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Faraón a la tumba

Exclusivo: Biógrafo habla del auge y caída de Hosni Mubarak

Por: CARAS

Por: Franco Fasola

Por la puerta trasera, en medio de muchos rumores e, incluso, versiones que lo dan por enfermo grave, en coma, el dictador salió camino a su resort en el Mar Rojo. Ya no puede esconderse y varios países decidieron congelar depósitos de una fortuna que supera los 70 mil millones de dólares.

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Que su prepotencia y negativa a las reformas cavaron su tumba. Que mantuvo al país en estado de sitio por 30 años. Que jugó con la democracia, convocando a cuatro referendos (1987, 1993,1999 y 2005) que jamás fueron supervisados por organismos internacionales y en los que siempre obtuvo más del 70 por ciento… Las razones que terminaron por sacar a Hosni Mubarak (83) del mando de Egipto pueden ser muchas. Demasiadas. Los zapatos en ristre, uno de los insultos más graves en el mundo árabe, además de gritos como “te patearemos con nuestras botas” y pancartas con un “simplemente ándate” fueron el adiós que sus compatriotas le hicieron al Rais, nombre de los antiguos faraones.

“Este es mi país, por el que he luchado y cuya tierra, soberanía e intereses he defendido. Y moriré en esta tierra”, dijo Mubarak en uno de sus últimos discursos públicos. Luego decidió delegar ciertas facultades a Omar Suleiman, el primer y único vicepresidente que nombró en tres décadas. Pero, luego, el 11 de febrero, renunció vía comunicado público, para escapar a un resort en el Mar Rojo.

mubarak-220Su partida por la puerta trasera desata dudas sobre el real estado de salud. Y, al parecer, esa promesa de “morir en Egipto” podría ser la única que cumpla. Un cáncer afecta a su estómago, páncreas y vesícula. Y se lo habría tratado desde 2008 —según The Washington Times— en Francia y Alemania bajo estricto silencio (por romperlo e informar, varios periodistas fueron a la cárcel, dijo el diario norteamericano).
Y las últimas versiones no oficiales indican que Hosni está en coma en Sharm al Sheik, mientras Alemania y Emiratos Arabes estudian si recibirlo o no para darle ayuda médica.

Mubarak, el mismo que aparecía siempre sonriente y en segundo plano en imágenes oficiales junto a nombres como Ronald Reagan, Yasser Arafat, Silvio Berlusconi —quien lo describió como “un hombre sabio”—, Bill Clinton, George Bush, Hugo Chávez, Lula Da Silva o el Papa Juan Pablo II, no es más que una mueca. Y ya no tendrá la oportunidad de pasar a la historia como el pacificador de Medio Oriente, sino como un dictador clásico, que se aferró con dientes y uñas al poder, limusinas, excentricidades, jet privados y lujos palaciegos.
 
“Su gobierno fue un régimen neosultanístico. No se basó en la ideología o liderazgo, sino en una mezcla de miedo y de recompensas a sus colaboradores. Ejerció el poder sin restricciones, a su discreción”, sostiene Aladdin Elaasar, escritor y ex candidato a la presidencia de Egipcio en 2005, autor del libro ‘El último faraón’. El cree que el futuro inmediato del ex mandatario se reduce a “una ilimitada cantidad de demandas. Y no se sorprenda: por crímenes y corrupción, Mubarak terminará en la cárcel”.

“LA VACA QUE RÍE”, LE LLAMARON SUS DETRACTORES por la inmensa sonrisa que aparecía en todos los retratos. Mubarak nació en el delta del Río Nilo en 1928. Hijo de una familia de la burguesía rural, a los 21 años se graduó en la Academia Militar Egipcia y después ingresó a la Fuerza Aérea, formándose como piloto militar en la antigua Unión Soviética. Desde ahí, su carrera no paró. En 1969, ya era jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea y en 1973 recibió honores como héroe en la guerra de Yom Kippur, frente a Israel. Su siguiente paso fue en 1975, cuando el presidente Anwar al Sadat lo nombró vicepresidente de la República Arabe de Egipto. En 1981 Sadat fue asesinado por islamitas en una marcha militar. Mubarak, quien ha dicho que está protegido por la baraka —bendición que Dios sólo concede a los elegidos— esquivó las balas y accedió a la presidencia.

En esa época, cuando era casi un desconocido para el pueblo, se describió como “un auténtico defensor de la democracia”. Dijo no tener intención de monopolizar decisiones y aseguró, al principio de su gobierno, que modificaría la Constitución para limitar los períodos presidenciales a sólo dos. La prensa lo describía como “taciturno y reservado. Austero, serio, casi falto de humor”, agregando que no contaba con la “la imaginación, audacia ni el carisma” de Sadat. Lo cierto es que no tenía la misma suerte de su antecesor: Hosni ha sobrevivido a seis intentos de asesinato para, finalmente, ver el derrumbe de su imperio, como si le hubiese caído la maldición de Tutankamón.

El ex dictador es “distante, elitista, vanidoso y arrogante. Así lo ve su pueblo”, dice a CARAS el biógrafo Elaasar. Y buscando el origen de la revolución popular comenta: “A pesar de poseer uno de los patrimonios más gloriosos de la historia mundial, los egipcios siguen estando muy pesimistas sobre el futuro del país. Con la mayor tasa de desempleo en la región, corrupción, contaminación y el índice más alto de personas educadas, no ven ninguna esperanza al final del túnel. Con una inflación disparada, persiste una gran brecha entre los súper ricos y los millones que viven bajo la línea de la pobreza. Egipto también tiene una de las tasas más altas de trabajo y mortalidad infantil, analfabetismo femenino y abusos de DD.HH.”.

HÁBIL, APARECIÓ COMO GARANTE DE LA ESTABILIDAD EN MEDIO ORIENTE. Se hizo aliado estratégico de Estados Unidos e Israel y no recibió desde Occidente recriminaciones por las causas de derechos humanos. Cuando se desató la estampida —organizada por ciudadanos a través de Facebook y Twitter—, dijo que “nunca ha buscado ocupar un cargo de tanta responsabilidad y poder”, pero que él era el único capacitado para encabezar un proceso de renovación y transición política.

Desde ese 25 de enero, el aeropuerto de El Cairo está casi vacío. Los turistas ya no pasean por el Nilo, ni por las playas de Sharm el Sheij o las pirámides de Giza. En estas semanas, dejaron de entrar 1.200.000 visitantes. Y los que sí aprovecharon de salir son los familiares de Mubarak. Gamal, su hijo de 47 años y delfín político, fue el primero en emprender retirada a Londres, con 97 valijas de equipaje, para hospedarse en una mansión de seis pisos, propiedad del dictador. Gamal se jacta de que nunca en su vida se ha subido a un taxi. La primera dama egipcia, Suzanne Mubarak, también partió a Inglaterra en medio de la revuelta. De madre galesa, devota de las joyas y lujos más caros del mundo, no estaba dispuesta a pasar bochornos. Por algo en Egipto le dicen María Antonieta.

Y quizás ésta sea una de las razones fundamentales del odio que el pueblo le tiene a Mubarak: el enriquecimiento personal comparado con los miles de desempleados y pobres de este país con 80 millones de habitantes. Desde 1981 encargó a sus hijos (Gamal y Alaa) y a Suzanne, su mujer, el manejo de la creciente fortuna, que se sustenta en una ingeniosa ley que obligaba a los inversionistas extranjeros que operan en Egipto a ceder el 20 por ciento de sus acciones a un socio local… Con eso, más la extendida corrupción local, Mubarak logró amasar una cantidad que Christopher Davidson, profesor de Política de Medio Oriente de la Universidad de Durham, calculó entre los 40 mil y los 70 mil millones de dólares. En pocas palabras: Hosni sería el hombre más rico del mundo, por encima del magnate mexicano Carlos Slim. Aunque la revista Forbes desmintió esos números, comentó que fortunas de gente como el ex dictador “son muy difíciles de rastrear”.

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