Sarkozy rompe el velo
Por Franco Fasola
Prohibió que las musulmanas que viven en su país anden tapadas por las calles, animando otra vez la polémica sobre la libertad de culto…
“¿Por qué voy a tener que quitarme el niqab? No soy una terrorista, criminal ni ladrona. Yo, que hoy respeto todas las leyes, las leyes de Dios y las leyes de la república, voy a convertirme ahora en delincuente”. La que habla es Camilla, una joven parisina que siente que la ley que persigue desde abril el uso del velo íntegro en toda Francia es un abuso escandaloso.
El asunto partió hace tres años, con un proyecto para prohibir que las musulmanas se tapen la cara en espacios públicos. La norma, impulsada por el gobierno de Nicolás Sarkozy ya es ley y son varias las mujeres detenidas por seguir poniéndose la burka (velo con una rejilla sobre los ojos) y niqab (que cubre hasta las rodillas, dejando libre sólo los ojos). Las usan unas dos mil mujeres de los casi seis millones de musulmanes residentes que para muchos parece casi una ‘invasión’.
“Esta ley es exigente pero justa. Francia tiene una idea clara y concreta de la dignidad femenina. El velo que tapa totalmente la cara socava esos valores para nosotros tan fundamentales, tan esenciales del contrato republicano. Cuando se trata de saber en qué sociedad, en qué república, en qué civilización vivimos, corresponde al gobierno y al parlamento asumir su responsabilidad política y moral”. Eso ha dicho el Presidente Sarkozy intentando explicar la iniciativa que generó una marejada de cuestionamientos, incluso de la propia policía gala, que se cansó de advertir las dificultades de aplicación y consideran innecesarios los incidentes que enfrentarán para aplicar la ley. No acatarla implica multas de 150 euros (unos 100 mil pesos), hasta un año en la cárcel y una sanción de hasta 30 mil euros (20 millones de pesos) para reincidentes.
Pero el mandatario francés tiene sus convicciones. A inicios del mandato, y cuando recién partía la discusión por el papel del mundo musulmán, sostenía en su libro La República, las religiones, la esperanza: “En un diálogo televisado tuve ocasión de decir a una mujer que se cubría con el velo: ‘Al entrar en una mezquita yo me quito los zapatos. Cuando entre usted en una escuela, quítese el velo’. ¡Esto es lo que ha de ser el Islam en Francia!!”.
SARKOZY HIZO UN GUIÑO AL ELECTORADO DE ULTRADERECHA, encantado por Marie Le Pen, con miras a las elecciones de 2012. Incluso en febrero, su partido —la Unión por un Movimiento Popular (UMP)—, citó a una “Convención sobre la Laicidad”, que propuso varias medidas, miradas con recelo dentro y fuera de Europa. Entre ellas, la prohibición del rezo en la calle, de los menús especiales por causas religiosas en colegios o el rechazo a un médico por su sexo o religión en un hospital o centro de salud.
Otro papel deberán jugar los empresarios que ya no podrán ceder a las exigencias de sus empleados en materia religiosa. Y los trabajadores que quieran que se respeten sus solicitudes en cuanto a ayunos, estarán obligados a declararlo en la entrevista de contratación. También se plantea regular la financiación de centros religiosos y la forma de matar ganado por el rito musulmán.
Los datos que han aparecido tras la entrada en rigor de la ley agregan más incertidumbres. Un informe reciente de Open Society Institute, red internacional de fundaciones creada por el millonario George Soros, entrevistó a 32 mujeres que llevan el niqab en la nación gala y averiguó que la mayoría de ellas nacieron en Francia. Y casi la mitad decidió usarlo tras la polémica que surgió en torno al tema en 2009.
El asunto toma otro cariz cuando Jean-Francois Copé, líder del partido de Sarkozy, justifica las medidas recordando un bullado caso de robo a mano armada en las afueras de París por unos ladrones disfrazados con burkas. O con dichos como las de Silvana Koch-Mehrin, vicepresidenta del Parlamento Europeo, quien dice que el velo es “una prisión móvil” en la que las mujeres se encierran porque sus padres o maridos las obligan.
Lo cierto es que minimizar el debate a esas opciones resulta burdo. Muchas usan el velo íntegro tal como las católicas llevan los hábitos. Otras lo defienden a modo de respuesta a un mundo hipersexualizado. “Para nosotras, es un modo de decir que no somos un pedazo de carne en un mostrador, no somos mercancía”, dice Vivi, de 39 años, quien reside al sur de Francia.
Quizás una aproximación más profunda entrega la escritora somalí Ayaan Iris que acaba de publicar su libro Nomada. La conocida ensayista —quien sufrió la cruel ablación de sus genitales y un tormentoso matrimonio concertado—, sostiene que “el debate real es qué simboliza un burka… Representa la actitud que tiene el Islam frente a la sexualidad y el mundo femenino, pero es el punto de partida para un debate más amplio. En Occidente, un hombre que maltrata a una mujer es mal visto y se le castiga si se descubre su falta. En el Islam no. Cuando un hombre pega a una esposa, hasta los familiares de ella se preguntan qué habrá hecho para que la trate así su marido”.
Réplicas en Chile
La polémica que ha causado protestas en Europa —incluso el asesinato de una mujer en Alemania y destituciones de políticos en Gran Bretaña—, también llegó a nuestro país: a fines de 2010, en el colegio Wolfang Amadeus Mozart de La Reina se le prohibió usar el hiyab a Yasmín Elsayed, una niña de nueve años (es el velo más característico, que deja descubierta la cara).
Aunque el caso no pasó a mayores —y se permitió el velo—, los musulmanes acá toman resguardos al momento de relacionarse con los medios y lo hacen a través de su vocero Muhammad Rumié, secretario general del Centro Islámico.
“Curioso el caso de Francia. Allí hay una importante presencia musulmana que no es de ayer, porque se trata de un país colonialista que tuvo dominios en Siria, Líbano, Túnez, Argelia, Marruecos… Pero hay un miedo al Islam mal interpretado por los actos terroristas. Y los musulmanes que trabajan en la nación gala, que son sanos, han sido las víctimas de este temor. Ponerle dificultades a alguien que quiere concretar sus deberes religiosos constituye una exageración”, sostiene Rumié.
—¿Qué opina de las acusaciones contra el conservadurismo islámico que denigra a la mujer?
—Como musulmán, entiendo que tanto el hombre como la mujer tenemos deberes, derechos y obligaciones regulados por el Corán y la Sunna, que son los dichos y tradiciones del profeta Muhammad. Las que usan hiyab, niqab o burka lo hacen de motu propio porque tienen un temor mayor en Alá que en sus maridos, padres o hermanos.
Agrega:
—En Siria, el año pasado se implantó una ley que prohibía el niqab en las universidades. Salieron más de 100 mil personas a protestar. Hubo que anular la medida. Ese fervor religioso va más allá de un asunto de presiones familiares, es lo que cada persona se compromete ante Dios. Eso, Occidente no lo entiende.
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