El imperio Mara
10 a 20 asesinatos diarios en Centroamérica
Honduras, Guatemala y El Salvador se desangran por dentro. Las bandas dominan y el Ejército comienza a intervenir. Estados Unidos también entra en alerta y un documentalista es asesinado por sus propios ‘actores’. ¿Quién los para?

Poco conocidas para muchos, son pandillas de ‘soldados’ tatuados que han convertido a las capitales centroamericanas en urbes donde asesinato y extorsión avanzan como plaga de langostas. Algo que hoy constituye un asunto de seguridad nacional para estos países, ya no acorralados por las guerras civiles de antaño, el terrorismo o el narcotráfico, sino por muchachos y niños enfrascados en sangrientas guerrillas urbanas entre bandas rivales.
MUCHO DE ESTA VIOLENCIA TIENE QUE VER CON UNA CULTURA MACHISTA donde la agresión en todo tipo de relaciones es algo extendido y aceptado. Eso, más la pobreza, las familias disfuncionales y una baja escolaridad incentivan a chicos de 10 años a entrar a las maras. Estos grupos se transforman en sus nuevas familias y rara vez las abandonan.
A partir de ese momento, un nuevo código de violencia reglamentará sus vidas, desde el ‘bautizo’ con que son formalmente aceptados en la pandilla (una golpiza brutal propinada por los integrantes más antiguos del grupo). Luego vienen otros ritos como tatuar buena parte de sus cuerpos, incluyendo la cara, con leyendas como Matas para vivir, vives para matar. Y se suman mandamientos del tipo de: contestar violentamente cada insulto, y sólo considerar como territorios ‘neutrales’, libres de asesinatos, a escuelas e iglesias.
En la práctica, será una existencia miserable en las zonas más pobres, huyendo de policías y bandas rivales, renegados de su núcleo familiar, con períodos intermitentes en prisión. Con suerte llegarán a la adultez… Y lo más probable es que terminen acribillados en alguna barriada.
Hoy en Guatemala cada día se cometen entre diez y veinte homicidios y en el El Salvador, una docena. Por eso el presidente de esa nación, Mauricio Funes, lanzó recientemente un plan nacional de diez puntos que intenta frenar esta violencia sin control. Una de las medidas considera intervenir militarmente algunas de las zonas más peligrosas, dominadas por las maras. Amenazante, uno de estos grupos ya dijo que dará un plazo de seis meses al nuevo gobernante para analizar sus propuestas: aspiran a mejores condiciones para los “compañeros” presos. Y si la propuesta no les satisface, darán órdenes para incrementar la violencia.
MARAS VIENE DEL nombre DE LAS HORMIGAS CARNÍVORAS MA-RABUNTAS. Y su origen está en Estados Unidos, básicamente en Los Angeles, hasta donde hace décadas llegaron miles de refugiados centroamericanos escapando de guerras civiles y de la persecución política en los ’80. La mayoría fueron muchachos salvadoreños a quienes no les quedó otra que defenderse de las pandillas —mexicanas y afroamericanas— que operaban en California.
Surgieron entonces la Mara Salvatrucha (MS 13) y Barrio 18 (por el área donde vivían sus integrantes). Ambos grupos —hasta hoy fieros rivales— se consolidaron y desparramaron por Estados Unidos. Según algunas estimaciones, la temida MS 13 tendría ya 50 mil miembros.
El problema explotó entre 2000 y 2004, porque entonces EE.UU. comenzó a devolver a miles de indocumentados, entre ellos, 20 mil centroamericanos con historial delictivo. Así, la cultura de violencia asimilada en EE.UU. se trasladó a las capitales hondureña, salvadoreña y guatemalteca.
Pero las maras no sólo se han convertido en el problema de seguridad pública más importante de esa región: su internacionalización preocupa seriamente a las autoridades estadounidenses y el FBI ha emitido informes alertando sobre el crecimiento de estas organizaciones, especialmente de la MS. En California, el jefe de la policía de Los Angeles, Bill Bratton, dice que “son peor que la mafia”.
La inseguridad que se vive en las capitales centroamericanas se expande a los atestados penales locales, generando graves problemas de convivencia. En El Salvador, por ejemplo, ya tomaron medidas como destinar recintos sólo a reos de una determinada pandilla para disminuir las potenciales disputas entre bandas rivales.
El punto es que muchas cárceles se han convertido en pequeñas “repúblicas maras”, en donde los gendarmes y el Estado apenas pueden intervenir. Y ahí dentro, las organizaciones perfeccionan sus redes de delincuencia. Por eso, los casos de extorsión son frecuentes: familias y empresas centroamericanas deben pagar fuertes sumas para evitar la llegada de sicarios enviados desde los recintos penales.
Los maras hablan de sus lugares de detención como “mi casa” y en ellos el uso de celulares y el comercio de droga se da como si nada.
Para los pandilleros, sus posibilidades de reinserción se desvanecieron al tatuar sus cuerpos. Así, es muy complicado que, si alguno decide abandonar el grupo —una sentencia de muerte—, sea aceptado por algún empleador. Peor aún: los marcas son un cebo permanente para las bandas rivales, que no tardarán en reconocerlos y asesinarlos.

CRISTIÁN PÓVEDA (http://www.diariocolatino.com/es/20090902/nacionales/70928/) ERA UN PERIODISTA ESPAÑOL-FRANCÉS que se había obsesionado con la vida de las maras. No quería mostrarlos como delincuentes e intentó adentrarse en la vida íntima, cotidiana, de este ‘ejército’. Por 16 meses compartió con ellos y fue a las peligrosas zonas que dominan. ¿Resultado? El alabado documental La vida loca, una devastadora muestra de 90 minutos del horror en El Salvador.
Hace unas semanas, Póveda volvió a internarse en las fauces de las maras. Y no salió más. Terminó con cuatro balazos en su rostro, a pocos metros de su auto: fue una emboscada de los grupos en los cuales, se suponía, había logrado cierta “inmunidad” por los contactos establecidos… Al parecer, los pandilleros creyeron que Póveda entregó información de sus actividades a la policía.
Tiempo antes, el documentalista había expresado cierta esperanza en una entrevista a la BBC: “A un niño de 12, 13, 14 años, que se integra a la pandilla, lo puedes recuperar. A un loco con la cara toda tatuada que ha matado veinte, no”.
Hoy, los DVD piratas de La vida loca son un éxito de ventas entre los ambulantes de San Salvador.
Trailer del documental La vida Loca.

