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‘Señores, ¡esta cuestión cambió!’

La revolución del ministro Jaime Mañalich

Por: CARAS

Por Pamela Aravena Fotos Claudio Doenitz

En hospitales públicos, los doctores tendrán que repartir sus horas en jornadas de mañana y tarde. Los directores recibirán el presupuesto anual en cuotas, según cumplimiento de metas. Y si no logran poner fin a las listas de espera a noviembre de 2011, ¡fuera!… Medicina y gestión eficiente en una sola píldora.

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“Hoy soy un ciudadano más común y corriente que antes de ser ministro”. Así se define Jaime Mañalich (56 años, casado con María Cristina Raffo, tres hijos), comparándose con los tiempos en que trabajaba en la Clínica Las Condes. Ahora, a cargo de la cartera de Salud, con oficina en el corazón de Santiago, “si tengo reunión en La Moneda, me vengo con mi mochila en metro, conversando con la gente. Y cuando debo ir a algún otro ministerio también camino. Ahora que estoy en el centro, mantengo contacto con el mundo real”, dice.

Es tímido. No le gustan las cámaras. También es humilde. Reconoce sin problemas que en los diagnósticos comunicacionales sale mal parado. Los asesores le han sugerido que se ponga más cuñero y que se vista de otra manera. “Pero no quiero cambiar. Es mucho más honesto, independiente del resultado de las encuestas, ser lo que uno es”.

Desde que asumió ya no ve tanto como quisiera a su mujer, la subdirectora de las Monjas Francesas, María Cristina Raffo. Sus hijos están grandes, ya partieron de la casa. El mayor es abogado y académico en la U. de Chile; el segundo, un premiado publicista, y el tercero, músico, vive en París.

“Llego al ministerio a las ocho de la mañana y me voy a las 10 de la noche, todos los días. Pero tomo esto como un servicio militar. Tengo que dejar los huesos y la sangre como ministro, dure lo que dure en el cargo”, afirma resumiendo la intensidad de su nueva vida. Desde que Piñera lo fue a buscar a la Clínica Las Condes, tres días después de ser electo, para invitarlo a almorzar un plato de porotos y entregarle una enorme carpeta de su futura cartera, Mañalich no se ha arrepentido un solo día de aceptar el cargo.

ministro200—¿No sintió que Piñera lo tiraba a los leones?
—La primera propuesta para ser ministro de Salud fue en 2005. De manera que todo ese tiempo tuve en la cabeza que si era candidato en 2009 y ganaba, había una probabilidad alta de asumir.

Por eso no resultó una sorpresa para este hijo de inmigrantes catalanes pobres —uno de los pocos del gobierno que proviene de una escuela y un liceo con número—, transformarse en el líder de una de las carteras más importantes.

Y ha sabido adaptarse. El periodista Mauricio Bustamante le enseñó a twittear y a Piñera, amigo personal, lo aprendió a tratar de usted y de Presidente. “Pero me tomo ciertas licencias. Tiro algún chiste en medio de una sesión de gabinete, por ejemplo, porque es bueno para la salud mental”.

EN LOS ’70 SE TOPÓ POR PRIMERA VEZ CON MICHELLE BACHELET, en Medicina de la U. de Chile. Ella iba dos generaciones más arriba. Años después, cuando era titular de Salud, él integró la comisión de reforma ideada por Lagos, con expertos de todos los sectores.

—¿Qué hubiera esperado que ella, como médico, hiciera por la salud?
—Su gestión ministerial estuvo contaminada por la bicefalía que se dio tras la creación de la Comisión de Reforma que lideraba Hernán Sandoval. A pesar de eso, cuando llegó a La Moneda aumentó las patologías Auge. También repotenció la salud primaria, con más recursos e infraestructura. Pero consideró la reforma de Lagos como demasiado liberal. Entonces, a través de la ministra (Soledad) Barría, la Presidenta frenó la ley. De hecho, el Bono Auge que lanzamos ahora es posible gracias a esa reforma… En su gobierno sólo al final usaron otro instrumento, la Ley de Concesiones del MOP, para construir cuatro hospitales. Ahí hubo un frenazo que el tiempo dirá si fue justo o no, pero que nos hizo perder tiempo.

—¿No le pareció un despropósito que Bachelet destinara tantos recursos a la construcción de estadios y no a hospitales?
—En su mandato no hubo avances en una política vigorosa de infraestructura. Ella desconfió de la participación privada y el Estado no fue capaz de asumir la renovación de los grandes hospitales, como Bachelet pretendía. Prometió 7 mil millones de dólares en infraestructura y sólo concretó los centros de salud familiar.

Esta semana, tras la entrega del informe del Panel de Expertos en Salud convocado por el Presidente, Mañalich se concentrará en preparar los proyectos de ley para cambiar el sistema de licencias médicas, moldear la propuesta de un seguro de salud universal y modernizar hospitales. Esto, aparte de cumplir sus promesas de recuperar la infraestructura perdida durante el terremoto.

—Anunció hospitales de ‘‘construcción acelerada’’. ¿Qué quiere decir con eso?
—Vamos a hacer nueve, que aportarán 1.500 camas, justo cuando terminemos con los hospitales de campaña, en junio de 2011. Construcción acelerada significa que serán de una planta, sin subterráneo, de muros estructurales con aislantes y protección de acero, pero prefabricados. Los muros están garantizados por 40 años. Con estos centros, más los modulares que todavía funcionen, tendremos más camas que antes del terremoto. Por otra parte, en el presupuesto 2011 hay recursos para comenzar otros 13 definitivos (ocho en la zona del terremoto). Cuando vayamos entregándolos, desarmaremos los de construcción acelerada, dejándolos para una emergencia futura.

ministro300—¿Cuántos hospitales definitivos inaugurarán?
—El 2011 comienzan construcciones en Antofagasta, Hualañé, Angol y Talca. Tienen fecha de término en cuatro años más. Ahora, al Presidente podría ocurrírsele que estén terminados antes del fin de su mandato, y claro, eso estaría por verse.

—A propósito, ¿considera que los doctores son malos como directores de hospital?
Se demora, piensa, cierra los ojos…
—Un médico puede ser buen administrador, hay experiencias de ello; pero asumir que lo es porque sabe operar muy bien constituye una falacia. Aún más, mantenerse como clínico una vez que ha asumido labores de administración, no es bueno.

—¿Qué va a hacer para terminar con eso?
—Hemos cambiado dramáticamente el perfil de quienes llenarán los cupos de directores de hospital y de servicio, que se eligen por Alta Dirección Pública. Ahora pedimos que tengan probadas capacidades de gestión, les hemos indexado fuertemente su remuneración al desempeño y, por último, modificamos la manera de entregarle los recursos.

—Pero el talón de Aquiles de los hospitales es que los especialistas sólo trabajan las mañanas.
—La solución es simple: no pueden ocupar todas sus horas de contrato sólo en la mañana, que tienen que servir la mitad de las horas o todas sus horas por las tardes. Así lo hace el Instituto Traumatológico y le va excelente.

—¿Y cómo les cambiará el switch?
—Muy fácil. Hasta ahora, el 90 por ciento del presupuesto de los hospitales era fijo, hicieran lo que hicieran. En 2011, se les entregará la mitad y en mensualidades. El resto lo recibirán según lo que hagan. Les vamos a poner metas de reducción de las listas de espera Auge. Si las cumplen, tendrán todo el presupuesto; si cumplen con creces, recibirán más de lo estipulado; si no, menos…
Se entusiasma cuando habla de este tema:

—Estamos haciendo una revolución silenciosa. Lo que les estamos diciendo a los directores es: “Señores, esta cuestión cambió”. Su mandato es eliminar esas listas en noviembre de 2011. El que no sea capaz de hacerlo, ¡fuera! Pero, además, su remuneración está indexada al cumplimiento de metas. Y para cumplirlas es esencial el Bono Auge.

Y ahora sí al ministro le brillan los ojos: el bono es su caballo de batalla.

—Con él, todo paciente en lista de espera por alguna enfermedad Auge podrá inscribirse en Fonasa, por teléfono o internet, y exigir su bono. En dos días Fonasa deberá ofrecerle una lista con otros hospitales o clínicas que pueden operarlo. Y estos proveedores, para cobrar el bono, deberán intervenirlo en un plazo de 10 días. La maravilla del Bono Auge es que le ofrece al paciente un margen revolucionario de libertad de elección.

ministro201—¿Es partidario o contrario a seguir aumentando las patologías Auge?
—Partidario, especialmente del preventivo, con paquetes que incluyan diagnóstico precoz e incentivo para terminar con el tabaquismo, el alcoholismo y la obesidad.

—¿Con el bono Auge comienza la privatización en salud, como dicen algunos opositores?
—Todo lo contrario. Es el inicio del fortalecimiento de la red pública, porque los principales actores que se harán cargo de las listas de espera de los hospitales serán otros centros públicos.

—¿Los parlamentarios de oposición no lo van a poder acusar de subsidiar a la salud privada?
—Me pueden acusar de lo que estimen conveniente, lo difícil va a ser que lo prueben.

—¿Qué pasará con otros males no Auge, que tienen listas de espera de más de cuatro años?
—Estamos desarrollando un software para saber cuántos son, porque si hoy me preguntas, no lo sé. Además vamos a pasar a un Auge extendido, esto quiere decir que las patologías no van a discriminar por edad.

—Hace rato que aboga por terminar con eso.
—Sí, porque no tiene sentido, por ejemplo, que las personas que sufren artrosis tengan que esperar hasta los 66 años para operarse. ¿Por qué?

—¿Por qué la campaña del Sida empezó llamando a los chilenos a hacerse exámenes, en lugar de destacar la prevención?
—Hoy el problema real no es moral y tiene que ver con que el número de portadores de Sida aumenta y la mortalidad disminuye. El problema no está en el uso del condón por parte de los adolescentes. Lo más grave es que sólo uno de cada tres portadores de VIH sabe que lo es. Y sigue contagiando. Los problemas de transmisión se concentran en mujeres embarazadas y los hombres que tienen sexo con otros hombres y me refiero a homosexuales, bisexuales, casados o solteros.

—Es decir, que quien tenga la enfermedad lo sepa y se trate.
—Sí, porque si hoy alguien es mordido por un perro, no es un problema privado, es un problema de salud pública: estás obligada a ir a un centro de salud a vacunarte. ¿Por qué manejamos la rabia de una manera y el VIH de otra? Quiero que el Sida se trate como una enfermedad infecciosa común y corriente.

—El Ministerio recién lanzó su campaña antialcohol. ¿Abogará por restringir la publicidad, los horarios de venta y subir los precios?
—El alcohol es el principal componente de producción de enfermedades en el país. Por eso tenemos que consensuar una política de disminución en el consumo abusivo que se concentra en el 20 por ciento de la población. En todo caso, no soy partidario de nada que no acordemos con el ministro Felipe Larraín (Hacienda).

—¿A propósito de alcohol, en qué quedó el tema de la alcoholemia del Negro Piñera?
—En un consejo para todos los chilenos: que jamás abandonen, tras un accidente, el lugar de los hechos, porque la ley hoy estipula que si una persona se va, se presumirá que manejaba bajo los efectos del alcohol. Y en ese sentido tiene todas las de perder, como le ocurrió a él. En la parte legal, el fiscal definió que yo cumplí con mi deber de ordenar que le hicieran una alcoholemia, aunque fuera tarde.

—Desde que llegó al gobierno, ¿de qué se siente orgulloso y qué lo atormenta?
Largo silencio.
—Haber influido para hacer de Salud una prioridad estratégica de gobierno, pues no estaba pensado así en el diseño original. Otra cosa, aunque sea prematuro y no inmunice contra las huelgas, la conversación transparente con los gremios. También, el diálogo franco y fluido, con mails y teléfonos siempre abiertos, con parlamentarios de ambos lados. Entre las cosas no buenas, que no tenía un grupo de apoyo técnico fuerte antes de asumir como ministro. Conformar el extraordinario grupo que ahora tenemos me costó tiempo. Otro tema complejo, que tiene que ver con mi dificultad para las cámaras, es que siento que no he podido transmitir esperanza a los chilenos. Estamos trabajando muy duro para que las cosas mejoren para los más pobres, pero ese mensaje, yo, por lo menos, no lo he transmitido bien.

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