Actualidad

Después de Piñera, Chile será un mejor país

Senador Alejandro Navarro

Por: Pablo Mackenna

Fotos Rodrigo López

Es un personaje insólito. Ex PS, defiende a muerte a Cuba y a Chávez, pero se siente cómodo con un gobierno de derecha. “El que compre por tonto a Piñera es muy huevón… Hay dos cosas detestadas en este país: ser empresario y ser político. Y hay que estar muy loco para ser las dos”.

navarro
Estudió filosofía, pedagogía e incluso hizo un curso de laboratorista de mecánica de suelo. Y aunque no lo crean, nunca, jamás, se fumó un pito. “Era más distinto el que no fumaba”. ¿Discología en germinación? Fue joyero, limpiador de vidrios en altura y vendedor de hojas de parra puerta a puerta en Patronato. Hoy los mismos paisanos le tocan su puerta en el Congreso. Se siente más cómodo dialogando con un gobierno de derecha, aun cuando juró hace unos meses que jamás facilitaría su llegada al gobierno. Celebra a Piñera, a Hinzpeter, a Bulnes, a Longueira, la labor social de la UDI e incluso las verdades de Carlos Larraín, pero al mismo tiempo es incapaz de verbalizar un solo defecto de los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela o del horror de los presos políticos en Cuba.

En algunos minutos dan ganas de zamarrearlo por porfiado, aunque más ganas dan de tenerlo como amigo. Izquierdista de corazón, se cansa de dar peleas solo, pero cree firmemente en el poder de ser distinto. Discología pura. El primero, según él, y el único a tiempo completo. Querellado y dolido con La Nación, que lo acusó de ser financiado por Chávez, asegura estar endeudado para siempre por la campaña presidencial que terminó bajando, y se mueve en un auto de 800 cm cúbicos: lo más parecido a un patín. Y aunque de los ricos dice “que se defiendan solos, yo estoy para los más necesitados”, no parece tenerles el más mínimo rencor.

—Como independiente del MAS (Movimiento Amplio Social) te has convertido en la guinda de la torta, el voto que todos se disputan en el Parlamento… ¿Divertido?
—Para nada. Es muy duro separarte de tu partido después de 26 años. Es como dejar a tu mujer y entrar a pelearse a los amigos. Pero no se pudo. La política de los acuerdos no estaba sacando adelante las reformas que el país necesitaba: laborales, de la salud, de los trabajadores. No logramos modificar este sistema que excluye toda forma de participación con una Constitución monárquica, un Parlamento debilitado y una ciudadanía recluida en sus casas.

—¿Más monárquico que Venezuela?
—Esa es una percepción y finalmente una caricatura. El sistema democrático y electoral venezolano es muchísimo mejor que el chileno: elección popular de los intendentes, plebiscitos vinculantes, voto en el extranjero. Los ciudadanos pueden proponer leyes y revocarle el mandato a sus representantes en cualquier momento: a concejales, alcaldes, al presidente. Con tan solo un voto más de lo que sacó en las elecciones es posible llamar a un referendo revocatorio. A Chávez se lo hicieron, pero ganó. Una vez más.

navarro300—Las caricaturas no son gratis. Exacerban los defectos que el ojo avizora. Y Chávez va definitivamente por la vida de patrón de fundo…
—Existe un sistemático manejo de las comunicaciones para destruir a Chávez. Hay que entender que Venezuela es un país caribeño, con un presidente afroamericano que además fue militar, eso lo convierte en un caso complejo desde nuestra perspectiva seudoeuropea. Los medios le dan un tratamiento perverso porque Venezuela tiene petróleo. De lo contrario las particularidades de Chávez serían eso y nada más.

—Muy democrático te parecerá Venezuela, pero en los límites de las atribuciones presidenciales, Chávez hace y deshace a su arbitrio, dominado por sus pasiones y rencillas personales.
—¿Por qué todo el mundo critica a Chávez y no a EE.UU., que hizo una guerra injustificada?

—No me interesa empatar para abajo. Si te pregunto por Chávez, no me digas que hay cosas peores…
—Sólo quiero marcar un fenómeno comunicacional.

—¿Cuántas veces has sido detenido?
—Perdí la cuenta. Perseguido en dictadura, suspendido de la universidad, procesado por la fiscalía militar y muchas otras en democracia. Y seguramente vendrán más.

—¿Y en alguna de esas ocasiones, en la frialdad de una celda, te acordaste de los presos políticos cubanos que llevan años en míseras condiciones, sin un debido proceso, sólo por pensar distinto?
—En Cuba hay presos políticos en un contexto de guerra, de amenaza, de invasión, de bloqueo y de sabotaje permanente. Yo siento que un estado en esas circunstancias toma las medidas necesarias para mantener la seguridad interna.

—O sea, desde tu perspectiva, los presos políticos cubanos están bien presos.
—Un estado de guerra es un estado excepcional donde se toman decisiones extraordinarias. Levanten el bloqueo y esto se acaba. Si bien hay periódico único en Cuba, y otras fórmulas de control, la elección de sus parlamentarios es muchísimo mas democrática que la manera elitista y discriminadora en que escogemos los nuestros.

—¿Tú me estas diciendo que Cuba tiene un mejor sistema democrático que Chile?
—Absolutamente. Se elige por barrios, por eso un Silvio Rodríguez o los campeones de boxeo están en el Parlamento. En Chile, si no es por plata, apellido, padrinos o porque trabajaste muchísimo, como es mi caso y es muy difícil, no llegas.

—No pues, no puedes estar tan cagado de la cabeza, si eres un tipo inteligente. Tiene que haber algo que me digas que te parece mal en Cuba.
—Yo creo que sería bueno un cambio generacional. Lo que pasa es que el embargo de alguna manera detuvo el tiempo y así como los autos son de los ’50, los edificios de los ’50, la política es de los ’50. Cuando la actitud de EE.UU. cambie, cambiará todo en Cuba y para bien.

—¿Y de todos esos presos, no crees que haya uno que lo esté sólo por pensar distinto?
—Pensar distinto en el contexto de una guerra puede significar traición.

—¿Te das cuenta de que estás usando el argumento de defensa de muchos fachos y militares que, en virtud de sentirse en guerra en Chile, justificaron las peores atrocidades que, por lo demás se volvieron en contra tuya y de los tuyos?
—Sí, pablo, pero en cuba no han torturado, ni asesinado, ni hecho desaparecer a nadie.

—No te entiendo, me pareces ser un tipo que da las peleas que hay que dar acá en Chile. Un tipo que no calienta el asiento y tiene todos los records en el Congreso: de proyectos de ley aceptados, acuerdos, mociones… Tienes que entender que las verdades sin matices, son mentiras. Si todo lo que dices de Venezuela o de Cuba conllevara una pequeña duda, tu mensaje se fortalecería, igual que tu sentido de la realidad. Así pareces un loquito…
—No hay un solo parlamentario defendiendo el proceso bolivariano. Cuando eres el único, no hay cabida para peros. Tienes que hacerlo de manera decidida, jugada. Yo soy absolutamente parcial. Y soy díscolo. Ahora todos se ponen díscolos para las elecciones, pero yo soy permanente, las 24 horas. No puedo andar solo y matizando, tengo que ser enérgico. Todos mis asesores me dijeron que no hable de estos temas, pero uno tiene que estar dispuesto a pagar costos por los amigos. Las cosas no pueden ser gratuitas.

navarro—Entonces lo tuyo tampoco ha de ser gratuito, porque la otra característica de las verdaderas amistades es la reciprocidad… ¿Te financia Chávez?
—Jamás. En Chile es un delito el financiamiento de las campañas desde un gobierno extranjero. Si lo hago tendría que ser procesado, tal como voy a procesar a todo aquel que, como el diario La Nación, me acuse de lo contrario.

—Una de tus grandes cruzadas ha sido por las reivindicaciones territoriales del pueblo mapuche. ¿Cuál es el límite?
—El Estado chileno tiene una deuda histórica con el pueblo mapuche que incluso la corona española reconoció. Ha habido un proceso de arrinconamiento de las comunidades en las ciudades. La solución pasa por la devolución de todas las tierras. Hay que entregarles todavía un millón de hectáreas, más los subsidios necesarios para explotarlas. El Estado subsidia hasta en el ciento por ciento a las grandes empresas forestales, y a los mapuches en menos de 10. ¿Te cuadra?

—Todos sabemos de tu defensa a los mapuches. Como contraparte, ¿tienes una palabra de aliento, como senador de todos los chilenos, para las otras víctimas inocentes de este conflicto, Jorge Luchsinger, René Urban y sus nietos, que una vez a la semana deben meterse en un bunker porque los agarran a tiros o los tratan de quemar vivos, quienes hace años no viven en un estado de derecho sino en una especie de Afganistán?
—Ellos están suficientemente protegidos por el Estado y Carabineros. Si quieren contribuir, que acepten la compra de sus campos por la Conadi. Les van a pagar bien. Tienen que ayudar a la pacificación sin tanta soberbia. Además, ¿por qué la historia de una familia huinca como el señor Urban, va a pesar lo mismo que miles de mapuches que han sido pasados a llevar por siglos? A él le pueden expropiar igual como expropiaron a los pehuenches del alto Bío Bío, ¿o no? El Estado se gastó 5 mil 600 millones de pesos en resguardar predios agrícolas el 2009, y el mismo año sólo se invirtieron 10 mil millones en la compra de predios. A mí la ecuación no me da.

—Al apoyar a ME-O te tocó trabajar con Max Marambio. ¿Qué te parece la situación que está viviendo, perseguido por el gobierno de Cuba?
—Los cubanos en materia internacional no dan ningún paso en falso. Una decisión de esta envergadura ha sido minuciosamente estudiada.

—¿O sea, para ti, sí hay entuertos en las negociaciones de Marambio en Cuba y no es un asunto de pérdida de piso político en la isla?
—El Estado cubano detectó problemas que lo lesionaron y ahora hay que ver si son fruto de un acuerdo político o de un acto administrativo ilegal.

—¿AÚN QUIERES SER PRESIDENTE?
—POR SUPUESTO. Y te voy a decir una cosa: cada proceso tiene su tiempo. Piñera después de la Kyoto y la Evelyn (Matthei) estaba muerto políticamente. Míralo ahora. Salvador Allende fue cuatro veces candidato. Yo ya marqué 7 por ciento antes de la irrupción de Marco.

—Pero luego caíste tú, cayó él y terminaste haciendo campaña por Frei porque, según dijiste, “jamás con Piñera; con la derecha pinochetista y empresarial ni en la segunda, ni en la tercera ni en la décima vuelta”. Los demonizaste y, sin embargo, hoy les tiras flores y los apoyas en el Congreso. Eres un hombre contradictorio.
—Una cosa que ha marcado mi vida política es estar con los más débiles y esta derecha social que termina haciendo la que era nuestra pega, es un fenómeno emergente. Es por eso que Joaquín Lavín se convierte en una de las mejores cartas para seguir el trabajo de Piñera. Yo creo en el interés social de la derecha, pero me parece que cuidan mucho su espacio económico y allí entran en conflicto. Yo soy de izquierda, pero también soy coherente. Si fui candidato presidencial tengo que ser capaz de ponerme la camiseta del Estado. Y sé que después de un maremoto y un terremoto había que apoyarlo.

—¿Cómo habría sido la reconstrucción con la Concertación?
—Si ellos hubieran ganado estaríamos dominados por la soberbia y la persecución. Por lo menos yo y Marco. Para mí la convivencia ha sido más fácil con la derecha que lo que habría sido con una Concertación victoriosa. Pero en lo esencial, la reacción frente al terremoto habría sido muy parecida, quizás un royalty más agresivo que habrían tenido que terminar negociando.

navarro200—¿Hay Concertación hoy?
—La verdad es que nunca ha existido. Representó la lucha contra la dictadura, pero con la llegada al gobierno el poder la transformó. Entre la política de Frei y la de Piñera hay muy poca diferencia. Se convirtió en un pacto electoral más que social. Y después de Aylwin nunca existió. Aunque sea duro decirlo, la Concertación fue un partido aglutinado alrededor de la imagen de Pinochet.

—Tú empezaste a ir con barba al Congreso, casi desaseado, en un acto testimonial, para que nadie se olvidara de los postergados del sur tras el terremoto. Eso no es muy distinto de lo que hizo o dijo hacer Hinzpeter con su calefacción apagada, y de él se rieron mucho…
—Es un tema personal, íntimo. Yo a él le creo. Es de lo mejor que tiene Piñera dentro de un gabinete con muy poca experiencia política.

—¿Y el resto del gabinete?
—Felipe Bulnes me ha sorprendido, está metido en un ministerio muy complicado y ha sido firme. Eso lo puede llevar muy lejos: mira a Gómez y a Alvear. Pero en general creo que a muchos que venían del mundo privado ya no les está gustando, están incómodos. Somerville cachó a tiempo de qué se trataba. Es muy interesante el momento que vivimos, donde privados ven lo que es ser Estado, y los que estaban en el Estado están sufriendo la vicisitudes del sector privado. Yo creo que después del gobierno de Piñera, Chile será un mejor país.

—¿Qué es lo que te gusta de Longueira?
—Longueira es el hijo neonato de la Concertación, el que logró armar el partido social más grande de Chile. Por su parte, Piñera va a demostrar que el énfasis social no era propiedad de la Concertación y no es prerrogativa de la izquierda sino de la humanidad. La UDI es el único partido leninista de Chile: disciplinado, jerarquizado y militante. El partido más grande de Chile es de la derecha y hay muchos que tienen una sensibilidad social real. Aunque afuera nadie me lo crea.

—¿Qué te parece Carlos Larraín?
—Franco, directo, divertido. No sólo necesitamos políticos profesionales, él ha aportado una visión desprejuiciada y no tan estructurada. Muy conservador, pero libre al mismo tiempo.

—¿Crees que las lucas pueden ayudar a Piñera?
—El que compre por tonto a Piñera es muy huevón. Tres mil millones no se sacan del sombrero. No sé si tenga buena sobrevida porque no va a poder estar cercano a la ciudadanía cuatro años, si lleva veinte lejos de la gente. Pero le admiro algo, el ser empresario. Hay dos cosas detestadas en este país: ser empresario y ser político. Y hay que estar muy loco para ser las dos.

Envíe su opinión sobre este artículo a actualidadcaras@televisa.cl

Comparte esta noticia