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La nueva dimensión del caso Karadima

Escalofriantes declaraciones del denunciante José Andrés Murillo

Por: Lenka Carvallo

Fotos Camilo Melús

El poder disfrazado de santidad es el más peligroso’, dice este hombre que después de insistir por siete años en su denuncia, vio al cardenal Errázuriz pedir un juicio canónico al Vaticano y al fiscal Armendáriz afinar las últimas diligencias de su investigación. Aquí revela aspectos desconocidos del caso que sacude el corazón de la Iglesia: ‘Esto es una secta’.

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Si existe un nombre clave en el llamado Caso Karadima es el del filósofo de la Universidad Católica José Andrés Murillo (35).

Egresado del Verbo Divino, en 1993 y con 18 años, se incorporó a la parroquia Sagrado Corazón de El Bosque para ser sacerdote. Al poco tiempo, se convirtió en el secretario personal del jefe de la casa parroquial y en miembro del Movimiento de Acción Católica (que reunía a los seguidores del padre Karadima, formador de 50 sacerdotes y cinco obispos). Sin embargo, lo que ahí vivió al cabo de dos años, cambió todo… Tanto, que luego dedicó su carrera a especializarse en temas relacionados con abusos de poder.

En estos días viaja a Francia —donde reside hace cuatro años como alumno de posgrado de la Universidad de París— para defender su tesis doctoral sobre Filosofía y Ciencias Políticas. Se trata de un estudio histórico sobre cómo se manipulan países y personas en nombre de creencias e ideologías. En septiembre volverá a Chile para casarse (“no por la Iglesia”, aclara) y poner en marcha el mayor proyecto de su vida: la Fundación para la confianza, que busca ayudar a víctimas de abusos y prevenir a través de charlas de reconocidos profesionales en colegios y diversas instituciones. ‘‘Tengo una beca del gobierno que me permitió hacer este doctorado y quiero devolver a Chile lo aprendido”. En este proyecto también colaboran otros tres denunciantes del Caso Karadima, que se conocieron en estos últimos meses. Sin embargo, Murillo aclara: “No es una fundación en contra del sacerdote, aunque sabemos que llegarán casos”.

El filósofo fue uno de los primeros en denunciar a Karadima ante el Arzobispado, en el 2003, y perseveró hasta conseguir dos años después que se abriera una investigación. Sin embargo, ésta quedó paralizada. Recién a fines del año pasado tomó contacto con otros tres afectados: el médico James Hamilton, el periodista Juan Carlos Cruz y el abogado Fernando Battle, cuyas historias impactaron a la opinión pública hace poco más de dos meses a través de Informe Especial y The New York Times.

murillo200Los representa el experto penal Juan Pablo Hermosilla, quien reafirmó a CARAS las declaraciones de Murillo en esta entrevista y que abren una dimensión hasta ahora desconocida del caso. Estas aristas serían parte de la investigación del fiscal Xavier Armendáriz, con una veintena de testimonios, incluyendo varios sacerdotes.

El abogado Hermosilla da a conocer que el tema no se centra sólo en acusaciones de abuso sexual: “Karadima usó el poder de Dios para influir en la vida de muchos, con atropellos desde los años ’60, que continuaron en los ’80 y ’90, sin que la Iglesia jamás actuara, a pesar de las denuncias”.

“YO QUERÍA SER SACERDOTE, ADMIRABA AL PADRE HURTADO. Todo el mundo decía que Karadima había sido su discípulo. Por eso entré a la parroquia”, cuenta Murillo. Joven alegre, de familia bien constituida y con muchos amigos, su círculo se sorprendió al ver el cambio que sufrió en esos años…

“La primera vez que vi a Karadima me dio la impresión de una persona muy autoritaria, pero bien intencionada, con un aura de santidad. No había nada para desconfiar. Hasta que comencé a sentirme invadido… Eran pequeños roces… se estaba rompiendo el límite, pero no lo ves o no quieres verlo porque el contexto te lo impide: él era mi padre espiritual, mi guía vocacional. Sin embargo, en una confesión se abalanzó y me metió la mano… Fueron diez segundos en que se me ordenó el puzzle y nunca más volví. Sentí rechazo… Me preguntaba ¿por qué a mí?, ¿qué pasa si lo cuento y digo que el padre que todo el mundo cree un santo hizo eso? Yo tenía 18 ó 19 años, no era menor de edad, pero estaba en una situación de vulnerabilidad tremenda, buscaba mi vocación y mi fragilidad era inmensa frente a este personaje”.

Debieron pasar casi ocho años para que se atreviera a contarle a sus padres y escribirle al cardenal Francisco Javier Errázuriz (2003). “Ahí empecé a entender y a procesar lo que me había sucedido”.

“Rezaré por ti”, fue todo lo que le mandó a decir el cardenal en respuesta a su carta.

Se sentía solo y recién el 2009 supo que el gastroenterólogo James Hamilton también había llevado su caso al Arzobispado. En septiembre se juntaron por primera vez y hablaron hasta las seis de la mañana. “Fue en un restorán, me contó toda su historia, nos hicimos amigos y me citó como testigo, porque justo tramitaba la nulidad eclesiástica de su matrimonio y necesitaba confirmar que las uniones que celebraba Karadima no eran tan sanas”.

—¿Qué quiere decir con eso?
—Que establecía relaciones de sumisión muy fuertes, que sobrepasaban todos los límites. Era capaz de muchas cosas. No le importaba nada.

El abogado Juan Pablo Hermosilla profundiza estas palabras de Murillo: “Fuera del tratamiento estrictamente de abuso y de carácter sexual, se ha hecho muy visible la capacidad de Karadima para manipular y controlar la vida de las personas. En la investigación declara una cantidad enorme de testigos, incluyendo varios sacerdotes, y se reconoce que el párroco llegaba incluso al punto de armar parejas y, también, de deshacerlas”.

“EL PODER DEL PADRE KARADIMA ERA TOTAL. Carismático, sacerdote, confesor personal y, como si faltara, además guía espiritual —continúa Hermosilla—. Estamos hablando de personas con una vocación religiosa extraordinaria, sobre cuya fe interfiere, toma el control y a partir de ahí es capaz de empezar a dominar vidas y a decir con quien juntarse y con quien no’’.

karadima200Así lo habría vivido en carne propia Murillo: “Quería que uno se aislara del mundo. Uno de sus primeros argumentos era combatir a la familia por ser un enemigo de Dios. Tomaba la Biblia y citaba en voz alta el Evangelio: Yo vengo a poner a los padres contra los hijos y a los hijos contra los padres… La familia era el enemigo porque te quieren para ellos y no para Dios. Y todas las acciones para rescatarte eran vistas como atentados a la ley de Dios. Así me lo dijo él a mí, también a Juan Carlos, a James y a muchos otros. Yo me salvé porque tenía amigos, redes afuera, que conservé a pesar de que se me acusaba de tener amistades extraparroquiales. Era horrible. Te hacían sentir que estabas loco, tentado por el demonio y sólo te podías salvar estando con Karadima”.

—¿Alguna vez usted se rebeló?
—Lo intenté. Me mandó a hablar con Arteaga (hoy obispo), quien fue tremendamente inflexible. Dijo que mi problema era no ser muy inteligente: ‘No logras captar las dinámicas de todo esto, no entiendes, te recomiendo que dejes la filosofía y estudies otra cosa, quizá teatro o algo así’. Lo peor es que le creí porque él es un hombre muy inteligente, y me quedé.

Según Hermosilla, relatos como el de José Andrés Murillo, su representado, así como el de otros testimonios incluidos en la investigación, “hacen suponer que para que esto permaneciera en el tiempo requería de un sistema que impidiera que las denuncias se hicieran públicas. El contaba con un grupo que lo protegía, lo que se ha hecho especialmente visible en estos días. Y no estoy hablando de parroquianos, sino de gente que conforma su círculo cercano. En la investigación penal declara un sacerdote que señala que era imposible que sus colaboradores no supieran de esto. Ellos vieron muchas cosas y tal vez sean víctimas, controlados y abusados en su momento por Karadima. El sistema incluía desde confesores específicos y, cuando eso ya no funcionaba, personas que actuaban desde la autoridad, intimidándolos o anulándolos para que no hicieran las denuncias”.

“El creaba una realidad paralela. Representaba el Bien y todo lo demás era el Mal —argumenta Murillo—. De hecho, esa es mi tesis doctoral. Nos hacía sentir asustados, tremendamente culpables. Yo tenía miedo, mucha gente aún lo tiene”.

—Su abogado, Juan Pablo Hermosilla, ha dicho en otras entrevistas que la forma de ejercer el poder en este caso es similar a la de Paul Schaefer.
—Esto va más allá de todo lo imaginable, existe mucha distorsión, maldad.

Al respecto, Hermosilla reitera que son casos comparables, pero que éste le parece aún más grave: “Con los antecedentes surgidos y la gran cantidad de personas que han aparecido declarando, se puede ver una forma de ejercer el poder básicamente destinada a generar espacios de abuso y de impunidad… Obviamente hay similitudes, aunque creo que éste es peor porque se ha usado el poder de Dios, la salvación, la capacidad de absolución de los pecados, el concepto del bien y el mal desde el punto de vista religioso católico, para manipular y tomar el control sobre las personas. En este sentido, es más grave que lo de Schaefer”. El abogado indica que de acuerdo con los antecedentes, “Karadima llevaría operando por lo menos 50 años y existen pruebas de que las primeras denuncias ocurrieron a principios de los ’80”.

“No estamos hablando sólo de novicios ni de gente joven —sostiene Murillo—; también hay profesionales, mujeres, muchos que integran el movimiento de Acción Católica y sienten terror de salir de ahí, no los dejan… Te dicen que la salvación está en lo que ellos predican, en la verdad de Dios que se le revela a Karadima, no a ti. Y te convencen de que él es un santo, que su palabra es absoluta”.

—José Andrés, ¿usted cree que podría tratarse de una secta?
—Sí, es una secta. Se reúnen todos los miércoles y su discurso no tiene ningún contenido, sólo ritos, exaltar la Biblia y a Karadima. No existe reflexión, no se cuestionan ni se manifiesta la posibilidad de dudar.

Y agrega: “Si existe el mal, está aquí… Por eso hay tanta gente temerosa… Si algo aprendí en Francia es que quienes cometen abusos y ejercen el mal actúan con enorme inteligencia, y para combatirlo deben usarse todos los medios y, al menos, tener un posgrado. Es la razón por la que llevo años estudiando y quise crear la fundación, que nos juntemos profesionales de distintas áreas para enfrentar el abuso a todo nivel y en todos los ámbitos”.

—El cardenal Errázuriz ya pidió un juicio canónico al Vaticano y el fiscal Xavier Armendáriz está por concluir una indagación que acreditaría actos hasta al menos el 2005…
—(Interrumpe…) Existen muchas más cosas que está estudiando Armendáriz. No sé si alguna vez se sabrán… Durante mucho tiempo la Iglesia en Chile ‘fue’ Karadima… La influencia de este movimiento incluso es anterior al Opus Dei, a los Legionarios y los Schoenstatt en Chile…

—José Andrés, ¿qué esperan de este caso?
—Ninguno de nosotros quiere plata ni conformarnos con ver a este personaje en la cárcel. Aspiramos a la verdad, que la gente pueda protegerse, incluso los sacerdotes que el propio Karadima formó. Quizá muchos se han dado cuenta y puede que se hayan alejado, pero deben tomar conciencia de lo peligroso que es tener un poder así en sus manos, la responsabilidad que significa; si replican lo que viví, el daño para las próximas generaciones será incalculable. Por eso hay que luchar contra el abuso, no contra los curas. El poder disfrazado de santidad es el más peligroso de todos.

Testimonio de Juan Pablo Murillo a Informe Especial

Acá entrevista de Informe especial a Fernando Battle.
http://www.youtube.com/watch?v=FrfZzNwzxsk&feature=related

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