,

Actualidad

El expediente Mönckeberg

Por: CARAS

Por LENKA CARVALLO GIADROSIC Fotos DIEGO BERNALES

La reconocida investigadora, autora de ‘Karadima, el señor de los infiernos’, revela: “Siempre rondó la sensación de que éste habría chantajeado al arzobispo Errázuriz dada una hipotética condición homosexual”.

mom-destacado

En un largo sofá, tomando té, María Olivia Mönckeberg, Premio Nacional de Periodismo, directora del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile, se ve cansada. Apenas tiene tiempo. “El periodismo de investigación ya es parte de mí y, aunque a veces sean temas duros, me mantiene en una intensa actividad”, cuenta esta profesional, quien en sus inicios fue simpatizante DC, trabajó en Revista Ercilla para luego estar entre los fundadores de Hoy.

Su más reciente libro, Karadima el señor de los infiernos, se convirtió en fenómeno de ventas. En él relata la oscura pesadilla de los cuatro denunciantes del abuso más horroroso en la Iglesia chilena, cometidos por el fundador de la Pía Unión Sacerdotal y por décadas párroco de El Bosque.

Es la primera vez que uno de sus trabajos se encumbra tan alto. Con los anteriores (’El saqueo’, 2001; ‘El imperio del Opus Dei’, 2003; ‘La privatización de las universidades’, 2005; ‘El negocio de las universidades’, 2007; ‘Los magnates de la prensa’, 2009) consiguió reconocimiento de los expertos, pero no en las ventas. Hoy, sin embargo, sus investigaciones están en el ojo público. El negocio de las universidades es una guía para entender el alma del conflicto, en especial lo referente al lucro y las deudas de los estudiantes y sus familias con los bancos, como actores protagónicos.

HOY ANDARÍA TRAS EL CASO LA POLAR, dicen, pero ella no suelta prenda. “Vengo saliendo de un trabajo intensísimo, el Caso Karadima”, comenta sobre lo que partió a inicios del 2010, con un correo de James Hamilton, uno de los abusados. “Desde el principio quedé impactada. Esta era una secta, una verdadera red de poder”.

—¿Qué información maneja sobre los casos más recientes, de los que aún no nos enteramos?
— “Hay más víctimas. Este año surgió un testigo que dijo ver besos cuneteados hace poco. También hay testimonios sobre ‘toqueteos’ entre Karadima y otras personas el 2010, pero probarlo es difícil”.

—¿Cree que su círculo más cercano también debiera asumir responsabilidades frente a la Justicia?
— “Es un tema pendiente. Hay obispos dentro de la Pía Unión que han sido interrogados por la Fiscalía y por una ministra en visita; gente como Andrés Arteaga; el obispo de Talca, Horacio Valenzuela; el obispo castrense Juan Barros; el obispo de Linares, Tomislav Koljatic. Y sus seguidores más directos siguen libres: Juan Esteban Morales ahora está a cargo de otra parroquia. Y Diego Ossa ha sido acusado de abusos similares a los de su mentor…”.

“NI LA IGLESIA NI EL ARZOBISPO LE HAN DADO RESPUESTAS A LA SOCIEDAD. ¿Cómo es posible que Arteaga siga como Obispo Auxiliar de Santiago, la segunda autoridad de la Iglesia chilena? Presionado por los estudiantes, sólo dejó su rol como Gran Canciller en la Universidad Católica. Y hace poco lo hizo también Rodrigo Polanco, vicedecano de Teología, donde se forman los futuros sacerdotes. La Pía Unión Sacerdotal fue intervenida, pero siguen reuniéndose. Hasta se nombró a un sacerdote extranjero para que viera que se cumplan las penas impuestas por el Vaticano… Ezzati tiene que definir el destino de Karadima y dónde cumplirá su condena: se publicó que podría ser en el monasterio de los Benedictinos en San Carlos de Apoquindo o en los Trapenses de Rancagua… Sólo falta que lo dejen en un resort”.

—Karadima dice que el cardenal Errázuriz le confesó haber pagado 500 millones de pesos para impedir la publicación de un libro que lo relacionaba con un caso de pedofilia.
— “Me parece estúpido que alguien que ha pagado por silenciar un hecho así se lo hubiera contado a quien podría transformarse en su peor cuchillo. Como segundo punto, Karadima ha demostrado ser muy mentiroso; niega las acusaciones a pesar de que los hechos han sido comprobados por Armendáriz, el Vaticano y la propia ministra en visita. Ahora, desde que empecé a investigar, en las muchísimas entrevistas siempre rondó la sensación de que Karadima habría chantajeado al arzobispo Errázuriz dada una hipotética homosexualidad. Eso anduvo en paralelo a la investigación que hice el 2010. Y un año antes llegó a mis manos un libro del Caso Spiniak con un capítulo llamado ‘Los secretos del cardenal’. Ahí la autora describe algo no sólidamente confirmado de Errázuriz con un niño en Valparaíso. Ese libro existe, lo que descarta que le hayan pagado… Pero, insisto, son hechos que no me constan”.

—¿Ese habría sido el punto débil que le permitió a Karadima actuar durante tanto tiempo?
— “Siempre estuvo la percepción de que había algo, la sensación de si usted habla o se apura en investigar este caso, le va a costar caro… Se dice que Juan Barros, el obispo castrense formado por Karadima, habría ido a Roma el 2010, antes de que reventara el escándalo, con el fin de poner mal a Errázuriz ante el Vaticano. Cierto o no, queda la pregunta: ¿Por qué fue tan lento el proceso?”.

Acostumbrada a provocar, su libro sobre las universidades no cayó bien en el gobierno. “Camila Vallejo se lo dio a Joaquín Lavín cuando era ministro de Educación, pero él lo dio vuelta y lo dejó sobre la mesa… un asesor lo sacó rápidamente”, ríe.

Y cómo no iba a resultar incómodo si ahí describe la participación de empresarios y personajes (entre ellos, Lavín) en un negocio prohibido que sigue en el ojo del conflicto. “La educación se transformó en mercancía, con un modelo de sociedad donde todo se transa. Los estudiantes están hasta el cuello con las deudas y no creo que se vayan a quedar muy tranquilos. El gobierno debe entender que esto no se soluciona con medidas de parche. Y el tema del lucro no se dilucida; anunció una mayor fiscalización, pero luego dijo que no estaban por el lucro sino por el emprendimiento privado… ¡que es casi lo mismo!”. Y agrega: “Piñera está complicado. Si no escucha en serio a los estudiantes podría dañar gravemente la democracia. Pero si ve la solución del conflicto como una oportunidad, se enfrentará a los mismos que votaron por él, lo que le significará distancias, peleas. Pero tiene que hacer algo, no puede seguir bajando en las encuestas”.

“FINALMENTE, EL SISTEMA ECONÓMICO HA REVENTADO, lo que también se vincula con la salud, las AFP, con el acceso al crédito. Los estudiantes reflejan un ¡basta! al modelo de los Chicago boys implementado por Pinochet y que continuó reinando en la Concertación”.

—Una de las mayores críticas es que los anteriores gobiernos no hicieron nada por cambiarlo.
—Después de la caída del Muro de Berlín se creía que todas las sociedades debían hacerse parte de este sacrosanto libre mercado. Ese cuento se lo compró mucha gente, también en la Concertación.

—Reconocidas figuras participan del negocio académico. ¿Eso impidió cambiar el modelo durante gobiernos concertacionistas?
—A las universidades privadas entraron muchas personas de la Concertación y el tema del lucro fue pareciendo legítimo.
Así, cuenta, ingresaron figuras como Angel Maulén, dueño del Instituto Pedro de Valdivia y la U. Mariano Egaña; Gutenberg Martínez a la Miguel de Cervantes, mientras que varios de izquierda se mantienen relacionados con las universidades Arcis, Bolivariana y Academia de Humanismo Cristiano. Aunque el caso más relevante es el proceso de venta de la Universidad Central en manos de Vicente Caruz (militante DC) a la Sociedad Norte Sur —ex dueños de la Universidad de Viña del Mar—, uno de los detonantes del conflicto estudiantil.
Claro que según esta investigadora, los casos más emblemáticos están en la Alianza. “La Adolfo Ibáñez pertenece a la fundación del mismo nombre. La Universidad de los Andes, de la prelatura del Opus Dei (y que recibe más donaciones de importantísimos grupos económicos); la Finis Terrae, de los Legionarios de Cristo”… Párrafo aparte hace la investigadora con la U. del Desarrollo, con Joaquín Lavín como fundador y hasta hace poco uno de los propietarios: “Aunque ya no es ministro de Educación, sigue sin esclarecer su situación. Lo mismo Cristián Larroulet: dice que tiene un fideicomiso ciego, ¿qué tan ciego puede ser si él sabe que tiene intereses?”.

Envíe su opinión sobre este artículo a actualidadcaras@televisa.cl

Comparte esta noticia