Off the record
La prensa de oposición que se cocina...
Creían que iban a ganar de nuevo y ahora corren contra reloj. El concertacionismo no tiene diarios ni canales, sólo un par de radios y medios electrónicos. Poco o nada para hacer esa oposición constructiva de la que hablan. Eso está a punto de cambiar.
Por Ángela Precht

Por los pasillos de diversas reparticiones públicas —donde hay no menos de 600 periodistas, muchos de los cuales quedarán sin trabajo— ya se habla de un nuevo periódico de corte socialista a cargo del actual jefe de la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda, Juan Carvajal. Tambén, de un portal que “da sus primeros aleteos” según cuenta la agregada de prensa en Londres, Odette Magnet, quien llegará en marzo a supervisarlo. Y de un diario electrónico a cargo del think tank Giro País (de raigambre DC), que “no será de oposición propiamente tal —según su presidente, Juan José Santa Cruz—, aunque tocará temas delicados como el financiamiento de las campañas políticas…”. Por otra parte, el empresario Máximo Pacheco estaría reuniendo recursos para un nuevo periódico, aunque de ese tema no quiere hablar todavía.
Todo esto, mientras se debate el eventual cierre del diario La Nación —decisión prácticamente tomada por el gobierno entrante—, en un contexto inédito en la historia nacional: el Presidente electo es dueño de un importante canal de TV, Chilevisión, que manejará a través de una fundación en la que podrá cambiar a los directores a discreción.
EN ALERTA ESTÁ EL COLEGIO DE PERIODISTAS por la situación de CHV. Pero Abraham Santibáñez, presidente de la entidad gremial, pide no adelantar juicios hasta que la nueva administración asuma. “Lo que nos parece complejo es lo que se vio con el incidente de Iván Núñez (cuando el mandatario electo, en entrevista con todos los canales, prohibió preguntas acerca de LAN y el periodista de CHV se rebeló). Piñera dijo tengo derecho a hacer lo que quiera con mis entrevistas. Eso no es así. Puedes negarte a contestar algo, pero no a poner un veto de antemano, el reportero tiene derecho a preguntar”.
“La Concertación ve preocupada el papel de la prensa”, admite el empresario Juan José Santa Cruz. Por eso aviva la idea de crear nuevos medios y, entre ellos, los electrónicos llevan la delantera (requieren menos recursos).
En los ’80, la prensa de centroizquierda tuvo su punto máximo, con Hoy, APSI, Análisis, Cauce, Fortín Mapocho y, después, La Epoca. Sin embargo, todos fueron perdiendo fuerza hasta desaparecer en los ’90.
Claro que hoy no se piensa en ninguno de esos formatos, sino en formas de hacer una oposición profesionalizada tipo El País de España, que surgió en dictadura y se mantuvo como parte de la prensa hispana responsable.
Reeditar Hoy o La Epoca y crear ‘nuevos The Clinic’ son alternativas que suenan fuerte en círculos periodístico-políticos de centroizquierda. Al Colegio han llegado varias ideas, entre ellas, la de Hoy, revista que dirigió Santibáñez. Pero él advierte que un diario o revista debe estar en condiciones de aguantar pérdidas por dos o tres años. Es el principal escollo.
Radios de oposición hay varias —destacan Cooperativa y Bio-Bio—, y los canales de TV abierta, a excepción de los privados, tienen sistemas de elección de directorio que garantizan cierto pluralismo. Por eso el gran tema es la prensa escrita, pese a que hay voces autorizadas —como las de Mónica González y Francisco Martorell— que creen más en prensa independiente que de oposición. Es lo que intentan desarrollar desde el Centro de Investigación e Información Periodística (Ciper) y la revista El Periodista, respectivamente. “En dictadura, estabas a favor o en contra, pero una vez que se acabó, nos interesa el esfuerzo por la independencia. No sólo fiscalizamos a empresas públicas sino también al sector privado, al que históricamente ha habido poca posibilidad de acceso. Nos interesan temas que en general no están en pauta, como las violaciones a los derechos laborales”, comenta González.
“NO VAMOS A RECIBIR A QUIENES NOS CERRARON LAS PUERTAS, cuando estaban en el Estado”, espeta Martorell y aclara: “A los que piensan que El Periodista puede ser refugio para la oposición, les digo que vamos a seguir haciendo periodismo independiente como hasta ahora”.
Su juicio crítico apunta: “La Concertación tuvo veinte años para dar al 52 o 55 por ciento del electorado que la apoyaba, un medio de comunicación escrito. Cuando lo hizo, lo hizo mal o no llamó a la gente adecuada y terminó cediendo proyectos como La Epoca o el 7+7. También pudo comprar un canal de TV, pero tampoco. No los veo capaces en el corto plazo, salvo que reciban mucho apoyo del exterior y que alguien meta la mano al bolsillo, de levantar un diario”.
Desde una perspectiva más académica, el analista José Luis Rodríguez Elizondo pregunta: “¿La Concertación necesita prensa propia? Mi respuesta es No. Es la demanda de una nueva realidad la que debe presionar por la aparición de medios y no la demanda de ellos para un logro político en actual estado de crisis. No, pues ya no es la misma Concertación o está dejando de serlo…”.
Más que prensa de oposición, la tendencia en el mundo es al periodismo independiente.
Y el mercado —con excepción de las radios— optó por los medios tradicionales: los diarios del grupo El Mercurio y La Tercera (Consorcio Periodístico de Chile, Copesa); la señal estatal TVN, la de la UC (Canal 13) y de la Universidad de Chile que, privatizada, se convirtió en CHV. “Eso sucedió porque los medios oficialistas no supieron evolucionar al profesionalismo sobre la base de la desideologización, buen gerenciamiento y políticas mínimas que favorecieran su mantención como alternativas a los tradicionales. El caso de La Epoca fue el más doloroso, pues había logrado crear prestigio de marca. A falta de política pública que ayudara, no tuvo período de gracia para acopiar el necesario aporte financiero, talento empresarial y competencia gerencial que le permitieran sobrevivir” (el diario jamás superó su déficit inicial de cuatro millones de dólares).
Rodríguez está convencido de que el fracaso de la prensa oficialista terminó por pasarle la cuenta a la coalición.
“No hubo voluntad política ni capacidad para abrir nuevos medios”, reconoce un alto asesor comunicacional del gobierno. “Es uno de los grandes déficit y autocríticas porque toda la difusión se terminó haciendo a través de El Mercurio y La Tercera. La Nación finalmente se transformó en un folletín. Ahora, ¿cómo ponemos nuestras ideas con los medios que hay…?”.
En política y en prensa, la Concertación tiene que partir de cero.






