Zuma… y sigue
Polémico Presidente de Sudáfrica
Acusado de corrupción, violación, de ser infiel a sus tres mujeres oficiales, Jacob Zuma sigue firme, como guerrero zulú… En total, tiene cinco matrimonios, un divorcio y la sombra del suicidio de una de sus esposas que no soportó más. La última aventura fue con la hija del organizador del Mundial de Fútbol.

Jacob Gedleyihlekisa Zuma nació hace 67 años en Zululandia, al interior del clan zulú de los Msholozi. Su padre, un policía, murió cuando él tenía tres años. Se crió con la madre, una mujer esforzada que para sacar adelante a los suyos se hizo empleada doméstica. A raíz de la pobreza, el muchacho tuvo un paso esporádico por el colegio: desde pequeño debió trabajar en modestas labores con tal de aportar a la familia.
Tuvo cinco hermanos y siete hermanastros de un matrimonio anterior del papá. Precisamente de uno de ellos adquirió el gusto por la política y, siguiendo su ruta, llegó a ser parte del Congreso Nacional Africano (ANC), la organización que por décadas combatió el apartheid en Sudáfrica. Buena parte de esa batalla política, eso sí, Zuma la hizo desde el movimiento Umkhomonto we Sizwe, el brazo armado del ANC.
En una de sus acciones fue detenido, acusado de conspiración y fue condenado a diez años de prisión que pasó en la cárcel de Robben Island, compartiendo encierro con Nelson Mandela.
Cuando salió, en 1973, se dedicó a reorganizar la resistencia. En ese entonces se casó por primera vez y lo hizo con Gertrude Sizakele Khumalo —apodada Makhumalo—, con la que llevaba 14 años de relación.
A fines de 1975 partió al exilio, el que repartió entre Swazilandia, Mozambique y Zambia. Siempre ascendiendo en política, en los ’80 pasó a ser pieza clave del aparato de seguridad e inteligencia del partido: él debía descubrir y castigar severamente a los infiltrados y traidores de la organización. En ese afán, Zuma cometió reiteradas violaciones a los derechos humanos: detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos.
Fue el primer dirigente exiliado que regresó al país en los ’90, y con el último ‘gobierno blanco’ de Frederik de Klerk preparó la vuelta de otros y la liberación de presos políticos. A partir de ese momento, subió cada vez más en la estructura partidaria, llegando a ser el segundo tras Mandela.
Sus vaivenes amorosos no pararon. En 1998, luego de 16 años de matrimonio, se separó de Nkosazana Dlamini-Zuma, entonces ministra de Salud. También mantenía su matrimonio con Makhumalo y con Kate Mantsho, una azafata mozambiqueña. En diciembre de 2000, una de sus mujeres, Mantsho, se suicidó dejando una dura carta, en la que calificaba su matrimonio con Zuma como “amargo y doloroso” y donde pedía expresamente que no se le permitiera asistir al funeral… Al parecer, el hoy Presidente ya mantenía relaciones extramaritales con Nompumelelo Ntuli, una robusta muchacha de 25 años que después sería también su esposa.
Cuando Thabo Mbeki ganó las presidenciales el ’99, Zuma quedó como vicepresidente. Ministra de Relaciones Exteriores era su ex mujer Dlamini-Zuma. Y en las elecciones de 2004, el ANC volvió a confirmar al Presidente Mbeki secundado por Zuma. Sin embargo, una serie de oscuros pasajes de su vida personal comenzaron a salpicarlo. El primero fue un caso de corrupción que, sin embargo, ni inmutó a Zuma. “Tengo la conciencia limpia”, dijo escueto. Pese a que el gobierno le dio la espalda, los ciudadanos estuvieron al lado de este dirigente espontáneo, festivo y con gusto por las mujeres y los hijos (tiene 20).
NO SALÍA DEL LÍO CUANDO UNA MUJER PORTADORA DEL VIH LO DENUNCIÓ POR VIOLACIÓN. Militante del ANC, atestiguó que lo conocía desde los cinco años y que, al momento del supuesto ataque, Zuma tenía claro que ella era portadora del mal. El negó todo, argumentando que había sido una relación consentida. Insólito, intentó justificarse diciendo que después de tener sexo, “me di una higiénica ducha”. Jacob, que lideró el Consejo Nacional Sudafricano del Sida, fue finalmente absuelto, pero el juez se las cantó claras al tratarlo de ignorante, irresponsable e inmoral por no usar preservativo.
Era evidente el incontenible apetito sexual del africano, un tipo que no paraba de agregar mujeres a su lista. En ese tiempo, la prensa sumó tres amantes, entre ellas una princesa de Swazilandia y hasta la hija de un juez que debía ver la causa de violación y que se excusó de seguir el proceso.
Poco después también fue liberado de los cargos por corrupción. A la salida del tribunal, Zuma entonó en zulú un combativo cántico con estrofas como umshini wami (tráiganme mi ametralladora).
Pero las cosas cambiaron abruptamente cuando aparecieron informes de que había sido el propio gobierno el que urdió las acusaciones de corrupción. Contra las cuerdas, y en un escándalo mayúsculo, el Presidente Mbeki se vio obligado a dimitir. Entonces Zuma —quien había dicho alguna vez que su partido gozaba de las “bendiciones del Cielo” y gobernaría Sudáfrica “hasta que regrese Jesús”—, tuvo el camino libre hacia la presidencia en las elecciones del año pasado. Ya como Jefe de Estado, eso sí, las cuestiones más relevantes han tenido que ver con asuntos mundanos, como la distribución de tareas y número de apariciones públicas que les corresponden a sus tres mujeres.
LA POLIGAMIA FUE TEMA EN EL FORO ECONÓMICO MUNDIAL, en Davos, donde el cuestionado mandatario se defendió: “Para algunos simboliza un atraso que el líder de Sudáfrica secunde una práctica que ven como injusta para la mujer, pero ésa es mi cultura y no renuncio a mis creencias”.
Y la última polémica: recién se había casado por quinta vez cuando nació una niña producto de su última infidelidad conocida y por la que ha debido disculparse reiteradamente ante el mundo. Para enredar todavía más el asunto, se supo que la madre es hija de uno de los organizadores del Mundial de Fútbol. El nuevo desliz generó variadas reacciones políticas, como la de Helen Zille, líder de la oposición: “Una vez más el Presidente envía el mensaje equivocado al pueblo”. También recordó que la campaña gubernamental contra el Sida promueve el sexo seguro, “lo que contrasta con el comportamiento y la actitud del mandatario”.
La enfermedad ha contagiado a 5.5 millones de sudafricanos y mata diariamente a unos mil. Y, aunque la jefa opositora defendió la legalidad de la poligamia en el país, lanzó su critica al mandatario: “No creo que haya ninguna cultura que promueva la infidelidad”.

