Como pez en el agua
Jaime Ravinet
Fotos Diego bernales
Se siente cómodo en el gobierno de Piñera. Y libre porque el ‘jefe’ no conoce tanto de Defensa… Desde su trinchera, Jaime Ravinet llama a La Moneda a no preocuparse de encuestas, responsabiliza a Bachelet del fin de la Concertación y abre la ventanita a una candidatura presidencial. ¿Por RN o la DC?

Ha subido cuatro kilos desde que asumió en marzo como ministro de Piñera. Y de entrenar dos horas diarias en el gimnasio, practicar golf y tenis tres veces por semana, ahora con suerte juega uno que otro partido ¡a las 7 AM!
Pero Jaime Ravinet (63, casado con Ximena Lyon, tres hijos) se da el espacio, madruga y cuando puede parte al Balthus. “Si antes era malo para el golf (lo aprendí de viejo) ¡ahora soy una vergüenza”!, admite. Con el deporte se mantiene, “soy vanidoso, aunque no sigo modas”, asegura.
Con el ejercicio también descarga las tensiones de un ministerio que lo ha expuesto a críticas: por ser el único concertacionista en el gabinete de Piñera y por proponer indulto para uniformados condenados por violación a los DD.HH. sin participación en delitos de lesa humanidad o de sangre.
Ravinet llegó al ministerio luego de renunciar a la Democracia Cristiana (antes de ser expulsado), tras 49 años de militancia. Como DC fue alcalde de Santiago el ’90 y, después, encabezó Vivienda y Defensa durante el mandato de Ricardo Lagos. Por esos años, incluso, quiso convertirse en carta presidencial…
Este 2010, por decidirse a formar parte del gabinete piñerista, algunos ex camaradas lo llamaron “oveja negra”, “traidor”, “hombre muerto caminando”… Pero a Ravinet no se le movió un pelo, ni dudó de su opción, a pesar de que el cargo le obligó a dejar de lado “negocios rentables’’. Le entusiasmó sumarse ‘‘a un gobierno de unidad nacional… Y como ex de Defensa sentía que dejamos muchas tareas inconclusas’’.
El 8 de febrero lo llamó Piñera, con quien lo une una amistad de veraneos. “No lo conocía como jefe. Es ¡una máquina de trabajo! Muy exigente, con capacidad de estudio y memoria increíble”.
Con él estaba, la semana pasada, cuando se produjo el accidente en que murió el infante de marina José Manuel Araya, alcanzado por esquirlas de una granada durante ejercicios navales en Tongoy.
PRIMERO FUE SU TERREMOTO POLÍTICO. LUEGO, EL 8.8 DE FEBRERO. Defensa desplegó entonces más de 18 mil efectivos de las Fuerzas Armadas en labores de reconstrucción. Además, reestructuró el SHOA con nuevos sistemas de alerta satelitales. Ahora, recién, el ministro puede retomar su agenda. Lo prioritario: reestructurar Defensa para que sea éste —y no las instituciones militares— el que fije las políticas sectoriales; modernizar las FF.AA.; reformar la carrera militar con cambios en los sistemas previsionales y en los ascensos (que sean por méritos y no sólo por antigüedad) y modificar el sistema de financiamiento que sigue dependiendo de la Ley del Cobre.
—¿Valió la pena renunciar a la DC?
—Me emociona trabajar para un gobierno que tiene que ser exitoso y desde un sector donde las políticas son transversales… Eso, sin desconocer que fue doloroso irme del partido.
—¿Se ha reconciliado con él?
—Separo entre los amigos que dicen no comparto, pero te entiendo, y los mezquinos, limitados de mente que te descalifican y dan órdenes. Con gran parte de la DC he recompuesto relaciones, que no significa que concuerden con mis decisiones políticas, aunque algunos sí…
—Para callado.
—Cada uno se expresa como puede.
—¿Le han pasado la cuenta en el Congreso? Patricio Hales anticipó una fuerte oposición.
—Siento gran acogida de todas las bancadas. Y si él dijo eso, no actúa en consecuencia: ha sido un gran apoyo. Viajamos juntos a revisar temas militares, discutimos estrategias a futuro…
—¿Por qué no atrajo a más concertacionistas?
—Las vallas son muy grandes. La gente prefiere conservar su sector, las lealtades, a veces mal concebidas. Y el castigo es enorme. Aun así, varios DC trabajan en niveles técnicos, de directorio y en jefaturas de servicio.
—¿Se ha sentido solo en el gabinete?
—No, fui muy bien recibido, tengo viejos vínculos con parlamentarios, aunque a los ministros los conozco poco: ¡soy el más viejo!
—¿No le incomoda la marcación de Piñera?
—El me da los espacios para reaccionar, además mi estilo de trabajo es independiente. Haber sido ministro, conocer el tema y que él sepa menos de Defensa me da grados de libertad, aunque ¡aprende rápido! Ligerito nos dictará cátedra.
—¿Qué le están cobrando a Piñera en la última encuesta Adimark?
—La gente se deja impresionar por los que lloran o alaraquean en TV. El liderazgo no puede vivir en función de lo que las personas quieren ni de bajas transitorias. Debe conducir…
—¿La sobreexposición le pasó la cuenta?
—No ha sido fácil cambiar de candidato a Presidente… Si en dos años salimos mal evaluados, será porque no lo estamos haciendo bien.
—¿Cree que el problema está en la vocería, en no transmitir los logros, como dijo Alberto Espina?
—Es prematuro sacar conclusiones como también hablar de cambio de gabinete. Además, el gran comunicador es el propio mandatario. ¿Bueno o malo? Habrá que ver. Nadie lo cambiará.
—¿Tres grandes éxitos del gobierno?
—El manejo post terremoto; se restableció el orden y las necesidades vitales. La solución al tema habitacional de emergencia y la rápida vuelta a clases. Y la reactivación genera expectativas…
—Pero son logros que no estaban en el programa de Piñera. ¿Por qué no concreta sus proyectos?
—El anuncio de Lavín de premiar a los estudiantes de pedagogía es un gran avance. Me alegro que un gobierno supuestamente de centroderecha tenga esa sensibilidad. En el tema de DD.HH., protección social, reforma educacional y con anuncios de protección laboral, Piñera es más de avanzada que mandatarios concertacionistas.
—¿Usted es más de derecha ahora?
—Siempre me he sentido de centro, aunque para la DC y la Concertación era de derecha. Me siento feliz siendo de izquierda y derecha (ríe).
—¿Será candidato presidencial por la Alianza?
—Noo, ya pasó la vieja…
—¿Y si está la oferta?
—Se puede pensar… En política y en la vida lo único que cierra el capítulo, es la muerte.
—¿Iría por RN?
—Noo, estoy gozando mi soltería…
—¿Volvería con su ‘ex’?
—No es un tema cerrado. Me sigo sintiendo un DC de alma, aunque lo han hecho pésimo. Pero siempre hay posibilidades de rectificar y corregir.
—¿La salida de Latorre generará un cambio?
—Ya es un progreso que Ignacio Walker y Mariano Fernández disputen la presidencia. Habrá que ver cómo se define y qué gestiones hacen.
—Dardos que apuntan a Bachelet…
—Los cuatro últimos años fueron determinantes para que el conglomerado perdiera su unidad y propósito. El Presidente era tradicionalmente su conductor. Pero hubo responsabilidad de dirigentes, parlamentarios, ministros, hasta simples militantes como yo…
—¿Hizo algo?
—Nada, porque el gobierno de Michelle nunca me identificó. Y volví al sector privado.
—Andrés Zaldívar dijo que el partido necesita llevar un candidato presidencial. ¿Será posible?
—Me tienta opinar y como ‘ex polola’ no puedo sino desearle lo mejor… Pero me parece una pelotudez pensar ya en un candidato cuando el Presidente no lleva cinco meses. Sólo pasa en Chile.
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