‘Siento vergüenza, quedé como chamullenta pero no hice nada incorrecto’
Jacqueline van Rysselberghe
Fotos Rodrigo López Porcile
Conversó con CARAS sólo horas antes de que se presentara la acusación constitucional en su contra por la comprometedora grabación –revelada por el senador Navarro– en que aseguraba a un grupo de pobladores haber “inventado una historia” para conseguirles subsidios de reconstrucción, aun cuando no todos cumplían con los requisitos. Hoy arriesga ser destituida y estar cinco años vetada de la política. Pese a eso, no renuncia a su sueño último: llegar a la presidencia.
“¡No sé quién me manda a ser tan rehocicona! me dije después de aceptar darte esta entrevista. Si no quería hablar antes de la acusación…”. Efectivamente, esta es la primera vez que la intendenta del Bío Bío habla con un medio escrito después de una desafortunada entrevista en que comprometió, de pasada, al subsecretario de Vivienda, Andrés Iacobelli, y a la ministra Magdalena Matte. Sus dichos, de los que después se retractó, desataron la ira de la titular del ministerio, dividiendo a la ya frágil Coalición por el Cambio y aumentando el carácter del desaguisado a la categoría de tsunami político.
Pero Van Rysselberghe, que luego de liderar la reconstrucción posterremoto en su región, ya sabe de catástrofes, se tomó su tiempo para intentar explicarnos cómo su “desafortunada manera de decir las cosas” pudo convertirse en el entuerto más grande en que se ha visto involucrado el gobierno desde su llegada al poder. “La doña”, como la llaman en la zona por su carácter combativo, se defiende de las acusaciones, mientras entre resabios de su antiguo orgullo, acepta con humildad los errores cometidos durante el año 2010. Una palabra, repetida hasta el cansancio, retrata su estado de ánimo actual: vergüenza.
—Hace un tiempo citabas casi como un mantra, una frase que a la luz de los nuevos acontecimientos parece un poco desafortunada: “Si no logro que me amen, al menos lograré que me teman”. ¡Fuerte lo tuyo!
—La frase no es mía, es de Maquiavelo.
—Peor aún hacer eco de las palabras del hombre que escribió El príncipe, el origen mismo de la política sin escrúpulos.
—Es que tú tienes que entender que entré a la alcaldía de Concepción con 34 años, una zona donde todos eran hombres y mayores que yo. Ahí descubrí que el temor podía generar un buen efecto, pero entiendo que no suena bonito. La política es un mundo de hombres y no era fácil avanzar.
—Me parece que fue una frase presagiosa, porque si algo se ha visto el último tiempo es que polarizas opiniones. Algunos te aman, otros te temen, te odian…
—No es tan así. La gente común y corriente, no los políticos, me quiere. Tengo gran reconocimiento. Lo que pasa es que soy muy competitiva. Quizá viene de mis tiempos de corredora de 400 metros.
—Fuiste campeona de Chile… ¿No te han dado ganas de ponerte las zapatillas de clavo y salir arrancando de todo este entuerto?
—Arrancando no, pero lo he pasado muy mal. Y desde antes, cuando asumí ser intendenta, que no era un honor. Me estaban pasando un tremendo problema y yo tenía que poner todo mi capital político, conseguido durante muchos años, en un cargo con altísimas posibilidades de fracasar. Pero en las condiciones en que estaba la región, no podía decir que no. Me enojé, les dije ¿por qué me hacen esto? ¡Fue un jaque mate! Aunque hoy estoy orgullosa de lo que hemos hecho.
—Pero ahora la linda… está bailando con la fea.
—Uf. Me tocó la tormenta perfecta. No había otras noticias, se venían las conmemoraciones (del terremoto), estaban todos de vacaciones, ya se habían cuestionado los avances de la reconstrucción y además se planteó esto con mucha espectacularidad: que hubo falsificación, falta a la probidad, desvío de recursos, cuando nosotros simplemente gestionamos para que las cosas se hagan…
—¿Se te pasó por la cabeza que una frase, “inventé una historia”, podía poner en jaque todo tu capital político, del que tanto te enorgulleces?
—Nunca pensé que algo así podía pasar. Ahora estoy segura de que me deben haber grabado todo lo que yo decía hace más de un año.
—Pero le estás echando la culpa al chancho, la grabación no es el delito…
—Sí, pero aquí hay una manera de decir las cosas que habría cuidado de saber que me estaban grabando. Nuestro interés de darles una solución a esos pobladores estaba plenamente justificado, dado el 40 por ciento de viviendas efectivamente dañadas, dado que había que erradicar gente por el puente mecano, que había que urbanizar y que existe la Resolución Exenta 2186 que permite hacer todo esto con menos del 80 por ciento (de la población damnificada), si lo fundamentas. Eso es lo que buscábamos: una fundamentación. De allí viene la palabra ‘invento’, de la que hoy me avergüenzo, porque no se entiende y se ve feo. Pero uno inventa soluciones. No es que invente damnificados. Fui poco prudente en la forma en que lo expliqué.
—¿Esa resolución genera un marco legal para plantear la ‘solución-invento’ de la que hablas?
—No sólo eso. Hay proyectos en otras regiones en que se ha aplicado la misma excepcionalidad. Este, por lo demás, estaba presentado desde antes y se había devuelto con observaciones menores del tipo ‘la ventana debe ser más grande’. Y a mí vienen y me acusan de falsear información al gobierno. Esto ni siquiera lo autorizo yo. Simplemente entrego los argumentos. Cuando yo digo que inventamos una historia es porque reunimos tres variables sociales, que juntas constituían un argumento, con un decreto que lo permite. Administrativamente está todo impecable. Me acusan de una frase, no de hechos.
—Toda la discusión hoy recae en la aplicabilidad de la acusación. Pero a mí me parece que el problema no es ése. Si se cae desde esta perspectiva, es porque no está tipificado el delito. No porque no exista. Y eso me parece grave, y como defensa, muy pobre.
—Para mí, más allá de no haber argumentos para la acusación, no hay delito. Es sólo una frase que cada vez que vuelvo a oír me muero de la vergüenza.
—Pero hay un contexto: desde antes se te acusa de irregularidades en la municipalidad cuando eras alcaldesa. Varios de tus funcionarios de confianza habrían recibido sobresueldos que sumarían más de 62 millones de pesos…
—Hay que aclarar que el proceso no es por ‘sobresueldos’, sino por el pago de horas extras que provocó la emergencia tras el terremoto. Y la investigación de la Contraloría se enmarca en esos pagos a personas de la municipalidad cuando yo no era alcaldesa, pues ya había asumido como intendenta.
—Aristóteles definió la política como el arte de lo posible, que no es lo mismo que el arte de lo correcto. Y cuando tú te preocupas de inventar, maquinar y ‘aggiornar’ argumentos para salvar a los tuyos, estás cimentando tu capital político mientras los demás intendentes y ciudadanos quedan de lado, porque las platas no son eternas…
—Yo con todos los proyectos he tratado de usar todas las herramientas posibles para apurarlos, para conseguir las mejores soluciones. Mi obligación no es autorizarlos, sino presentarlos de la mejor manera.
—Pero juegas al límite del marco legal. Eres como un abogado que inventa una defensa. El tema es que los abogados están llamados a defender incluso lo indefendible…
—Yo sigo creyendo que en ese sector hay que dar una solución.
—La ministra se enojó muchísimo y luego de una conversación entre cuatro paredes se desenojó… un poco. ¿Cómo fue esa conversación?
—Fue franca, hablando abiertamente una situación compleja.
—Se ha dicho que esto igual va a traer consecuencias y que, de no partir tú, por lo menos van a intervenir tu temible círculo de hierro. Se ha hablado de la salida del seremi de Vivienda, Enrique Matuschka, que al parecer era más cercano a ti que a la ministra, para quien trabaja…
—Ha sido una situación difícil. Una acusación de este calibre pone nerviosos a todos y se generan malos entendidos. Pero yo creo que esa situación en particular se resolvió.
—Hay muchas teorías de por qué se te salvó la vida: no dejarse doblegar por una maniobra que quería atacar tu capital político y tu capacidad de romper el doblaje en la zona. No armar una pelea mayor con la UDI, que se aleonó. Incluso hay quienes dicen que, caudilla como eres, de irte se iba contigo la intendencia casi completa. Y en reconstrucción esa situación sería de un costo político mucho mayor. ¿Cuál es la verdad?
—Y otra más: que lo he hecho bien. Estoy bien evaluada en la zona, yo voy a los pueblos y la gente me quiere.
—Hasta Navarro reconoce tu labor en la zona. Dice que eres muy potente haciendo trabajo en la calle y que hasta colaboradores comunistas le has mangueado…
—Yo estoy absolutamente convencida de que las lealtades son afectivas, no ideológicas. Tengo muchas habilidades emocionales y no me cuesta generar lazos. Es así como trabajo con dirigentes de izquierda o pescadores socialistas, apoyos que a Navarro le debe costar aceptar. Aunque no lo creas, me parece un tipo con mucho sentido político y muy trabajador. Pero, aunque en esto aparezca como el fiscalizador, no sé si lo vean tan bien en la zona.
—Parece historia de pueblo chico: con Navarro se conocen desde la universidad, hasta han bailado apretado, se acusan y se admiran. Y aunque cree que debes renunciar, si mirara las cosas con sentido político, lo mejor para él sería que siguieras, continuar la acusación y que te saquen por cinco años.
—No conozco sus intenciones. La verdad, no he hablado con él.
—¿Cómo evalúas tu capital político hoy?
—No lo sé. Yo creo que me han hecho daño sobre todo en el ABC1, no sé si en la región. Yo fui a la primera a la que oyeron acá en la radio después del terremoto y me puse firme con el tema de los militares. Creo que me pueden perdonar mucho más que los de otras zonas, que me ven más combativa. Lo que sí sé es que tengo un nivel de conocimiento altísimo.
—Algunos ven en ti mucho de Piñera: trabajadora, hacedora, 24/7, jugando al límite. De hecho él, como Narciso en el lago, se admiraría de ver en ti su propio reflejo…
—Yo creo que Piñera me respeta de verdad. Yo nunca fui de su grupo. Pero valora el trabajo que he hecho y el haberme atrevido a hacerlo.
—Juguemos a la hipótesis de la acusación ratificada y cinco años de tu vida sin ejercer cargos políticos…
—Yo al principio me angustié mucho con ese cuadro, pero ahora sé que no tiene destino. Lo que me queda hoy es mucha vergüenza. Fui muy poco prudente y me arrepiento todos los días. Lo hice mal, pero soy católica y lo dejé en manos de Dios.
—Te dicen ‘La Doña’.
—Hay un cierto dejo de machismo detrás de esos epítetos. Cuando el hombre ejerce poder es líder, cuando lo hace una mujer es una cabrona.
—¿Quién te ha herido en esta pasada?
—No te voy a decir con nombre y apellido, pero hay algunos que pensé que eran mis amigos y no se han portado como tales.
—Se te ha criticado harto tu círculo de hierro, tus operadores políticos, un verdadero ejército de seguidores…
—Cuando vino el terremoto dije: aquí vamos a morir todos. Teníamos comunas con alcaldes de la Concertación que no empujaban, entonces junté un grupo de 8, 10 personas, que no es tanto, y les dije salgan a la calle y ganémonos el corazón de la gente, que confíen en nosotros. Eran personas con mucha inteligencia emocional y eso es todo…
—Has dicho que la política es sin llorar. ¿Has llorado?
—Sí, una que otra vez. Por impotencia, rabia conmigo. Al comienzo, también de angustia, al no poder empujar este carro gigante que era la reconstrucción, manejar desde la intendencia temas que no conocía.
—¿Cómo definirías tu situación emocional en este minuto?
—Estable dentro de la gravedad (risas). Serena, lo pasé muy mal. Estuve muy herida.
—Te han definido como buscadora de conflictos, ¿ya no te gustan tanto?
—Nunca me gustaron. Me gusta decir lo que pienso, pero no las peleas, ni los pelambres, ni las copuchas. Sí los desafíos.
—¿Cómo te vas a rearmar para llegar a ser presidenta, que es lo que siempre has querido?
—(Risas) Estamos en eso, de a poco. En este minuto debo zafar de esta situación. Tengo un nivel de conocimiento altísimo que hay que convertir en aprobación. No sé si yo, pero creo que sería el descueve que surgiera un presidente desde las regiones. Le daría otra mirada al país.
—¿Y cómo vas a convencer a la gente de que, pese a tu frase “desafortunada”, no eres tan trucha?
—No lo sé, eso es parte de una segunda etapa. No saco nada con angustiarme ahora por eso. En una de esas Dios sabe porque hace las cosas y yo necesitaba aprender a ser más humilde.
—¿Siempre dices que sí a las entrevistas?
—¡Nooo! No sé quién me manda a ser tan rehocicona me dije después de aceptar dártela. Si no quería hablar antes de la acusación. La última vez dejé la escoba, cuando dije que el subsecretario sabía…
—¿Y estás arrepentida?
—Uf… Ponme fotos lindas y un buen título.
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