El hombre
Presidente Sebastián Piñera
Fotos Rodrigo López Porcile
En su entrevista más humana, el mandatario hace un balance del primer año en La Moneda, y reconoce lo difícil que es perder libertad y seguir un protocolo. Porfiado, hiperactivo, no dejará de lado pasiones como el deporte aventura y pilotear su propio helicóptero. Confiesa que está intentando demostrar sus sentimientos y que a pesar de las peleas que cada noche enfrenta con la Primera Dama porque él se niega a apagar la luz, “prefiero no separar camas porque son más fáciles las reconciliaciones”. El Presidente a ‘corazón abierto’.
A la hora acordada, aparece el mandatario desde el fondo de su oficina en La Moneda. Pelo recién cortado, camisa ultrablanca, corbata roja, traje azul y chaqueta por lo menos dos tallas más grandes. Saluda acelerado y comienza a posar para las fotos. En segundos ya estaba dirigiendo: “No, sentado no, ¡muy fome!, mejor parado… No, esa toma hagámosla en la terraza, venga para acá…”. A los pocos minutos da por terminada la sesión. “¡Estamos listos!, muchas gracias, hasta luego”, y cierra la puerta. El siempre lleva la batuta.
—Presidente, ¿alguien se atreve a contrariarlo?
—¡Por supuesto! Establezco relaciones horizontales e informales. No genero ese distanciamiento protocolar, sino un ambiente de confianza para que las ideas se discutan con libertad.
—Dicen que usted no oye a sus asesores, que no ‘pesca’ cuando le piden que no se alargue en los discursos, ¿a quién escucha?
—Toda mi vida he formado equipos de trabajo, así avanzo. Muchas veces tienen mejores ideas, pero cuando creo que están equivocados, sigo mi criterio. También cambio de opinión frente a un buen argumento. ¿A quién escucho?, a los ministros, a los del llamado ‘segundo piso’, a mi mujer, que me da consejos muy sabios, aunque a veces duros.
—A los ministros les exige su mismo ritmo de trabajo, precisión (no acepta algo más o menos) y lucidez para llevar dos temas a la vez, ¿resistirán?
—Soy exigente conmigo y con ellos. La tarea es tan grande y el tiempo tan corto, me angustia no avanzar a la velocidad esperada. Y ellos son iguales conmigo, ¡pobre de mí si me demoro en leer algún informe o proyecto! Cuando los llamamos a sumarse a esta causa, les advertimos que sería difícil. Podrán quejarse, pero no sorprenderse.
—A veces los reta muy duro, ¿cómo recompone las relaciones después?
—Con humor o con una palmadita en la espalda. Saben que voy de frente, con la verdad, jamás con doble discurso.
—¿Y quién del gabinete le contesta menos el celular?
—¡Hay algunos que casi nunca lo prenden!… Diría que las mujeres son las que más lo mantienen apagado…
Se instala en su escritorio lleno de carpetas y rumas de papeles y analiza su primer año de gobierno. Un 2010 marcado por el terremoto, rescate de los mineros, algunos chascarros comunicacionales (marepoto, tusunami y los 500 años del Bicentenario), fuertes alzas y bajas en las encuestas, críticas de la oposición y de la propia Alianza, y el polémico episodio de la intendenta Van Rysselberghe.
Pero a Sebastián Piñera (61, casado con Cecilia Morel, cuatro hijos y cuatro nietos) no le entran balas. Defiende sus decisiones por impopulares que sean, a pesar de las críticas y de la sostenida baja en las encuestas donde el rechazo a su gestión supera la aprobación, y que él confía se revertirán.
—Dígame tres grandes ventajas de su gobierno, a un año en La Moneda…
—Muchas, aunque algunos se esfuercen por desconocerlas. Una, la manera de enfrentar el terremoto; en menos de doce meses estamos con más de la mitad reconstruido. Pusimos en marcha una economía que crece con fuerza, sustentable, con ahorro, inversiones y exportaciones. Hemos creado más de 400 mil empleos. La delincuencia y la droga están en retirada, con caída en el temor y victimización según la encuesta Paz Ciudadana-Adimark… Sacamos adelante la gran reforma de la educación y estamos avanzando en salud. En tercer lugar…
—Disculpe Presidente, ya vamos como en seis…
—No puedo dejar fuera cómo los chilenos enfrentaron el rescate de los mineros. Y si quiere, le agrego la unión con que celebramos el Bicentenario y la instalación del gobierno después de veinte años de Concertación. ¡Aquí me quedo!
—Le cuesta reconocer errores…
—No soy como la Edith Piaf que no se arrepiente de nada. Los hemos cometido, estamos conscientes, pero no me haga autodenunciarme cuando tenemos tantos críticos despiadados, les dejo a ellos la tarea. Estaban acostumbrados a gobernar, creían que era un designio de Dios, y no es así.
—Admitió que le costó asumirse como Presidente.
—Tengo mi ADN, mi carácter y personalidad. No ha sido fácil acomodarme al protocolo, a un sistema de seguridad, pero estoy aprendiendo…
—Tuvo varios ‘numeritos’ comunicacionales por salirse de libreto.
—Son humoradas, no podría vivir sin amor y sin humor. Algunos fueron lapsus o errores, otras interpretaciones sesgadas. Como cuando estaba en el Estrecho de Magallanes y dije: desde aquí mirando hacia la Antártica… Era una figura literaria, pero de inmediato me corrigieron. Así es la política, me puede saludar un millón de personas, pero si una me agrede, ¡esa es la noticia!
—¿SU PEOR CHASCARRO?
—El marepoto, aunque no recuerdo haberlo dicho, y tengo buena memoria…
—En YouTube ponga Piñera-marepoto y aparece el video…
—¿Ah sí?, ¡lo voy a buscar! Reconozco que dije tusunami y cubrido en vez de cubierto, aunque un profesor de castellano me aclaró que se puede decir de ambas maneras… (Jalisco, está claro, nunca pierde).
—¿Cómo asume las críticas?
—Las objetivas y bien intencionadas las respeto. Las con maldad e ignorancia me producen molestia y rebeldía. A veces critican sólo por criticar, antes incluso de conocer la propuesta del gobierno.
—¿Alguna más dolorosa?
—Las personales… Pero la política es sin llorar.
—¿Y usted Presidente, llora?
—Sí, por muchas cosas, por política no. Mi mujer lloraba, se angustiaba, pero ha ido aprendiendo y aumentando su resistencia.
—¿Rencoroso?
—Muy poco. Con varios políticos hemos estado en campos encontrados y hoy somos aliados… Los rencorosos terminan amargados.
—Pero no le perdonó al periodista Iván Núñez una pregunta que le hizo durante el debate presidencial sobre su venta de acciones.
—Una cosa es tener excelente memoria, otra es el rencor que carcome el alma y busca revancha.
—Está igual como cuando lo acusan de amarrete y usted se defiende “soy medido”… Cuénteme, ¿ha perdido amigos este año en La Moneda?
—No, pese a decisiones difíciles como pedirle a algunos ministros que dejen su cargo. Pero hay que hacerlo cuando corresponde.
—Las críticas no sólo vienen de la oposición. En la última encuesta Adimark el rechazo a su gestión superó la aprobación.
—Hemos estado siempre entre 45 y 55 por ciento, excepto cuando vino el rescate de los mineros que se disparó. Un Presidente que gobierna para las encuestas nunca será bueno.
—A usted desde niño le ha gustado ser el primero, creó la Fundación Futuro dedicada a las encuestas, difícil creer que ahora no les dé importancia.
—Mire, he dedicado los últimos 23 años al servicio público, nos costó mucho lograr la presidencia, por tanto, mi principal motivación es hacer un buen gobierno. Hay que tomar decisiones duras, difíciles, incluso impopulares, pero todas necesarias. Cuando ocurre una catástrofe devastadora como el terremoto, la gente solidariza, pero pasa el tiempo y se distancia, quieren que se les resuelvan sus problemas ¡ya! o se frustran, y es comprensible.
—Pero fue su promesa de campaña: un gobierno efectivo, que resuelve rápido los problemas.
—Tal vez se crearon expectativas muy altas. Pero si se mira con objetivad, reconstruimos en menos de un año más de la mitad de lo que destrozó el terremoto y tsunami, la economía creció sana, aumentaron las inversiones, exportaciones, la productividad; creamos 420 mil empleos, sacamos la reforma a la educación y redujimos a la mitad la lista de pacientes Auge. ¡Es un resultado notable! Muchos presidentes, luego de conocer los informes de reconstrucción y economía chilena, me han llamado maravillados.
—¿Por qué entonces no se reconocen esos avances?, ¿un problema comunicacional de su gobierno?
—Lo más fácil sería decir eso o que la oposición no nos da tregua. ¿Sabe?, más temprano que tarde la realidad penetrará las percepciones, por tanto estamos tranquilos y contentos. Los logros se harán visibles y ayudarán a recuperar el apoyo popular.
—¿Y el Transantiago? Según expertos la única solución es crear nuevas líneas de metro. Una medida impopular, pero efectiva a largo plazo. ¿Asumiría ese costo político?
—Es un diseño de Ricardo Lagos y una herencia de Michelle Bachelet. El metro es muy importante, haremos las líneas 3 y 6 que agregarán 37 kilómetros, pero no lo es todo. Es parte del sistema de transporte de Santiago, sin embargo, nunca habrá solo metro. Por tanto, hay que avanzar con corredores exclusivos, en las estaciones de prepago, mejorar la calidad de servicio y reducir la evasión. En eso está trabajando en cuerpo y alma el ministro de Transportes y Telecomunicaciones Pedro Pablo Errázuriz.
—Que su consuegro haya comprado Colo-Colo lo expone a las críticas…
—No le vendí Colo-Colo a mi consuegro. Rematé las acciones en la bolsa, nunca supe que lo compraría. De hecho, él me contó después de hacer la transacción.
—¿Y él no se dio cuenta de que lo comprometía con esa compra?
—No controlo ni manejo la voluntad de mi consuegro, que tiene mucho carácter y hace las cosas a su pinta. Espero que haga bien su pega, porque me duele ver a Colo-Colo haciendo noticia por crisis.
—¿SE IMAGINÓ EL ARRASTRE QUE TENDRÍA CECILIA MOREL COMO PRIMERA DAMA?
—Ella tiene mil cualidades y la están empezando a conocer. Es muy humana, tierna, empática, comprometida, una tremenda mujer, ¡lo mejor que me ha pasado en mi vida! Cecilia me reclama por qué no me lo dices más seguido… Siempre me ha costado expresar mis afectos y sentimientos. Soy pudoroso en ese sentido…
—¿Por qué le cuesta tanto?
—Por la formación. Mi madre recalcaba los hombres no lloran, y eso nos marcó. Poco a poco he ido sacando ese lado femenino, expresando sentimientos porque ¡los tengo! Me emociona una película, una canción, los niños, pero no lo demuestro. Cecilia aquí me saca una gran ventaja.
—¿Está más cariñoso ahora?
—Sí, sí, pero me cuesta. Cuando estoy de cumpleaños y me cantan y traen regalos, me siento incómodo. Prefiero yo regalar y cantarle al otro… Pero en fin, uno es como es.
—Amigos suyos, entre ellos Fabio Valdés, han dicho en entrevistas y en su última biografía que usted era más duro con Cecilia, y que ahora la estaría valorando más.
—No, siempre la he valorado mucho. Es una gran compañera, madre, consejera…
—Pero no me diga que antes se acordaba de San Valentín y le compraba flores, como ahora.
—No es la primera vez y espero no sea la última. También le regalé una orquídea y se la dejé en el velador. Cuando le conté que fui yo, ¡no me creyó!…
—Opte por lo sano, separen piezas como lo hacen muchos matrimonios.
—No, es más sano dormir en la misma cama, en la misma pieza. Son más fáciles las reconciliaciones…
—¿Es verdad que no le gusta estar solo?
—No, no puedo… Le tengo temor a la soledad… Qué sabe uno cómo se mueven los misterios de la mente, por eso estoy permanentemente con gente. Tengo mi escritorio dentro de la pieza porque cuando trabajo, me gusta saber que Cecilia y mis hijos están ahí. Me da tranquilidad, paz.
—Y en La Moneda no es muy distinto, a toda hora se le ve acompañado de ministros, asesores.
—Pero cuando estoy en terreno… El Presidente es muy solitario. Por ejemplo, todo el mundo discutía sobre el proyecto de ley de alargar el postnatal a seis meses, pero al final es uno el que debe tomar la decisión. Es difícil. Hay una cuota de soledad del mando, y es bueno que así sea. El Presidente Nicolás Sarkozy me dijo una vez que hay que escucharlos a todos, pero después cerrar la puerta, reflexionar y decidir. Al Presidente lo eligen para eso.
—¿Sigue mal la relación con su hermano José?, ¿qué pasó ahí?
—No somos cercanos, y tan diferentes… No hubo pelea, nada. El tiene su forma de ser, su carácter. Y es curioso porque los otros cinco hermanos somos muy unidos, achoclonados, nos gusta andar en patota. José es más distante, con una vida solitaria. Es distinto, y es bueno respetar las diferencias.
—Y su salud Presidente, ¿cómo ha andado?
—Muy bien gracias a Dios (y golpea tres veces la mesa).
—¿Qué presión tiene?
—Normal: 6 con 13, ¡de boyscout!
—Antes se fumaba dos cigarrillos al día, ¿ya va en la cajetilla con tanta cosa?
—¡Nooo!, mantengo uno después de almuerzo y el otro luego de la comida. Sí dejé los tragos duros: vodka, gin, whisky, pisco sour, y me refugié en el buen y noble vino tinto.
—¿Es verdad que come muy poco, que la comida no le entusiasma?
—Cuando estoy en La Moneda muchas veces me llevan el plato a la oficina, ¡y no sé ni lo que como! Pero un fin de semana con amigos me gusta mucho. Me encantan los guisos chilenos: berenjenas, zapallitos italianos, porotos granados, la cazuela… Y los mariscos: erizos, locos, machas…
—ESTE AÑO DEBERÁ CONCRETAR SUS GRANDES REFORMAS y dependerá de la Concertación llevarlas adelante.
—La oposición ha sido implacable en la crítica, pero ha colaborado en cosas muy importantes como la reconstrucción, ley del Royalty y la reforma educacional. Para lograr las leyes que el país necesita se requiere unidad, nobleza, liderazgos, y eso espero de la Alianza y de la Concertación… Muchas veces esta última encuentra como tabla de unidad oponerse en forma obstructiva al gobierno.
—¿Cuál es su mayor aliado en la oposición?
—Es que si menciono a uno, después los otros se le tiran encima… Para mantener a los aliados es mejor ser prudente…
—Lo ha sido bastante. Está la idea de que su gobierno se defiende mal ante los ataques de la Concertación por la reconstrucción, en comparación a lo poco que avanzaron ellos en Chaitén y Tocopilla, por ejemplo.
—Chaitén, Tocopilla e Iquique fueron víctimas de fenómenos naturales, que los gobiernos anteriores no supieron enfrentar. Al final hay que optar: o nos dedicamos a criticar la administración anterior o hacemos un buen gobierno, y en esto estamos concentrados… Aunque hay excepciones. Acabamos de inaugurar la Agencia Nacional de Protección Civil y sí debimos compararla con la Onemi, que demostró todas sus falencias el 27 de febrero de 2010. Imagínese que horas después del maremoto, insistían que no había alerta de tsunami, perdón de tusunami (bromea).
—El gobierno dice una cosa, la oposición y los alcaldes de las zonas afectadas, otra. ¿Cuál es su última palabra en materia de reconstrucción?
—De los 220 mil subsidios que prometimos, hemos entregado 135 mil. De los 226 puentes destruidos, están todos, sólo falta el de Chacabuco que estaba caído desde antes. Los nueve aeropuertos inutilizados ya están operativos. Hemos reparado el 60 por ciento de las escuelas y hospitales.
—¿Estas cifras concuerdan con el plan original?
—Siempre dijimos que el proceso duraría cuatro años. Hay personas aún sin subsidios, y nuestra intención es que ninguna familia pase más de dos inviernos viviendo en aldeas. Antes del próximo invierno 2012, las 220 mil familias vulnerables que perdieron sus casas, tendrán la definitiva.
—¿No fue dispararse a los pies reconocer que estaban atrasados en vivienda y salud?
—Me refería sólo a Constitución, que fue arrasada por el mar, al punto que se debió hacer un nuevo plan regulador, lo que tomó más tiempo. Siempre hay quienes tergiversan lo que uno dice. Pero como ya le indiqué, la reconstrucción ha sido notable, debemos sentirnos orgullosos.
—Muchos no logran entender y otros están desilusionados porque mantuvo en el cargo a la intendenta Van Rysselberghe. ¿No perdió su confianza al ver que mentía para conseguir más subsidios?
—Sus palabras fueron muy desafortunadas y así lo dije el primer día. Dio a entender que el proyecto estaba más avanzado y que su gestión había sido más decisiva de lo que realmente era. Ella presentó un anteproyecto con antecedentes incompletos, pero fidedignos, con certificados de inhabitabilidad correctos. Y pidió una excepción para incorporar más familias terremoteadas de la población Aurora de Chile. No hubo engaño al gobierno. Y en honor a la verdad, ha sido una gran intendenta, con un grado de compromiso, vocación de servicio público y entrega muy destacables.
—Pero mintió, es una conducta reñida con la ética, ¿cómo se castiga eso en su gobierno?
—Hubo más engaño por parte del senador Andrés Navarro. El sostuvo que existían certificados falsos y mal uso de recursos públicos, y se demostró que no fue así, no hubo ilegalidad. Tuve que evaluar la situación. Si hubiera tomado una decisión pensando en las encuestas, lo más fácil era pedirle la renuncia a la intendenta. Pero a veces los caminos a las cumbres son los más estrechos…
—¿CONFÍA EN LA INTENDENTA CIEGAMENTE?
—Confío en que está haciendo una gestión bien intencionada, con compromiso y esfuerzo… Ahora, su estilo tendrá que corregirlo para hacerlo más integrador y participativo. Si hubiera dicho he elaborado un proyecto en vez de inventé una historia, nada de esto hubiera pasado.
—Quedó la idea de que fue un gallito que ganó el presidente de la UDI, Juan Antonio Coloma.
—No hubo nunca un gallito. Le encargué al ministro Hinzpeter una investigación rápida de los hechos; no sabíamos qué era verdad y qué mentira. Me demoré una semana en estudiar los antecedentes. Al lunes siguiente lo evaluamos, el martes tomé mi decisión y el miércoles se dio a conocer.
—Dicen que Coloma condicionó el apoyo de la UDI a sus proyectos y al gobierno si mantenía en el cargo a Van Rysselberghe.
—¡Falso, de falsedad absoluta! El expresó su opinión, pero la decisión es del Presidente.
—¿Cuál es su verdadera relación con el partido?
—Muy buena. Renovación Nacional y la UDI han sido leales colaboradores. Hemos tenido diferencias, y es bueno que en una coalición éstas se expresen. Pero el que conduce el gobierno es el Presidente, y lo tengo claro como el agua.
—A los ministros salientes del gabinete los ubicó en directorios de empresas. ¿No es eso la sillita musical que tanto le criticó a la Concertación?
—¡Ninguna silla musical! Estimé que algunos necesitaban ser reemplazados. Les tengo gran aprecio y estimación, y sentí que desde otras posiciones podían seguir haciendo un valioso aporte al gobierno y sector público. Camila Merino decidió reintegrarse al sector privado.
—¿Por qué revivió la ‘patrulla juvenil’ en el gabinete? Dicen que para tener a Allamand de amigo…
—Tanto él como Evelyn Matthei tenían muchas cualidades para ser muy buenos ministros: capacidad técnica, liderazgo, compromiso, fuerza… Y aportaban su experiencia y trayectoria política que es muy importante.
—No era partidario de sacar parlamentarios.
—Es legítimo, pero debe ser excepcional, no una norma. Con la experiencia de un año pensé que podrían hacer un gran aporte en Defensa y Trabajo, tal como lo están demostrando.
—¿Por qué no llamó a Longueira?
—Le tengo gran aprecio, por su trayectoria y aporte a la democracia y al servicio público. Pero no todos los senadores pueden estar en el gabinete, a pesar de que él reúne todas las condiciones para ser un gran ministro.
—Ahora sí se disparó la carrera presidencial.
—No. Estoy feliz de que haya muchos presidenciables: Hinzpeter, Allamand, Matthei, Lavín, Golborne, significa que les reconocen su valor, pero no quiero candidatos en el gabinete: si se dedican a preparar la próxima elección, terminan no siendo buenos ministros.
—Disculpe, pero Golborne parece que partió con su campaña Sácate una foto, un recurso que Lavín y que usted mismo usó.
—No, en las carteras de Minería y Energía está haciendo una gran tarea. Lo veo comprometido, encima de los problemas, liderando, tomando decisiones y anticipándose a los problemas. Ganó gran popularidad y la gente quiere fotos con él.
—¿Cuál es su candidato?
—Difícil… Es como cuando los hijos le preguntan a uno cuál es el favorito.
—Coloma también rayó la cancha, dijo que el próximo tenía que ser UDI, ¿fue un compromiso adquirido para que él lo apoyara?
—No. Es lógico que la UDI aspire a eso, pero los candidatos los decide cada vez más la gente.
—Carlos Larraín señaló que Cecilia Morel sería una excelente alternativa, no suena tan descabellado por su arrastre en las encuestas.
—Nunca lo he pensado… y no creo que haya pasado por la cabeza de mi mujer. No está en su ADN ni en su vocación ser candidata.
—¿Qué le importa más para terminar su último año: los números azules, el apoyo popular o que lo suceda alguien de la Alianza?
—Cumplir con nuestro programa, con los compromisos y avanzar en empleo, salud, educación, delincuencia, oportunidad y seguridad. Además, entregar la banda a un hombre o mujer de nuestra coalición y, por supuesto, ser reconocido por la gente.
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