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El Calvario de Karla Rocha

Entrevista exclusiva

Por: Paula Palacios

Fotos Claudio Doenitz.

La heredera del empresario revela desconocidos detalles que rodearon la muerte de su padre. Pero el Caso Rocha no es la única tragedia en la vida de esta mujer: sobrevivió a un incendio, perdió un hijo y sufrió violencia intrafamiliar por parte de su ex marido, según denunció en tribunales. Para salir adelante encontró la fuerza nada menos que en otro drama: quiere construir un gran museo en Iloca a partir de las ruinas que dejó el terremoto y tsunami de febrero.

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Conocer la historia de Karla Rocha Haardt (37, periodista) hace pensar cómo alguien puede soportar tanto dolor. Su respuesta: encontrar una motivación nueva cada vez que algo intenta derrumbarla.

Es la hija mayor y una de las herederas del ex empresario y fundador de la Corporación Santo Tomás Gerardo Rocha, quien en febrero de 2008, en un arrebato de celos, incendió y terminó con la vida del martillero público Jaime Oliva. Las llamas también lo alcanzaron a él, muriendo tres meses después. En esos días de agonía Karla se reconcilió con su padre, luego de no hablarle durante años tras enterarse de que engañaba a su mamá con Verónica Espinoza (tuvieron tres hijos). Más tarde la familia Rocha-Haardt se enfrascaría con ella en una feroz batalla judicial por la herencia.

La primera vez que se supo de Karla Rocha en los medios de comunicación fue el 2004, cuando se conoció la muerte de su hijo mayor Juan Andrés (13), atrapado por el filtro de una piscina en República Dominicana. Llamaron la atención la tranquilidad y pasividad con que relataba a la prensa su dramático testimonio. La actitud que hoy muestra no es muy distinta al recordar la cadena de sucesos que ha vivido. El último: en diciembre del 2009 denunció a Juan Andrés Muñoz por parricidio frustrado, figura legal que finalmente derivó en una querella por violencia intrafamiliar. Según señaló a la justicia, el entonces marido y padre de sus seis hijos intentó estrangularla.

Se rearmó como pudo y quiso revertir lo malo que le ha pasado; paradójicamente, un valor inculcado por su padre. No por nada tiene hoy como proyecto construir un museo en Iloca, azotada por el terremoto y maremoto del 27 de febrero. “La idea es levantar los escombros y convertirlos en arte, que el pueblo renazca a partir de la tragedia”.

Se casó a los 17 embarazada. A los 27 tenía cinco hijos. Con su único hermano Gabriel (piloto, socio de la Corporación Santo Tomás) crecieron en la inestabilidad económica y bajo la influencia de un padre de carácter extremista, que partió de cero, armó un imperio y murió soñando con crear universidades en los países más pobres. “Teníamos unas casas enormes, autos, y de pronto las cosas desaparecían. Mi papá nos decía que era para que aprendiéramos a vivir con sencillez, pero la verdad es que vendía todo por las deudas”.

rocha300Recuerda el 2002 como el inicio de una seguidilla de sucesos dolorosos. Su madre, Carla Haardt, tras 27 años de matrimonio supo que él la engañaba con Verónica Espinoza, con quien además esperaba un hijo. “Empezaron las peleas, las tensiones, aun así mi padre optó por mi mamá. Hasta que un día le avisaron que esta niña había intentado suicidarse con pastillas estando embarazada. Y él, que se creía héroe, partió a socorrerla. Ahí mi madre entendió que su relación no daba para más”.

“Se produjo un quiebre, se me cayó su imagen. El hombre que inculcaba valores sale con ese ‘pastel’. Dejé de hablarle. Quizá necesitaba cariño, que lo acogieran, pero lo rechacé. No entendí que a pesar de sus errores seguía siendo mi padre. Me reconcilié con él en la clínica; estuvo casi todo el tiempo consciente”.

Gerardo Rocha nunca dejó de buscarla. En noviembre de 2003, cuando la casa que la periodista tenía en Vitacura ardió en llamas con sus cinco hijos adentro —por fortuna salvaron todos ilesos—, él, a modo de que superaran el trauma del incendio, los invitó a República Dominicana.

“Partimos en febrero del 2004, pero yo presentía que algo iba a pasar, sabía que un hijo moriría”, relata con emoción, aunque nunca se quiebra. “En el camino lloraba sin parar… Llegamos al hotel, lo encontré inseguro y pedí inmediatamente que nos cambiaran, ¡quería salir de ahí! Justo cuando me confirmaron que nos íbamos, llegaron mis niñitas contando que Juan Andrés se había accidentado en la piscina… Murió horas después… Sentí un dolor insoportable… Estuve mal por mucho tiempo, hasta que un día llegó la paz. Vi a mi hijo en el cielo, como que algo divino me daba fuerzas. Aceptar eso fue un milagro”.

—¿Qué pasó con su matrimonio luego de un golpe tan duro?
—Con el tiempo lo tomamos bien, aunque estábamos muy tristes. Nació Martín (3) y volvió la alegría a la casa. Empezamos a sonreír de nuevo.

Felicidad que duró hasta febrero del 2008, cuando Gerardo Rocha prendió fuego a Jaime Oliva. Esto luego de que Verónica Espinoza le confesara que habría sido violada por el martillero en 1992, cuando era su secretaria. Karla tiene una versión distinta de los hechos, hasta ahora conocidos a través de la prensa: “El nunca quiso matarlo. En septiembre del 2007 mi papá se quebró las piernas y pasó mucho tiempo en cama. En esos días Verónica trató de suicidarse de nuevo, ya con tres hijos. Su sicóloga le advirtió a él que si no vivían juntos ella se mataría. Le endosó la responsabilidad y Espinoza partió con los niños a su departamento. Postrado y sin energías, empezó a aprender computación… Pero se metió en el cuento de Dante Yutronic, del espionaje… Ahí se enteró de cosas espantosas sobre esta mujer…

—¿Supuestamente qué descubrió?
—Que Verónica y su hermana fueron prostitutas y participaban en orgías organizadas por Oliva. Se obsesionó con el tema, siguió investigando y urdió un plan para saber la verdad. Se dio cuenta, además, que ella le robaba plata. Juntó todas las pruebas en su contra y las guardó en una caja fuerte. Estaba confundido emocionalmente; dejar a su mujer de toda la vida por esta niña ‘tan buena’… Aunque seguía con ella, tramitaba la separación. Incluso tenía lista la pensión de los niños con el abogado.

ROCHA300—Pero él era un celópata, por algo investigó a su pareja. Quizás armó su propia película…
—Sí, era celoso, pero sobre todo un amante de la verdad. Partió donde Oliva para que le aclarara la relación que tuvo con Verónica. Mi papá tenía claro que no eran amantes, que la mujer que salía en una foto no era ella. Sólo buscaba confirmar personalmente lo que ya sabía. Y como le conocía algunas turbiedades a este señor, fue a amedrentarlo. Si hubiera querido matarlo, manda a otra persona. La pistola estaba descargada, no hubo ningún fósforo, ni encendedor. Lo amarró para asustarlo. Pero la bencina se evaporó y una chispa hizo explosión…

—¿Cómo se enteró usted de las cosas que su papá habría descubierto?
—El me lo contó, y a otras personas también. De hecho, existe una conversación suya con un cuñado de Verónica Espinoza (que se reprodujo en el programa Contacto de Canal 13) donde mi papá le dice: ella era prostituta.

“Estaba enamorado de esa mujer y se le cayó de un viaje. Tanto le dijeron que su motivación era el interés, ¡que finalmente lo comprobó! Y ella lo demostró el mismo día del accidente: en vez de guardar silencio, fue a declarar en forma voluntaria a Investigaciones que era un hombre celoso…”.

—¿Por qué cree que lo hizo?
—Para defenderse, que no se supiera de su relación con Oliva. Ella hizo mierda a mi padre mientras estaba vivo, y cuando murió resulta que era su gran amor. Quería santificarse o justificar los millones que recibiría. En la clínica fue atroz: entraba a la pieza y mi papá ¡no quería! A su manera pedía no verla. Con la cabeza manifestaba sí o no.

“Me llené de rabia. Después que murió mi padre pedía un sueldo, ¡¿sueldo de qué?!, si las herencias son algo establecido. Ella supo hacerlo, porque hay gente que le cree”.

Tras meses de una fiera disputa legal por la herencia y acusaciones cruzadas, a mediados del 2009 se solucionó el tema. Del 70 por ciento de acciones que el empresario tenía de la Universidad Santo Tomás (a través de la sociedad Angelicum), Karla Rocha y Verónica Espinoza vendieron sus partes, cerca del 10 y 20 por ciento respectivamente. El hermano de la periodista y su madre, Carla Haardt, quedaron con el porcentaje restante.

“La muerte de mi papá afectó mi matrimonio. Todo fue tan duro y mediático que no supimos enfrentarlo”. Su marido, Juan Andrés Muñoz, profesor de educación física y empresario, fue formalizado por lesiones luego de que en diciembre pasado, según declaró Karla Rocha a la justicia, intentara asfixiarla poniéndole una mano en el cuello y otra en la boca, escena que habría sido presenciada por una de sus hijas y una empleada de la casa.

—Su marido intentó asfixiarla…
—El no es un asesino; es bueno, excelente padre, nunca agresivo. Algo lo desestabilizó y debí poner límites. Tengo claro que si te aprietan el cuello no es para ignorarlo. Hoy estamos separados, él no se puede acercar a menos de doscientos metros.

—Usted habría confesado en la investigación que él le pedía la mitad de su herencia.
—Son declaraciones privadas para un fiscal. A veces las personas caen en problemas y manifiestan cosas extrañas. En tribunales le ordenaron una evaluación siquiátrica. Tendrá que hacérsela pronto, de ahí saldrá la explicación de lo que ocurrió.

—Después de episodios tan duros, ¿cómo lo hace para verse tan tranquila?
—He tenido depresiones; sin embargo, algo me levanta. Estoy con tratamiento sicológico y siquiátrico, pero lo más importante es aceptar lo que te toca vivir y sacarle ventaja.

—Ha estado marcada por la muerte…
—Sí. El 2007 perdí, además, una guagua con cuatro meses de embarazo, y hace poco se suicidó mi mejor amigo.

—¿Qué rol jugó el dinero en tanto drama?
—A mi papá le influyó, se sentía omnipotente y se rodeó de ambiciosos.

—¿Y a usted?
—No lo sé. La herencia que recibí me demostró que el dinero no es determinante en la felicidad.

—¿Cómo lo hace para no traspasar a sus hijos esta carga tan fuerte?
—Con el accidente de su hermano fuimos sinceros, pero cuando pasó lo de mi padre nos enredamos, no todo se puede contar. Espero no lo juzguen.

—¿Algo pendiente con Verónica Espinoza?
—Hay cinco propiedades que no se venden porque ella dilata los trámites.

—¿Qué pasó con el juicio que ella interpuso contra su hermano Gabriel por 1.080 millones que él habría traspasado a una cuenta personal?
—Eso se cerró con la venta. Mi papá tenía una sociedad en fondos mutuos por esa cantidad y Gabriel estaba autorizado para administrar ese dinero; derecho que tomó cuando en Santo Tomás nos cortaron los dividendos. Ella ‘pintó el mono’, pero está todo declarado y auditado.

—¿Se ha replanteado su relación con Verónica?
—Es que nunca la tuvimos. Lo único que quiero es cerrar el tema de las propiedades pendientes.

—¿Y sus medios hermanos?
—Gabriel trató una vez de acercarse, fijaron un día, pero ella llamó diciendo que los niños se iban a la nieve. Más tarde dijo que los había dejado plantados. Me encantaría verlos, aunque temo por las reacciones de ella, es muy fregada. Mejor cuando estén más grandes, para evitar enredos.

—¿Reclamó a TVN por su próxima teleserie, que estaría inspirada en el caso de su padre?
—Llamé, pero lo desmintieron. Y si fuera así, me gustaría que se basara en su vida completa, no sólo en los problemas emocionales. Que contara lo bueno que hizo por Chile. El le cambió la vida a mucha gente, su gran objetivo fue educar. Las últimas palabras que dijo fueron a su chofer, antes de entrar a la clínica entero quemado: Destruí mi sueño… Y nunca más habló.

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