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Zalaquett: ‘Si nos quitan los colegios, no daré un peso… ¡a ver cómo se las arreglan!’

Rotundo rechazo de Pablo Zalaquett

Por: Paula Palacios

Fotos Diego Bernales

Emplaza al gobierno a que deje de culpar a los alcaldes de los problemas de la Educación, ¡nos tienen pa’ la patá y el combo! Está molesto. Y no contra Kramer por la imitación que motivó el gran ¡iiii! de los estudiantes en su contra, sino por los destrozos que las marchas dejan en su comuna, que ya van en los mil millones.

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Se convirtió en protagonista del último tiempo. Como alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett (48, cuatro hijos) ha tenido que sacar la voz para defender su comuna de los destrozos y saqueos en las más de 600 marchas que se han producido este año, y que ya suman casi mil millones sólo en propiedad pública. Para evitarlo, ha interpuesto querellas, dio ultimátum para desalojar colegios y hasta dijo que en caso extremo de agitamiento social era partidario de sacar las FF.AA. a la calle. Para muchos son reacciones desesperadas. El se defiende. “Estoy al medio del sándwich: por un lado los vecinos de Santiago me piden que los proteja, se sienten desamparados. Y cuando tomo medidas como intentar prohibir las huelgas por la Alameda, me tratan de antidemocrático, fascista, hijo de la represión… Debo buscar el equilibrio, todos quieren protestar aquí, pero después nadie se preocupa de los daños. Estoy en el centro de algo donde no tengo ningún poder real”.

Se siente impotente, frustrado. “La justicia en Chile está más a favor de los delincuentes. Sabemos que las convocatorias masivas siempre terminan en lo mismo… La de la CUT destrozó iglesias, casetas de seguridad, semáforos, paraderos; robaron restoranes, bancos, farmacias… La reforma judicial aprobada por la Concertación se fue al otro extremo: demasiado garantista, no caen los culpables”.

—¿En este caso el gobierno debió invocar la Ley de Seguridad del Estado?
—No correspondía, es el último recurso. Se debe aplicar en un clima similar al que hubo post terremoto; no llegamos a eso.

zalaquet-texto-—Por los recientes hechos de violencia y según como se den las cosas, algunos no ven tan descabellado sacar militares para el 11.
—Lo planteé y me arrepentí… Me preguntaron qué haría si este ambiente convulsionado y de ingobernabilidad alcanzara su peak ese día y Carabineros se viera superado. Dije que sólo en ese contexto recurriría a las Fuerzas Armadas, de otra manera sería una provocación. Pero se usó políticamente en mi contra. Me llamaron hijo de la dictadura, que portaba metralletas, ¡si tenía nueve años para el golpe! Aprendí que en este país es difícil hablar con la verdad, hay que ser cínico.

“Los que están detrás —gremios, presidente de la CUT; Colegio de Profesores, PC, Concertación— no pueden someter a Chile a dos días de protestas semanales. Quieren tumbar el Estado de Derecho y la paz social; aunque lo están logrando, se les irá en contra. La Concertación no tiene autoridad moral para subirse al carro, ¡son unos frescos! Han sido parte del problema y tienen la deuda social con los que protestan. La gente se da cuenta. Son tantas sus ansias de llegar al poder, que sólo los une desestabilizar, que le vaya mal al gobierno. Los presidentes de partidos han mostrado cero responsabilidad país. Deberían dar un paso al costado. Afuera nuestra imagen se debilita y eso, a la larga, significará menor inversión y empleo, ¡pero no les importa!

—¿Por qué no llegan a acuerdos con la DC?
—Ignacio Walker, a quien estimo —veraneé años con su familia en Cachagua—, tiene tal nivel de populismo que prefiere conservar la presidencia DC antes de actuar con convicción. Ellos podían negociar con Pablo Longueira, ¡si nosotros le salvamos el gobierno a Ricardo Lagos! Confiaba que podríamos hacer un proyecto de país con la DC, pero está dominada por los Cornejos, los Silber que piensan primero en las elecciones… Si un día dejo la política, será con los pantalones bien puestos.

—Según Carlos Peña, a la administración Piñera también le ha faltado convicción.
—Partió mal, no fue capaz de prever la profundidad del tema estudiantil, reaccionó tarde, yo se los advertí. En las primeras tomas, los directores de colegios me aconsejaron no desalojar porque no era una huelga cualquiera: por varios meses habían ido universitarios y políticos a conversar con los alumnos. Eso lo dije a La Moneda, su posición fue: no se dialoga en toma, ¡un error! El gobierno no instaló sus banderas, dejó que los otros pusieran las suyas. Aunque ha hecho cosas importantes —agenda pro crecimiento, creación de empleos, Sernac, bono bodas de oro, post natal de seis meses, rebaja del 7 por ciento de los jubilados—, fueron mal comunicadas. Y la sensación que deja es que está manejado por la agenda de otros. Ocurrió con el Acuerdo de Vida en Pareja (AVP) que se presentó sin los presidentes de RN y UDI, para quedar bien con otros. Primero debes ponerte de acuerdo con tu gente.

ZALAQUETT SABE QUE LAS MOVILIZACIONES LE PASARÁN LA CUENTA en su reelección. “No he podido estar mucho en terreno… Debo gastar parte importante del presupuesto —que podía invertir en obras sociales— para reponer daños de las marchas. Además, aparecer tan pegado al gobierno tratando de solucionar el conflicto estudiantil implica costos políticos… Siempre pensé que para resolverlo, había que partir con los colegios emblemáticos de Santiago”.

—Entonces Claudio Orrego o Carolina Tohá si pretenden competirle, la tendrán fácil.
—Será duro, pero ganaré ¡me tengo confianza! Al final la verdad se impone y, por muchas cortinas de humo, el santiaguino sabe que me la he jugado por ellos, trabajo 15 horas diarias. Reconozco que la cosa se polarizó: el que me tenía buena, me quiere más; y el que no, ¡me odia! Esos dos grupos influenciarán en los indecisos. Pretendo ser un buen alcalde de Santiago, no busco otros fines.

—Reconoció que quiere llegar a La Moneda.
—Lo que Dios diga, nunca lo voy a descartar.

Está en pie de guerra. Y no contra Kramer por esa imitación que motivó a los estudiantes a un gran ‘iiii’ por la educación pública —“fue creativo, prefiero eso a que me destrocen la Plaza de Armas”—. Su molestia apunta al gobierno, ya que “dejó a la municipalización como lo peor. ¡Basta con demonizar el tema! Hoy es más fácil echarnos a los alcaldes la culpa, ¡si estamos pa la patá y el combo! En los colegios municipales la subvención es insuficiente, con programas obligatorios y amarrados al estatuto docente que no deja cambiar directores, profesores… O sea, como autoridad, no manejo nada, soy un mero tramitador, ¡y me juzgan!”.

—Evelyn Matthei dijo que este sistema fracasó porque ustedes están más preocupados de la reelección.
—Se equivoca, habla de cosas que no sabe… He sido edil once años, presidí la comisión de Educación, no es bueno que los ministros opinen de otras materias. Hay municipios muy pobres que nunca podrán hacer las cosas bien, ahí se justifican las corporaciones para que administren. Otros lo hacen estupendo, y para hacerlo aún mejor necesitan que eliminen las trabas que mencioné. Pero lo más increíble es que los jóvenes buscan garantizar constitucionalmente la calidad de la enseñanza y en su discurso ¡no tocan a profesores ni a los directores! Ahí parte todo, eso nadie lo dice. Si no tienes a los mejores, dignificados, bien remunerados, capacitados, con buenas jubilaciones y con la posibilidad de cambiar a los que no cumplen, jamás lograrás subir el nivel. Jaime Gajardo representa lo contrario: se opuso a la evaluación docente, a cambiar el cinco por ciento de los mal calificados.

—¿Y por qué los estudiantes no reparan en ello?
—No, sí se dan cuenta, pero detrás hay un tema ideológico. Camila Vallejo muy líder será, pero jamás irá en contra de su sangre que es el PC y Colegio de Profesores. No sólo marcha por la educación, también por fines políticos. Ella, Giorgio Jackson y otros pusieron el tema en la agenda. Es el momento de soltar amarras, demostrar que tienen ideas, que no son marionetas… Mucha gente que adoraba a Camila, se está dando vuelta por su intransigencia.

—Dicen que la última propuesta gubernamental no resuelve el tema de fondo…
—Se corrigió el plan: aumentaron las becas, se bajó de 6 a 2 por ciento el interés del crédito con aval del Estado, aunque creo que debiera ser cero, y aumentaría los fondos para una enseñanza de calidad con estándares internacionales. Estos gestos nadie los reconoce.

—Pero no se enfoca en el tema docente…
—Insisto: al gobierno le han manejado la agenda. Si yo fuera ministro de Educación escucho las propuestas, contesto y agrego las mías. Hay que responderle al país, no sólo a los que marchan. Me centraría en calidad, accesibilidad y lucro. Y como Estado me daría un plazo para evaluar las corporaciones: si lo hacen mejor, desmunicipalizaría el resto de colegios o seguiría con un sistema mixto.

—¿Le ve salida al conflicto estudiantil?
—Ninguna a corto plazo. Partiendo por el gobierno que, si no afina la idea de desmunicipalizar, se enfrentará con los alcaldes. No le aguantaremos su discurso que lo hemos hecho pésimo. Y si negocia con los parlamentarios —a espaldas nuestras— o con Giorgio, Camila, Teillier, Girardi y nos quitan los colegios, no daré un peso de los 10 mil millones que entrega el municipio de Santiago, ¡a ver cómo se las arreglan! También hay que ser más claro con el tema de los particulares subvencionados y el lucro. Se habla de educación mixta, yo soy partidario de una con y sin lucro. Mi gran anuncio sería que, a partir del 2012, a los establecimientos con malos resultados no se les entregará subvención, y a los regulares darles un plazo para mejorar.

—El Presidente lejos de terminar con el lucro pretende regularlo.
—Se está haciendo cargo. La Concertación no fiscalizó e incentivó el lucro. Ellos mismos pasaban plata a colegios particulares subvencionados para que construyeran infraestructura. Hay que preguntarle a los que marchan —Girardi, Montes, Andrade— ¿por qué cuando estuvieron en La Moneda no hicieron nada y hoy rasgan vestiduras?

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