La agitada ruta del Capitán Raineri
Ministro de Energía
Cuando iba al colegio manejaba una moto. Ahora, siendo ministro de Energía, conduce su velero y pone empeño en capitanear un buque todavía mayor: el que permitirá a Chile prácticamente doblar su oferta energética, con una combinación de todo tipo que incluye la opción nuclear.

Ricardo Jorge Raineri Bernain es un tipo alto, delgado, cuarentón, con el pelo ya dominado por las canas. De traje oscuro, en la solapa lleva un pin con la bandera chilena y en el cinturón un estuche con su iPhone 4. Cuando habla, el ministro lanza una mirada penetrante que, combinada con un gesto serio y su modo pausado y pensado al hablar, puede resultar algo intimidante. Sin embargo, con el correr de la conversación se suelta. Entonces, su aire de profesor severo da paso a un tono más relajado donde suele aparecer una sonrisa sincera.
Los orígenes de Raineri —48 años, casado, tres hijos— están en Italia, cerca del Lago di Como, donde nació el abuelo que vino a buscar acá un futuro mejor.
El jefe de Energía nació en Santiago. Su madre era dueña de casa. El padre, un empresario que se dedicó a la construcción de techumbres y, después, a labores agrícolas. Gracias a su visión emprendedora logró un buen pasar. Fueron cinco hermanos que vivieron en una casa de Colón con Hernando de Magallanes y tuvieron de vecinos a cuatro primos, sus aliados en juegos en la calle.
ERA INQUIETO, CASI HIPERACTIVO. De hecho, no paraba. Estudió en el San Gabriel y en el Colegio Adventista, establecimiento que logró, por fin, enrielar al pequeño torbellino.
—Lo echaron del San Gabriel…
—Digamos que la hiperactividad fue motivo de cambio— prefiere decir. Y agrega: ‘‘Si hubiera seguido en un colegio grande, probablemente me habría perdido’’.
En el Adventista siempre estuvo entre los mejores alumnos, pero distante de la camada nerd. Era más bien un cabro taquilla, que causaba furor al llegar en una vieja pero poderosa moto Yamaha 400.
Aunque le gustaban los ramos de ciencias sociales, optó por estudiar ingeniería comercial en la UC y se especializó en economía. En la Católica vivió el comienzo de los agitados ’80. “La escuela tenía un sello particular con el movimiento gremialista y los Chicago boys. También vivimos la crisis de esos años… Y fue complejo, porque nuestros mentores estaban involucrados en la conducción económica del país”, explica.
—¿Pinochetista?
—Fui fiel creyente del modelo económico, pero lo que siempre me generó una cierta incoherencia eran las libertades económicas sin libertades políticas. Para mí son dos cosas que van de la mano.
DEL WINDSURF A LOS VELEROS pasó el ‘Capitán’ Raineri, aficionado desde siempre a los deportes náuticos. ‘Fascination’ se llama la embarcación que tiene en Rapel y que ha podido comandar muy poco este año, producto de las exigencias que impone el ‘capitán mayor’ Piñera.
—Ministro, generó mucha polémica la postura del Presidente Piñera frente a la central Barrancones.
—Entiendo y apoyo su decisión, en el sentido de que había una condición excepcional con un área privilegiada en biodiversidad marina.
—Pero, ¿fue una situación excepcional o podría repetirse con otros proyectos energéticos que generan controversia?
—Lo de Barrancones es algo absolutamente excepcional. No debiéramos tener ningún otro caso así a futuro. Por lo demás, el mandatario ha sido muy claro en explicar las razones que tuvo para solicitarle a la empresa no seguir adelante con el proyecto. Y hay que destacar la generosidad de la compañía de haber comprendido el tema.
—Las críticas fueron transversales. Incluso algunos de la Alianza dijeron que el Presidente se saltó la institucionalidad…
—El gobierno no se ha saltado en ningún momento el marco institucional. Lo que hubo fue una conversación en la cual se expusieron elementos que no habían sido considerados y que iban más allá del estudio de impacto ambiental. Y la empresa los comprendió perfectamente.
Una de las principales influencias en Raineri viene del actual ministro de Transportes, Felipe Morandé. De hecho, él lo guió en su tesis de magister. Y como Morandé había estado en la Universidad de Minessota, el encargado de Energía partió a perfeccionarse a esa casa de estudios y no a Chicago. A la vuelta, la academia se convirtió en su mundo y su domicilio universitario fue el departamento de Ingeniería Industrial y Sistemas de la Escuela de Ingeniería de la UC. Ahí estaba cuando lo convocaron para coordinar las comisiones de energía de los Grupos Tantauco. Así, en marzo, no extrañó que lo seleccionaran para el sillón principal de la cartera.
—Al ritmo que van las cosas, ¿le parece que se cumplirá la idea del gobierno de llegar el 2020 con el 20 por ciento de energías renovables en la matriz energética?
—Aspiramos a esa meta. Chile es un país privilegiado en recursos naturales, lo que hace viable las energías renovables no convencionales. Hay atractivos para invertir en pequeñas centrales hidroeléctricas, en biomasa, proyectos eólicos y, también, geotermia. De hecho, hace pocos días abrimos propuestas para una licitación de 20 áreas de geotermia y recibimos 70 ofertas. Eso da cuenta de que existe un tremendo potencial en algunas de estas energías.
—Potencial pero ¿también un real interés por parte de los inversionistas?
—Bueno, como aspiramos llegar a esa meta de aquí a diez años, tomaremos todas las medidas a fin de generar las condiciones para que los proyectos fluyan de la mejor manera tanto para el desarrollo de energías convencionales, como no convencionales. Nuestra tarea es limar las mayores asperezas en la pista.
—La duda es si la simpatía del gobierno frente a proyectos como la central Castilla, HidroAysén o la opción de energía nuclear favorecen esa idea…
—Lo que pasa es que Chile necesita una matriz diversificada. Y uno de los pilares de nuestra política es el de la seguridad energética. Para eso debemos mirar las condiciones del corto, mediano y largo plazo. Esta es una industria sofisticada, compleja, donde las inversiones tienen períodos de maduración de, fácilmente, una década. Eso obliga a mirar el largo plazo. En Chile el que construye estos proyectos no es el gobierno, sino el sector privado. Las cosas que hoy hacemos tendrán efectos en la suficiencia energética de los próximos diez, veinte o treinta años.
—Muchos sostienen que el alto impacto de HidroAysén copará durante una década la posibilidad de desarrollo de energías renovables…
—Las inversiones que se materializan ahora nos darán seguridad de suministro hasta el 2014 o 2015. De ahí en adelante debemos identificar otras iniciativas que nos garantizarán suficiencia energética. Para llegar sin problemas de suministro eléctrico al 2020 requerimos diez mil megawatts adicionales a los 16 mil que tenemos. Ahora, de esos diez mil ya están en construcción unos dos mil 500. Faltan cerca de ocho mil y si uno mira los megaproyectos, lo cierto es que no alcanzan a cubrir lo que necesita el país al 2020. Por eso existe espacio para muchas otras propuestas.
—Pero con aprobación ambiental hay proyectos en orden a los ocho mil megawatts. ¿Por qué dice que falta?
—Lo que pasa es que cuando se mira esa lista, ve unos más competitivos que otros. Que estén aprobados no significa que vayan a construirse.
—¿SIN PROYECTOS DEL TIPO CASTILLA O HIDROAYSÉN es inevitable un cuello de botella energético?
—El país no enfrentará problemas de suministro. El tema es a qué precio tendremos energía. Si no se hacen proyectos eficientes, entonces se harán otros menos eficientes y los valores de la energía seguirán siendo altos. Por eso la importancia de concretar iniciativas competitivas. Y como lo ha señalado el Presidente, nuestro objetivo es disminuir los costos de la energía de aquí al fin de su mandato en cerca de un 30 por ciento.
¿ENERGÍA NUCLEAR? “HOY TENEMOS DOS REACTORES… Y PENSAMOS QUE A PARTIR DE 2020, SI NO ANTES, PODEMOS REQUERIR LA CONSTRUCCIÓN DE UNA CENTRAL”.
—Ministro, ¿cree que hay mucho de actividad publicitaria en la acción de grupos ambientales que se oponen a estos megaproyectos?
—Cada uno puede expresar libremente sus opiniones. La gente debe estar tranquila de que tenemos un sistema de evaluación ambiental que es tremendamente exigente. También hemos sacado una norma de emisiones para centrales termoeléctricas, tanto para las que se construyan como para las que ya existen.
—¿Pero cuál es su parecer respecto del accionar de los grupos medioambientales?
—No me corresponde calificarlos. Uno debe ser responsable en entregar la información correcta. Lo que es claro para nuestro desarrollo es que debemos construir proyectos, centrales, líneas de transmisión e infraestructura de almacenamiento de gas y petróleo. Si no es así, Chile enfrentará riesgos de desabastecimiento, cortes de luz o elevados precios en los combustibles. Por eso nuestra preocupación va más allá de este gobierno.
—Y ahí aparece la opción nuclear…
—Debemos abrir la puerta para que se puedan desarrollar todas las tecnologías que el país necesite a futuro. Y dentro de ellas está ciertamente la opción de que hagamos un desarrollo de energía de este tipo. No olvidemos algo: hoy somos un país nuclear. Tenemos dos reactores y experiencia. Pero debemos prepararnos, ya que pensamos que a partir del 2020, si no antes, podemos requerir la construcción de una central nuclear.
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