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La memoria del mundo

Internacional

Por: Roberto Schiattino

Lugares que recuerdan persecuciones, matanzas y horror. Edificios que fueron campos de concentración se reciclaron en sitios históricos para tratar de mitigar el dolor de los millones de víctimas… Chile ya abrió su propio museo.

museos
Seis millones de personas —la mayoría judías— ejecutadas por los nazis. Entre cuatro y 20 millones de soviéticos —cifras jamás precisadas, tampoco desmentidas— eliminados en los gulag o campos de concentración del régimen estalinista hacia 1950. Tres millones de bengalíes muertos en la limpieza étnica de Bangladesh en 1971. Más de 250 mil víctimas en la guerra genocida de Kosovo, a fines de los ’90. Cien mil japoneses-norteamericanos encarcelados ilegalmente en diez campos en EE.UU. hacia 1942, cuando se les consideró una amenaza.

El genocidio tiene muchas caras y ni Estados Unidos se salva de una lista que suma todos los días. Memoriales construidos especialmente (la mayoría en sitios que fueron centros de detención) simbolizan el “nunca más”. Son predecesores del imponente Museo de la Memoria que inauguró hace pocos días la Presidenta Bachelet y que rinde homenaje —no sin polémica— a las víctimas del régimen militar. Algunos, como Rafael Mellafe en carta a El Mercurio, critican que no se incluyera a perseguidos políticos del período anterior a la dictadura. “Yo fui exiliado… A mi padre le expropiaron su empresa, Mellafe y Salas, en agosto de 1972, y desde entonces se inició una persecución implacable contra su persona y familia”, denunció. “Condeno cualquier violación a los derechos humanos —le contesta Marcia Scantlebury, quien trabajó dos años en la instalación del museo y es miembro del directorio— pero éste abarca el abuso sistemático por parte del Estado y por eso su punto de partida es 1973”.

En general, estos memoriales recuerdan hechos calificados como genocidio —actos realizados para destruir una etnia, grupo nacional o religioso—, y reflejan profundos conflictos sociales.

CONSTITUTION HILL, SUDÁFRICA. Desde 1995 se emplaza en ese lugar al norte de Johannesburgo el Tribunal Constitucional, exactamente sobre la prisión donde por décadas fueron oprimidos los negros —quienes eran y siguen siendo mayoría en su nación de origen—. La cárcel de alta seguridad Old Fort se construyó en 1893 para intimidar a los uitlanders (extranjeros, en idioma africaans), luego pasó a fuerte militar y centro de reclusión y abusos. Casi todos los líderes políticos importantes de la historia de Sudáfrica, así como muchos ciudadanos ordinarios atrapados en la red de la represión colonial, del apartheid y el racismo, estuvieron encarcelados en los edificios de Old Fort, entre ellos Nelson Mandela. Después de la traumática experiencia sudafricana, en que una minoría colonizadora holandesa oprimió a los de raza negra, el término apartheid o segregación se usa para cualquier intento de separar un país entre ciudadanos de primera y segunda clase. Revivirlo impacta, “cuando llegas te dan dos pasaportes y tú tienes que elegir: el de los negros o el de los blancos, eso genera efectos importantes, fuertes”, dice Scantlebury.

PERM 36, RUSIA. Los gulag recuerdan a un régimen comunista opresor: el de Stalin. Se trata de centros de reclusión donde llevaban a los disidentes para construir las “grandes bases del socialismo”, básicamente trabajos pesados en fábricas, líneas de ferrocarril, puentes y minas. Fueron más de 70 años de opresión simbolizados hoy en el Museo Gulag, también conocido como Perm 36 porque ése era el nombre del campo de reclusión donde se levanta este ‘sitio de conciencia’. Ubicado en Kutchino, a cien kilómetros de la ciudad de Perm, a este gulag se le consideró la prisión política más severa durante todo ese tiempo. De fábrica pasó en 1972 a campo de concentración contra crímenes políticos. Fueron encerrados ahí opositores al régimen, autores de literatura considerada anticomunista, dirigentes de la disidencia detenidos como enemigos del estado. Funcionó hasta 1987. Permanece casi intacto.

museos300MUSEO TEREZÍN, REPÚBLICA CHECA. Fue centro de exterminio nazi antes de convertirse en el más famoso —y tal vez más importante— de los ‘sitios de conciencia’ que existen. Por un lado recuerda a sus víctimas, pero también rinde homenaje a los judíos ejecutados o caídos en todos los campos de concentración de las SS. Como punto de transición entre los enviados desde Alemania y su destino en Auschwitz u otros grandes centros, Terezín fue fundamental para el régimen: la Gestapo aprovechó esta fortaleza de fines del siglo XVIII para mantener esclavizados a los prisioneros que debían estar de paso. Hoy, la forma del lugar —una estrella de David— y sus enormes praderas rinden también homenaje a los que sobrevivieron al ghetto. Entre los museos dedicados al holocausto (que hay varios), destaca el de Berlín, obra del arquitecto Daniel Libenskind, de gran belleza y significado; fue reabierto en 1999 después de que Hitler lo cerrara.

MONTE SOLE, ITALIA. Nazis alemanes y fascistas italianos se unieron en la Segunda Guerra Mundial y destruyeron un pueblo completo en el norte de Italia (cerca de Boloña), en represalia por el apoyo de sus habitantes a los movimientos de resistencia. Fue arrasado entre septiembre y octubre de 1944 y unas 770 personas, la mayoría mujeres y niños, fueron asesinadas. Ahora convertido en un parque natural, conmemora la terrible violencia infligida contra la población civil de esta región durante la Segunda Guerra Mundial. La Fundación Escuela de Paz Monte Sole fomenta proyectos de capacitación y de educación para la paz, la transformación no violenta de conflictos y el respeto por los derechos humanos.

MARTIN LUTHER KING, EE.UU. La segregación racial era común en EE.UU. hasta la mitad del siglo XX, especialmente en los estados del sur. Fuerzas sociales y cambios culturales motivados por la transformación de una sociedad inmigrante, llevaron a la creación del Movimiento de Derechos Civiles Americanos. Su líder Martin Luther King pasó a la historia por su lucha y el asesinato del que fue víctima en 1968. El sitio histórico nacional que lleva su nombre se ubica al este de Atlanta, urbe que recuerda la segregación americana y la lucha contra ella.

Aún más impresionante resulta el Museo de los Derechos Civiles, en Memphis, según cuenta el ex agregado cultural en Washington, el actor Cristián Campos: “Tuvo dos grandes impactos para mí. Primero, que está construido en el motel Luisiana, justo donde fue asesinado MLK; incluso, al frente se conserva la pensión desde donde disparó el asesino. Segundo, es un recordatorio documental de la lucha que dieron los afroamericanos. Me tocó visitarlo días después que fue elegido el primer presidente de raza negra en EE.UU., eso señala cuánto ha avanzado la sociedad, al igual que la sudafricana”.

LIBERATION, BANGLADESH. Como tantos otros, el genocidio en Blangladesh fue por razones políticas. En 1971, el régimen militar de Pakistán rechazó las elecciones en la actual Bangladesh, hasta entonces Pakistán del Este, aliada de los soviéticos. Se desencadenó así una persecución y la matanza más grande contra civiles que recuerde la historia reciente: siete meses de masacre contra una etnia específica, los bengalíes. Se estima que unos tres millones habrían muerto, hubo diez millones de desplazados y al menos 200 mil mujeres violadas. En diciembre del ’71, las fuerzas de resistencia, con ayuda internacional, emergieron como país independiente: Bangladesh. El museo Liberation prueba que la libertad y la integración pueden sobreponerse a la atrocidad.

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