‘Ahora sí podría conseguir un sicario de verdad’
Doris Cooper y los riesgos con La Quintrala en prisión
Fotos Claudio Doenitz.
Pilar Pérez debería estar en una cárcel con características de hospital siquiátrico, pero de ésas no tenemos en Chile”, plantea esta socióloga que duerme en prisiones, come con los presos y defiende a los gendarmes porque viven “el infierno”. Anticipa que La Quintrala —si consigue recursos— intentará contratar otro asesino a sueldo, “no como el que tuvo, al que se le cayó la pistola y la delató rápidamente”.

Uno de los muchos pequeños loros que Doris Cooper Mayr tiene está solo en la esquina del comedor, en su grandota jaula blanca. La investigadora aclara que el ave es depresiva y se saca las plumas. Preocupada, no sólo le da antidepresivos, sino que le compró una plumífera compañera para ver si el amor lo hacía escapar de su pena. Pero el pájaro no encontró nada mejor que intentar matarla. “Parece que en realidad es depresivo-sicótico”, dice ella.
Buena parte del entorno de Cooper tiene algo de ese ambiente delictivo con el que esta socióloga de la Universidad de Chile convive por más de dos décadas.
Su cercanía con el mundo del crimen empezó con la tesis de grado y ha continuado a través de varios libros —’Delincuencia común en Chile’, ‘Delincuencia y desviación juvenil’ y ‘Criminología y delincuencia femenina en Chile’, entre otros— y la elaboración de distintas teorías en un área donde pocos se han atrevido a meterse… Doris, en cambio, tiene en su bitácora cerca de ocho mil entrevistas a presos, ha dormido en cárceles y comparte cigarrillos y mate con rematados.
Por su extensa experiencia en el mundo del delito ha conseguido algunos triunfos que considera casi como personales. Entre ellos, la eliminación de la llamada cárcel del diablo en el sur, el fin de la pena de muerte y la instalación de venusterios en recintos penitenciarios. Por estos días, eso sí, la ronda una nueva preocupación: defender a las mujeres que, después de años de estar sometidas a violencia intrafamiliar, terminan presas por asesinar a sus parejas.
Varios estoques a la entrada de la casa, regalados por presos, son muestra de la confianza que la académica ha logrado con ellos. Los resguardos que toma no son menores. Entre otros, evita entregar cualquier dato respecto de su vida privada y se encarga de comprobar varios antecedentes de su interlocutor antes de dar dirección particular, teléfono o mail.
—¿Cree que se ha exagerado la maldad de María del Pilar Pérez, La Quintrala?
—En mi criterio, la “maldad” pura no existe, sino que tiene que ver con los genes y el ambiente. Pero, en general, en todas las sicosis y sicopatías lo más relevante es la genética. Recuerda que la madre reveló durante el juicio que su hija ya a los siete años les pegaba patadas a las empleadas. Se observa una evolución desde su niñez más temprana, lo que da cuenta de la gravedad de su situación. En ella no hubo necesidad de un medio ambiente terrible u hostil.
—Usted ha entrevistado a cientos de delincuentes, ¿considera insólito el caso?
—En Chile resulta un caso más bien extremo, pero la verdad es que he estado con mujeres que asesinaron a tres maridos con insecticida. Hay muchas que cometen delitos muy crueles… Estoy convencida de que las chilenas cada vez entrarán más en el tema de la delincuencia y, a medida que el país se desarrolle, existirá una mayor proporción de asesinas.
—¿Qué rasgos marcan la personalidad de Pilar Pérez?
—Lo que se ve en ella es una sicopatía narcisa, se ama a sí misma. Ella está en el centro de su personal universo. También, se trata de una sicópata social porque tiene vedada la capacidad empática. No puede darse cuenta de que las otras personas sufren y tienen emociones como ella. Probablemente sufra una bipolaridad eufórica, caracterizada por una rabia que alcanza niveles de odio concentrado hacia otros y que puede llevar a matar. Además, hay rasgos obsesivo-compulsivos asociados a la codicia.
—¿Dónde debiera estar recluida, entonces?
—En una cárcel con características de hospital siquiátrico. Me parece que es una necesidad urgente del actual gobierno la construcción de un recinto así para este tipo de personas.
CUADROS PINTADOS POR COOPER hay en distintas partes de la casa; son los que ocupan las portadas de sus libros. En varios, las protagonistas son mujeres de rostros alargados y miradas melancólicas. Mientras trabaja en su nuevo texto —’El científico en cana’—, enciende un cigarrillo y acaricia a su perra Kalinka.
—¿Cómo será la vida de La Quintrala en la cárcel? ¿Logrará integrarse al resto de la población penal?
—Jamás. Nunca se relacionará con ladronas ni traficantes. Ellas no sólo la van a aislar, sino que Pilar corre riesgo en su integridad, ya que las presas castigan severamente a quienes asesinan a padres o hijos. La tratarán como sicoseada.
—¿Podrá seguir delinquiendo desde ahí?
—Por supuesto. Ella ahora sí podría conseguir otro sicario, uno de verdad, no como el que contrató, que cobró apenas 500 mil pesos, se le cayó la pistola y la delató inmediatamente. Para vengarse sólo requiere dinero, por lo que se hace necesario apartarla de cualquier capacidad económica.
—¿Intentará suicidarse?
—Sí.
—Como investigadora, ¿le intriga particularmente este caso?
—No mucho.
—¿Por qué?
—Es que me parece que todo está bastante claro. Quizás indagaría en la relación que tuvo con su padre, un vínculo muy cercano; ella fue prácticamente el único miembro familiar con el que mantenía una unión muy potente. No sé si hasta extraña.
“LA SANGRE, LA MUERTE Y LOS INCENDIOS están presentes todos los días en los centros penitenciarios nacionales. Pero como no se conoce este mundo, ante una tragedia como la de San Miguel se culpa de inmediato a los funcionarios a cargo. Es algo que me da lástima”, dice al recordar el accidente en el que murieron 81 presos.
—¿Por qué defiende a los gendarmes?
—Porque son los empleados públicos más sacrificados que existen. Viven el infierno, puesto que todos los días deben soportar las cosas más horrendas que uno pueda imaginar. Es duro e injusto para ellos.
—¿Por eso no debieran sorprender tanto los casos de corrupción?
—Mire: dentro de una cárcel es fácil corromperse para cualquiera. No sólo se trata de los bajos sueldos, sino el mundo que enfrentan.
—¿Cómo define la realidad en nuestras cárceles?
—Macabra.
—¿Cuál es el bien más preciado de un preso?
—Su arma de defensa. Antes que comer, mínimo hay que tener un estoque. Adentro, si usted no posee uno, es pescado muerto.

