El cerebro en las sombras de Al Qaeda
Por Franco Fasola
Muerto Bin Laden, la red terrorista busca reemplazante. Y aunque ya nombró provisoriamente a Saif al Adel, los analistas creen que el verdadero hombre fuerte de la organización será Ayman al Zawahiri, mentor de Osama. Un cirujano sangriento, sediento de venganza, que espera tranquilamente su momento.

En Al Qaeda (“la base”, en árabe) están nerviosos. La red terrorista que hace casi diez años atemoriza al mundo, se quedó sin su principal figura a comienzos de mes. Y desde ese momento en que fuerzas militares norteamericanas ajusticiaron a Bin Laden, los rumores de venganza se esparcieron como aceite. Pocos días atrás, la agitación al interior de las filas llevó al nombramiento del ex coronel del ejército egipcio Saif al Adel —también llamado Muhamad Ibrahim Makkawi—, como líder “provisional”. Sin embargo, una fuente de la inteligencia paquistaní le dijo a la cadena estadounidense CBS que “es poco probable que al Adel se convierta en líder permanente de Al Qaeda por encima de Ayman al Zawahiri”.
En medio de la confusión de las bases, al Adel pudo haber sido nombrado en un nuevo rol pero “más como comandante de las operaciones militares que como cabecilla general”.
Todo indica que el hombre que llevará el liderazgo sería Ayman al Zawahiri, mano derecha de Bin Laden y segundo en el organigrama de Al Qaeda. El cirujano oftalmológico egipcio de 60 años, fue la sombra de Osama en todos sus mensajes públicos. De hecho, el Doctor muerte (como lo conoce Occidente) ha aparecido en más de 40 videos y audios desde 2003. El último, en abril pasado: en 70 minutos ni siquiera nombró al que fuera su jefe, dato que llevó a pensar que Ayman ya había tomado el relevo.
AL ZAWAHIRI NO ES UN APARECIDO, aunque formalmente se integró a la red recién en julio de 2001. Nació en una familia burguesa, de reconocida fineza intelectual. Siempre silencioso, con sus gruesos lentes y la marca en la frente que identifica a los musulmanes piadosos, fue el cerebro de los atentados a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Teórico de los Hermanos Musulmanes e ideólogo del asesinato presidente egipcio Anuar El Sadat —luego de que éste firmara la paz con Israel—, detenido y torturado por su participación en el crimen, estuvo tres años preso y su furia se incrementó, colocando a la Jihad (Guerra Santa) como única opción. “Nunca olvidaremos, nunca olvidaremos”, decía a los periodistas mientras lo liberaban.
En Pakistán, a mediados de los ’80 conoció a Bin Laden. Allí surgieron los cimientos de Al Qaeda mientras combatían a las tropas soviéticas. No pasaría mucho tiempo para que el Doctor muerte lanzara su credo: Guerra Santa contra todos los regímenes apóstatas del mundo musulmán. En 1998 creó el Frente islámico mundial por la guerra santa contra los judíos y los cruzados y su fatua —o edicto religioso— que ordenaba matar a norteamericanos y sus aliados como obligación del ‘buen musulmán’. En un audio difundido en 2002, Al Zawahiri amenazaba que “los estadounidenses deberían saber que sus crímenes no quedarán impunes. Perseguiremos, con el permiso de Alá, la destrucción de su economía”.
Poco después del atentado a las torres en Nueva York, Al Zawahiri y Bin Laden aparecían en uno de esos conocidos videos de propaganda conversando animadamente sobre el ataque. “No se trata únicamente de un logro humano. Es un acto sagrado. Los 19 valientes que dieron su vida por la causa de Alá van a ser bien atendidos. Alá les dio la fortaleza para hacer lo que hicieron. No hay comparación entre la fuerza de estos caballeros y la de América, como no la hay entre la destrucción causada por estos caballeros y la destrucción provocada por América”, meditaba el Doctor muerte.
LA VENGANZA POR EL ASESINATO DE BIN LADEN YA PARTIÓ. La semana antepasada un hombre-bomba estalló frente a una comitiva policial en Pakistán, justo en el Día Sagrado musulmán. Ochenta muertos y más de 100 heridos dejó ese ataque que se adjudicaron los talibán, rama local de Al Qaeda. Y para rematar, el Departamento de Seguridad de Estados Unidos acaba de descubrir, dentro de los documentos confiscados al ex líder terrorista, que Al Qaeda fraguó el año pasado planes de ataques contra plataformas petroleras de Estados Unidos y otras naciones occidentales.
Aun así, “el grupo terrorista no tiene el asiento social de hace diez años. Por lo tanto la idea de una reactivación es un poco tendenciosa. Si uno asesina a un ‘muerto’, lo que puede resultar políticamente es que se potencie y vuelva a la vida. Hay que esperar un poco, esto todavía está muy encima, no existe claridad”, sostiene Eugenio Chahuán, investigador del Centro de Estudios Arabes de la Universidad de Chile, quien agrega que “todas las revueltas que están sucediendo en el mundo árabe han demostrado la pérdida de convocatoria del radicalismo islámico, pues no tenían ningún contenido de los que profesa Al Qaeda, sino que han buscado la reivindicación de derechos como los de la mujer. Son movimientos profundamente laicos”.
Por otro lado, el analista internacional Guillermo Holzmann sostiene que “Al Qaeda funciona a partir de una interpretación integrista del Corán. No representan al mundo musulmán, es una minoría de minorías. Estudios ingleses establecen que la red tiene alrededor de 15 mil seguidores divididos en varios grupos. Al Zawahiri y al Adel comparten un objetivo: mantener vivo el espíritu de la organización. Pero las diferencias radican en que Al Zawahiri tiene un perfil conocido en Occidente, es mucho más sanguinario y estaría dispuesto a ocupar esas estrategias con mayor frecuencia con ataques usando ‘bombas humanas’. Saif al Adel tiene una perspectiva más cercana a la de Bin Laden, respecto a los atentados selectivos y a mantener la presión por la vía sicológica”.
Lo cierto es que tarde o temprano, la furia de la red terrorista volverá a caer sobre Occidente. Y probablemente el Doctor muerte esté detrás. En medio del debate que puso Saif al Adel provisoriamente a cargo de la red, Tawfiq Hamid, quien trabajó con Al Zawahiri en la Jamaa Islamiya — grupo jihadista egipcio—, sostiene que el mundo debe prepararse para el arribo del oftalmólogo. “La sobresaliente capacidad organizativa de Al Zawahiri y su dedicación a la violencia lo hacen mucho más peligroso que Bin Laden. Como líder es más contundente, mucho más organizado. Cuando le escuchas, te das cuenta claramente de que tiene ambición y de que está consagrado al ciento por ciento a cumplir su misión”.
Movimientos en la red
A río revuelto, varios nombres han aparecido como eventuales cabezas de Al Qaeda. Saif al Adel es líder temporal. Tiene 50 años, salió de las filas de la jihad islámica y lo identifican como presunto jefe del brazo militar del movimiento. Su nombre significa “espada de justicia” y ya le quiere hacer honor invitando a sus seguidores a “aplastar” Londres aprovechando la reciente visita de Barack Obama a la capital inglesa. Se sabe que conoció a Bin Laden en Afganistán, cuando combatieron contra las tropas soviéticas en los ’80. En su currículum destaca su participación en los atentados en Africa, como los perpetrados contra las embajadas de EEUU en Kenia y Tanzania.
Su nombramiento todavía constituye materia de discusión, pues no se realizó en una shura (consejo) formal, por la imposibilidad de reunir a los integrantes en un solo lugar. “Al Adef se opuso al 11-S y a Bin Laden. Lo criticaba, decía que era un dictador que tomaba decisiones sin consultar a los demás”, declaró hace poco el analista político Mustafá Alani a la agencia Reuters. Aun así, es blanco prioritario para el FBI que puso precio por su cabeza: 5 millones de dólares, lejos de los 25 millones que pidieron por el Doctor muerte.
El otro nombre que suena para dirigir la cúpula es An War al Aulaqi, una figura de corte radical de 39 años, de nacionalidad estadounidense y yemení. Formalmente no forma parte de la red, pero su poder en internet y su facilidad con el idioma inglés le dan fuerza.
Según el analista paquistaní Mansur Khan Mahsud, todos los cambios en la cúpula “forman parte de una reestructuración permanente que acabará llevando al egipcio Ayman al Zawahiri al liderazgo”.
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