La mafia pidió su cabeza en bandeja de plata
EXCLUSIVO Roberto Saviano
Desde que publicó Gomorra (2006), el exitoso libro que expuso la brutalidad de la mafia napolitana, este periodista firmó su sentencia de muerte. Hoy vive en la clandestinidad, pero sigue investigando el crimen organizado y prepara una bomba sobre las redes ocultas de la prostitución.

El 19 de marzo de 1994 era la Fiesta de San Giuseppe, y el sacerdote Giuseppe Diana preparaba una misa de celebración. Afuera, una docena de mujeres rezaba el rosario. Mientras el religioso se vestía en la sacristía, dos matones locales le apuntaron en la frente sin darle chance de pestañear. Cuatro balas y cinco segundos después el cura estaba muerto en el piso.
Fue una venganza de la Camorra, la mafia napolitana, en castigo por usar el púlpito para denunciar los crímenes que tenían lugar en Casale di Principe, una localidad de la Campania, al noroeste de Nápoles. En sus prédicas, Diana había comparado reiteradamente a Casale con Sodoma y Gomorra, haciendo juego de palabras entre Gomorra y Camorra. Una alusión que inspiró, doce años después, el título del best-seller (Gomorra) de uno de los feligreses del sacerdote: Roberto Saviano (33).
El escritor tenía sólo 14 años cuando el párroco fue asesinado, y admite que ese “acto vil contra la libertad de expresión” encendió una ‘mecha’ en su interior. “Ver cadáveres por ahí era algo normal en mi juventud”. De hecho, su padre, un médico de pueblo, vivió en carne propia las represalias de la mafia. Cuando curó por error la herida de una víctima de la Camorra. Por su buen acto, lo golpearon hasta lo indecible y no fue capaz de salir de su casa durante tres meses.
“Esta es gente detestable… Un odio furioso fue creciendo dentro de mí, y hablar contra ellos se convirtió en mi misión”.
Fijar una fecha y un lugar para entrevistarlo no es fácil. La gente de Saviano decide, finalmente, que la reunión se haga en las oficinas de su editorial en Roma. Después de una moderada revisión en la puerta, se accede a la oficina del editor, donde tendrá lugar la conversación.
Luego de 20 minutos sin una señal del periodista, temo que el encuentro sea pospuesto. O, lo que es peor, quizás ha sufrido un ‘accidente inesperado’. Pero llega ileso, flanqueado por dos guardaespaldas (son cinco en total), cada uno con una ametralladora y la cabeza rapada.
“Okey, chicos”, les dice, para que lo dejen solo. Luego se excusa por llegar tarde. Menciona algo sobre unas visas y una embajada (que no nombra).
—¿Planea irse de vacaciones?
—No, estoy tratando de mudarme al extranjero. No soporto más esta vida, un exilio en mi propio país. Quiero volver a la normalidad, y para eso tengo que irme de Italia para siempre.
Es una táctica abierta. Saviano, un tipo calvo, macizo, de 1.65 m, ha hecho la misma promesa varias veces y nunca ha partido. “Realmente lo digo en serio, esta vez. Extraño la libertad de caminar por un parque y de beber vino con amigos. ¿Por qué tengo que vivir como un prisionero?”.
—¿No sería esa una forma de derrota?
—No me importa si es así. He llegado a aborrecer Gomorra. Abandonar Italia me permitiría dejar atrás el maldito libro.
Una novela que comenzó a trabajar el 2001. Primero consultó registros de la policía y archivos judiciales. Luego, su intrepidez lo llevó a buscar empleos con los pandilleros: en los muelles, edificios en obra e incluso, en fiestas de matrimonio de la Camorra haciéndose pasar por fotógrafo.
En 2006 su investigación fue publicada bajo el título de Gomorra, de la cual se vendieron dos millones y medio de copias sólo en Italia, fue traducida a 33 idiomas, llevada al cine en 2008 y premiada con el Grand Prix en el Festival de Cannes.
Gomorra es una obra de no ficción, que usa un mosaico de historias para demostrar hasta dónde se extiende el poder de la Camorra, no sólo en Nápoles y los alrededores de Campania, sino que a través de toda Italia y más allá…
A diferencia de la mafia siciliana (su equivalente tradicional), la napolitana es una entidad moderna y global, no basada en lazos familiares sino en intereses comerciales. Tampoco tiene ese halo de romanticismo tan contradictorio que vemos en las películas: ni códigos de honor, ni ‘padrino’, ni ideología. Sólo un afán implacable de hacer dinero.
Su gran avance se dio a través del tráfico de cocaína en los ’80. Las ganancias tiñeron rubros como la construcción, la recolección de basura, la moda, la industria alimenticia y naviera, entre otros. Todo para dar a sus operaciones un barniz ‘respetable’.
En su libro, Saviano reveló a los italianos cuán afectadas por la mafia se ven sus vidas: desde las camisetas que usan hasta la pasta que comen. En Campania, está tan inserta en el entramado social, político y financiero, que también se conoce como Il sistema. “Ser un mafioso hoy es como ser arquitecto o ingeniero. No se sabe dónde termina la actividad legal y dónde comienza la ilegal”.
Más allá de los ‘negocios’, en los últimos 30 años la Camorra ha asesinado a cuatro mil personas.
A los jefes de la Camorra no les gustó el impacto del debut literario de Saviano. Y pidieron su cabeza en bandeja de plata. Desde entonces, él vive escondiéndose, rodeado de protección policial, que le proporciona el Ministerio del Interior, yendo de un pueblo a otro, preocupado de que los rumores de su paradero no lleguen a oídos de los ‘capos’.
—¿Imaginó que tendría tanto éxito?
—Nunca. Gomorra fue escrito con la imprudencia de la juventud (entonces tenía 26). No imaginaba cuánta gente lo leería, o las consecuencias que traería.
—¿Cómo convive con el miedo constante?
—Que me maten nunca me ha dado temor. La muerte es algo con lo que me siento cómodo. Crecí con ella.
“Hoy mi hogar es un bolso de viaje con poca ropa, un cepillo de dientes y un cargador de celular”. Duerme en hoteles, departamentos estatales arrendados y cuarteles de policía. Nunca se queda más de un mes en el mismo lugar.
La novela no sólo fue una sentencia de muerte para su autor, también se convirtió en una maldición. Su libro más reciente, La belleza y el infierno (2010), una colección de 25 ensayos, que muestran una reflexión de su nueva vida como escritor fugitivo, no fue recibido por la crítica con el mismo entusiasmo que Gomorra.
Saviano no comulga con la estrategia con que Berlusconi combate a la mafia, si bien éste dedicó dos años a una ofensiva pública al crimen organizado, arrestando a 29 de los 30 jefes más buscados y confiscando sus ganancias millonarias. “Las redadas son presentadas como la panacea, pero no son decisivas para terminar con esto”, señala.
Además, según el escritor, existen vínculos entre la Ndrangheta (una de las tres mafias del país, junto con la Camorra y la Cosa Nostra), y la Northern League, partido aliado del Primer Ministro.
Berlusconi tampoco le tiene simpatía. Lo ha acusado de exagerar la fuerza de la mafia y ha expresado su deseo de “estrangular” a todos los escritores que le dan publicidad “desmedida”.
Medio en serio y medio en broma, el autor de Gomorra (quien prepara material para un nuevo libro sobre la prostitución de rumanas y rusas en su país, y las conexiones de la mafia italiana con los Balcanes), dice que Il Cavaliere le tiene miedo… “Teme que inicie una carrera política y lo desbanque… Pero soy un escritor, no un político”.
¿Y qué hay del futuro? Saviano no tiene ni novia, pero admite que le gustaría formar una familia. Y reitera que para lograrlo tiene que dejar Italia.
Con sus tentáculos extendidos alrededor del mundo, es fácil imaginarse que la Camorra pueda encontrar a Saviano dondequiera que se mude. Sin sonar simplista, uno puede preguntarse cuánto quiere matarlo la mafia…
—¿Querrían realmente dirigir la atención hacia ellos asesinando a un escritor superventas?
—No creo —responde Saviano, sobándose la cabeza, un gesto que repite como si antes de hablar calentara las ideas—. Si me mataran mañana, saldría en todos los periódicos del mundo. Quieren que mi fama se desvanezca, y entonces harán algo que definitivamente funcione. La Camorra es gente repugnante. Ellos nunca olvidan.
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