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Las mil y una noches de Gaddafi

Enigmático, visceral y cambiante

Por: Rodrigo Barría

Acaba de celebrar 40 años en el poder. Con él, Libia pasó de ser un país renegado a atractivo socio comercial. Eso sí, Muammar sigue igual de temperamental: hace poco se enojó con Suiza y le cortó el gas.

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La fiesta ha tenido de todo: globos aerostáticos, animales, aviones acrobáticos, rayos láser, 400 artistas y una decena de mandatarios, algunos respetados y otros buscados por crímenes contra la humanidad. Incluso, el líder de los piratas modernos hizo un alto en sus labores de ultramar para estar en Trípoli, en la celebración: 40 años en el poder conmemora el enigmático e indescifrable Muammar Muhammad Abd as-Salam Abu Minyar al-Gaddafi. Y por eso, sacó 40 millones de dólares de las arcas fiscales y ofreció una enorme comida servida en una plataforma gigante, además de conciertos, exposiciones y una obra teatral que narra los cinco mil años de historia libia.

La calurosa y enigmática Trípoli —capital de Libia, formalmente llamada “Gran República Árabe Libia Popular y Socialista”—, abrió sus palacios para que personalidades como el presidente venezolano, Hugo Chávez; el de República Dominicana, Leonel Fernández; la mandataria de Filipinas, Gloria Macapagal; el líder serbio Boris Tadic, y el canciller español, Miguel Ángel Moratinos, estén a gusto. A ellos se les ha unido el corsario somalí Mohammed Abdi Hassan Hayr, pescador analfabeto que comanda el terror en los mares del norte de África, más el presidente de Sudán, Omar Al Bashir, al que la Corte Penal Internacional busca por crímenes de lesa humanidad en el conflicto de Darfur.

Acostumbrado a una vida de excentricidades, Gaddafi —que ha comandado los festejos parapetado tras vidrios antibalas, vistiendo traje militar recargado de condecoraciones— hasta se dio el gusto de lanzar en medio de las celebraciones el Rocket car, un auto que él mismo diseñó.

No tiene cargo ni título formal, pero igual en su país se le llama “hermano líder”. Todo por la revolución del 1 de septiembre de 1969, el movimiento comandado por el entonces veinteañero Muammar que derrocó al rey Idris y condujo a la proclamación de la denominada Yamahiriya (Estado de las masas).

gadafi-2Gaddafi es una mezcla de líder hábil, revolucionario, idealista, imprevisible, temido y déspota. De estilo extravagante, con un cuerpo de guardaespaldas integrado por mujeres expertas en defensa personal y armas de fuego, sus cercanos dicen que se trata de un tipo con personalidad “filosófica y un temperamento sorprendentemente reflexivo para ser un autócrata”.

Es un hombre tribal, alguien que nació, creció y se formó en una cultura de desierto y la arena. Esa es su escuela, su cuna, y por eso a Occidente le resulta difícil entenderlo. “Este desconocimiento pasa por el fuerte carácter. Sabe lo que quiere, tiene poder económico y eso le da fuerza para ir adelante con sus ideas. Para Estados Unidos es especialmente incómodo por su antisionismo, pero los europeos necesitan sus reservas energéticas”, explica desde Trípoli Grisela Mestres, especialista del Departamento de Estudios Arabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

El líder libio nació en 1942, en la tribu beduina Gaddafa (de ahí su apellido) en pleno desierto, cerca de la ciudad de Sirte. Admirador de la ideología panárabe del egipcio Gamal Abdel Nasser, a los 21 años se graduó en derecho, inició una carrera militar a la que siguió un viaje al Reino Unido para continuar cursos de perfeccionamiento. Regresó a su país a los 27 y, desde la ciudad de Benghazi, organizó y lanzó el golpe que terminó con la monarquía.

SU BASE POLÍTICA ESTÁ EN EL LIBRO VERDE, donde plasmó su pensamiento que mezcla socialismo, nacionalismo e islamismo. Considerado durante largo tiempo como un paria por Occidente, en los ’80 vivió el período de mayor aislamiento, marcado por el duro enfrentamiento que mantuvo con Estados Unidos. Incluso, en un ataque americano en 1986 murió Jana, su hija adoptiva.
Este distanciamiento no hizo más que acentuarse después de que, en diciembre de 1988, estallara un avión de PanAm con 259 pasajeros (en su mayoría estadounidenses) sobre Lockerbie, en Escocia. Admitiendo la conexión libia con el acto terrorista, y en un intento por redimirse, su gobierno entregó una compensación de cerca de diez millones de dólares por cada víctima de la tragedia. Y como “premio” por esa nueva postura antiterrorista, sumado al hecho de adherir a las normas y reglas de no proliferación nuclear—, Naciones Unidas levantó las sanciones económicas que le había impuesto. Gracias a esto, Libia ha vivido en el último tiempo una fuerte expansión económica y ahora estrecha vínculos con un mundo al que se le abrió el apetito comercial frente a sus enormes reservas de petróleo y gas… Esto explicaría la polémica decisión del gobierno británico de liberar —argumentando un cáncer terminal— al terrorista Alí Al Megrahi, quien participó en el atentado de Lockerbie y fue recibido en su país como un héroe.

Reacciona más como papá que como jefe de estado. Hace poco, el mandatario de Suiza, Hans Rudolf Merz, fue a Trípoli para disculparse personalmente con él. ¿La razón? Resulta que Aníbal, hijo de Gaddafi, fue arrestado dos días en julio de 2008 después de golpear a una camarera en un hotel helvético. Indignado, su padre no encontró nada mejor que cortar el suministro de gas a Suiza. Merz, temeroso del frío que pudiesen seguir pasando sus compatriotas, “recapacitó” y ahora dice que el arresto de Aníbal fue “injustificado” y el tema se solucionó. Al estilo Gaddafi.

Muammar no para y la última polémica se instaló en la comunidad de Englewood, Nueva Jersey. El tema fue que Gaddafi —con motivo de la intervención que realizará ante Naciones Unidas a fines de este mes— pretendió quedarse no en un hotel neoyorquino, sino desafiar acampando en el césped de una mansión propiedad de la embajada libia, en un poblado donde viven unas 600 familias judías ortodoxas.
Fiel a su tradición, quería poner en el jardín su inseparable jaima, una enorme carpa al estilo beduino. Gaddafi preparó cojines y alfombras, pero las autoridades locales rechazaron su plan, para estar cómodo.

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