Política y Actualidad

El hermano ‘cacho’ de Obama

Polémica

Por: Mónica Stipicic

Miguel Piñera es un corderito al lado de esta verdadera ‘oveja negra’: George Obama, el medio hermano del presidente de EE.UU., arrastra un pasado de alcohol, drogas, delincuencia y una larga estada en la cárcel.

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“Barack es una gran inspiración para mí, pero reconozco el abismo que existe entre nosotros. Yo soy un chico rebelde del ghetto que arruinó su educación y él un abogado que se hizo de un nombre en política a partir de su propio esfuerzo”. Así resume George Obama (27) las dramáticas diferencias entre la vida que él siguió y la de su famoso medio hermano, el hombre más poderoso del mundo.

Estas palabras resuenan y molestan en Estados Unidos, donde acaba de ser publicada la autobiografía Homeland —algo así como Lugar de origen o Patria—, donde este verdadero ‘hermano cacho’ explica cómo consiguió hacer enojar al siempre flemático Barack. George Obama relata en primera persona su vida en Kenya, sus años en el mundo de la droga, el alcohol, como ladrón, su paso por la cárcel y, por supuesto, la relación que lo une con su hermano, a quien sólo ha visto un par de veces en la vida.

“Yo era un desertor escolar, inquieto y enfadado. Un gángster que infringía la ley. Dios sabe que no se puede caer más bajo”.

Los detalles se hacen públicos en el peor momento para Obama. En su primer año de mandato bajó la aprobación popular al 49 por ciento y sólo ha encontrado dificultades para sacar adelante sus proyectos más importantes, como la emblemática reforma a la salud. Nada de eso pareció importar a George, quien habría recibido una jugosa cantidad de plata por el detalle de su vida.

Hijos del mismo padre —Barack Hussein Obama—, la relación de ambos con éste fue casi nula. El mayor, Barack, sólo tenía dos años cuando su progenitor decidió volver a Africa y abandonarlos a él y a su madre en Hawai. Lo vio de nuevo en un par de ocasiones, cuando viajó a visitarlo. George, el menor, fruto de la relación con su última mujer, apenas conoció a su padre, quien murió en un accidente de auto en 1982. George tenía seis meses.

“Yo necesitaba un padre que estampara su sello —confiesa—, que me obligara a hacer mis tareas, que se preocupara de cortarme el pelo y que me ayudara a estudiar para mi futuro. Que estuviera orgulloso de mí… Y ese hombre había desaparecido”.

obama300La vida de estos jóvenes se distanció casi por completo. Pero cinco años después de la muerte del padre, y una vez graduado como abogado de Harvard, Barack Obama viajó a Kenya para conocer sus raíces. Fue ahí donde coincidieron por primera vez: a George le extrañó la aparición de un hombre que decía ser su hermano y que se parecía mucho más a un blanco que al resto de su familia africana.

Hasta ahí, se trataba de una relación distante que no aproblemaba al futuro presidente de EE.UU. Pero hace dos años, una revista descubrió la existencia de este hermano perdido. Fue fotografiado en una modesta casa en uno de los barrios más peligrosos de Nairobi. Todo el mundo comentó acerca de las condiciones paupérrimas en que vivía la familia africana del entonces candidato y de cómo podía permitirse ser un político exitoso y un abogado destacado mientras su hermano vivía con menos de un dólar al día. Sin embargo, la diferencia entre ambos no fue por falta de oportunidades.

GEORGE CRECIÓ EN UN ENTORNO PRIVILEGIADO PARA UNA CIUDAD DE EXTREMA POBREZA. Desde que enviudó su madre, Jael Atieno Onyango, típica representante de la tribu Luo, se propuso hacer de él un joven exitoso. Consiguió trabajo en Nairobi, tuvo un segundo hijo y se emparejó con Christian Bertrand, un hombre blanco que trabajaba en organizaciones de ayuda humanitaria en Africa y que se transformó en el más cercano referente paterno de George. Pagaron los mejores colegios privados de Kenya para educarlo y lo convencieron de que sus sueños podían concretarse.

Pero la personalidad arriesgada del pequeño Obama, los conflictos por no haber conocido a su padre y el no tener mayores vínculos con su familia paterna, fueron minando los esfuerzos de la madre. Con apenas trece años empezó a fugarse para beber alcohol, a los quince ya había sido expulsado de uno de los colegios más exclusivos y perdió la oportunidad de estudiar una carrera, luego de reprobar el examen de admisión tras una noche de juerga, alcohol y marihuana.

Sarah Obama, hermana de su padre, intentó ayudarlo. Lo llevó a su casa en un ghetto de Nairobi para mostrarle la vida de pobreza y perdición en la que podía caer si no aprovechaba sus opciones. Trató de acercarlo a la fe musulmana que profesaban los parientes —incluido el papá del presidente de Estados Unidos, un ferviente seguidor del Islam—, pero nada parecía convencerlo.

A los 17 años, sólo regresaba a casa cuando tenía hambre o quería darse un baño. Hizo de su pandilla su nueva familia y comenzó a beber a destajo, a fumar hachís y marihuana y a realizar pequeños atracos para conseguir dinero. Así lo detuvieron por primera vez…

“Tienes que recordar que eres un Obama. ¡Un Obama!, y debes actuar como tal”, le repitió hasta el cansancio su tía Sarah. Pero a él no le entraban balas: “En realidad nunca supe nada acerca de mi padre. Para mantener encendida la llama de la rebeldía sólo sabía que no podía permitir que nadie estuviera tan cerca mío como para hacerme daño”, recuerda George.

obama302TRANSFORMADO EN LÍDER DE UNA BANDA DE DELINCUENTES, a poco andar ya vivía en la calle, portaba armas y pasaba gran parte del día borracho y drogado. Para financiar las adicciones, con su banda asaltaban buses en el centro de la ciudad. Mientras él apuntaba una pistola contra la cabeza del chofer, el resto de la pandilla vaciaba las billeteras y carteras de los pasajeros.

“Siempre llevaba una pistola cuando me iba a ‘trabajar’ —relata—. Podía empezar temprano, a las cuatro o cinco de la mañana… aún estaba oscuro. Me iba al centro y robaba a la gente que llegaba a sus trabajos. Otras veces podía dormir hasta el atardecer y salir a robar de noche”.

Estaba absolutamente perdido. Hasta que un día cayó en la cárcel por consumir drogas en la calle. Sin nadie que pagara por su libertad, George y sus amigos pasaron nueve meses en la inhóspita prisión de Nairobi tratando de demostrar que no cometieron delito. O por lo menos ninguno que la policía pudiera probar en esa oportunidad.

“En prisión dejé las drogas y el alcohol. Estaba limpio. Después, todo el dinero que podía obtener a través de las apuestas lo usaba para conseguir un espacio donde dormir, un colchón o comida… Fue entonces cuando decidí cambiar mi vida y les dije a mis amigos que éste era el final del camino. Siempre fui bueno con los niños, aquellos que vivían en la calle habían sido mis compañeros durante años, así es que decidí seguir ayudándolos. Pero nunca más como uno de ellos”.

Consiguió trabajo como chofer de autobús, se instaló a vivir definitivamente en el ghetto y dio forma a la Comunidad juvenil Huruma Center Youth Group. Todo un rehabilitado. Por esos días, Barack Obama, ya convertido en senador de Estados Unidos, viajó a Kenya a reunirse con su familia paterna. “¿Cómo has estado, George? He oído que no ha sido fácil para ti… ¿Estás haciendo las cosas bien ahora?”, fueron las primeras palabras que escuchó de su hermano mayor. Desde entonces no han vuelto a reunirse…

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