‘La Concertación es un enfermo con muerte cerebral’
Jorge Arrate, duro con sus ex aliados
Fotos Diego Bernales
El ex candidato presidencial de la izquierda sugiere ‘desconectar’ a la oposición. “Sería más digno que seguir arrastrando al moribundo”, afirma el político y escritor que dejó su casona en Ñuñoa para irse a un lugar más chico, en la misma comuna. ‘‘Cada vez estoy más cerca de La Moneda’’, lanza con humor.
En un café de Providencia, expresa su antojo: ¿Tienen torta milhojas? El mozo se excusa, le dice que no queda y le da varias opciones de pastel. No hay caso: Arrate sólo quiere milhojas y se queda con su té con leche.
Jorge Félix Arrate Mac Niven habla con pausa y convicción. A los 70 años, el institutano que estudió Derecho en la Universidad de Chile, se graduó en economía (Harvard), fue presidente ejecutivo de Codelco, ministro en varias ocasiones, embajador, candidato a senador y alternativa presidencial el 2009, se mueve con astucia, conocimiento y experiencia entre la escritura y la política.
El ex socialista que se aburrió de la Concertación no se ha retirado del mundo partidario, pero ya no está en el día a día ni en la cosa operativa; hoy se enfoca a la preparación de nuevos liderazgos en la izquierda. Junto a esa labor formativa, Arrate —que pronto parte a Nueva York para acompañar algún tiempo a su mujer, Diamela Eltit, que imparte cursos allá— lee y escribe.
—HA ESCRITO DE TODO: columnas, ensayos, cuentos, novelas, panfletos, documentos académicos… ¿Con qué se siente más cómodo?
—Con la narrativa-ficción. Ahí encuentro un espacio de libertad total. En cambio, los documentos políticos son resultado de un compromiso y suelen ser tiesos. Además, en ellos todo es como grave, decisivo, histórico o clave. De hecho, el peor enemigo que tengo en mis trabajos de ficción es la escritura política. He debido luchar contra ella y aún no logro sacármela de encima. Lo bueno es que apenas soy un aficionado.
—Dice que Diamela es escritora y usted, un “escribidor”. ¿Cuál es la diferencia?
—Lo que pasa es que un escritor pleno tiene que ser un literato. Además, debe tener la escritura como oficio principal, como razón de su vida. Diamela ha hecho eso. Yo, apenas “escribidor”, con 70 años, la verdad no creo que llegue a convertirme en algo más.
—¿Le muestra sus textos antes de publicarlos?
—Lo que pasa es que Diamela no es una buena editora de mis textos.
—¿Por qué?
—No le gusta. Somos muy dependientes, pero muy independientes, al mismo tiempo. Y una de las áreas en donde existe independencia es en la escritura.
—Su vida ha sido una mezcla de política y letras. Pero da la sensación de que dejó la primera para dedicarse a la literatura…
—No es así. De hecho, seguiré hasta morir con las botas puestas. Para bien o mal, la política ha sido ‘la’ vocación de mi vida. Eso sí, puse ciertos límites: ya no estoy en la cosa de todos los días, sino en la formación de gente joven. Sé que mis ideas, hasta ahora, han sido minoritarias, pero estoy convencido de que cada vez tienen mayor acogida.
“UN NUEVO SENTIDO COMÚN. Eso es lo que vemos en la gente hoy. Existe un hastío relacionado con muchas cosas pero, muy especialmente, con un modelo político que no otorga espacios de participación efectiva. La gente se cansó de esa elite que se turna en el gobierno, oposición, Congreso y ministerios”, dice respecto de las razones de la agitación social que enfrenta Chile. Y profundiza: “También hay una molestia muy profunda con la idea del mercado como eje rector de la sociedad. La gente se agotó con el endeudamiento hasta la coronilla, de los intereses usureros, del Transantiago, de la desprotección laboral… Existe una sumatoria de cosas que no calzan con nuestra semidemocracia”.
—¿Tiene salida el gobierno frente a esta efervescencia social?
—Sí, pero no quiere tomarla. Todas las encuestas le muestran qué es lo que está pensando la opinión pública. Pero, ¿por qué Piñera, que es un liberal, no puede decir que hará una nueva Constitución? ¿Por qué no declara que las ventas del cobre destinadas a armamento las usará en educación? Puede, pero le falta decisión. El gobierno tiene falta de confianza en sí mismo y es incapaz de interpretar a la ciudadanía. Eso está llevando al país a una situación inédita. Se trata de gente que ha asumido toda su vida riesgos empresariales, pero no políticos. ¡Háganlo! ¡Convoquen a una nueva Constitución! No teman al debate…
—El Presidente dijo que “muchos políticos han caído en la tentación del populismo y la irresponsabilidad”.
—No sé a qué le llaman populismo. ¿A la educación pública gratuita? Las dos mejores universidades de América Latina, según los rankings más prestigiosos, son públicas y gratuitas. ¿Por qué en Chile no se puede y sí en Francia?
—¿No le parece que la responsabilidad de la Concertación pasa ‘colada’ en esta crisis?
—Para nada. La opinión pública la castiga en todas las encuestas. De hecho, tiene menos aprobación que el gobierno. Sí creo que la autocrítica hay que hacerla con oportunidad. Me alegro que apoyaran el paro, pero tendrían que haberlo hecho cuando era difícil. Yo me salí de la Concertación en momentos en que eso era irse al desierto. Me fui a la nada, a la marginalidad. La Concertación debe reconocer que ha terminado. En realidad, lo único que la mantiene activa es la posibilidad de regresar al poder… Es un enfermo con muerte cerebral y conectado a un respirador artificial. En cambio, podría hacer algo muy bonito: llamar a una gran fiesta popular en el Parque O’Higgins para celebrar lo que fueron sus más de 20 años. Abrazarse, bailar cueca, comer choripanes y decir: Esto terminó. Vamos a pensar y nos volveremos a juntar en un tiempo más. Sería más digno que seguir arrastrando al moribundo.
—¿Qué le da más pena: la oposición o el gobierno?
—(Ríe antes de contestar). Los dos. Pero algo menos el gobierno ya que, mal que mal, fui parte de la Concertación.
—¿Cómo le iría hoy a la izquierda en una elección presidencial?
—Tendríamos una votación mucho más alta que el 6.2 por ciento del 2009. Lo interesante es que viene una generación de votantes mucho más cercana a nuestras ideas.
—¿Y con qué liderazgos de izquierda cree que se pueden identificar esos nuevos actores? No me diga que con Jorge Gajardo o Arturo Martínez…
—Hay otros que son muy potentes, como los de Camila Vallejo o Giorgio Jackson. Me impresiona la capacidad que exhiben. El problema es que existe un vacío entre mi generación y estos jóvenes. Los que hicimos la transición nos mantuvimos por mucho tiempo, “taponeando” la aparición de otros. Como sea, para mí es impensable una izquierda con liderazgos basados sólo en la lógica de partidos políticos. Debemos ser una izquierda política y social. También cultural. Sólo así habrá una fuerza poderosa, respetada.
—¿Por qué Marco Enríquez-Ominami no logra posicionarse como líder potente ante el descontento frente a la derecha y a la Concertación?
—Porque el movimiento actual es mucho más preciso, sistemático y con más contenido que el de su candidatura.
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