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El asesinato de Guzmán en versión Cuadra

Francisco Javier Cuadra

Por: Paula Palacios

Fotos Rodrigo López Porcile

Después de un silencio de veinte años, el ex vocero de Pinochet dio antecedentes que el ex director del DINE contradice. ‘‘Mi fuente es clara y precisa: Jorge Ballerino’’, afirma Francisco Javier Cuadra. Según dice, el Ejército alcanzó a alertar a Guzmán y se juntaría con él en la noche del lunes 1 de abril de 1991, pero al senador lo mataron en la tarde…

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Sorprendió una vez más cuando dijo que él y el Ejército fueron alertados antes del atentado de Jaime Guzmán (1991). Francisco Javier Cuadra —56, separado de Francisca Montero, ocho hijos— volvió al ruedo luego que el frentista Mauricio Hernández Norambuena entregara nuevos antecedentes del caso a CHV provocando la reapertura del caso. El ex ministro de Pinochet entonces fue citado a declarar como testigo y admitió que fue advertido por el general (r) Jorge Ballerino cinco días antes del asesinato: “Me habló de esta operación… y aseguró que los objetivos eran los senadores Sergio Fernández, Sergio Diez, Sergio Onofre Jarpa, Jaime Guzmán y yo”.

Para Cuadra, sin embargo, la información fue un simple dato a la causa que no comentó durante veinte años. “No sabía que era un antecedente desconocido”, se defiende frente a la batahola desatada. No sólo se le cuestionó por no haberlo dicho durante tanto tiempo. También, saltó la duda: ¿por qué el Ejército guardó silencio?, ¿por qué no alertó a tiempo al ex senador UDI?… “Tengo entendido por Ballerino, que la institución sí lo hizo”, afirma el abogado sobre el ex militar con quien nunca más tuvo contacto y que hace algunos años fue operado de un tumor cerebral.

¿CUADRA LO DE CUADRA? Polémico siempre, hace poco el abogado declaró que en 1991 figuraba en una lista de posibles blancos y que Guzmán habría sido alertado por el ex director del Dine, general Hernán Ramírez Rurange. Este, sin embargo, afirmó ante el juez Mario Carroza que no recordaba al ex ministro entre los amenazados. Además, negó haber hecho contacto con el senador UDI. “El general Pinochet me dice que le deje la información y que él haría que le avisaran a estas personas”, revela el expediente.

¿Quién dice la verdad?

En su departamento del Parque Forestal decorado en una mezcla moderna y clásica, y donde vive con una de sus hijas, Cuadra responde a quienes creen que habló para “desinformar”, tal como se le acusaba en sus tiempos de vocero de Pinochet. Hoy está abocado a su empresa de asesorías Identitas, aunque con sus explosivas declaraciones vuelve a convertirse en protagonista.

—¿Por qué después de 20 años revela que el Ejército sabía del atentado a Guzmán?
—Estaba en el extranjero cuando leí la entrevista de Hernández Norambuena. El dijo que había objetivos alternativos a Guzmán; lo mismo que me comentó el general Ballerino en su minuto. A raíz de eso, conté lo que sabía. Fui a declarar; entregué toda la información que recibí… Si eso tiene o no consecuencias, no es mi tema.

—¿No creyó relevante contarlo antes?
—Desconocía la investigación y que era antecedente nuevo. Que existieron objetivos alternativos es algo que publicó un rodriguista en sus memorias el 2006. Nunca nadie me preguntó, ni yo comenté. Cuando recibes un dato de ese tipo te inquietas por tu familia y tomas los resguardos: cambié mis rutinas. Fue muy fuerte que uno de los aludidos por Ballerino terminara asesinado cuatro días después… En el atentado a Pinochet (1986), yo era el segundo. En 1991 supe de esta otra lista, más tarde me llegaron nuevas alertas…

—Debió vivir una paranoia en esos años…
—Es doloroso que por las ideas, voluntad política, participar, suceda eso. Entonces tenía cinco hijos; pensé que era mejor no actuar, no proponer.

—Muchos contrarios a Pinochet fueron asesinados por algo parecido…

—Sin duda. Me ha tocado compartir estas experiencias con otros, son súper humanas… De hecho, cuando dije que en 1986 se tomó preso a Lagos para que no lo mataran, me costó la sublevación de los profesores de la U. Diego Portales.

—Fue el precio que le cobraron por decir que la muerte de cuatro opositores al régimen —Pepe Carrasco, Felipe Rivera, Gastón Vidarráuzaga y Abraham Muskatblit— había sido una ‘‘purga entre guerrilleros’’. Después, confesó que fue la CNI, en represalia por el atentado a Pinochet.
—Con el tiempo los hechos cambiaron y se supo la verdad. Lo que hicieron conmigo en la UDP fue un acto político injusto, ¡el pago de Chile!

—¿PENSÓ AHORA QUE AL HABLAR COMPROMETÍA AL EJÉRCITO?
—¡¿Por qué?!

—Se le cuestiona no hacerlo antes y no advertir a Guzmán a tiempo. El ex FPMR Enrique Villanueva afirma que el crimen fue “digitado desde afuera”, apuntando al Ejército…
—Que entregue al juez los antecedentes y demuestre su hipótesis. Es bien alambicada…

—Rosario Guzmán al parecer no la descarta. En una carta a El Mercurio señaló que civiles como militares querían ver a su hermano muerto.
—No la leí así, sino ¡la tendría enmarcada! Ella hace una referencia, pero no como usted lo dice.

—El DC Andrés Palma defendió esa tesis en Cooperativa. Tres semanas antes del asesinato había salido el informe Rettig que dejaba mal al régimen, y era conocida la resistencia de Guzmán a la Dina…
—Es una hipótesis rebuscada, inverosímil e insostenible con la información pública que hay. ¿Me va a decir que el FPMR obedeció a una mentalidad negra, oscura, secreta del Ejército? ¡Ridículo!, ¡cinematográfico! Supongamos que así fuera, ¿cómo se produce el nexo?, ¿cómo va la orden?

—No debiera sonarle tan descabellado. Recuerde que la Dina asesinó al general Prats.
—Ocurrió el ’74… ¿y que diecisiete años después ese grupo mantenga un nivel de operatividad de la misma connotación, en concomitancia con los mandos del Ejército? ¡insostenible! Desde los años ’70 que se sabía de la contradicción entre Guzmán y Manuel Contreras… Muchos civiles eran contrarios a su figura, no lo querían, y era válido y hasta recomendable que lo dijeran.

—¿Y no era peligroso ser anti Contreras?
—Yo le pregunté del tema al general Pinochet; no tuve problemas. Nunca me han gustado esas cosas (Dina); los principales dañados políticos son los gobiernos que las crean. ¡Los dolores de cabeza que se habrían ahorrado! En la Dina como en la CNI había asociaciones ilícitas reducidas, cerradas y cohesionadas que se manejaban solas. Poderes dentro del Poder. Cuando a Contreras lo tomaron preso dijo que abriría todos los dossier y archivos, ¡¿dónde están?!, ¡no tenía nada!

—¿Cómo era la relación entre Pinochet y Guzmán?
—En el ’83 estaban cortadas, y duró mucho tiempo así. En las reuniones a Jaime lo representaba Pablo Longueira y Luis Cordero; ellos restablecieron los nexos cerca del ’87. El general se sintió abandonado por los civiles en el diálogo político y en la toma de posiciones de los partidos.

—¿Usted sabía que Pinochet estaba enterado del posible atentado contra Guzmán?
—Jamás lo hablamos. Esa información me llegó cuatro días antes por Jorge Ballerino. El mismo lunes que Jaime fue asesinado, me llamó en la mañana para decirme que aún no lo encontraban.

—Al parecer, Pinochet no le advirtió.
—Ese día, tarde, en el Hospital Militar, con Guzmán ya muerto, Ballerino me dijo que Hernán Ramírez había alcanzado a contactarse con él y que quedaron de juntarse en la noche.

—Ramírez, en su reciente declaración, desmiente eso. Dice que él nunca conversó con Guzmán, que Pinochet quedó de avisarle.
—Ah, no lo sé. Jaime, al salir de la sala en la Facultad de Derecho de la UC, tuvo actos que indican que sí recibió la información: se quedó más tiempo en la universidad, pidió a su chofer que entrara el auto, hizo más llamadas, como nunca se quedó un rato conversando con las secretarias.

—¿A quién apunta como el autor material?
—El Frente nació del Partido Comunista. Es más consistente pensar que tiene origen en el PC, que en la Dina, pero no hay pruebas.

—Hay quienes creen que usted se puso en esa lista para aparecer entre los emblemáticos.
—Es insostenible; nunca he tenido ni el más mínimo interés de participar en un acto de representación popular ni en política. Y cada vez que me lo han propuesto, lo rechazo.

—Tuvo problemas con varios de su sector: Sergio Fernández, Onofre Jarpa, Lily Pérez, Allamand, ¿cuáles son sus amigos en política?
—Nunca he tenido. Mis amigos están en mi familia, gente de mi actividad profesional. De mi época de ministro conservo algunos del gabinete: Jorge Prado, Samuel Lira, Ricardo García, Jaime del Valle…

“NUESTRAS DIFERENCIAS CON ANDRÉS ALLAMAND fueron por mis declaraciones a Qué Pasa sobre el consumo de drogas en personas que cumplen funciones de autoridad pública, y que la prensa sintetizó en parlamentarios. A los días llegó a mi casa con Alberto Espina y Alberto Cardemil. La última vez que hablé con Andrés fue hace dos años cuando nos encontramos en una librería”.

—¿Por qué no dio nombres en ese caso?
—Una investigación criminal en el Tercer Juzgado de Valparaíso demostró, de acuerdo a los datos del Consejo de Defensa del Estado, que se había distribuido 15 mil dosis de cocaína al interior del Parlamento. La droga fue transportada en autos oficiales de la Cámara de Diputados entre Santiago y Valparaíso. La secretaria de una bancada fue despedida por esto. Te digo: no era lo único que había, pero no diré más.

—Usted despertaba resistencia en el gabinete por su exceso de poder. Así lo dejaron ver Sergio Fernández, Onofre Jarpa…
—Hemos tenido diferencias políticas. Quizá criticaban mi gestión ministerial como yo la de ellos. Con Jarpa coincidimos en el gabinete; tuvimos una posición distinta, y Pinochet optó por la mía. Eso probablemente no le gustó.

—Fernández dijo que por el discurso presidencial que usted redactó, Pinochet perdió el plebiscito del ’88.
—Está mal informado. Yo venía llegando de Roma y el Presidente me pidió que le revisara el discurso escrito por Sergio Rillón. No me gustó y lo acorté. Pero después leyó otro que no sé quién lo escribió… Fui de los pocos que siempre le dije que iba a perder, y Fernández le aseguraba que ganaría… El ’87 discutimos mucho el tema, percibí que hablaba de política con otros, que yo había perdido influencia y peso. En tres meses entré y salí del gabinete muchas veces hasta que me propusieron la Embajada del Vaticano.

—El Vaticano fue la manera diplomática de sacarlo del camino.
—No, interpreté que la gente que entraba al gabinete consideraba que no debía estar en La Moneda. Siempre me han dicho que Fernández no me quería ahí.

—¿Sigue pensando que las cuentas millonarias de Pinochet son producto de su orden y no de apropiación indebida?
—La investigación no ha concluido y entiendo que las cifras han disminuido notoriamente. Prefiero que venga la sentencia definitiva. Los actos incorrectos ¡son incorrectos!, y si los hizo, tendré una posición crítica.

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