Perfil sicopático del Pedófilo
Informe de la prestigiosa clínica Johns Hopkins
La mayoría son hombres, con menos materia gris que el promedio y usualmente zurdos. Padecen otras alteraciones sicológicas, desde ansiedad a cleptomanía, y uno de cada tres, alguna vez fue abusado. Los hay héteros, gays y bisexuales. La mitad se casa en algún momento de su vida y un porcentaje similar consume drogas.

Hay dos escenas claves en la controvertida película Secretos íntimos (Little children, 2006). En la primera, el supuesto pederasta Ronnie —que acaba de salir libre— se baña en la piscina municipal hasta que alguien se da cuenta de que está ahí, en medio de los niños del barrio. Y se produce la estampida. Una pareja de policías lo ‘invita’ a abandonar el lugar. Más adelante, el mismo personaje se cortará los genitales, intentando terminar así con sus impulsos sexuales. Secretos íntimos refleja que no sabemos casi nada de los abusadores sexuales de menores, por qué hacen lo que hacen y cómo enfrentarlos.
Al abandonar la cárcel en 2006, el líder de la red pederasta multinacional Paidos, Rafael Maureira (Zacarach), pidió públicamente que lo castraran. Reconocía que no se había rehabilitado. Apenas se salvó de un linchamiento antes de escapar a Brasil. Hace sólo un mes fue condenado a cadena perpetua simple, más 15 años de cárcel, por asociación ilícita; podrá optar a libertad condicional en 20 años.
Con casos de gran connotación pública, como Zacarach o Julio Pérez Silva, el ‘sicópata de Alto Hospicio’ que violó y mató a 14 escolares el año 2000, el tema se convierte en problema público, pero jamás cobró tanta fuerza como ahora que la Iglesia Católica enfrenta más de 3 mil denuncias —reconocidas— de abusos sexuales contra menores en todo el mundo y recibe críticas urbi et orbi por haber ocultado muchos de esos casos.
Importantes estudios internacionales han ‘buceado’ en los porqués de la patología. Uno de los más destacados es Perfil de la pedofilia: definición, características de los abusadores, reincidencia, tratamientos y aspectos forenses. Escrito por los siquiatras Ryan y Richard C. W. Hall —de la clínica Johns Hopkins, de Baltimore— y publicado por la revista de la Clínica Mayo, reúne 116 estudios y arroja resultados con altos niveles de precisión. Establece desde qué desórdenes de personalidad experimentan hasta los tratamientos existentes y niveles de éxito.
¿LOS PEDÓFILOS NACEN O SE HACEN? ‘‘NO LO SABEMOS… PERO ELLOS NO CAMBIAN” comenta a CARAS el doctor Ryan Hall, desde Florida. Cuánto de genética y cuánto de medio ambiente e historia personal lleva a alguien a desarrollar esta patología, se desconoce, pero “si asumimos que la pedofilia es una expresión de la orientación sexual, es probable que un individuo mantendrá sus pensamientos a lo largo de su vida”.
Para el doctor Alejandro Gómez, profesor asociado de Siquiatría y Salud Mental de la U. de Chile, existe, sin embargo, “un factor de riesgo conocido: haber sido abusado sexualmente”. Lo avala el informe de la Johns Hopkins: “Un alto porcentaje —por sobre el 28 por ciento— de los pedófilos fue violentado y tiende a preferir (a sus víctimas) de la misma edad en que ellos fueron vejados”. Es un hecho a tomar en cuenta, aunque en ningún caso significa que todo niño agredido sexualmente se convertirá en agresor.
“La pedofilia es un diagnóstico clínico, normalmente hecho por un siquiatra o sicólogo. No es un término legal o criminal, como abuso deshonesto’’.
Según Diagnóstico y manual estadístico de desórdenes mentales, el pedófilo:
—Tiene permanentemente fantasías, se siente sexualmente atraído o experimenta estímulos sexuales hacia prepúberes (usualmente de 13 años hacia abajo).
—Es mayor de 16 años (edad mínima promedio, en la mayoría de los países, para tener relaciones sexuales con consentimiento).
—Y tiene, al menos, 5 años más que el sujeto que le interesa.
Muchos pederastas señalan que su atracción por los niños comenzó en su pubertad o adolescencia, pero también se puede desarrollar más tarde. Y entre el 50 y el 60 por ciento de ellos ha sido diagnosticado con abuso de drogas o dependencia a éstas, pero lo importante es que su tendencia se presenta tanto cuando están sobrios como intoxicados. Además, entre el 50 y el 70 por ciento es exhibicionista, voyerista, sádico o experimenta otra parafilia (excitación sexual que producen agentes externos a la relación misma).
Según estudio de Abel y Harlow —uno de los más citados y destacados que incluye el volumen— el 40 por ciento acosó a un menor por primera vez a los 15 años.
Por otro lado, sólo el 6 por ciento de los abusos deshonestos contra jóvenes son cometidos por mujeres, que tienen, en promedio, entre 22 y 33 años. “En casos de este tipo, existe una gran posibilidad de que un hombre participe también”.
¿HÉTEROS, GAYS O BISEXUALES?
La tasa de pedófilos homosexuales es muy variable según cada estudio (entre 9 y 40 por ciento). “Estas consideraciones no implican que ellos estén más predispuestos a abusar de menores”, señala Perfil de la pedofilia. “Ningún estudio establece que los gays corren mayor riesgo de transformarse en agresores”, asegura el doctor Ryan Hall. “Orientación sexual y pedofilia (una parafilia o perversión sexual) son asuntos independientes —agrega Alejandro Gómez—. Incluso, quienes abusan de niños se definen mayoritariamente como heterosexuales”.
Los pederastas suelen tener severos desórdenes de personalidad, aunque parecen normales. Generalmente experimentan sentimientos de inferioridad, aislamiento o soledad, baja autoestima, inmadurez emocional y depresión. Pese a todas esas dificultades en sus relaciones interpersonales, más del 50 por ciento se casa en algún momento de su vida.
Los siquiatras norteamericanos descubrieron otras anomalías sicológicas en ellos: ligera preeminencia de individuos zurdos, habilidades cognitivas debilitadas… Un alto porcentaje de desórdenes de control de impulsos como cleptomanía o piromanía y “menos materia gris”.
Por ésas u otras razones, ningún tratamiento resulta efectivo a menos que la persona quiera involucrarse (y, aun así, no existen curas definitivas). Pueden volver a atacar cuando están en medio de la sicoterapia, mientras reciben fármacos e incluso después de la castración. “Hoy —dicen Ryan y Richard Hall— el foco central está en impedir nuevos ataques más que en alterar la preferencia sexual del pederasta. (…) Los resultados de estos estudios demuestran que los estímulos sexuales pueden ser manejados, pero la atracción no cambia”.
Por eso, aunque la ciencia avanzó en cuanto a terapias, especialmente en bajar la dosis de testosterona vía fármacos y complementar con sicoterapia, nada asegura que no volverán a atacar.
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