Lo que arrastra La Polar
El escándalo crece y crece...
Por Franco Fasola y Lenka Carvallo Fotos Rodrigo López Porcile
Mucho más que bola de nieve. De todo trae la caída de esta empresa que partió como sastrería, se hizo un traje a la medida para inflar sus resultados y causó el escándalo financiero del siglo. El Presidente Piñera monitorea el tema y las superintendencias revisarán los libros de todo el retail.

Dicen que la historia es cíclica. La Polar puede darnos un buen ejemplo. Luego de su estrepitosa caída en la rueda —y de haber perdido más de mil millones de dólares— al destaparse su fraudulenta práctica de repactación de créditos a más de 400 mil clientes, perfectamente puede volver a sus inicios… como humilde sastrería en el sector de Estación Central en los años veinte… O a los años ’50, cuando tímidamente ampliaba su giro. O a los ’80, cuando recién abría locales en San Diego y Monjitas y lanzaban su tarjeta de crédito.
Pero todo indica que la historia los puede hacer retroceder mucho más. La bola de nieve es mayor que el peor momento de La Polar en 1999, cuando estuvo a pasos de la quiebra y fue rescatada por el fondo de inversión Southern Cross, que pasó a controlar el 51,71 por ciento de la alicaída multitienda.
Entonces, Southern Cross —de los empresarios Raúl Sotomayor y Norberto Morita— puso a Pablo Alcalde a la cabeza de un proyecto que buscaba reorientar la compañía con un enfoque agresivo hacia la clase media y baja, marcando diferencia con los tres grandes (Falabella, Paris y Ripley). Y en esa cura parece haberse incubado la enfermedad que reventó este mes.
En cifras, la tarea de Alcalde, entonces gerente general centelló rápido. Al asumir, La Polar tenía 12 tiendas y unos 280 mil clientes que redituaban unos 50 mil millones de pesos anuales. Cuatro años después, la compañía entró a la Bolsa, las tiendas sumaban 43 (luego abrirían una filial en Colombia), y los clientes se habían doblado, llegando a los 580 mil. ¡Ni hablar de las ventas! Multiplicadas por 10 sobrepasaron los 500 mil millones de pesos, según consta en la memoria 2010.
En 2004, Norberto Morita —presidente del directorio hasta 2009, cuando asumió Alcalde— decía que “los clientes aumentaron seis veces desde 1999”.
¿La clave del explosivo crecimiento? Nadie se lo imaginó. Es nuestro thriller financiero.
Southern Cross se fue en 2006 y la propiedad de La Polar se diluyó sin un controlador: Corredores de Bolsa, 34 por ciento; AFP, 24 por ciento; Fondos de inversión extranjeros, 19 por ciento; Fondos de inversión nacional y mutuos, 23 por ciento.
Algunos analistas piensan que esa figura facilitó el engaño que remece al mercado; a las AFP que han perdido unos 300 millones de dólares, y a las grandes del retail que llegaron a ‘desvalorizarse’ hasta en 6 mil millones de dólares por la caída inicial en el precio de sus acciones (aunque después empezaron a recuprarse).
El 9 de junio Pablo Alcalde admitió que debían reestructurar el área de crédito tras detectar renegociaciones unilaterales que, por cierto, él y otros directores dijeron desconocer… Esto, a pesar de que Fernando Franke (director entre 2004 y abril pasado), alertó a los ejecutiva en agosto pasado sobre el manejo de provisiones y riesgo de cartera.
Lo concreto es que la multitienda —que el 2003 lanzó una agresiva campaña para captar clientes entre estudiantes y dueñas de casa sin ingresos—, dio un segundo paso el año 2005: tomar la deuda morosa, pagarla con un nuevo crédito y cuotearlo a dos o tres años. Todo, sin que los afectados se enteraran. La nueva deuda pasaba a sus libros como “colocación”. Inflado así su estado financiero, la acción se vendía más cara en la Bolsa. Llegó a pasar los 3 mil pesos. Al cierre de esta edición, se transaba en poco más de 400…
Mientras se buscan responsables, los dardos apuntan a las mesas directivas que administraron la firma desde 2003. Pero, de seguro, todavía no vemos ni la punta del hilo… Porque, además, la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS), informó que entre enero de 2010 y enero 2011, varios ejecutivos vendieron más de 15 millones de dólares en acciones aprovechando una modalidad llamada stock options. En este grupo figura incluso Heriberto Urzúa, el director que reemplazó a Alcalde y que no duró más de una semana en el cargo. El “bicicleteo” tocó fondo. Desde ahí debe emerger la verdad.
José Roa, ex director del Sernac
‘Nadie escuchó las alertas’
Para el ex director del Servicio Nacional del Consumidor hace años se venían encendiendo las alarmas. ¿Por qué no se atajó? “Es un misterio”, contesta él cuando ya diputados de la Alianza anuncian que presentarán a la Fiscalía documentos que revelan su negligencia frente a las 100 denuncias en 2008 y 182 en 2009. Roa se defiende y dice que persiguieron a La Polar, la que recibió sentencias condenatorias en la Justicia, “pero pagaron la multa y siguieron cometiendo el mismo delito”, explica. Por lo demás, agrega que es muy dificil determinar tendencias cuando cada año el Sernac recibe 200 mil denuncias, “y que 100 o 200 en un año son como una aguja en un pajar…”. Agrega que de todas formas, advirtieron un riesgo crececiente en el fenómeno de las repactaciones, lo que detalló en la cuenta administrativa 2005-2010. “De puño y letra firmé las cartas dirigidas a los nuevos ministros de Economía, de Hacienda y a las autoridades de las tres superintendencias del área. Habría esperado que el ministro de Hacienda, que está tan preocupado del desarrollo del mercado financiero y la protección de los consumidores, la leyera. O que el ministro de Economía no hubiese dicho que se trata de un accidente…”.
Tampoco entiende cómo su sucesor, Juan A. Periboneo, inició en marzo de 2010 una mediación colectiva sin jamás informar a la opinión pública. “Se manejó en secreto y el resultado recién se conoció en noviembre”. Y apunta: “El directorio dice que nunca se enteró. Pero esa mediación fracasó a fines de noviembre y en diciembre fue la colocación de bonos… ¿coincidencia?”.
Andrés Sepúlveda, abogado que destapó el caso
‘Era un secreto a voces’
A sus 30 años, este abogado de la firma Gutiérrez & Silva se convirtió en una figura emblemática. Esto, luego de que su investigación, realizada a pedido de Felipe Ponce, accionista minoritario de La Polar, permitiera destapar el fraude del siglo. Su estudio suma otros 15 afectados y prepara una querella en lo penal y en lo civil contra quienes resulten responsables, no sólo la empresa sino también la Corredora Larraín Vial y la auditora PricewaterhouseCoopers.
“Mi cliente había recibido llamados ofreciéndole más títulos de la compañía, categoría triple A, es decir, ‘excelentes’. Sin embargo, como era un secreto a voces que la cartera estaba inflada y que dos grandes corredoras las habían sacado de entre sus top five, elaboramos un informe técnico y un requerimiento a la Superintendencia para que contestaran nuestras preguntas respecto de una serie de dudas e irregularidades… Por ejemplo, hicimos el ejercicio de qué pasaría si la firma cerrara todas sus tiendas de Chile y Colombia, concluyendo que podría operar dos años y medio sólo de las cuentas por cobrar, es decir, deudas pendientes, lo que claramente era mucho… Eso, junto con el monto promedio de las deudas (entre 1,2 y 1,5 millón cuando en otros, como Presto, en el mismo segmento, bordean los 600 mil pesos) nos pareció anómalo. No sé cómo a la Súper no le llamó la atención… Es una negligencia inexcusable. Aquí fallaron las auditoras, corredoras, superintendencias, autoridades, todos”.
Y entrega su teoría para esta falla en cadena: “Creo que era preferible tener este problema latente en una burbuja a que explotara. Sin embargo, que se mantuviera oculto sólo lo agravó. La Polar es una empresa gigante, diluida en actores sensibles como las AFP. El riesgo era importante”.
Tomás Fabres, abogado de la Fundación Chile Ciudadano
‘Una banda de pillos que se organizó desde 2006’
La fundación que preside este abogado por el Caso La Polar suma ya 10 mil afectados y crece a razón de unas 1.800 personas diarias. “Y serán muchas más”, advierte.
“Estamos hablando de que el 60 o un 70 por ciento de la cartera de clientes fue blanco de repactaciones. Y llama a no aceptar las propuestas de la multitienda, que convocó a los afectados por orden alfabético. “Una sinvergüenzura. De partida, porque hasta el Sernac rechaza su propuesta, por ser claramente insuficiente y contempla sólo a clientes con deuda vigente, no a quienes recurrieron a otros créditos para terminar con las cobranzas y salir de Dicom; o los que no pudieron pagar y fueron embargados”.
El abogado ahora insta a esas personas a que devuelvan sus tarjetas, lo que convertiría a la compañía en inviable… “Claramente están con problemas de caja, por eso no quieren que la gente cierre sus cuentas y se resisten a indemnizar a las víctimas”.
Para Fabres, la renuncia del presidente del directorio Heriberto Urzúa y la llegada del economista César Barros no es más que un asunto transitorio. “Lo que falta es que La Polar se venda. Se sabe que León Vial (de la corredora Larraín Vial) tiene un comprador y no va a faltar otro que haga su oferta. Eso es interesante porque ahora, ¿con quién hablamos? El tablero debe reordenarse y dar la señal de que la corrupción quedó atrás”.
El abogado acusa de negligencia a la anterior y a la actual administración del Sernac, que ya sabía de estos casos. Y también apunta a Pricewaterhouse por no cumplir su rol, situación que para él no es nueva: “Auditoras que se coluden para no afectar los intereses de la compañía que ellos mismos fiscalizan… He visto cosas indecibles y no me extraña en este caso. Para alcanzar algo de esta magnitud se requiere de una máquina muy bien aceitada. Y esta es una banda de pillos que se organizó por lo menos desde 2006 y en que defraudaron a lo menos a 418 mil consumidores”.
Respuestas pendientes
1. ¿Quién pagará por los mil millones de dólares perdidos en la Bolsa? ¿La Polar? ¿Sus directivos? Porque en el mundo privado ellos responden con su patrimonio.
2. ¿Cuándo recuperarán sus dineros los clientes que han pagado parte o la totalidad de la repactación unilateral? ¿Quién supervisará esta operación?
3. ¿Por qué los diversos directores no tuvieron ninguna inquietud sobre lo que pasaba en la compañía, si en el mercado era un secreto a voces? Fernando Franke lo advirtió.
4. ¿Es sensato creer que las auditoras tampoco sospecharan nada? ¿PricewaterhouseCoopers debe responder ante la Justicia?
5. ¿Qué responsabilidad tiene la corredora Larraín Vial, colocadora exclusiva de los títulos La Polar, que hasta hace poco recomendaba invertir en la multitienda?
6. El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, dijo que hacía unos ocho meses que se sabía de los problemas. ¿Por qué él, desde el gobierno, no hizo nada? Y el de Economía, Juan Andrés Fontaine, socio de uno de los directores de la multitienda, ¿tampoco sabía nada?
7. Los dos últimos directores del Sernac —José Roa y Juan A. Periboneo— ¿deben responder judicialmente por la eventual negligencia con que manejaron el caso?
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