El lado oscuro de Ted
Edward Kennedy: Biografía revela su otra cara.
Símbolo para los demócratas, el ‘león’ Kennedy fue también un hombre lleno de debilidades, bebedor y mujeriego, quien sepultó su carrera presidencial por no manejar los excesos. Investigadores descubrieron a sus amantes y repasan sus problemas con el trago.
Detrás de esa imagen santificada de Edward Moore Kennedy que invadió al mundo en las últimas dos semanas, está la historia de un personaje que supo mucho más de desaciertos que de éxitos. El prolífico legislador y único hombre sobreviviente de una dinastía de hermanos destinados a cambiar la historia de Estados Unidos, fue un tipo vividor y conflictivo. Su apellido transformó en escándalo todas sus malas decisiones, que no fueron pocas…
Guiados por esa personalidad controvertida, admirada y odiada, un grupo de periodistas del Boston Globe publicó hace algunos meses El último león, auge y caída de Ted Kennedy, una biografía que no sólo muestra al animal político. También al hombre y sus pasos en falso. ‘‘Sobrevivió a tragedias y errores que hubiesen quebrado a cualquier otro’’, asegura a CARAS Joe Kahn, uno de los autores. ‘‘Después de que sus hermanos fueron asesinados —continúa—, temía ser el próximo, y como mostraba una innata empatía, se convirtió en más que un simple político’’. Aunque parecía el menos preparado, terminó siendo el más político de los tres —John, Robert y Ted. Joseph, el mayor, murió a los 29 años—, con una larga lista de proyectos de ley presentados en sus 48 años en el Congreso.
El menor del clan fue ‘la mascota’ de sus hermanos. Le interesaba más el deporte que la política y era un estudiante mediocre. Fue expulsado de Harvard por copiar en un examen. El día en que sus padres decidieron que era hora de casarse y luego de que su hermana Jean le presentara a la mejor candidata, Ted contrajo matrimonio con Joan Bennett, una hermosa estudiante de buen colegio, con quien tuvo tres hijos.
En 1962 ganó un escaño en el Congreso. Comenzó entonces una dolorosa época para su familia, que debió llorar la muerte de John (1963) y de Robert (1968), ambos asesinados.
Como el único Kennedy vivo, todos esperaban que lanzara su candidatura para las presidenciales de 1972, pero una decisión que tomó sin pensar sepultaría su aspiración. Aceptó la invitación de su primo Joey Gargan para asistir a una fiesta en la pequeña isla de Chappaquiddick, donde se reunirían antiguos colaboradores. Una de las asistentes era Mary Jo Kopeche, de 28 años, quien había trabajado con su hermano Bob.
Bailaron y bebieron, hasta que a eso de las once Ted le pidió a su chofer las llaves del auto para irse al hotel. A todos les llamó la atención que decidiera manejar (nunca lo hacía), pero nadie cuestionó su decisión, como tampoco que lo acompañara Mary Jo. Su fama de mujeriego estaba bien ganada.
Lo que pasó después es confuso. Según el relato de Kennedy equivocaron el camino y terminaron sumergidos bajo el agua. ‘‘Recuerdo la sensación de quedar completamente sin aire, de respirar sólo agua y asumir que iba a ahogarme. Usé mi última energía para salir a la superficie’’, contó Ted. Pero la joven quedó atrapada. En vez de alertar a la policía, Kennedy corrió de vuelta a la fiesta a buscar a sus amigos. Cuando llegaron al lugar, los dejó ahí y les dijo: Ustedes háganse cargo de la chica, yo veré lo del accidente. Después de eso se fue al hotel, pasó allí el resto de la noche y sólo a las nueve de la mañana del día siguiente se presentó ante la policía. Aunque se declaró culpable de abandonar la escena del crimen, no recibió condena. Desde entonces, en el vocabulario político norteamericano, Chappaquiddick es sinónimo de impunidad y garantía para los ricos y famosos.
Ese día terminaron sus aspiraciones a la Casa Blanca. Fue reelecto en el Senado pero nadie lo creyó capaz de seguir la senda de sus hermanos. El último león… revela que, después de la frustrada campaña, su matrimonio se terminó definitivamente. Ella reconoció su alcoholismo y asumió que nunca se atrevió a enfrentar a su marido: ‘‘No iba con mi personalidad hacer escándalos… cuando alguien me preguntaba sobre los rumores de Ted y sus ‘novias’, era más fácil tomarme un trago’’.
La soltería trajo consigo su época de mayor desenfreno. Entre las mujeres con las que se le relacionó están la socialité Amanda Burden, la esquiadora Suzy Chaffee y la ex primera dama de Canadá Margaret Trudeau. Incluso, hay quienes aseguran que tuvo un romance con la viuda de su hermano, Jackie O.
Constantemente se rumoreaba que alguien lo había visto revolcándose en un restorán o en la parte trasera de un bote con alguna desconocida. El alcohol también lo persiguió. De hecho, debió negar públicamente que tuviera problemas con la bebida, aunque entre sus conocidos circulaba la tesis de que su afición por el trago era más bien cíclica y eso se notaba en sus bruscos cambios de peso y súbitos enrojecimientos faciales.
A principios de los ’90, estas actitudes empezaron a pasarle la cuenta y su popularidad bajó considerablemente. Muchos temieron que perdiera su escaño en el Congreso. Pero él decidió dar un giro radical, anunció su matrimonio con Vicky Reggie, una mujer divorciada de 38 años y con dos hijos. Entonces dio la cara y enfrentó públicamente sus grandes caídas: ‘‘Reconozco mis errores y las faltas de conducta en mi vida privada. Yo las cometí y me responsabilizo por ellas. Soy el único que debe confrontarlas’’. Ese era, según sus propias palabras, el verdadero Ted. No el dios que algunos quieren mostrar.

