‘La democracia se está yendo al carajo’
Marco Enríquez-Ominami
Por FRANCO FASOLA Fotos RODRIGO LÓPEZ PORCILE
Acusa una gran crisis de representatividad y un desprestigio de la política, que impulsa movilizaciones ciudadanas, al margen de los partidos. Pese a eso, el ex candidato presidencial acaba de inscribir el PRO en Santiago, se prepara para las municipales y recorre Chile buscando adhesiones. “Si fuera por las encuestas, estaríamos borrados”.

Llega atrasado al bar The Clinic, donde nos reunimos, se ríe de las citas escritas en las paredes, pero se resiste a posar junto a las fotos de todos los ex candidatos presidenciales derrotados de 1990 en adelante. Ha bajado unos 15 kilos desde que terminó su campaña en 2009, cuando llegó a pesar más de 100…
Saca una pequeña libreta negra a punto de reventar de tantos papeles amarillos. Su letra es escalofriantemente pequeña. “Para que entren todas las ideas”, dice Marco Enríquez-Ominami (38 años, casado, 2 hijos). Tuitea, hace morisquetas, pero habla menos atropellado que antes.
Entre sus recuerdos aparecen las palabras “jóvenes” y “brutal”. “El 2009 marcábamos cero. Entonces nos decían: “No existen, valen callampa, hacen el ridículo”. Me acuerdo que una periodista empezó una pregunta así: Usted es hijo único, su madre no vota por usted, su padre tampoco y usted marca cero”, cuenta con una especie de resilencia. Sin embargo, en esa vuelta, obtuvo 1.405.124 votos (20.14 por ciento) y se convirtió en paria para muchos en la Concertación, por entregar el poder a la derecha. A él, no parece importarle.
Ha vuelto con la inscripción del Partido Progresista (PRO) en la Región Metropolitana y está listo para competir en las próximas municipales.
—Sus temas de campaña —más Estado, medio ambiente, minorías y educación pública— son los que tienen complicado al gobierno ahora. Al parecer, a quien estuviera en La Moneda le habrían esperado los movimientos, paros, reclamos…
—No a cualquiera. Nosotros siempre pusimos las reformas políticas en el primer punto de la tabla y esas transformaciones tienen que ver con una concepción de la sociedad distinta de la que tienen los conservadores del duopolio Concertación-Alianza.
—De todas maneras, existe un clima de masivo descontento ciudadano…
—La democracia electiva es un eslogan que fracasó y no es buena noticia. La idea que necesitamos que nos representen está entrando en una crisis brutal en todos los ámbitos, con las elites, con los medios de información… de ahí la relevancia de las redes sociales. Y el fenómeno les explotó a todas las autarquías del mundo árabe, a Zapatero, a Sarkozy. Independientemente del color político, hoy una gran mayoría cotidiana que se impone a la mayoría electoral para efectos del debate público.
—¿Cómo ha reaccionado el Presidente?
—Debo reconocer que ha sido coherente, que él creía que había dos datos importantes para dirigir el país: el crecimiento económico y la eficiencia. Esa era su gran promesa que, después, la fue enredando con la nueva forma de gobernar, con el no a la corrupción. Si la mirada que tienes sobre el poder la basas sólo en la eficiencia, eso se llama ‘gobierno de los gerentes’. Lo vimos en Bolivia con Sánchez de Losada, Fox en México, Collor de Mello en Brasil y acá con Piñera. Conducir es mucho más que eso.
“HAY UNA PROMESA, CON LA QUE CREO QUE GANÓ, UN MITO QUE SE CONSTRUYÓ MUY BIEN en la campaña presidencial: que se requería un cambio, que estaban dispuestos a hacer el mejor gobierno de la historia. Viendo ministros que renuncian por conflictos de interés, tengo el legítimo derecho de plantear que faltaron a la verdad… Veo a otros veraneando en Miami, en el Caribe y al Presidente tomándose días adicionales en Italia, en medio de las crisis que vive Chile… Me llama la atención. No lo hago en términos demagógicos, de decir qué malo que tomen vacaciones. Yo no fui el que prometió el 24/7, no fui el que dijo que en 20 minutos iba a hacer más que en 20 años. Creo que ahí hay arrogancia.
—Hay senadores elegidos a dedo. ¿Qué le pasa a la democracia participativa?
—Se está yendo al carajo. Una mala noticia.
—¿Cuál es su rol en ese cuadro? Se da la dicotomía de que la gente ya no cree en las instituciones políticas y usted funda un partido. ¿Cuál es el juego? ¿Quiere ser Superman?
—A ver, ¿cómo le llamamos a un grupo de amigos, hombres y mujeres que piensan lo mismo, se articulan, construyen un horizonte programático de Arica a Punta Arenas?, ¿cómo se llama eso? Partido político. Simple. Es una fantasía creer que estamos condenados a la Alianza y la Concertación. Tenemos un sistema político que debemos cambiar de modo radical. Hay que distribuir poder político. Somos una minoría los que creemos que esa reforma es más urgente que la económica.
—¿Preferiría hacer este cambio antes que una redistribución del tema impositivo?
—Para implementar una reforma tributaria moderna, más justa, se requiere un sistema político mejor. En Lonquimay (fui allá) llevaban 15 días pidiendo ser considerados zona de catástrofe para recibir recursos. ¿Por qué no lo hicieron antes? ¿Por qué debieron esperar que el Presidente metiera un dedo en la nieve y dijera: ‘Hay nieve efectivamente, va la zona de catástrofe’.
—La reforma tributaria es el debate que se instala. Lo planteó Felipe Lamarca, Longueira… ¿Qué le parece?
—¡Fabuloso! Qué buena noticia que hayan girado porque el 2009, cuando propusimos eso, se nos acusó de populistas. No me quiero parar desde la crítica implacable pero cuesta creerles, cuesta confiar. Por un lado dicen ‘estamos abiertos al debate’ y por otro restringen la posibilidad de que la gente participe, designando reemplazantes en las cúpulas partidistas. No calza.
—¿Qué y quién es la oposición hoy?
—Una mayoría hipersegmentada. Hoy los estudiantes, ayer HidroAysén, antes el cobre, pasado mañana la salud pública. Se están segmentando las audiencias, incluso los electores, a niveles nunca antes vistos y por tanto hay que estar preparados para un gran inconformismo.
—Hace unos días dijo a La Segunda: “Mi ruptura con la Concertación es irreversible, hay violencia intrafamiliar en esta familia”.
—Esa coalición no forma parte de mi horizonte, sino del pasado. Hablar de ellos no es mi leit motiv. Me lo salto si se puede y me lo permiten, no tengo mucho que contar. Ya todo está dicho y creo que el grueso de Chile también ya se expresó. Hay que hablar del futuro.
—Las municipales están en el futuro inmediato. ¿Hay posibilidad de llegar a acuerdo o definitivamente no le interesa?
—Queremos construir con todas las fuerzas, sean partidos o no, y hemos dado tres consideraciones: uno, el pacto democrático del ’88 ya no es suficiente para los 12 millones de electores potenciales. Se requiere un acuerdo programático. En eso nos ha ido bien con algunas fuerzas y muy mal con los sospechosos de siempre. La segunda consideración: que existan primarias abiertas y vinculantes. Tercera: el respeto, que parece un tema menor, pero a nosotros nos resulta sustantivo. Está tan malo el ambiente de la política hacia la ciudadanía, de la ciudadanía hacia la política, de los políticos entre ellos, que nos parecería imposible construir una alianza con alguien que dice el día lunes que somos lo peor y el martes, que en realidad por razones electoralistas, vamos a ir juntos. No es presentable.
—Evelyn Matthei planteó que había que tener cuidado con la oposición, porque podía aparecer un nuevo Chávez.
—No puedo dejar de reconocer que fue una senadora bien rigurosa en materia económica, pero me llama la atención ese juicio porque, en general, dice cosas mejores. Una pregunta que les haría a ellos, que son gobierno: ¿el bono bodas de oro les parece clientelismo, asistencialismo, populismo o qué? Eso es una mirada sobre la familia increíble. O sea que el tipo separado, el padrastro, la madrastra, el soltero, la pareja que pololea, no merecen el incentivo del Estado. Si eso no es populismo…
—¿Cómo se resuelve la crisis educacional? Están al filo de perder el año.
—El gobierno no tiene la convicción, el plan ni la aspiración de que Chile recupere una educación pública de calidad, preescolar, secundaria y universitaria. Lo dijo el Presidente: es un bien de consumo.
—¿Qué le parece el tema del Sernac financiero?
—Suma, pero es insuficiente. No le da potestad fiscalizadora. No estoy en contra de las reformas menores… qué bueno que haya un Sernac financiero…
—Longueira dice que éste es el quinto gobierno de la derecha.
—Es el quinto gobierno de la Concertación porque es menos de lo mismo: la continuidad con menos bonos, con más enredos, más confusiones, no es el cambio que muchos querían, está muy lejos.
—¿Este es su regreso?
—No. Sigo creyendo que estamos en un proceso de acumulación de fuerzas, que nuestro deber ha sido salir más ahora porque creemos que se requiere una voz distinta al duopolio. Somos de los pocos políticos que hemos marchado, sin guardaespaldas, sin prensa, por HidroAysén, con los estudiantes.
—¿Y eso no es campaña?
—No, es construcción de un movimiento. Ahora, en términos periodísticos, entiendo perfectamente, retrátalo como quieras, no te vas a equivocar. Si tiene estructura de campaña, no hay ninguna duda por supuesto. Construir un movimiento significa promover un discurso, complejizar, escuchar.
—¿Qué le parece el fenómeno Golborne?
—No sé mucho lo que piensa en educación pública, reforma tributaria, derechos civiles. Está a favor de HidroAysén, yo estoy en contra. Tiene una visión bien antagónica, por lo menos lo que le he escuchado, en materia del medio ambiente.
—Cuando se acuesta, después de las marchas y las reuniones, después de inscribir su partido… ¿piensa que va a ser presidente de Chile?
—Eso lo decidirán los chilenos.
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