‘La Concertación limitó el actuar de Carabineros’
Carol Bown y su defensa a la policía
Los gobiernos anteriores les pedían a los policías que actuaran “pero si era con violencia los daban de baja”, sostiene la ex subsecretaria que se propuso empoderar a la institución. Militante UDI, contraria al aborto terapéutico, pro Opus Dei y antipinochetista, ‘cuelga’ el uniforme y parte a Mideplan para rehabilitar y prevenir la delincuencia en menores.

Se bajó del avión que la trajo de Punta del Este, metió un par de chalecos a la maleta y partió al sur a rematar sus vacaciones. Frutillar, Chiloé, Vichuquén y Santo Domingo escogió Carol Bown (32) para recobrar energías después de un duro 2010. Como subsecretaria de Carabineros tuvo que dar la cara por los escándalos de corrupción y abusos de uniformados que llevaron al general director Eduardo Gordon a una revisión de hojas de vida y la expulsión de 149 policías. “Por muchos años la Concertación limitó el actuar de Carabineros… La idea de este gobierno fue empoderarlos y algunos se aprovecharon”, dice Bown intentando explicar los casos que han hecho noticia.
Estaba contenta en la Subsecretaría (que será ahora la División de Carabineros del Ministerio del Interior), aunque le costó imponerse en un mundo dominado por hombres, “debí demostrar que además de título, tenía cerebro”. Pero cuando la llamaron para asumir como asesora del Ministerio de Planificación (Mideplan), no lo dudó. Debutará el 1 de marzo, haciéndose cargo de programas de prevención, rehabilitación y adopción de menores que darán forma al Servicio Nacional de la Infancia y Adolescencia. “Se habla mucho de la puerta giratoria, pero no se repara en la puerta de entrada. Al país le sale mucho más barato anticiparse a la delincuencia que recuperar al que cayó”, sentencia.
Pro Opus Dei, no pretende seguir los pasos de su padre Ronald Bown (presidente de la Asociación de Exportadores) quien es numerario.“Soy católica, participo de la formación, pero no soy parte. La exigencia es muy alta”.
Abogada de la Universidad Católica, inició su trabajo social con las juventudes de la Fundación Jaime Guzmán y en la Municipalidad de Huechuraba, pero sólo se inscribió en el gremialismo “cuando Pinochet dejó de ser tema, tras el escándalo del Riggs, cuando Novoa y otros tomaron distancia. Respeto la obra del gobierno militar, pero no soy pro Pinochet por la violación a los derechos humanos y por quedarse diecisiete años”, afirma.
Así de tajante es, también, frente al aborto terapéutico que enfrascó en una áspera polémica a la UDI con Evelyn Matthei. “Estuve de acuerdo con llevarla al tribunal supremo por apartarse de la doctrina del partido. Se equivocó… Pero, a pesar de nuestras diferencias valóricas, admito que era la mejor para asumir como ministra del Trabajo”.
Fallida candidata a alcaldesa por Quilicura en 2008, luego recorrió Chile capacitando a quienes hacían el “casa a casa” de la campaña piñerista. Integró, además, el equipo de head hunter que escogió al gabinete, hasta que el mandatario le pidió asumir en Carabineros, su debut en un cargo de primera línea. Partidaria de transparentar la institución, apoya al titular de Defensa Andrés Allamand en su afán por dar a conocer los gastos de las Fuerzas Armadas y Carabineros, además de cómo se forma la gente… “Así se habrían evitado las dudas sobre la muerte de los dos cadetes durante un curso de instrucción, de si hubo o no violencia, o si fue a causa de algún tipo de ‘bautizo’”.
—Todo apunta a las exigencias físicas bajo un intenso calor.
—Está en investigación, pero es gente joven que entró en buenas condiciones.
—Carabineros sigue haciendo noticia por hechos escandalosos, ¿atraviesa su peor crisis?
—No. El 2009 se llamó a retiro a trece oficiales, y el año pasado a dieciséis. Hubo, además, 149 expulsados por una revisión excepcional que nunca antes se había hecho… Cuando existen denuncias, la gente se atreve. Y está bien que así sea, la institución debe limpiarse todo el tiempo.
—¿Al necesitar más personal, Carabineros ha bajado las exigencias de selección?
—No, siguen siendo rigurosas en lo sicológico y físico.
—Antes entraba 1 de cada 5 postulantes, ¿hoy?
—Uno de cada 2,5 hombres, y una mujer de cada 10.
—¿Influyen en el menor interés por postular los sueldos y la mayor exposición?
—No. El carabinero es por vocación, pero hay unos más vulnerables que otros. Esto nos lleva a plantearnos cuánto tiempo debe permanecer en un sector porque si es muy cercano a la comunidad, termina pololeando con alguien del barrio, no le pasa el parte al ‘amigo’ y se ‘familiariza’ con el mundo narco… Eso se evita con traslados constantes.
—Ganar poco, ¿incide en la corrupción?
—No. Los sueldos son razonables: un suboficial parte con 350 mil y termina en un millón 600 mil brutos. Un oficial comienza con 700 mil, y como general alcanza los tres millones 100 mil pesos brutos. Eso no explica lo que ha sucedido.
—Si lo que ganan no influye y postulan por vocación, ¿por qué los hechos escandalosos?
—A veces la tentación es grande. Ven cómo los narcos se hacen millonarios… Nuestra gente en La Legua o Renca lidia a diario con esta realidad. Nadie puede asegurar que no cambien con el tiempo o se relacionen con delincuentes.
—¿Cómo lo controlan?
—Con exámenes sicológicos anuales, su hoja de vida y una constante evaluación por parte del superior jerárquico. Según la falta, califican en lista 1, 2 ó 3. Si caen en la 4, o dos veces en la 3, la eliminación es inmediata. Los reclamos más frecuentes corresponden a no hacer los procedimientos adecuados, no darle la importancia que un hecho tenía o no prestar la atención debida.
—También debe incidir la poca educación de algunos suboficiales que, a veces, se crían en el mismo ambiente que delincuentes.
—No ingresa a la institución quien tiene algún nexo o vínculo con narcotraficantes. Carabineros está dispuesto a admitir menos gente, aunque no se llenen los cupos.
—¿Hay infiltrados que buscan ser palo blanco?
—No, y sería dramático no detectarlo. El personal se investiga rigurosamente, hasta necesitan autorización para casarse. Antes me oponía, pensaba que atentaba contra los derechos humanos, pero es una institución distinta, la gente lo sabe al entrar.
—¿POR QUÉ LAS DENUNCIAS MÁS GRAVES SE SABEN POR TERCEROS y no por la institución?
—Algunas cosas se filtran, pero la mayoría se parte investigando desde dentro, y se denuncian, como ocurrió con los que asaltaban cajeros automáticos. Los casos no se esconden.
—¿Se acabaron las sorpresas?
—Siempre queda algo; hay una explosión mediática, todos querrán contar alguna mala experiencia con Carabineros, y los que tienen videos los van a subir. Se viene un período difícil, pero pasará.
—Las fiestas en la comisaría de San Joaquín, ¿los sorprendió o es una constante en los cuarteles?
—Que jóvenes tomen tragos un fin de semana no sería tema si habláramos de abogados o periodistas. Sin embargo, son policías, se espera mantengan su rango de autoridad. Y cometen la tontera de filmarse. Me gustaría saber ¿por qué y quién filmaba, qué hacían después con esa grabación? ¿Era un chantaje? No hemos terminado la investigación.
—Se ha visto a otros hasta torturar a detenidos, como a un drogadicto de San Joaquín…
—Se puede mejorar el control de gestión. Contamos con cerca de dos mil 500 PSS (Patron Support System), unas maquinitas que registran exactamente en qué lugar está el policía, qué control de identidad hizo, cuánto demoró, su nombre y huella digital. Esa información se traspasa al computador para llevar un control exacto del día.
—Se vio a muchos cubriéndose las malas prácticas, ‘taparse’ mientras duermen en los turnos…
—Se arman redes, pero en la mayoría de los casos, los pares denuncian cuando un carabinero actúa mal. Puede que la gente sienta indefensión, se está luchando contra eso. Hay que bajar la victimización y recuperar la confianza. Alcaldes, juntas de vecinos, diputados quieren más policías, más retenes porque le da seguridad a su comunidad.
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