La Guerra de los Rossi
Fulvio Rossi y su quiebre con Carolina Tohá
Relanzó su candidatura a la presidencia del PS, desde donde quiere renovar una Concertación ‘‘algo soberbia y desgastada’’. Instalado en un departamento de soltero, Fulvio Rossi intenta, también, rearmar su vida y sigue buscando respuestas a la repentina separación con Carolina Tohá…

No han sido días fáciles para Fulvio Rossi (39, senador por Arica, un hijo). Aunque intente demostrar que está bien y enfocado a su campaña para presidir el Partido Socialista, la abrupta, bochornosa y pública manera en que terminó su matrimonio con Carolina Tohá, lo tiene aún desconcertado y dolido.
Fue un hecho político inédito: por primera vez, marido y mujer se enfrentan por luchas de poder, levantan candidaturas para dirigir sus colectividades (ella por el PPD, él por el PS), acusan conflicto de intereses, se bajan, se separan y vuelven al punto de inicio: ambos de nuevo están en carrera para encabezar sus partidos, pero ahora viviendo en casas separadas.
El senador no sabe cómo ni cuándo la ambición política superó al amor, y la relación con la ex vocera de Bachelet se fue a pique. Por más que no quiera hablar del asunto, ni referirse a ella, la pena y los cuestionamientos, le salen por los poros. “Todos los días me preguntó qué pasó…”, reconoce a CARAS. Además, según cercanos a la pareja, aunque habían tenido problemas —en 2007, un diario los mostró en pleno Congreso discutiendo y a ella llorando—, ahora estaban muy bien. Venían llegando de unas vacaciones soñadas en Marruecos.
Violento aterrizaje. Desde el 9 de abril no se hablan. Ese fue el día en que Tohá —sin avisarle— hizo una conferencia de prensa para bajar su candidatura por conflicto de intereses. “No es apropiado que la presidenta de un partido esté casada con el de su partido aliado”, señaló. El lo consideró una deslealtad: lo dejaba como el malo de la película, además de muy expuesto.
Amigos del senador cuentan que en ese minuto, Fulvio sufrió la decepción de su vida y desconoció a su mujer. “Ella le demostró que poco le importaba su relación de pareja: fue más fiel a Lagos que a su marido… Se dejó manipular y envolver con la idea de ser presidenta… Y ahora aparece haciendo cosas que nunca hacía, como twittear, ¡le cargaba!”, cuentan.
La ‘bajada’ de Tohá despertó la ira de su círculo más cercano (entre ellos Felipe Harboe, Lagos Weber, Antonio Leal). Vino, entonces, una avalancha de críticas a Rossi: le dijeron desde machista, ambicioso, hasta falta de visión política, porque ella era una futura carta presidencial. “Me reventaron… Y Carolina no hizo nada”, dijo en ese momento.
AHORA VIVE SOLO EN UN DEPARTAMENTO AMOBLADO, a la espera de que le entreguen el suyo que tiene en arriendo. Y a pesar de que las heridas siguen abiertas, asegura que está tranquilo, listo para continuar la disputa por la presidencia y renovación de liderazgos en el PS. Aparentemente se ve bien, entusiasmado con lo que se viene. Dice que ahora sólo obedecerá a sus convicciones; poco le importa lo que opine el resto. “Mi familia, amigos, militantes y yo sentimos que estoy en lo correcto, es lo que me interesa”.
—Senador, ¿ha podido procesar lo que pasó?
—Quería tomarme unos días, pero tenía responsabilidad con mi gente; en mi región, en el Congreso y con el partido… Tampoco estaba el ánimo. Ha sido un período de mucho crecimiento; nunca había estado expuesto a una situación con estas características, a veces pienso que fue un sueño. Pero todas las experiencias ayudan a forjar el temple.
—¿Por qué decidió repostularse?
—Porque las circunstancias que impulsaron mi bajada cambiaron radicalmente. Y porque estoy con ganas. No me podía restar del esfuerzo de renovación del partido, de la política; mi aporte es importante. Además, mucha gente me lo pidió.
—¿Qué le dicen en la calle?
—La gente ha sido muy cariñosa. Cuando me dieron duro me reforzaban con un siga adelante; sentían que me sacaron de competencia injustamente. En mi región me apoyaron mucho, lo más común era no se vaya, no se baje, dé la pelea. Eso te estimula.
—Acusó ser víctima de poderes fácticos, habló de maquinación, ¿no pensó en salirse de todo eso?
—¡No les voy a dar en el gusto! Hace poco salió en El Mercurio un artículo sobre cómo instituciones progresistas (ProyectAmérica) se dedican a imponer candidatos a los partidos. ¡Es una intromisión inaceptable y una tremenda debilidad bajar los brazos frente a eso! Yo prefiero partir desde el mundo socialista, sin intermediarios, sin padrinos ni vacas sagradas que dicten qué es lo mejor para el progresismo chileno, ¡si se han equivocado tantas veces!… Con esa actitud debilitan y dividen a la Concertación.
—¿Ni en los momentos más duros pensó dar un paso al lado?
—Cuando la política daña tus relaciones más queridas, te cuestionas muchas cosas… pero sigo creyendo en los sentimientos profundos, indestructibles. Viví un episodio muy doloroso, triste, sin embargo, no he perdido la fe en la naturaleza humana. Aquí sólo hubo una debilidad.
—¿Cuál?
—Plantear un escenario de ‘incompatibilidad’ no correspondía ni fue positivo. Nunca debió pasar.
—¿Cuál es su responsabilidad?
—Respecto de mi conducta me siento muy tranquilo.
—¿Cuánto pesó en su repostulación el hecho de que Carolina retomara su campaña?
—Nada. Todas las decisiones que tome en adelante responden a mi mirada de las cosas, convicciones. Tengo un proyecto, un sueño y ganas de implementarlo. Lo que piense o haga el resto no me preocupa.
—A su ex mujer le pesó el conflicto de intereses. Sin embargo, que estén separados no cambia tanto las cosas.
—Como dijo Carolina, la realidad en política tiene que ver con la situación actual y no con las del pasado. El presente es otro.
—Ella quería evitar que los ojos estuvieran puestos sobre ustedes, ¿no cree que ahora será peor?
—Nunca estuve de acuerdo con ventilar lo de la incompatibilidad, creo que no existe, por eso no soy yo el que deba responder esta pregunta. Entiendo los partidos como cuerpos colegiados, con una mesa directiva, una comisión política, un comité central, organismos que deliberan. El presidente no se lleva el partido para la casa, ni siquiera participa en las negociaciones. Plantear un conflicto fue erróneo y el resultado, un completo bochorno.
—¿QUÉ GARANTÍAS PUEDEN DAR AMBOS, COMO TIMONELES DEL PS Y PPD, de llegar a acuerdos, si no pudieron resolver sus propios conflictos?
—No consideré que había problemas antes, menos ahora. Garantías he dado toda mi vida al actuar con principios. La gente tiene que juzgarme por trayectoria, ideas, y estoy recorriendo el país para eso.
—Muchos se preguntan por qué su matrimonio terminó de esta manera…
—Todos los días me pregunto qué pasó…
—¿Y?
—Dicen que para tener buenas respuestas hay que hacer buenas preguntas… Las respuestas están afuera, escondidas… Estoy en eso, buscando, aún no las encuentro.
—Su ruptura ¿lo pilló por sorpresa?
—Todo fue bastante inesperado.
‘‘Quiero recuperar el PS para los militantes, para la sociedad, dinamizar la vida interna, rescatar espacios de participación’’, afirma. Y le llama la atención que sus contendores usen la imagen de la ex Presidenta Bachelet para hacer campaña. ‘‘Te aseguro que su liderazgo está mejor representado por mí”.
—¿Pero qué dice ella? Las relaciones no estarían en buen pie después del capítulo… Apenas lo saludó en el cónclave de la Concertación.
—Conversamos; no dudo que piensa que soy yo quien mejor expresa las necesidades futuras. La opción de Marcelo Díaz debilita la alianza con la DC y en eso (separando la Concertación) le hace el juego a Marco Enríquez; Osvaldo Andrade representa la vieja política…
—Pero con Andrade irán en lista común.
—Llegamos a un acuerdo de mayoría en varios temas, pero sigo aspirando a liderar el PS, que requiere cambios profundos en estilo, forma y fondo. La Concertación perdió vigor, creatividad y capacidad innovadora porque las ideas no se renovaron, y se transformó en un ente burocrático que administraba el poder.
—¿Hay soberbia a la hora de asumir responsabilidades, como dice Tironi?
—Puede haber algo de eso, pero nos estamos organizando: antes de fin de año tendremos las bases de una nueva coalición. Se creyó que habría una estampida socialista y PPD para seguir a Marco Enríquez, y no ocurrió. Ahora nos coordinamos. En el Parlamento modificamos la ley de donaciones, para que no se incluya la depreciación acelerada y rechazamos el proyecto de aseguramiento de la calidad de educación.
—¿Coordinación o gallito a Piñera?
—Muchos pensaron que después de la derrota se iba a producir una gran división entre nosotros. Por el contrario, se está fortaleciendo la unión. Y mucha gente se está pasando a la oposición. El Presidente decae en sus atributos más importantes… La vocera de gobierno Ena von Baer, diciendo que el padrón electoral no da confianza daña la imagen y prestigio democrático de Chile.
—¿Usted también ve a Piñera cada vez más lejos de la UDI?
—Tiene un problema bien serio: trata de virar hacia el centro y eso genera un quiebre con su principal aliado, que tiene 40 diputados.
—¿Terminará gobernando con la Concertación?
—Si es por el comportamiento de la UDI en el pasado, claramente va a requerir nuestros votos para algunos temas. El gremialismo está en tensión con el gobierno, no se siente interpretado con el Presidente Piñera y ha hecho difícil la instalación. Pero está ahí, muy preocupado de la sucesión.
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