Todas las cruces de Juan Carlos Cruz (parte 2)
Asegura que varios de los defensores de Karadima fueron víctimas.
“TODO PARTIÓ A PRINCIPIOS DEL 2009. Hamilton llevaba años en esta cruzada, tocando puertas que se le cerraban en la cara. En esa fecha, un cura muy querido mío, que sabía los problemas que tuve en El Bosque, lo contactó conmigo. El día en que Jimmy me contó el horror que había vivido, me desbordó una sensación entre angustia y liberación, y me vi diciendo por primera vez: a mí también. Me contó de Murillo y más tarde contactamos a Batlle. Sé que suena terrible, pero me sentí menos solo. Y dije a la cresta todo, démosle para delante”.
—O sea que, no sólo lo contaste por primera vez, sino que de golpe decidiste gritárselo al mundo, porque junto a Hamilton dieron una entrevista al New York Times.
—Probablemente llevaba demasiado tiempo esperando sacarme este dolor.
—¿Pusiste sobre aviso a tu familia?
—Sí, pero creo que debería haberles dado más tiempo…
—¿Ellos sabían ya de tu homosexualidad?
—Sí, estaba totalmente superado, pero esto fue un golpe. Yo creo que a mis hermanos les costó mucho, por los niños. Pero nunca pensamos que lo iban a filtrar tan rápido, el New York Times me hizo la entrevista y quedó la escoba. Salieron Juan Pablo Bulnes y El Bosque en masa a atacarnos. La defensa de la comunidad —la Pilar Capdevila, el Cote (Manuel José) Ossandón, su hermana y tantos otros— se fundamentó, en gran parte, en destruirnos.
—Hay distintas maneras de reaccionar frente a una situación de abuso. La de ustedes, sacar la voz; callar, como habrán hecho muchos, pero también la más enferma, que es defender al ‘santito’ que se aprovechó de ti. Hacer como si nada hubiese pasado, porque con ello crees sepultar una verdad que te resulta incómoda. Quienes defienden así a Karadima, ¿serán parte de la lista de abusados?
—Sé positivamente, porque lo vi, que algunos de su círculo íntimo que hoy lo defienden y me atacan, fueron abusados al igual que yo. Pero no me corresponde contar su verdad, más allá del daño que me han hecho. Cada quien es depositario de su dolor y soberano de la manera en que lo procesa…
—Diego Ossa fue acusado de tocaciones de carácter sexual por Oscar Osbén, un funcionario de la parroquia que habría recibido dinero para guardar silencio, platas de El Bosque.
—Me da mucha pena él, pero me trató de mentiroso, habló pestes en los diarios. Es gente que está enceguecida… Gonzalo Tocornal hizo lo mismo.
—Qué te mueve realmente, ¿la verdad, tu verdad, un bien mayor social? ¿Cuánto pesa cada uno de estos elementos?
—Es una mezcla. Yo no pienso hacerme el santo, es mi verdad y parte de un proceso personal de sanación, pero también hay un imperativo moral. Esto no puede seguir sucediendo…
—¡Qué complicada tu opción! Porque después de lo que has vivido, que te han tratado de mentiroso, te han faltado el respeto, si lo que tienes es conexión con Dios, yo en tu lugar me vuelvo musulmán, judío o establezco un diálogo directo… pero tú sigues amando a esta misma Iglesia… ¿cómo lo haces?
—Tengo a Cristo, a la Virgen, a Teresa de Avila y a miles de seres maravillosos, a curas que son buenos de verdad. También tengo una especie de familia que son las Carmelitas Descalzas. Me las presentó don Vicente Ahumada hace muchos años. Cuando explotó todo este tema llamé a la superiora e inmediatamente me creyeron. Ella me apoyó en nombre de todas y como afirmaba la Madre Teresa de Jesús, me dijo la verdad padece, pero no perece, tú sigue adelante, siempre vamos a estar a tu lado. Cuando me acuerdo de ellas se renueva mi fe en la Iglesia, y así ha sido con tantos otros curas: Antonio Delfau, Felipe Berríos, Percival Cowley, Rodrigo García, Marcelo Gidi, Lalo Howard…
—¿Crees que se viene una nueva Iglesia, que se va a producir un cisma para bien?
—Vivo en Milwaukee, donde cuatro párrocos están presos por abusos, y acaban de suspender a 21 curas en Philadelphia (…) Sin ninguna duda, la Iglesia tiene que renacer de las cenizas. Acá en EE.UU. hay muchos que han planteado el demandar al Papa por su eventual participación en el encubrimiento. Que lo vayan a juzgar… es muy improbable. Yo creo que todo el que encubra estos delitos debe pagar. Y la sentencia a Karadima es emblemática en el concierto mundial. Es una condena clara, total y perpetua.
—Pero, ¿estás conforme con la sentencia? ¿O tiene que imponerse la justicia civil por sobre estos saludos a la bandera? Mira al obispo Francisco José Cox, que desde que fue acusado de abusos en 2002 vive en los Alpes. Yo te juro que nunca he visto un lugar más lindo que esa casita en que lo tienen recluido. ¡Es una vergüenza!
—Es que yo no me voy a quedar tranquilo con esto, quiero seguir hasta las últimas consecuencias. La jueza Jessica González lo está haciendo bien, que me careen con Karadima, quiero verlo pagar.
—¿Qué pensará Jesús de todo esto?
—Yo creo que está escandalizado… La entrevista al cardenal Jorge Medina en tu revista CARAS lo tiene que haber dejado horrorizado.
—Da lo mismo lo que piensa Medina, para mí es como el chistocito del curso… ¿Qué opinas de Errázuriz y su seudo perdón acomodaticio?
—Ahora todos nos quieren pedir perdón, subirse al carro de la victoria. Errázuriz está en la línea correcta, pero lejos de llegar a algún lado. Ese “pido perdón” es un saludo a la bandera, hay que decir por qué se pide perdón, a título personal, por hechos concretos y a personas concretas. Yo veré cuando lo haga en mi cara. Y tiene que ser punto por punto. Primero, perdón por no haberles creído. Segundo, por no haberlos tomado en cuenta. Tercero, perdón por haber paralizado la investigación.
—Muchos, incluso con un dejo de suspicacia, se han preguntado cómo pudieron aguantar tanto. Hamilton lo explica muy fuerte diciendo que no sólo fue abusado sino además pervertido. ¿Tú te sientes pervertido por Karadima?
—Sí, porque dejaba que me hiciera esas cosas. Fui yo el que no supo decir no más. Pero más que pervertido, diría hechizado.
—Hablas mucho de tus sobrinos, de cómo te atreviste por ellos. ¿Qué edad tienen hoy?
—Entre 17 y dos años.
—¿Has hablado con la de 17?
—Sí, es compañera en el Villa María con la hija de Jimmy. ¡Imagínate! Cuando reventó esto me llamó y me dijo Juanca, te quiero mucho, y se puso a llorar. Para mí fue como si con una mano me hubiesen sacado el corazón.
—A los americanos le encanta llevar todo a juicios civiles y hacia las indemnizaciones…
—Aquí nadie está pidiendo plata. Yo creo que eso nos da credibilidad. A mí me preguntaron en el juicio canónico si yo pretendía recibir dinero y me sentí ofendido. Dicen que queremos hacerle mal a la Iglesia… ¡todo lo contrario!, hacemos esto porque queremos
a la Iglesia.
—¡Tú la querrás! Hamilton no quiere saber nada. ¿No te pregunta a veces cómo puedes seguir defendiéndola?
—No, todo lo contrario, somos todos distintos pero unidos por la misma causa. El destino nos juntó para luchar por esto y yo he ganado a tres hermanos, incluyendo a Juan Pablo Hermosilla, nuestro abogado, que ha sido una ayuda fundamental para navegar por estas aguas putrefactas.
—¿Por qué no nombras a Fernando Batlle?
—El también, pero no ha querido seguir con la querella. Lo respeto con todo el cariño, pero a Jimmy y José Andrés los veo todos los días cuando voy a Chile, a Juan Pablo también. Con ellos puedo llorar y desahogarme con calma…
—¿Tienes miedo del careo con Karadima?
—Ya no. Aunque no me lo pidiera la justicia, me gustaría carearme con él.
—¿Y verlo preso?
—El ya está preso.
—¿Crees que él tiene conciencia de sus actos?
—Creo que él ya no lo ve, es tan soberbio, tan sicópata, que creo que no se entera… Se debe sentir realmente un mártir.
—Pero el que carga la cruz no es él…
—Lo sé, él deberá cargar con su sentencia.
—Te voy a hacer una pregunta bastante tonta, perversiones literarias. ¿Tu apellido no lo cargas a estas alturas como un estigma?
—¿Mi apellido?
—La Cruz, llevar la cruz…
—No, la verdad es que nunca lo había mirado de esa manera. Pero si es así, la llevo con orgullo, porque lo haría mil veces más para que esto no siga sucediendo. Me duele haber expuesto mi vida de esta manera, haber acarreado a toda mi familia. Mi madre quedó muy impactada al leer el libro que la María Olivia Monckeberg está preparando sobre Karadima. Llorando, sólo me pidió que de una vez viviera mi vida y fuese feliz.
—¿Has podido armar pareja en estos años?
—No, he tenido, pero no he encontrado a la persona adecuada…
—¿Crees que tiene que ver con el daño?
—Me lo han dicho, puede ser, estoy tratando de superarlo con la ayuda de un siquiatra.
—Lo que liquidaron en tu vida fue la capacidad de confiar… Tú confiaste en un hombre que al final abusó de ti y en otros que te dieron vuelta la espalda. Y como amar es confiar, no debe ser fácil entregarse…
—Puede ser, hemos hablado mucho de eso con Jimmy y José Andrés. Del miedo a proyectarse al futuro… porque queda suspendido en un presente y un pasado de horror. Ahora estamos los tres echándole para adelante, buscando sanarnos de una vez. Pero ¡por Dios que duele cuando te entierran una espada en el corazón, por Dios que duele!
—Sangre y agua señor Cruz.
—Sangre y agua.
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