‘Las mujeres deberían acceder al sacerdocio’
Monjas del siglo XXI
Fotos Diego Bernales
Dejaron los hábitos oscuros y el convento para estar cerca de la gente. Hablan de la renuncia a la maternidad, del machismo, la discriminación en la Iglesia y de los casos de abusos y pedofilia.

Unas 800 mil mujeres en el mundo han consagrado su vida a Dios. Un porcentaje de ellas se dedica a la oración, pero la mayoría ya no quiere que las llamen madres porque buscan relaciones de fraternidad. Hacen su vida en terreno, en las poblaciones. Algunas son misioneras, otras educadoras. Meten las manos en la masa y los zapatos en el barro, lejos de la curia, más lejos aún de la carrera eclesiástica. Cuando no hay sacerdotes, son las que animan las liturgias y dan la comunión. Alcanzan con su apostolado donde nadie llega. Son las monjas del siglo XXI. También están dejando los hábitos porque eso las distanciaba de la gente. Son las obreras de la Iglesia. Y aunque no se les escuche la voz en los medios y mantengan un discreto segundo plano, tienen mucho que decir.
Conversamos con cinco novicias que pertenecen a este grupo de ‘vanguardia’. Hablan sin tapujos sobre su opción de vida y el momento que atraviesa la Iglesia en el mundo. Laura, María Luz, Marta, Paula y Loreto. Dos de ellas son extranjeras, Marta es polaca y Laura argentina. Sólo Paula lleva hábito y llama la atención porque la tendencia, después del Concilio Vaticano II (1965), es a no usarlo. “En mi congregación es opcional, dice, pero para mí es signo de Dios, me gusta que se note que elegí mi vida por Jesús y no es fácil. Me gano muchos malos ratos en la calle, insultos y discriminaciones, me dicen: tú eres monja porque te gusta el cura. Si subo al metro: tienes plata, ándate en auto. También garabatos, la primera vez fueron unos punkis y quedé mal”.
Todas están a meses de hacer sus primeros votos, que después de seis años y una renovación, serán perpetuos: castidad, pobreza y obediencia. La hermana Patricia Villarroel, de los Sagrados Corazones, es la formadora de novicias del Centro de Formación Conferre (Conferencia de Religiosos y Religiosas de Chile). Con 26 años consagrados en el cuerpo habla con voz firme y responde a todo: ¿Pueden estudiar cualquier carrera? “Aunque en general se busca algo afín, pedagogía, trabajo social… Yo estaba en ingeniería y cuando opté por la vida religiosa me convertí en profesora de matemáticas”. ¿Tienen sueldo?
Claro, de acuerdo a tu trabajo, tanto si eres la portera como la directora de un colegio, pero todo lo ganado se comparte. Si necesitas algo se le pide a la comunidad, igual que en una familia. ¿Se tiñen el pelo las monjas? “Conozco una hermana a la que le cuesta asumir sus canas y sí, se lo tiñe. La gente piensa que tenemos muchos misterios o cosas prohibidas, pero somos normales, cuando fui a la playa en verano me puse traje de baño”, cuenta. ¿Podría haber una novicia lesbiana? “Si una persona asume su homosexualidad con madurez y plena conciencia, puede hacer voto y comprometerse al celibato. Lo que me pregunto es si la sociedad está preparada para eso o si una chiquilla lesbiana, que vive en comunidad con otras, estará siempre bien entre mujeres”.
Flor María Garrido sólo lleva su argolla de consagrada, que tiene grabado el nombre de Jesús. No usa otra joya, ni maquillaje, ni se tiñe el pelo, pero reconoce que “algunas hermanas usan aros o maquillaje para taparse una manchita, pero nunca he visto una boca con rouge rojo”, aclara divertida. “Vivimos con lo necesario”. Ella es la secretaria general de la Conferre, que agrupa a 158 congregaciones femeninas y 58 masculinas. En total, cerca de tres mil monjas. Son la mayoría, explica, porque no es obligación afiliarse. “En general las congregaciones de clausura son independientes y debe haber unos quince conventos”.
La maternidad es un tema que aprieta, dice Patricia. “Una de las mayores dificultades de la vida religiosa es el celibato, porque estamos hechos para el complemento. Si cuando eres más joven te cuestionas el no tener un marido que se preocupe exclusivamente de ti, que te regalonee, alguien de carne y hueso en quien apoyarte, cuando te acercas a los 40 asumes que ya no vas a ser madre y como toda renuncia, duele”.
Las jóvenes también se refieren al tema, muchas de ellas tuvieron parejas y algunas hasta planes de matrimonio. “La gente piensa que cuando uno entra a la vida religiosa la vacunan para no sentir algo por otra persona. A veces las niñas preguntan con miedo: madre y a usted ¿le gustan los hombres?, ¡claro que me gustan!”, cuenta Loreto. “La sexualidad no se reprime. Es una energía que hay que canalizar y se libera con otras cosas”, añade Laura. “Mi último pololo quería competir con la persona de la que yo me había enamorado, pensaba que era otro hombre, no podía creer que se trataba de Jesús”, cuenta María Luz. “Cuando miras a tus amigas que tienen hijos y ves a esas guagüitas tan lindas, te preguntas qué se siente tenerla ahí dentro, amamantarla, criarla, que te diga mamá, tiene que ser más fuerte el amor que uno siente por Jesús para transar”, comenta Paula.
La nueva generación de monjas tiene mucho que decir también de la institucionalidad religiosa.
HAY MACHISMO EN LA IGLESIA. Las más jóvenes hablan directamente de discriminación. María de la Luz alega por el silencio de las mujeres. Y Loreto cuenta que a veces se callan por miedo, o las hacen callar para no incomodar. “A algunos sacerdotes les cuesta reconocer el valor de la mujer. Si uno va a las comunidades rurales, puede ver que quien lleva Jesús a la gente son las hermanas. Ellas animan las liturgias, dan la comunión, lloran y acompañan. Los sacerdotes andan en auto, las hermanas caminan, se embarran, ellos andan limpios”, dice Paula.
María Angeles Martínez ejerce el periodismo en la revista Testimonio y está comprometida en la renovación de la vida religiosa. “Las mujeres deberían acceder al sacerdocio. Los signos de los tiempos lo hacen patente. La Iglesia es demasiado patriarcalista y machista. Hay necesidad de un nuevo concilio para revisar la dignidad de la mujer y sus ministerios”. Ante la posibilidad de que hubiera una papisa, Marta lo ve difícil, pero opina que si el Papa tiene un consejero hombre, también debiera tener a una mujer a la hora de tomar las decisiones que las afectan. “Creo que sería interesante que existiera una mama, pero lo veo lejano. Sin embargo, me parece que nos debieran tener en cuenta en temas como la maternidad, la fecundidad o la píldora del día después que está tan en boga. Los hombres pueden decidir, pero no saben lo que es ser mujer, no conocen lo que puede pasarle a una niña que fue violada. Asumo lo que digo, porque uno entiende lo que le pasa dentro del cuerpo”, señala Paula.
Están tristes por los casos de abusos por parte de sacerdotes, pero piensan que los medios destacan sólo lo negativo. “No es una hecatombe de la Iglesia. Hay claridad en que los responsables tienen que ir a la justicia y se debe decir con firmeza. Quizá no se hizo al principio porque creo que no se dimensionó”, señala Patricia. “Es es necesario que la iglesia se detenga y humildemente revise su moral sexual en esta hora de purificación”, agrega María Angeles.
Que las religiosas han disminuido en Chile y el mundo es un hecho, si en los ’80 había 200 novicias en formación, hoy son alrededor de 50. Algunos hablan de crisis de vocaciones. Las hermanas Patricia y Flor María no parecen preocupadas, creen que es la era de los laicos en la Iglesia, que la vida religiosa es para unos pocos, pero que siempre va a existir.
Envíe su opinión a actualidadcaras@televisa.cl

