprar la propiedad.
La Justicia y la prensa comenzaron a indagar los orígenes de la extraña fortuna. Rápidamente aparecieron las respuestas… En 2006, cuando Schoklender se convirtió en el apoderado oficial de las Madres de Plaza de Mayo, también pasó a ser director del proyecto Sueños Compartidos, encargado de la construcción de viviendas sociales, hospitales y escuelas destinados a sectores de muy bajos recursos.
Desde que llegó al poder el kirchnerismo (primero Néstor y ahora Cristina han apoyado a las Madres), se han destinado 300 millones de dólares a esta iniciativa. Parte de ese dinero fue pagado a Meldorek S.A., una empresa dedicada a la innovación tecnológica en proyectos habitacionales. Bastó una simple investigación para darse cuenta de que el domicilio fiscal de la firma (Alvarez Thomas 198, cuarto piso, departamento ‘M’, Capital Federal) era compartido con un viejo conocido: Sergio Schoklender.
El abogado resultó ser el dueño del 90 por ciento de las acciones de la empresa, equivalentes a unos 520 mil dólares; mientras que el 10 por ciento restante pertenecía a Gustavo Serventich, su piloto particular. La cuestionada sociedad anónima tenía inscritos dos aviones y un yate.
Schoklender se justificó ante la prensa: “La fundación (Madres de Plaza de Mayo) llegó a tener más de 40 obras en forma simultánea en todo el país. Eso implicaba trasladarse, fiscalizar, hacer el trámite de cobros, salir corriendo hasta los últimos rincones para poder traer un cheque y pagar los sueldos…”. En la página web de Meldorek S.A. se puede leer que la firma participa desde 2006 en Sueños Compartidos. Lo curioso es que en sólo un año elevó su capital de 12 mil a 2 millones de pesos trasandinos. El imputado sólo responde que “Meldorek es una de las tantas empresas para las que trabajo”. Efectivamente, sorprende que desde que Schoklender estuvo en Madres, se lo vinculó además a otras compañías como Gorlac, Regie Royale, Stylo Car, Habemus SRL y Monetización.
La mansión y otra casona las compró bajo el nombre de una sociedad llamada Antártica, dedicada a la venta de artículos para el hogar. Sólo alcanzó a pagar cinco mil dólares por cada propiedad. Con la deuda a cuestas y el pedido de subasta de los terrenos, declaró haberlos donado a la Secretaría de Adicciones de la Provincia de Buenos Aires, algo que el mismísimo gobernador Daniel Scioli negó. Según recientes acusaciones de la oposición, la misma firma Antártica aparecía en la factura del convenio entre Madres y la provincia de Chaco por 3 millones de dólares, para invertirlos en una planta de poliestireno expandido. Acusan que ese dinero nunca llegó a destino.
Justamente, investigaciones confirman que desde 2009 se hicieron a Chaco 77 vuelos en los aviones privados de Meldorek. Otro sumario de la Asociación Antidrogas de la República Argentina busca establecer el motivo de los reiterados viajes a Santa Cruz de la Sierra, capital del tráfico de cocaína. Lo único claro es que en lugar de las 2.500 viviendas a construir en Chaco, sólo se levantaron 250.
Las denuncias de lavado de dinero y apropiación ilícita de fondos públicos van también acompañadas de una actitud ‘matonezca’, tal como lo reconocen personas que han debido enfrentarlo y que prefieren mantener en reserva su identidad. El primer ejemplo fue la disputa con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de Mauricio Macri, que no quiso destinar fondos a obras de vivienda realizadas por Madres, “debido a incumplimientos de contrato”. La solución de Schoklender fue acudir con un grupo de seguidores hasta la residencia del entonces titular del Instituto de Vivienda porteño, Roberto Apelbaum. Produjeron destrozos y pintaron las paredes en un denominado “escrache político”.
¿LLEGARÁN LAS ESQUIRLAS DEL BOMBAZO A LA PRESIDENTA? No es extraño ver en cada acto de Cristina Fernández de Kirchner los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo. El tema de los Derechos Humanos se ha convertido en uno de los ejes fundamentales de su gestión y Hebe de Bonafini un personaje emblemático de esta lucha.
Con el escándalo se puso en duda la transparencia de la misma Hebe, su líder. Un escenario que la Casa Rosada ha intentado esquivar en plena época electoral. Tanto en el oficialismo como en la oposición aparecieron voces de alerta que apuntan a la titular de Madres. ¿La hipótesis? Con semejantes sumas de dinero en juego, Hebe debía estar al tanto de los manejos de su ‘hijo adoptivo’.
Estela de Carlotto es presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, una asociación similar pero distanciada de esta última. En entrevista al diario La Nación de Argentina aseguró: “Quienes dirigimos los organismos no podemos ignorar lo que ocurre adentro… La simbiosis que había entre ella y este muchacho era extraña, porque era un joven que mató a la madre y que pagó su culpa. Pero como dicen algunos, ahora asesinó a la otra madre”.
Con Schoklender expulsado de la fundación e investigado por la Justicia, las responsabilidades políticas apuntan a ella. Desde la propia izquierda argentina, casi todos coinciden en que el costo político lo debe pagar Hebe. Con Sergio acorralado y De Bonafini pagando los platos rotos, Cristina Fernández zigzaguea el problema a pocos meses de la reelección. Evita hablar del escándalo y hasta canceló su participación en la entrega de viviendas hechas por la fundación Madres en la provincia de Misiones. Sus colaboradores dicen que está tranquila. Sabe que su imagen se fortaleció tras la muerte de Néstor Kirchner y en octubre enfrentará a una oposición fragmentada. Los pronósticos hablan de un fácil triunfo.
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